¿Sabías que…?
... Eiichiro Oda empezó la serie con la idea de terminarla en 5 años, pero se dio cuenta de que en esos 5 años que la trama ni siquiera llegaba al 50%.
[Común] Una Apuesta fuera de lo común [Ft. Bonez, Jun & Kairos]
Vesper Chrome
Medical Fortress
La taberna Dawn Edge vibraba con risas, el ruido de los dados rodando sobre las mesas y el tintineo de las copas al brindar. Jun y Bonez y yo llevábamos ya varias rondas de sake y cartas, acumulando pequeñas ganancias que solo servían para seguir apostando. Todo parecía una noche típica en Loguetown hasta que la puerta se abrió de golpe.
 
Un hombre de rostro curtido, con una capa negra que rozaba el suelo, entró arrastrando un saco de cuero que dejó caer con fuerza sobre la barra. El sonido metálico de las monedas hizo que la taberna entera guardara silencio por un instante. — ¿Quién aquí tiene las agallas para una apuesta real? — preguntó, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. — Una cacería por los bandidos y delincuentes que se pasean por este puerto. Una hora. Quien capture o elimine más, se lleva el premio. — Sus ojos pasaron por cada rincón de la taberna hasta que se posaron en tu mesa. — ¿Qué dicen, piratas, marines, borrachos con suerte? ¿Aceptan el desafío o prefieren seguir jugando a las cartas como principiantes? — Estaba claro que este hombre quería llamar la atención de todos en el lugar, y sin duda había llamado la mía.
 
Mis ojos claramente se pasearon hasta mis compañeros, si algo teníamos en común era la increíble necesidad de apostar y este si que era una apuesta divertida, aunque un poco fuera de lo convencional, no tendríamos que estar en una mesa esperando cartas, sino fuera del bar atrapando o en mi caso, asesinando a esas escorias, claro, en todas las islas habían de ese tipo de personas. En Kilombo hubo situaciones parecidas, en las que salía a cazarlos sin necesidad de ganar un premio, aquí podría hacerlo y encima competir por ello con mis compañeros o cualquier persona del bar que se atreviera aceptar el reto. —Bonez, Jun, Una apuesta es una apuesta. — Los miré con una sonrisa de complicidad, sabia que esos dos tienen las mismas dos neuronas que yo, y eso era lo mejor. Además, todos los demás tienen sus propios problemas, así que debíamos divertirnos a como dé lugar.
 
El hombre observó las reacciones de la taberna con una sonrisa confiada, dejando que la tensión se espesara un poco más antes de hablar de nuevo. — Bien, veo que hay interés. Pero antes de empezar, escuchen las reglas, porque no voy a repetirlas. — Su voz, grave y clara, cortó el aire, y el silencio en la taberna se volvió casi sepulcral.

—Primero: nada de correr con el rabo entre las piernas a la Marina. Esto es entre nosotros. Segundo: ni se les ocurra lastimar a civiles; no queremos arruinar el espectáculo con desmadres innecesarios. Tercero: los cuerpos, capturas o pruebas de sus hazañas ya sea una cabeza, un arma o algo que pruebe que hicieron el trabajo deben ser dejados en el callejón trasero de esta taberna. Y por último, pueden hacer equipos, pero al final, el premio será para el que más entregue. No lloren si sus aliados les juegan sucio. — Hizo una pausa para dejar que sus palabras calaran hondo y luego, con un movimiento dramático, levantó una campana de mano y la hizo sonar. — Tienen una hora. El reloj comienza... ¡ya! —
 
Esperaba con ansias que mis compañeros realmente quisieran divertirse igual que yo. Habían pasado días, quizá semanas, sin que algo emocionante cruzara nuestro camino. Desde aquella extraña isla con el viejo de Indiana D. Jones, parecía que nuestra suerte estaba atascada en aguas tranquilas. La emoción de una buena pelea, ese inconfundible choque de adrenalina y peligro, era justo lo que necesitaba para despejar la monotonía. Pelear un poco tras un largo descanso sonaba como la mejor idea que habíamos tenido en días, al menos para mí lo era. Sentía que mis músculos se quejaban por la falta de acción, como si el acero en mis huesos comenzara a oxidarse por el desuso. Ya era hora de recordar qué significaba vivir al filo de la navaja, aunque fuera por una noche.
 
El silencio en la taberna duró apenas unos segundos tras el sonido de la campana. De repente, como si un resorte invisible se hubiera activado, los participantes comenzaron a levantarse de golpe, algunos empujando sus sillas al suelo y otros golpeando las mesas en su prisa por salir. La puerta de la taberna se abrió de par en par, y una oleada de individuos, desde rudos cazadores de recompensas hasta apostadores borrachos con más entusiasmo que habilidad, salió corriendo al caos nocturno de Loguetown. Gritos de emoción y risas resonaban en el aire, mientras las botas golpeaban el empedrado de las calles. Algunos corrían en dirección al mercado, donde los rumores hablaban de carteristas y contrabandistas. Otros desaparecían en los callejones más oscuros, cuchillos y garrotes brillando a la luz de la luna.
 
En cuestión de minutos, la taberna quedó casi vacía, salvo por unos pocos que se quedaron bebiendo o murmurando dudas sobre participar. Afuera, el ambiente se había transformado en un campo de caza improvisado. Se escuchaban pasos apresurados mezclados con el sonido ocasional de gritos, insultos y el choque metálico de armas. En un rincón de la calle, un grupo se organizaba rápidamente para trabajar juntos, mientras otros iban en solitario, seguros de que no necesitarían ayuda para demostrar su valía. Loguetown, normalmente tranquila a estas horas, parecía haberse convertido en el escenario de una peculiar y peligrosa competencia que prometía dejar huella antes de que la campana sonara de nuevo.
#1
Baltazar Bonez
Mr.Bonez
Era otra noche más donde "El trío Bohemio" de los Piratas Hizashi salía a recorrer las calles de Loguetown en búsqueda de lo que aquella gigantesca y concurrida ciudad podía ofrecerle a un grupo de amantes de las peleas, alcohol y apuestas. Ciertamente había bastante que hacer en una ciudad como esa, siendo ahora el momento de probar suerte en un bar llamado "Dawning Edge", nombre que, por cierto, parecía tener sentido por ser un lugar que no cerraba hasta que el sol comenzaba a asomarse por el horizonte, siendo el lugar preferido de borrachos y piratas que preferían aprovechar la noche hasta su último suspiro.
 
Mientras que el sonido de la música, risas y conversación era estruendoso en el ambiente de aquel bar, una extraña figura apareció de la nada por la entrada de la puerta. Era un hombre con un rostro tosco, su piel parecía marcada por cicatrices de incontables batallas; su cuerpo era cubierto por una larga capa negra y en su mano se podía ver que cargaba con un saco de color opaco, el cual hizo aquel sonido inconfundible de aquel tintineo de monedas cuando aquel hombre lo dejó caer al suelo, haciendo que todo el sonido de fiesta y celebración se detuviera de manera brusca.
 
Fue casi como si todo el bar entrara en un trance, escuchando atentamente a aquel hombre que alzaba la voz para preguntar si alguien en aquel bar deseaba hacer una apuesta real. Bonez alzó la cabeza como si fuera una suricata curiosa  ya que alguien había dicho su palabra predilecta: "Apuesta". ¿Eh, apuesta? —pregunto en voz alta, ciertamente interesado en las palabras de aquel hombre después de atraer su atención de aquella manera. De la misma manera que Vesper, sus ojos se pasearon para conectar miradas con Vesper y Jun, sabiendo que ellos también habían mostrado interés por aquella apuesta que estaba explicando aquel hombre extraño. Al parecer, las reglas consistían en atrapar o asesinar el mayor número de piratas, bandidos o pandilleros que hubiera por la zona, dejando alguna prueba de sus muertes y evitando actuar como informante a la marina o dañar civiles. Lo último de aquel mensaje le llamó bastante la atención, hablando de que al final solo habría un ganador. Por su parte, solo estaba interesado en la emoción de la cacería si es que el premio se lo llevaban sus compañeros, lo importante era evitar que el resto de los idiotas de aquel bar pudiera cumplir aquel objetivo antes que ellos. 
 
Vesper Chrome escribió:—Bonez, Jun, Una apuesta es una apuesta. —
dijo Vesper susurradamente, haciendo que Bonez, por su parte, se inclinara en la mesa de manera complicada ante sus compañeros. Ciertamente es una apuesta interesante; además,  creo que podríamos ganarla sin problemas. Ademas, sería interesante poder afilar nuestras habilidades y al mismo tiempo poder conseguir unas cuantas berrys en el camino. Dijo  el chico de piel ceniza con una sonrisa en sus labios, a su vez que acariciaba su mentón con su mano derecha en un gesto pensativo, analizando la situación antes de observar a Jun. ¿Qué dices, Ewa? ¿Estás interesada en ganar unas cuantas monedas y crear un poco de caos en el proceso?
 
No obstante, esos segundos de calma y análisis se acabaron en el momento en el que se escuchó la campana  que tocó aquel hombre que se encontraba sentado en la barra del bar, dando la señal de que aquella apuesta había dado inicio. Esto hizo que Baltazar se girara hacia sus compañeros con una sonrisa en los labios y, sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia las calles de la ciudad en cacería de algunos cuantos pandilleros y piratas, esperando que sus compañeros le siguieran los pasos con la misma emoción que él tenía por aquella apuesta. ¡Apresúrense, sino nos quedaremos sin piratas que destajar, ewawawawa! la risa de Bonez se escuchaba por las calles de la ciudad mientras que iniciaba la caceria por las oscuras calles de Logetown.
#2


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