Alguien dijo una vez...
Crocodile
Los sueños son algo que solo las personas con poder pueden hacer realidad.
[Diario] Sujétame el cubata.
Iris
La bala blanca
40 de otoño del año 724


Esto iba a salir fatal. Era lo único claro que tenía Iris de aquel descabellado plan que había ideado Angelo. No hacía muchos días que habían llegado a Conomi y contaban con algo dl dinero que habían conseguido birlar en el Baratie. Pero eso solo les iba a durar una semana y menos si seguían con el ritmo de vida que estaban llevando desde su llegada, hasta parecía que se les había olvidado lo que era vivir en la más absoluta pobreza. Así que Iris había intentado encontrar algún tipo de ingreso pero se le estaba haciendo más cuesta arriba que otras veces. 

Aunque se encontraran en la capital el mercado era escaso para los nuevos visitantes y siempre acababan siendo rechazados por su forma de vestir o de actuar, además parecía que la Marina en aquella ciudad actuaba bastante bien porque Iris no había logrado dar con los bajos fondos. Se encontraban cenando en un bar cerca de la costa cuando llegó a sus oídos que un noble iba a embarcar en una travesía y, decían, que se iba a llevar consigo un gran tesoro. La solarian había aprendido a no hacer caso a ese tipo de habladurías ya que la gran mayoría solía ser falsa pero en aquel momento, con toda la desesperación que estaba sintiendo le contó lo que escuchó a su compañero. 

Y maldito el momento. Angelo no había dudado en trazar un plan, que consistía en hacerse pasar por gente del servicio, entrar a la embarcación e irse con el tesoro escondido. Y a falta de un plan mejor habían decidido llevarlo a cabo.



Iris encendió un cigarro y se lo llevó a la boca, a su lado se encontraba Angelo el cual había secuestrado a uno de los mayordomos del noble y se había puesto su traje de pingüino con pajarita. El peliverde se había estado quejando hasta que vio que Iris tenía que ponerse un traje de Maid que era más denigrante que otra cosa y había pasado a empezar a descojonarse de ella. 

—Venga ya sis, te queda de lujo— Comentó sin poder evitar que una risilla se escapara de entre sus labios. 

La paciencia de Iris cada vez iba mermando más y estaba a punto de mandar el plan a la mierda cuando unos marineros subieron a la embarcación un cofre dorado. Detrás de él iba el supuesto noble. No tendría más de quince años y llevaba tanto el cuello como las manos y las muñecas llenas de joyas. Cada una de esas probablemente les serviría para cubrir un mes de gastos. El plan no iba tan mal como parecía.

Con una señal Angelo e Iris se colocaron detrás de la procesión de criados y trabajadores que seguían al mocoso, todos ataviados con las misma ropas ridículas. Tenían que pagar bien para llevar eso puesto sin quejarse. Con la cabeza gacha les siguieron hasta la entrada del barco y una vez dentro Iris le hizo una señal con la cabeza a Angelo, separándose de él. 

El plan consistía en que Angelo crearía el caos, era algo que se le daba especialmente bien, pero tenía que ir con cuidado porque el muy gilipollas era capaz de mandarlos a los dos a tomar por culo con un supermoco explosivo. Mientras tanto, Iris esperaría escondida en el armario de limpieza. Y allí estaba, rodeada de fregonas, escobas y trapos cuando escuchó los primeros gritos. Asomó la cabeza por el pasillo que se encontraba desierto. 

Entonces se dirigió al que habían deducido que era el camarote del ricachón. No es que fuera especialmente disimulado ya que tenía un gran cartel de oro pegado en la puerta el cual decía "No pasar". Iris se sacó sus gafas del sol del bolsillo y se las colocó, se sentía desnuda sin ellas, se encendió un cigarro y desenfundó la pistola que llevaba escondida debajo de la falda. Encendiéndose un cigarro abrió la puerta de una patada. Solo para encontrarse con aquel noble mirándole con cara de espanto. 

—Muy bien, mierdecilla— Le apuntó con la pistola— Si no me das todo lo que llevas encima y aquel cofre tan bonito, te vuelo la tapa de los sesos ¿Te queda claro, guapo?

Iris no tuvo que insistir mucho, el chaval estaba acojonado. Se notaba que había vivido en una burbuja toda su puta vida y nunca se había tenido que enfrentar a un problema de verdad. A los cinco minutos la chica estaba silbando por el pasillo cargada hasta arriba de joyas (Que probablemente se fundirían más tarde) y con un cofre que esperaba que les ofreciera algo bueno. 



—Venga ábrelo, sis, que me va a dar un jari de tanto esperar. 

Iris procedió, entonces, a abrir el cofre. Dentro se encontraba una fruta bastante extraña. 

—Me cago en la puta, Angelo, me he puesto ese vestido de mierda por una mandarina. Tócate los cojones. 

Tardó unos segundos en ver como en la mirada de Angelo iba surgiendo la duda. Y tardó otros más en unir dos y dos. Se le escapó un pequeño "oh" de entre los labios. Eso les podría dar mucho dinero. Muchísimo. Con una sonrisa en la cara se giró para observar a su compañero. 

—No hay huevos a comértela, sis.— Una sonrisa traviesa recorría la cara del Lunarian.

¿Como? Quizás si hubiera estado de un mejor humor no habría caido ante las tentaciones de su amigo. Quizás si. Nunca no sabrían porque lo unico que se le cruzó por la cabeza a la peliblanca al escuchar esas palabras fue: 

— ¿Qué no hay huevos? ¡¿Que no hay huevos?! Sujétame el cubata. 

Y sin pensárselo dos veces se comió la fruta. Que no había huevos decía el cabrón. 

Y dios, estaba asquerosa.
#1


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