
Hoshino Ritsu
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07-01-2025, 07:09 AM
El puerto rezumaba vida. El sol acababa de salir, dando inicio al día en el puerto donde podían verse los puestos de los mercaderes llenos de materia prima recién pescada, los cuales se encontraban abarrotados de personas en busca de la mejor oferta, atraídos por los gritos de los tenderos, ansiosos por robar la atención de la clientela de al lado mientras estos a su vez luchaban por conseguir el mejor precio posible. Los marineros, por su parte, trabajaban aquí y allá realizando distintas tareas. Algunos preparaban los aperos de los navíos en los que estaban embarcados, ya fuese preparando los cañones o las velas de estos; mientras que otros se dedicaban a la carga o descarga de distintas mercancías mientras disfrutaban de sus chanzas matutinas. La zona estaba completamente abarrotada, pero entre todo ese tumulto, podía observarse una nota un tanto disonante en comparación al resto.
Un joven pelirrojo, vestido de forma tan peculiar como su peinado cuidadosamente acomodado, se paseaba entre todo aquel gentío como si nada de lo que allí ocurriera le importara. Paseaba a ritmo tranquilo, como si no tuviera prisa ni destino, con una mano metida en el bolsillo mientras jugueteaba con una piruleta con forma de corazón con la otra… Aunque todo ello, no era más que una actitud impostada por el cazador, como bien representaban el color de las pinturas de su cara. Si alguien conociera lo suficiente a Ritsu, cosa poco probable dada su personalidad, sabría que elegía el color con el que se pintaba sus marcas en consonancia a como se sentía, y hoy, la gota y la estrella que siempre lucían bajo sus ojos, estaban pintadas con un rojo intenso y un dorado brillante respectivamente. Sangre y gloria.
Ritsu había llegado al puerto atraído por la información recabada tras un arduo trabajo. Le había costado hacer unos cuantos favores, tanto a marines como malhechores por partes iguales, así como realizar unos cuantos sobornos con los que consiguió bastante información… pero por los que se había quedado completamente en bancarrota. El cazarrecompensas sabía que en parte era una apuesta lo que estaba haciendo, ya que por mucho que hubiese trabajado por su parte para dar con el revolucionario encubierto que andaba cazando… todavía tenía que atraparlo. Aunque claro, la derrota no entraba ahora mismo en el vocabulario de Ritsu, siempre confiado en sus habilidades y quien en su fuero interno irradiaba seguridad y euforia por la situación.
El pelirrojo siguió caminando con esa parsimonia suya, disfrutando de su piruleta a cada paso que daba en dirección a uno de los navíos, El Destino Gris. El barco se encontraba atracado en estos momentos, habían llegado a puerto hacía escasas horas y aún estaban descargando toda la mercancía que traían a la isla. Según la información que tanto le había costado conseguir, ahí se encontraba su presa. Un revolucionario encubierto como un simple vigía de un barco mercantil, el cual se dedicaba a enviar a escondidas informes al ejército revolucionario tras conseguir información de primera mano de alguien del cuartel de la marina.
Según la investigación de Ritsu, no había pruebas suficientes para atrapar a los marines, pero sí que se había impuesto una orden de caza por el revolucionario, quien la estaci´n pasada había cometido un error y había sido pillado en una situación un tanto comprometida. Como era un caso encubierto por marines corruptos con el tiempo había caído en el olvido y el revolucionario había vuelto a las andadas. Los chivatazos que había conseguido Ritsu aseguraban que el antiguo vigía de El Destino Gris había vuelto al trabajo tras una estación entera alejado del mismo por motivos de enfermedad.
- Veamos si tanto esfuerzo ha merecido la pena… - pensó entre curioso y emocionado por comprobar el fruto de tanto esfuerzo.
Gracias a su preparación, el joven ya tenía una coartada para acercarse al navío. A través de uno de sus contactos había conseguido hacer un trato con el jefe del barco, el cual se dedicaba a la importación y exportación de pieles y tejidos.
Según sus datos tenía que buscar al capitán del navío, un hombre llamado Hatsu, de estatura baja, tez morena y unas cejas tan largas que llegaban a sobresalir por los lados de la cabeza. Ritsu estaba seguro de dar con su hombre con facilidad con esa descripción, aunque no era este quien realmente interesaba al pelirrojo a pesar de tener una cita concertada con él. Su encuentro era solo el primer paso de un elaborado plan… que estaba a punto de comenzar.
Ritsu apuró su piruleta a la par que llegaba a la zona de embarque de El Destino Gris, donde rápidamente vislumbró a su hombre en cubierta, dando órdenes a grito pelado, aunque la mirada azulada del pelirrojo miraron más arriba, a lo más alto del mástil principal, esperando ver algo en la cofia del mismo, aunque por desgracia para el cazador estaba vacía.
- No iba a ser tan fácil - pensó mientras se encogía de hombros. - Hora de trabajar.
Un joven pelirrojo, vestido de forma tan peculiar como su peinado cuidadosamente acomodado, se paseaba entre todo aquel gentío como si nada de lo que allí ocurriera le importara. Paseaba a ritmo tranquilo, como si no tuviera prisa ni destino, con una mano metida en el bolsillo mientras jugueteaba con una piruleta con forma de corazón con la otra… Aunque todo ello, no era más que una actitud impostada por el cazador, como bien representaban el color de las pinturas de su cara. Si alguien conociera lo suficiente a Ritsu, cosa poco probable dada su personalidad, sabría que elegía el color con el que se pintaba sus marcas en consonancia a como se sentía, y hoy, la gota y la estrella que siempre lucían bajo sus ojos, estaban pintadas con un rojo intenso y un dorado brillante respectivamente. Sangre y gloria.
Ritsu había llegado al puerto atraído por la información recabada tras un arduo trabajo. Le había costado hacer unos cuantos favores, tanto a marines como malhechores por partes iguales, así como realizar unos cuantos sobornos con los que consiguió bastante información… pero por los que se había quedado completamente en bancarrota. El cazarrecompensas sabía que en parte era una apuesta lo que estaba haciendo, ya que por mucho que hubiese trabajado por su parte para dar con el revolucionario encubierto que andaba cazando… todavía tenía que atraparlo. Aunque claro, la derrota no entraba ahora mismo en el vocabulario de Ritsu, siempre confiado en sus habilidades y quien en su fuero interno irradiaba seguridad y euforia por la situación.
El pelirrojo siguió caminando con esa parsimonia suya, disfrutando de su piruleta a cada paso que daba en dirección a uno de los navíos, El Destino Gris. El barco se encontraba atracado en estos momentos, habían llegado a puerto hacía escasas horas y aún estaban descargando toda la mercancía que traían a la isla. Según la información que tanto le había costado conseguir, ahí se encontraba su presa. Un revolucionario encubierto como un simple vigía de un barco mercantil, el cual se dedicaba a enviar a escondidas informes al ejército revolucionario tras conseguir información de primera mano de alguien del cuartel de la marina.
Según la investigación de Ritsu, no había pruebas suficientes para atrapar a los marines, pero sí que se había impuesto una orden de caza por el revolucionario, quien la estaci´n pasada había cometido un error y había sido pillado en una situación un tanto comprometida. Como era un caso encubierto por marines corruptos con el tiempo había caído en el olvido y el revolucionario había vuelto a las andadas. Los chivatazos que había conseguido Ritsu aseguraban que el antiguo vigía de El Destino Gris había vuelto al trabajo tras una estación entera alejado del mismo por motivos de enfermedad.
- Veamos si tanto esfuerzo ha merecido la pena… - pensó entre curioso y emocionado por comprobar el fruto de tanto esfuerzo.
Gracias a su preparación, el joven ya tenía una coartada para acercarse al navío. A través de uno de sus contactos había conseguido hacer un trato con el jefe del barco, el cual se dedicaba a la importación y exportación de pieles y tejidos.
Según sus datos tenía que buscar al capitán del navío, un hombre llamado Hatsu, de estatura baja, tez morena y unas cejas tan largas que llegaban a sobresalir por los lados de la cabeza. Ritsu estaba seguro de dar con su hombre con facilidad con esa descripción, aunque no era este quien realmente interesaba al pelirrojo a pesar de tener una cita concertada con él. Su encuentro era solo el primer paso de un elaborado plan… que estaba a punto de comenzar.
Ritsu apuró su piruleta a la par que llegaba a la zona de embarque de El Destino Gris, donde rápidamente vislumbró a su hombre en cubierta, dando órdenes a grito pelado, aunque la mirada azulada del pelirrojo miraron más arriba, a lo más alto del mástil principal, esperando ver algo en la cofia del mismo, aunque por desgracia para el cazador estaba vacía.
- No iba a ser tan fácil - pensó mientras se encogía de hombros. - Hora de trabajar.