Alguien dijo una vez...
Crocodile
Los sueños son algo que solo las personas con poder pueden hacer realidad.
[Común] [Fic-Pasado] Aprendiendo a soportar el calor
Ryu Sukehiro
La Sombra
Como de costumbre me adentraba en el desierto con toda la ropa que me era posible portar encima, la temperatura en el desierto era infernal sin duda alguna, el aire que se levantaba de las dunas bailaba por el excesivo calor del sol a medio día, no era la primera vez que hacía esto, ni mucho menos sería la última, un buen ninja tiene que aprender a soportar todo tipo de inclemencias y debía entrenarme para soportar mentalmente tanto frío, como el veneno y a su vez el calor.

Mis pies se hundían en la ardiente arena, viajaba sin rumbo establecido, algo así como salir a dar un paseo por la ciudad, pero en vez de personas solo había cactus y algunas alimañas que hacen de estas dunas su hogar, yo por mí parte era un mar de sudor en si mismo, me sudaban hasta partes del cuerpo que no sabía que podían sudar, pero eso no era impedimento para disfrutar del sabor de un chicle, este era de eucalipto y sinceramente era lo único fresco que tenía cerca.

Tenía la nariz negra que coronaba mi hocico totalmente seca y agrietada por los fuertes vientos ardientes del desierto, pero debía seguir caminando pues el entrenamiento de hoy era pasar por lo menos seis horas aguantando el salvaje temporal del desierto, cosa que no impedía que llevase una gran cantimplora llena de agua, osea uno es un fuera de serie, pero no idiota.

Abrí la cantimplora y la llevé a mi hocico, bebiendo un pequeño trago que mantuve en mi boca moviendo el agua para buscar la hidratación que mi paladar necesitaba, mordí el chicle fuerte para clavarlo en mi colmillo derecho y escupí el agua, la cual se secó casi al momento de entrar en contacto con el arenoso y caluroso suelo. Por suerte estaba solo, así que no era necesario llevar la parte baja de mi rostro cubierto con el cuello alto de la camisa, ya que uno busca ser capaz de aguantar el calor no asfixiarse.

Apenas llevaba una hora de camino de las seis que tenía pensadas pasar aquí y todo se me hacía profundamente monótono, daba la impresión de que por mucho que caminase no avanzase nada, ya que el paisaje se asemejaba demasiado, total eran todo dunas. Lo único que me daba la certeza de que no caminaba en círculos era el hecho de que los cactus que me encontraba eran todos diferentes, algunos más altos que yo, otros más pequeños y regordetes, estos últimos sabía que era muy útiles si por alguna razón te quedabas tirado en el desierto sin nada de agua, pues pese a su pequeño tamaño contenían una gran cantidad de agua en ellos.

Tras otra hora de travesía mi vientre comenzó a demandar algo de alimento, así que escupí el chicle y me senté en el ardiente suelo, haciendo que la temperatura de mi cuerpo subirse exponencialmente, del zurrón saque un trozo de pan y algo de queso, los cuales aguante con mi mano izquierda mientras que con la derecha desenvaine el filo de mi espalda para usarlo como si fuera un improvisado cuchillo para cortar los alimentos y hacerme un bocata, ahora tocaba descansar unos veinte minutos antes de ponerme de nuevo en movimiento, así pase los últimos veinte minutos, comiendo y refrescando mi boca con enjuagues bucales con la misma, al acabar la comida me levanté y me golpeé suavemente el culo, buscando que la arena se desprendiera de el y envaine mi espada que parecía estar al rojo vivo al estar clavada al suelo, di los primeros pasos mientras desenvolvía otro chicle y me lo llevaba a la boca para seguir con mi suicida entrenamiento
#1
Ryu Sukehiro
La Sombra
El sol ardía en el cielo, lanzando sus rayos como flechas de fuego sobre la vasta extensión del desierto. La arena, caliente y dorada, se extendía hasta donde alcanzaba la vista, y el viento soplaba suavemente, llevando consigo el eco de mis pensamientos. Era un día más de entrenamiento, un día más en el que me esforzaba por superar mis límites.

Con la máscara blanca de zorro ajustada a mi rostro, sentí la familiar mezcla de determinación y desafío. La máscara no solo ocultaba mi identidad, sino que también me recordaba quién era y lo que representaba. Un cazador de recompensas, un Jujin, un híbrido que debía demostrar su valía en un mundo que a menudo no aceptaba a los diferentes. La arena crujía bajo mis pies mientras me movía, cada paso una afirmación de mi voluntad.

Comencé con ejercicios de resistencia, corriendo a través de las dunas, sintiendo cómo el calor se apoderaba de mi cuerpo. Cada zancada era un recordatorio de que debía adaptarme, de que el desierto no era solo un lugar inhóspito, sino un maestro que me enseñaba a ser más fuerte. La arena se deslizaba entre mis dedos, y aunque el sudor empapaba mi frente, no me detuve. Sabía que cada gota era un sacrificio en mi camino hacia la grandeza.

Después de un tiempo, me detuve para practicar mis técnicas de combate. Con movimientos fluidos, imaginaba a mis oponentes, cada golpe y cada esquiva eran una danza en la que yo era el protagonista. La arena se levantaba a mi alrededor, creando un pequeño torbellino que parecía aplaudir mis esfuerzos. La combinación de mi agilidad Mink y la fuerza humana me daba una ventaja, pero sabía que no podía confiarme. Siempre había alguien más fuerte, alguien que podría desafiarme.

Al caer la tarde, el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y púrpuras. Exhausto pero satisfecho, me senté en la arena, sintiendo cómo el calor del día se desvanecía lentamente. Miré hacia el horizonte, donde las sombras comenzaban a alargarse, y supe que cada día de entrenamiento me acercaba un paso más a mi objetivo. Ser un cazador de recompensas no era solo un trabajo; era mi destino. Y en este desierto, estaba forjando mi camino.
#2
Ryu Sukehiro
La Sombra
Desde muy joven, comprendí que el verdadero poder no solo reside en la fuerza física, sino en la disciplina, la astucia y la conexión con mi entorno. Cada día es un nuevo desafío, una oportunidad para superarme y aprender.

Hoy, el sol ardiente del desierto me ha puesto a prueba. He pasado horas entrenando bajo su implacable calor, sintiendo cómo cada gota de sudor se convierte en un símbolo de mi esfuerzo. He practicado mis técnicas, perfeccionando cada movimiento, cada golpe, cada paso. La arena caliente me ha enseñado a ser resistente, a adaptarme y a encontrar la calma en medio del caos.

Ahora, mientras la noche se cierne sobre el desierto, el frío me envuelve como un manto. Este contraste me recuerda que el camino del shinobi es también un viaje de equilibrio. El calor del día me ha fortalecido, y el frío de la noche me ofrece la oportunidad de reflexionar y recargar mis energías. Aquí, bajo el vasto cielo estrellado, me concentro en mi respiración, en la serenidad que me rodea.

Cada estrella es un recordatorio de mis objetivos, de las metas que me he propuesto alcanzar. La soledad del desierto me permite escuchar mi interior, y en este silencio, encuentro la claridad que necesito para seguir adelante. El camino del shinobi no es fácil, pero cada paso que doy me acerca más a esa maestría.

Mañana, el sol volverá a salir, y con él, nuevos retos. Pero por ahora, me permito disfrutar de este momento de paz, sabiendo que cada día es una oportunidad para crecer y convertirme en el guerrero que estoy destinado a ser.
#3


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