¿Sabías que…?
... el Reino de Oykot ha estrenado su nueva central hidroeléctrica.
[Común] Las de la Intuición
Evelyn Kedin
Bloody Eve
Invierno/Dia 46
Edificio del gremio de los Crimson Crusaders.

Otra mañana y de nuevo los rayos de sol asomaban por mi ventana, me revolví en un burruño de sábanas deshechas mientras trataba de conciliar el sueño. La habitación era un kaos, ropa y accesorios tirados por todas partes, platos con restos de comida pudriéndose encima del escritorio, y múltiples botellas de vino tiradas por el suelo de la habitación.

La noche anterior me había pasado bebiendo, y ahora tenía bastante resaca, no entendía como mi cuerpo ni se había adaptado ya al alcohol después de arramblar con la bodega de Lykos todas las semanas. Él sabía que yo le robaba su vino pero parecía no importarle.

El cuerpo me pesaba y la cabeza aún me daba vueltas. Fue en eso cuando pensé en levantarme a por un vaso de agua, y luego volver a seguir durmiendo pese haber pasado ya media mañana. Me forcé a levantarme de la cama, lo cual hice a trompicones, estiré todos mis músculos y crují mis articulaciones. Me miré en el espejo, y mi aspecto era horrible, como siempre recién levantada. Mi pelo encrespado, mi cara aún de somnolienta y mi top y pantalones anchos y rasgados más arrugados que la sábana de mi cama.

Con paso firme pero lento salí de mi habitación y me dirigí con paso lento y calmado cual zombie por los pasillos del edificio, tras haber cerrado la puerta con llave. “Agua…” pensé mientras hacía crujir la madera del edifico tras mis pisadas. Lykos había adoptado muchísimos animales desde la primera vez que lo conocí, no sabía si por filia rara o por que siente mucho aprecio por ellos. En todo caso, lo importante era que había instalado un abrevadero en la entrada del edificio para que estos pudieran beber si tenían sed. 

Por lo que sin mirar atrás abrí la puerta de aquel edificio de madera rojiza que se había convertido en nuestro hogar. Sin duda alguna me arrodillé frente a dicho abrevadero, compuesto de la misma madera que el edificio. Y sin la menor delicadeza ninguna metí la cabeza en este, comenzando a Berber, no sorbiendo, más bien pegando dentelladas al agua, como si se tratara de una bestia. 

Como el estilo para beber agua no era el más perfecto posible tardé unos minutos en quedar satisfecha. Fue entonces cuando al levantar la mirada me topé de frente con otra mujer la cual estaba entrando al edificio del gremio. Era rubia, me doblaba la altura prácticamente, estando más cerca de la altura del viejo que de la mía. También destacaban un par de cuernos negros sobre su cabeza. 

Parecía que tenía intención de entrar a nuestra sede, por un momento pensé que podría ser una de las hijas del viejo, ya nos había contado alguna que otra historia sobre ellos y a lo mejor venía a visitar a su padre.

-Perdona… ¿Quien eres tú? ¿Eres hija del viejo? He oído que tiene una barbaridad de hijos por ahí. O bueno, si vienes a dejarnos algún encargo dámelo a mí y ya se lo comunicaré a los demás. -Estaba siendo amable pese a saber que podía ser una tercera opción. Podía ser alguien que haya sido enviado para atacarnos. Por lo cual pese a actuar amable con ella, estaba lista para lo que pudiera pasar. Aun sentía el agua fría recorrer mi cara y mi cuello. Mi ropa también estaba empapada debido a la brutalidad de mi forma de beber, al igual que mi pelo, el cual había cogido un tono más rojo oscuro debido a que permanecía húmedo. 

Después de preguntarle aquello me quedé allí parada esperando una respuesta.
#1
Sowon
Luna Sangrienta
Llevaba un tiempo trabajando para el gremio, de momento se había dedicado a trabajar en su forja y en su arma mimada, la Matareyes. Gracias a que había llegado a un lugar con más recursos había podido forjar una versión mejorada del arma que le llevaba acompañando, sin que perdiera su esencia ni personalidad. El arma era una mole de hierro forjado, un arma que no tenía lugar en la concepción humana de un arma funcional, pero ella no era humana era una Oni y no necesitaba fijarse en lo que los herreros de otras razas hubieran fijado. Para su forma de verlo, el arma había sido creada con la intención de derrotar a los reyes marinos y así coronarse como la reina entre las armas de filo. Sentía que podía mejorar un poco más, pero su calidad dejaba como simples cubiertos a las armas que había estado usando hasta aquel momento, satisfecha y como niña con juguete nuevo se aproximó al gremio para pedir opiniones de su trabajo. Era su mejor obra de arte, la calidad del acero y las horas de sudor que había puesto en cada detalle llenaban a su corazón de una ilusión renovada. Se sentía nuevamente de doce años, cuando recibió su primer espada y comenzó a encargarse de pequeños disturbios, se paró frente a la puerta del gremio sin poder evitar blandir el arma contra el propio aire. Sentía su respiración, el zumbido del acero y el reflejo del sol que se dispersaba al tocar el filo de semejante monstruosidad. Asintió satisfecha, llevando el arma a su espalda y enfundando la misma en la correa de cuero que había preparado, satisfecha ingresó sin importarle su kimono arrugado por la fragua ni su enorme mandil negro con las manchas del oficio. El edificio se encontraba bastante tranquilo, aunque no debió esperar mucho para que algo se moviese y comenzara a tomar agua, a lo mejor a Barbitas se le había escapado otra de sus raras mascotas aunque esta parecía mucho más guapa que los lagartos que había visto al llegar y mucho más interesante que el venado.

― ¿Viejo? Hmm, ah Barbitas, no no soy su hija y él no es un Oniki aunque le ofrecí unos cuernos para que al menos luciera como uno... ¿Un encargo? No creo, solo he venido en busca de opiniones, según entiendo soy una de las nuevas trabajadoras de este lugar. Pareces la indicada, dime, ¿Te parece que puedo matar a un Rey Marino con esto? ―

Se apartó para desenvainar la espada que por poco rozaba el tejado, dejando incluso más diminuta a la mujer que le había abordado, entre la diferencia de alturas y el arma que ahora se interponía entre ambas no había diferencias entre un gigante que va a aplastar a una hormiga. La mano de Sowon sujetaba la espada con calma, incluso se dio el lujo de inclinarla sobre su mano libre para acariciar el lomo de la misma, de repente la mirada de la Oni pareció cambiar y caer en cuenta de algo, era de mala educación pedir la opinión sin darle oportunidad a la mujer de empuñar el arma por ella misma. No quería parecer que presumía de algo, ni que estaba allí solo para hacer gala de sus movimientos, inmediatamente se agachó para ofrecerle la empuñadura a la curiosa mujer con una sonrisa bastante entretenida en su mirada.

― Oh, que descuidada, no quería aparentar nada lo prometo. Vamos puedes empuñarla sin miedo, no creo que sea demasiado pesada apenas siento la diferencia con la otra que usé para forjarla. A lo mejor yo no pueda matar a uno pero en tus manos sea una máquina de matar... ―

Las palabras surgían con sinceridad de su boca mientras su sonrisa salvaje más que dar miedo era como un recibimiento a que la contraria pudiera experimentar el peso de un arma tan grandiosa. Si bien la Oni la manejaba como si fuese un simple palo que había encontrado por ahí, la realidad es que el arma era pesada y no solo eso, se necesitaba bastante destreza antes de intentar siquiera dar un golpe a algo, su peso estaba claramente enfocado en el filo y para cualquiera que solo se dedicase a usar sus puños sentiría el enorme peso del acero llevándole al suelo aunque tuviera la fuerza necesaria para levantarla aunque sea un poco. Muchas veces, la Oni apenas era consciente de lo mucho que entrenaba y que su fuerza era excesiva para muchas de las personas. Claro, ella había vivido mucho entre los más fuertes y creía que todos tenían un monstruoso potencial escondido. A lo mejor era un poco de sobreestimación al gremio que ahora era su hogar, o pecaba de humildad al considerar que ella era una recién llegada que necesitaba ganarse su puesto pese a poder hacer lo que quisiera sin una jerarquía que seguir ni nadie a quien brindarle explicaciones.

― ¿Eres una de las mejores de aquí verdad? Digo, se nota que te encargas de muchas cosas... ¿Qué me puedes contar? ¿Has matado alguna criatura poderosa? ―

La rubia había tomado asiento en el suelo mientras dejaba a la mujer interactuar con su arma, no parecía tomarle mucha importancia a su aspecto y sus preguntas redundaban en un mismo sentido: aventuras y combates épicos que hubiera vivido. Sacudió un poco su mandil mientras esperaba una respuesta, había sido un día intenso en la forja y seguramente necesitase una buena ducha para relajar sus músculos aunque antes era ideal conocer a quienes estarían conviviendo con su persona por el resto de las semanas. Si se ponía a pensar, desde que había llegado se aisló en sus cosas y en su mundo, mejorando la forja y mejorando su equipo en lugar de relacionarse con los otros. Hasta parecía una completa extraña a la que solo conocían el Barbudo y la hormiga enmascarada.
#2
Evelyn Kedin
Bloody Eve
Aquella mujer llamaba mucho la atención, pese a llevar una espada de gran tamaño, su kimono arrugado su porte era sublime. Todo lo contrario de mi. Me llamaba la atención su arma, ¿Acaso podía ser funcional? Ella parecía manejarla con bastante elegancia y clase. La chica comenzó a abordarme con bastantes preguntas. Al parecer era parte de los crimson crusaders. Me hacía ilusión tener otra mujer en el equipo, estaba harta de tener que convivir con puros hombres dentro de este edificio. Un toque femenino iba a venir bien.

Ella me ofreció su arma para que la empuñase, la podía levantar bien pero cuando fui a intentar dar un pequeño golpe al aire perdí el equilibrio, haciendo que casi rompiera una de las paredes del edificio. Me sentí algo avergonzada tras ello y procedí a cederle su arma de nuevo. No había duda, esta gigante con cuernos también era fuerte, no pude evitar sonreír mostrando mis afilados colmillos. Si me había unido a este gremio no era para estar junto a debiluchos. 

-Un rey marino… Estoy segura que puedes acabar con uno de esos fácilmente, pero no por esa jodida masa de hierro, realmente la verdadera fuerza proviene de uno mismo, no de sus armas, las armas son algo vacío sin un portador fuerte que las blanda. Si vas a quedarte por aquí podríamos entrenar juntas alguna vez, me gustaría ver cómo te desenvuelves en combate.

Además… parecía que valoraba tan bien mi fuerza, me miré de arriba abajo, viendo como estaba mojada, recién levantada y con resaca, por lo cual era probable que solo me estuviese educando, además… ¿Conocía también al resto? Ungyo, Agyo, o Fon due… Ellos también se habían merecido un puesto en el gremio y eran bastante fuertes, posiblemente más que yo. Pero… Mi orgullo de tigresa no iba a dejar pasar esos halagos.

-Todos en este gremio somos fuertes y espero que tú no seas la excepción, además de mi estamos Lykos… el viejo como lo llamo yo, o el barbas como lo llamas tú. Es majo y amable, pero a la par más ancho que una muralla, resiste bastante bien los golpes. Después están los hermanos, los dos angelitos como los llamo yo, uno es blanco y usa una espada, pero mucho más pequeña que la tuya, digamos que no impone tanto, pero es bastante letal. Después su hermano es majo, diría que es el más normal de todos, y finalmente Fon due, un pequeño tontatta, que no te debe engañar su pequeño tamaño es fuerte como un tifón, y da buenas ostias. Si aún no los conoces estoy segura de que te encantarán.

-Siendo lo más educada que mi ser me permitía ser me acerqué a ella le hice una pequeña reverencia, seguramente torcida y mal ejecutada pero eso me daba igual, quería generarle una buena impresión a nuestra nueva integrante. -Y por último yo soy Evelyn pero todos me llaman Eve, y por raro que te parezca yo soy la doctora del grupo. -Al decir esto volví a reír mientras mostraba mis afiladas uñas, haciendo más obvio la ironía de la cual hacía que pareciera inverosímil que pudiera tener dicha titulación.

-Aquí en el gremio se está bien, no creo que seamos tratados mejor que los animales del viejo pero se está bien, hay comida y cuatro paredes, camas y uno puede descansar en paz. Y además yo no te he dicho esto, pero si coges vino de la bodega el jefe no suele decir nada. -Me senté en el suelo junto a ella para continuar la conversación, al estar con ella sentía calidez, las dos parecíamos ser bastante enérgicas y llenas de vida. Le miré firmemente a los ojos y volví a sonreír, pero pese a parecer súper alegre y mi tono sonó igcomo al de vivo las palabras no acompañaron. -Y con respecto a lo de matar a alguien fuerte… La persona más fuerte a la que he matado ha sido a mi madre. Pero no te apenes por ella, era una hija de puta. Pero bueno suficiente hablar de mi, ¿Qué es de ti? ¿Como has acabado en esta ciudad de mala muerte? Si te soy sincera si no fuese por el trozo de acero que portas contigo hubiese creído que eras una princesa, no te pega este lugar. -Mi tono era condescendiente, estaba feliz de conocer gente nueva, no estaba acostumbrada a la gente, pero después de conocer este gremio me sentía más abierta. Una Oni, me puse en una posición más cómoda dispuesta a escuchar todo lo que tenía que decir, sus opiniones si historia. Como era capaz de sostener y utilizar un arma tan compleja… En ese momento era toda oídos.
#3
Sowon
Luna Sangrienta
Las primeras palabras de la muchacha calaron hondo en la Oni, no para mal, lejos de despertar algún remordimiento en su mirada una sonrisa se ensanchó. Volvió a recibir el arma tras ver que su nueva conocida no sabía manejar bien el peso, la rubia no se detuvo en ello, simplemente tomó el enorme espadón acariciando el lomo del filo con cuidadosa mirada. Su rostro era solemne, casi hermoso, un aprecio a su arte que hacía que todo entre ellas se sintiera como un vacío enorme. Era cierto, no importaba el arma si no el guerrero, aunque había otra cosa que para Sowon era importante. Un herrero debía ser capaz de poner todo su corazón en su creación, si bien cualquier arma podía encontrarse en las tiendas, solo unos pocos artistas serían capaces de replicar la belleza real de una máquina de matar. Finalmente su voz rompió aquel silencio, que se sintió eterno, su voz dulce pareció acariciar los oídos de la contraria cargada de sentimientos y a lo mejor de una sinceridad inusual en las personas que podían llegar a cruzarse en el camino de un cazador.

― Tienes razón, pero te ha faltado algo. Un arma debe ser forjada con el corazón de un herrero, con su voluntad para ser verdaderamente poderosas, por ejemplo esta espada que vez. La forjé tras noches de sudor, usando el corazón de la espada que me acompañó desde siempre y poniendo en su forma todo lo que yo esperaba de un arma. Cuando la miras, puedes notarlo, no es un simple trozo de acero y cuando siente mi voluntad... no hay barrera que no pueda cortar. ―

El acero se tornó negro por unos minutos, brillando como la obsidiana mientras los ojos de la Oni parecían mirar al interior del alma de aquella muchacha, la demostración fue fugaz antes de que guardase su arma en su espalda nuevamente. La charla pronto cambiaría de dirección, volviendo a la fuerza, ciertamente la chica no dudaba en colocar a todos los miembros como increíbles guerreros buscando a lo mejor alguna demostración o muestra de la fuerza que ella misma portaba. Se quitó el mandil de herrero dejando el mismo sobre una de las sillas mientras crujía su cuello ante la idea de entrenar con una persona que aparentemente se movía en un estilo que no involucraba nada filoso más que sus garras. Debía admitir que aquello era admirable, una persona que solo necesitaba sus manos para pelear, era como esos cuentos de quienes buscaban la perfección a partir de sus propios límites naturales.

― Parece que ambas estamos en la misma sintonía, supongo que si te corto un poco no sería ningún problema para la doctora del lugar. Ya que mi espada es una parte más de mi cuerpo, no sería lo mismo luchar sin ella. ¡Bwahahaha! Será emocionante sentir tus manos sobre mi cuerpo, solo intenta no marcarme demasiado... Y mientras estés cerca, no me molestaría dormir en el suelo ¡Bwahahaha! ―

Bromeó con bastante soltura, incluso parecía una petición sincera, no le gustaba que nadie se limitase a la hora de enfrentarse con ella y la Oni ciertamente no tendría otro trato más que ir con todo su poder incluso si debía usar una espada de práctica. Al llegar al momento de presumir sus cazas, Eve reveló algún detalle sobre su pasado, pero rápidamente cambió el sujeto a ella. La Oni llevó una de sus manos al mentón mientras recordaba sus múltiples batallas, muchos no tenían demasiado que reseñar ni eran lo suficientemente épicas para narrarlas allí. Se quedó un tiempo recogiendo entre sus recuerdos las batallas que más le enorgullecían, volviendo a enfocar sus ojos esmeralda en la figura de la mujer.

― Vine buscando un trabajo, un lugar en el cual no existieran las jerarquías y que todos fueran iguales. Buscando emoción y rivales con los cuales entrenar, pero también donde pudiera desatar todo lo que soy sin molestias buscando sacarme de mis casillas. Lo más increíble que maté fue un largarto, era tan grande que llegaba hasta mi pecho, duro como una roca pero más valiente que cualquier guerrero que haya visto. Incluso al enfrentar la muerte no desvió la mirada, fue una intensa batalla donde por poco llego a usar todo mi potencial... ―

Reseñó con notable humildad, gratificando la muerte de aquella bestia como algo más significativo que una simple pelea, esa noche había vivido por primera vez en mucho tiempo la emoción de una pelea y esperaba que su llegada a aquel lugar le abriese las puertas a experiencias incluso más intensas. De momento se limitaría a escuchar, a congeniar con su alrededor y proveer al gremio de la mayor ayuda a la que pudiese aspirar a fin de cuentas si le habían contratado era también por sus dotes con el acero.
#4
Evelyn Kedin
Bloody Eve
Parecía que ella estaba orgullosa de aquella arma, yo la veía como un trozo de metal y un palo y no le veía una funcionalidad práctica, era demasiado pesada como para poder cortar algo. Pero en sus manos… Me daba hasta miedo, vi que llegó a tignarse de un color oscuro por un momento, tal vez mis sentidos me habían fallado, o tal vez era un reflejo extraño por lo que decidí no darle importancia.

-Supongo que si… Cuando haces algo de puro corazón, supongo que es parte de ti, cuando das algo más de ti, un esfuerzo que sabes que lo quieres dar pese a saber que va a suponerte cansancio o algún tipo de sacrificio, eso ya forma parte de ti. Por lo que si, si has pasado tanto tiempo construyendo este arma a base de tu sudor… Supongo que si se puede considerar parte de tu espíritu de guerrera. -Dije casi como un suspiro mientras mi mano tocaba la hoja del arma. Estaba fría, pasé mis uñas levemente por la superficie sin dejar marca alguna. -Estoy deseando ver cuán fuerte puedes llegar a ser con ella.

Como saliendo de la nada aquella oni comenzó a bromear, estaba… ¿Tonteando conmigo? “Ah no… a mi a provocar no me gana nadie” pensé mientras cambié de actitud, sabía que de normal los hombres no podían resistirse cuando tonteaba un poco con ellos, tomaba lo que quería de ellos y me iba. Lo había hecho mil veces, pero con una mujer, era mi primera vez. Aun así si ella quería provocarme no me podía quedar atrás. Con un sutil movimiento pasé de estar sentada a apoyarme sobre mis cuatro extremidades y con un paso felino me acerqué a ella poco a poco. Pese a ser más alta que yo, estaba sentada así que pude escalar por su cuerpo hasta tener su cara a penas a unos centímetros de la mía. Mis manos se apoyaron sobre su pecho mientras mis dedos se movían de manera seductiva dibujando patrones sobre su kimono, clavando mis uñas levemente, pero lo suficiente para no romper sus vestiduras. -Dime ¿se siente emocionante? ¿Estás segura que no quieres que te marque? -Mi tono era leve apenas un suspiro mientras mi boca permanecía apenas a unos pocos milímetros de la suya mientras sonreía de forma pícara y maliciosa mostrando mis colmillos, mientras mis ojos penetrantes de color ámbar se clavaban en los suyos.

Tan solo unos segundos después me aparté de forma abrupta mientras comenzaba a reír. Me parecía gracioso calentar a la gente para luego dejarles con las ganas pero… debía admitirlo… Con ella debía tener cuidado, apenas me había podido controlar para apartarme… ¿Realmente me atraía tanto? Me dirigí a una de las estanterías de los laterales, una vieja, con polvo y telarañas, pillé un par de botellas de vino, y me volví a acercar a ella. -La próxima vez que vayas a querer jugar con fuego… ten cuidado, o te podrías quemar… -Volví a decir para provocarla mientras abría una de las botellas de vino. -Por cierto, ¿Quieres? Dime que no eres abstemia por favor, que me estabas cayendo muy bien. -Dije ofreciéndole una de las botellas. -Y a lo mejor con algo de vino me ayuda a valorar positivamente el echo de compartir habitación.

Su revelación no fue lo que yo esperaba, tras revelar mi dato de la muerte de mi madre esperaba algo más sobre su pasado pero aún así me quedé satisfecha con su respuesta. Me daba que lo que buscaba lo había encontrado, el gremio era más que un trabajo, mi primer día aquí pensé que todos eran unos pringados y que me iba a cansar de ellos la primera semana, pero después de unos meses… Les había cogido a todos ellos, era una forma de ganarse la vida honradamente (Aunque haya veces que me guste ensañarme con la gente que capturo), y todos ellos se habían convertido en una familia para mí. -Estoy segura que ese trabajo sin jerarquías que tanto anhelas, con compañeros y rivales con los cuales poder entrenar y entablar una relación de amistad con ellos… O puede que de algo más… -Volví a bromear con un tono seductor mientras tomé un trago de vino, sentándome de nuevo en el suelo.

Su historia del lagarto también era fascinante, para que ella lo dijera así estaba casi seguro que ese bicho era de armas domar, yo por mi parte salvo mi madre no podía presumir de muchas más capturas, de normal solían ser unos panolis, con los que se podía acabar rápido, pero poco a poco el gremio iba subiendo de categoría al punto de atraer nuevos integrantes como Ella.
#5
Sowon
Luna Sangrienta
La conversación tomaba forma, la Oni dudaba que la contraria entendiese del todo su postura pero no le culparía, reconocía que si esta le hablaba de medicina o de los problemas que enfrentaba al tratar a ciertos pacientes su reacción hubiera sido similar. Aceptando las palabras y tratando de no sonar desagradecida por una información que nunca usaría en su vida, asintió suavemente antes de exhalar, seguramente podría demostrarle algunos trucos pese a que ella todavía seguía considerando que estaba lejos de alcanzar su verdadera cumbre. 

La escena posterior, sin dudas le tomó por sorpresa, le estaba provocando y en un juego así su tamaño no estaba de adorno, aproximó su mano a la espalda de la mujer solo para tentarle más pegando su cuerpo en complicidad con su actuar. No apartó la mirada ni un segundo, no tenía nada que ocultarle y podía sentirse con solo verle el rostro que le declaraba su interés compartiendo esa sonrisa de cual iba a caer primero en el juego de la contraria.

— Parece que la que estuvo por quemarse fuiste tú, por eso te alejaste en lugar de soportar mi calor... —

Respondió sin filtros mientras le miraba tomar las botellas, el juego no había terminado y cada insinuación era una invitación más a cruzar las fronteras. No le importaba quemarse si la recompensa estaba en la altura, una sonrisa se ensanchó ante la invitación a beber aceptando sin dudarlo.

— Soy una herrera, he sentido el acero hirviendo en mi piel miles de veces no creas que los accidentes son algo poco común a la hora de trabajar con miles de grados y un trozo de metal en llamas.... En cuanto al vino, esta botellita no es nada. —

Para su tamaño era como un vaso que pasaba sin problemas por su boca y quemaba en un cosquilleo la garganta, no era ni de cerca lo más fuerte que tomó pero servía para entrar un poco en calor y continuar con la amena charla que estaban teniendo. Una que escalaba rápidamente, tomando las insinuaciones de la contraria para redoblar las apuestas.

— Eso es justo lo que busco, a lo mejor pueda darte una demostración de lo que puedo hacer. Hmm, esta manzana puede servir... —

Claro que lo que había en su mano era una sandía que colocó entre ellas con suma casualidad, desenvainó la espada mientras sus ojos se clavaban en su objetivo y con una seña dejaba que su compañera le revisara como un mago que quiere que la audiencia se asegure que no hay truco ni cartón. Finalmente tras pedirle que tome distancia, la rubia hizo descender varios cortes pero con una destreza tal que a ojos inexpertos pudo parecer un simple corte que por poco impacta con todo su peso contra el suelo. 

— Espero que te gusten las frutas... Tengo dos solo para tí, si es que superas el miedo a quemarte...—

Al envainar su gigantesco espadón la sandía se abrió como una flor, las veinte rodajas perfectas rotaron levemente en el lugar antes de que la gigantesca rubia tomase una y le diera un gran mordisco. Para ella, eso había parecido un simple juego y era parte de su evaluación del filo de su espada, no supuso que sería un gran hito para ojos ajenos. Después de todo, en las tierras natales habían Onis que podían partir montañas y todavía no había intentado algo así. Al menos en lo que respectaba al doble sentido, había mejorado desde la última vez que lo intentó y aprendido nuevos trucos, no solo a usar la belleza de una simple cara bonita.
#6
Evelyn Kedin
Bloody Eve
La intención era clara, esa chica oni… Parecía que quería jugar, y yo no iba a ser quien se quedara atrás. Me quedé sentada bebiendo unos cuantos tragos seguidos mientras ella me demostraba cómo usaba su espada con una sandía de forma bastante diestra. ¿Quería impresionarme, cierto? Por lo cual yo simplemente sonreí y aplaudí, mientras volvía a reír. -BRAVOOO. Nada mal princesita. Realmente nada mal. -Me puse en pie directa hacia la mesa para contemplar los pedazos de la fruta, tomé uno con la mano que tenía libre y comencé a dar un par de mordiscos a éste mientras aún sostenía la botella de vino en la otra mano. Mi forma de comer era gretesra y salvaje, mis mordiscos eran tan fuertes que salpicaba con trozos de sandía. Manchando mi boca y haciendo que el jugo de esta se resbalara por la comisura de mis labios.

Me fijé detenidamente en su piel, la cual para ser herrera no mostraba apenas cayos ni imperfecciones por el trabajo duro en la fragua. Me acerqué a ella de nuevo moviendo mi cintura de forma provocativa. -No intentes hacerte la dura… Sé que tú también has estado apunto de quemarte, que estés acostumbrada a los altos hornos de tu trabajo… No significa que no te vayas a quemar un poco el día de hoy. -Dije soltando una sonrisa pícara y pasando de nuevo mis uñas por su vientre mientras caminaba hacia el pasillo.

-¿Quieres que te enseñe mi habitación? La tengo un poco desordenada, pero si la ordeno un poco creo que podríamos caber las dos. No me importa compartir mi cama… Bueno, solo contigo. -“Bueno, con Fon tampoco me importaría ya que es pequeño y no ocupa espacio.” Pensé pero no dije para no romper el ambiente. Tomé su mano y la llevé justo a la puerta de mi habitación. 

Abrí la puerta lentamente solo para mostrar aquel lugar, lleno de botellas de vino por el suelo, las sábanas deshechas y una montaña de platos de comida sucios en la mesilla deshechas noche. Era cierto que no esperaba visita hoy por lo cual no había recogido lo más mínimo. Por lo que de forma rápida, abrí la ventana la cual daba a la calle, cogí los platos y las botellas todas a la vez, y tanto el vidrio como la vajilla sonó de forma estridente cuando lancé todo por a la calle, chocando contra el suelo y rompiéndose en mil pedazos. Finalmente di el último trago a la botella que aún tenía en la mano y la lancé también por la ventana. Mi vara era de orgullo, como un niño después de terminar sus deberes exitosamente. -Ignora la basura de antes, en cuanto pase un barrenero ya la recogerá, cuando termines la botella también la puedes tirar por la ventana. Aunque dios mataría por pillar wishky, pero ese si que lo tiene el viejo bajo llave. -Me tumbé en la cama dejando un pequeño hueco para aquella chica nueva. Aunque era bastante obvio que no cabía en esta. Tendría que pedirle a Lykos una cama más grande.

-Bueno… ¿Por donde íbamos? Ah si, decías  que tenías dos solo para mi, aunque… la verdad es que una tigresa prefiere la carne… Así que acércate, prometo no morderte… mucho -Mi sonrisa era pícara mientras me encontraba tumbada de costado en la cama, y mi dedo índice jugaba inocentemente con las sábanas deshechas esperando por la respuesta de la oni.

Off
#7
Sowon
Luna Sangrienta
La Oni mentiría si dijese que esa chica con rasgos salvajes y actitud pícara no le estaba volviendo loca, de hecho ella nunca mentía y en aquellos juegos de seducción era donde prefería perderse cuando la situación le permitía. Suspiró mientras una leve risa le era provocada por aquellos intentos de seducción, algo que notaba desde el primer momento era que a esa chica no le gustaba perder y tampoco aceptaba cuando las cosas estaban en un escenario desfavorable para su posición. Sowon no solo era alta, tenía experiencia tras tantos años de viajar por los mares buscando trabajos aunque le preocupaba que le viesen mal si se acostaba con la primer mujer que veía en el gremio tras solo unos días de haber llegado. ¿Pero realmente le juzgarían? Por lo que había podido observar en aquel lugar cada uno iba por su lado, lo único que importaba era ser buena en la batalla y traer dinero, incluso fabricar diferentes armas le aseguraba una completa libertad de con quien acostarse y como aprovechar su tiempo de caridad con otros. Nunca retrocedía en una batalla, tampoco lo haría cuando una mujer le invitaba a su cuarto, bebió para calentar su garganta un rato fugaz a lo mejor para que su lengua sincera no le traicionase en ese punto donde tal desastre podría haber generado un enfriamiento del momento. Pateó algunas cajas para abrirse paso, la habitación parecía normal para alguien pequeño pero para ella se quedaba corta, debiendo inclinar un poco la cabeza para evitar el chirrido de sus cuernos en la madera del techo. Barbitas a lo mejor no tenía ese problema, pero contar con cuernos era algo poco común, ella sin embargo estaba orgullosa de presumirlos en todo momento.

― ¿Ah sí? Te advierto que algunas bestias se han partido los dientes al intentar morder mi piel, incluso mis manos pueden trabajar el metal como si se tratase de masa para pizzas. Aunque, descuida, no tengo intención de arruinar tu belleza que tanto me ha impactado... ―

Su entrada a la cama fue todo un desastre, no acostumbraba a camas tan pequeñas y terminó de cabeza al suelo al resbalar por el borde, tuvo que intentarlo algunas veces hasta aferrarse a la cintura de la mujer para no caer y empujar un poco con sus piernas para quedar recostada frente a frente con su nariz chocando contra la de la contraria y su respiración impactando contra los labios de la muchacha. Se aferraba con cierta fuerza pero no por desesperación, si no para evitar deslizarse y volver al suelo en caso de no hacerlo, quizás por eso se notaba tan tensa y fue cuando recordó que el peso que le empujaba hacia atrás era su enorme espadón. Comenzó a reír mientras lo dejaba a un costado, como si fuese parte de la decoración y finalmente pudo recostarse con comodidad y usar la mano que en un principio se trataba de un tieso agarre como una suave caricia aterciopelada que recorría la silueta de la tigresa con sorprendente cuidado.

― Perdona por eso, me acostumbro mucho a no desprenderme de mi espada, nunca sabes cuando estás en territorio desconocido si alguien podría atacarte o buscar algo al saber de tu presencia. ¿Usas solo tus garras? Puedo hacer algo para cuidarlas, no quisiera que te rompan alguna uña aunque descuida puedo hacer que mantengas el contacto, siento que te gusta sentir demasiado... ―

Suspiró con cierta complicidad en sus palabras, no era mentira el deseo de forjar algo para ella, le había caído demasiado bien y ahora compartían esa diminuta cama simplemente porque el momento lo había deseado. Sus dedos subieron y recorrieron el contorno de la chica, luego bajaron nuevamente y se posaron sobre las piernas, casi como si acariciase a un pequeño gatito para ayudarle a dormir. Sonrió recordando lo diferente que era su vida hace unos meses, sola en una isla, buscando trabajos que hacer y recorriendo las calles para terminar en diferentes lugares con el único objetivo de probarse a sí misma. Ahora había llegado a un gremio, con una mujer de lo más interesante y con su aroma impregnado en cada una de sus prendas. Había dado un vuelco completo, pero no le importaba, sentía que ahora estaba en su mejor momento y solo necesitaba salir de caza con alguno de sus nuevos compañeros para ver hasta que punto podía mejorar sus estrategias ya que desde siempre se había valido por sí misma y no le gustaba depender de otros.
#8


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