
Ryu Sukehiro
La Sombra
09-01-2025, 01:19 PM
Como de costumbre me adentraba en el desierto con toda la ropa que me era posible portar encima, la temperatura en el desierto era infernal sin duda alguna, el aire que se levantaba de las dunas bailaba por el excesivo calor del sol a medio día, no era la primera vez que hacía esto, ni mucho menos sería la última, un buen ninja tiene que aprender a soportar todo tipo de inclemencias y debía entrenarme para soportar mentalmente tanto frío, como el veneno y a su vez el calor.
Mis pies se hundían en la ardiente arena, viajaba sin rumbo establecido, algo así como salir a dar un paseo por la ciudad, pero en vez de personas solo había cactus y algunas alimañas que hacen de estas dunas su hogar, yo por mí parte era un mar de sudor en si mismo, me sudaban hasta partes del cuerpo que no sabía que podían sudar, pero eso no era impedimento para disfrutar del sabor de un chicle, este era de eucalipto y sinceramente era lo único fresco que tenía cerca.
Tenía la nariz negra que coronaba mi hocico totalmente seca y agrietada por los fuertes vientos ardientes del desierto, pero debía seguir caminando pues el entrenamiento de hoy era pasar por lo menos seis horas aguantando el salvaje temporal del desierto, cosa que no impedía que llevase una gran cantimplora llena de agua, osea uno es un fuera de serie, pero no idiota.
Abrí la cantimplora y la llevé a mi hocico, bebiendo un pequeño trago que mantuve en mi boca moviendo el agua para buscar la hidratación que mi paladar necesitaba, mordí el chicle fuerte para clavarlo en mi colmillo derecho y escupí el agua, la cual se secó casi al momento de entrar en contacto con el arenoso y caluroso suelo. Por suerte estaba solo, así que no era necesario llevar la parte baja de mi rostro cubierto con el cuello alto de la camisa, ya que uno busca ser capaz de aguantar el calor no asfixiarse.
Apenas llevaba una hora de camino de las seis que tenía pensadas pasar aquí y todo se me hacía profundamente monótono, daba la impresión de que por mucho que caminase no avanzase nada, ya que el paisaje se asemejaba demasiado, total eran todo dunas. Lo único que me daba la certeza de que no caminaba en círculos era el hecho de que los cactus que me encontraba eran todos diferentes, algunos más altos que yo, otros más pequeños y regordetes, estos últimos sabía que era muy útiles si por alguna razón te quedabas tirado en el desierto sin nada de agua, pues pese a su pequeño tamaño contenían una gran cantidad de agua en ellos.
Tras otra hora de travesía mi vientre comenzó a demandar algo de alimento, así que escupí el chicle y me senté en el ardiente suelo, haciendo que la temperatura de mi cuerpo subirse exponencialmente, del zurrón saque un trozo de pan y algo de queso, los cuales aguante con mi mano izquierda mientras que con la derecha desenvaine el filo de mi espalda para usarlo como si fuera un improvisado cuchillo para cortar los alimentos y hacerme un bocata, ahora tocaba descansar unos veinte minutos antes de ponerme de nuevo en movimiento, así pase los últimos veinte minutos, comiendo y refrescando mi boca con enjuagues bucales con la misma, al acabar la comida me levanté y me golpeé suavemente el culo, buscando que la arena se desprendiera de el y envaine mi espada que parecía estar al rojo vivo al estar clavada al suelo, di los primeros pasos mientras desenvolvía otro chicle y me lo llevaba a la boca para seguir con mi suicida entrenamiento
Mis pies se hundían en la ardiente arena, viajaba sin rumbo establecido, algo así como salir a dar un paseo por la ciudad, pero en vez de personas solo había cactus y algunas alimañas que hacen de estas dunas su hogar, yo por mí parte era un mar de sudor en si mismo, me sudaban hasta partes del cuerpo que no sabía que podían sudar, pero eso no era impedimento para disfrutar del sabor de un chicle, este era de eucalipto y sinceramente era lo único fresco que tenía cerca.
Tenía la nariz negra que coronaba mi hocico totalmente seca y agrietada por los fuertes vientos ardientes del desierto, pero debía seguir caminando pues el entrenamiento de hoy era pasar por lo menos seis horas aguantando el salvaje temporal del desierto, cosa que no impedía que llevase una gran cantimplora llena de agua, osea uno es un fuera de serie, pero no idiota.
Abrí la cantimplora y la llevé a mi hocico, bebiendo un pequeño trago que mantuve en mi boca moviendo el agua para buscar la hidratación que mi paladar necesitaba, mordí el chicle fuerte para clavarlo en mi colmillo derecho y escupí el agua, la cual se secó casi al momento de entrar en contacto con el arenoso y caluroso suelo. Por suerte estaba solo, así que no era necesario llevar la parte baja de mi rostro cubierto con el cuello alto de la camisa, ya que uno busca ser capaz de aguantar el calor no asfixiarse.
Apenas llevaba una hora de camino de las seis que tenía pensadas pasar aquí y todo se me hacía profundamente monótono, daba la impresión de que por mucho que caminase no avanzase nada, ya que el paisaje se asemejaba demasiado, total eran todo dunas. Lo único que me daba la certeza de que no caminaba en círculos era el hecho de que los cactus que me encontraba eran todos diferentes, algunos más altos que yo, otros más pequeños y regordetes, estos últimos sabía que era muy útiles si por alguna razón te quedabas tirado en el desierto sin nada de agua, pues pese a su pequeño tamaño contenían una gran cantidad de agua en ellos.
Tras otra hora de travesía mi vientre comenzó a demandar algo de alimento, así que escupí el chicle y me senté en el ardiente suelo, haciendo que la temperatura de mi cuerpo subirse exponencialmente, del zurrón saque un trozo de pan y algo de queso, los cuales aguante con mi mano izquierda mientras que con la derecha desenvaine el filo de mi espalda para usarlo como si fuera un improvisado cuchillo para cortar los alimentos y hacerme un bocata, ahora tocaba descansar unos veinte minutos antes de ponerme de nuevo en movimiento, así pase los últimos veinte minutos, comiendo y refrescando mi boca con enjuagues bucales con la misma, al acabar la comida me levanté y me golpeé suavemente el culo, buscando que la arena se desprendiera de el y envaine mi espada que parecía estar al rojo vivo al estar clavada al suelo, di los primeros pasos mientras desenvolvía otro chicle y me lo llevaba a la boca para seguir con mi suicida entrenamiento