Alguien dijo una vez...
Donquixote Doflamingo
¿Los piratas son malos? ¿Los marines son los buenos? ¡Estos términos han cambiado siempre a lo largo de la historia! ¡Los niños que nunca han visto la paz y los niños que nunca han visto la guerra tienen valores diferentes! ¡Los que están en la cima determinan lo que está bien y lo que está mal! ¡Este lugar es un terreno neutral! ¿Dicen que la Justicia prevalecerá? ¡Por supuesto que lo hará! ¡Gane quién gane esta guerra se convertirá en la Justicia!
[Diario] Er diabloh que partida de poker!
Ryu Sukehiro
La Sombra
Invierno, día 7 del año 724.
Ciudad Meruem.

Tras el rotundo éxito en la prueba de acceso al gremio al que ahora pertenencia, los Crimson Crusaders el jefe Lykos tuvo a bien darme el día libre como agradecimiento por recuperar a su amado Tortuga? Tartaruga? El bicho ese suyo al que un par de cazadores furtivos se llevaron el día anterior, la cosa es que tenía el día libre y no sabía bien que hacer, en el anterior gremio no solía tener días libres, por no decir que era el primer día libre que tenía como cazador de recompensas, así que estaba fuera de mi zona de confort. Me metí en la ducha mientras sopesaba que podría hacer para pasar el día, tenía bastante dinero ahorrado después de diez largos años cazando maleantes de poca monta, pero al ser una persona que tan solo gastaba en lo indispensable para vivir como ropa, comida y mi amado vicio, los chicles, había amasado una pequeña fortuna de algo más de siete millones de berries, quizás parezca poco, pero teniendo en cuenta que eran pagos por capturas que no llegaban a los cien mil berries era más que bueno el monto total.

Lykos me habló de una taberna llamada "El último Oasis" donde se reunían antiguos marines y algún que otro ex cazador de recompensas, quizás fuera buena idea pasarse por la taberna y pasar el día relajándome tomando algo de vino, ya había tomado mi decisión haría justo eso ir a la taberna, con la decisión tomada salí de la ducha y me vestí con mi típico atuendo de colores grises y negros, mis zapatos que dejaba al aire los dedos de mis pies, metí un chicle de eucalipto en mi boca y la tape junto a mi nariz de zorro con el cuello alto de la camiseta sin mangas para luego colocar mi máscara blanca de zorro encima de mi rostro y salir de mi nueva y flamante habitación en el edificio del gremio dirección a donde Lykos me había indicado que se encontraba la taberna, la mascota del Jefe que salve ayer vino hacia mi mientras daba pequeños saltos de alegría y saltaba a mi alrededor contenta, la verdad que era fácil cogerle cariño así que en cierta manera entendía porque el jefe estaba tan preocupado cuando se la llevaron.

Al llegar a la puerta principal del gremio y tras hacerle entender al bicho que no podía acompañarme salí del gremio siguiendo el camino que me comentó el jefe, una calle a la derecha, todo al fondo y la tercera calle que rompía a la izquierda, no tarde demasiado en dar con la taberna, un gran cartel que seguro que había visto años mejores rezaba "El último Oasis" un edificio circular de unos cien o ciento cincuenta metros cuadrados, de color blanco y techo de tejas negras, desde fuera podía oler el olor del alcohol y el sudor de más de uno, cosa que me hizo arrugar la nariz tras la máscara, menos mal que contaba con mi chicle para contrarrestarlo.

Entre en la taberna y la gente se volteó a mirarme, yo impasible camine hacia la barra y me senté frente al barman pidiendo un vino rosado mientras apartaba la máscara de mi rostro, dejándola sobre el lado derecho de mi cabeza y casi a regañadientes bajaba el cuello de mi camisa, dejando ver por completo mi rostro, el cual solo se diferenciaba del de un humano por mi nariz de zorro y la pequeña forma de morro que está daba a mi rostro.

El camarero trajo el vino rosado y le di un sorbo mientras giraba sobre la silla, un grupo llamó mi atención pues estaban jugando a uno de mis juegos favoritos, el poker. Me levanté y fui lentamente hacia la mesa, para sentarme en una silla cercana mientras cuatro viejos apostaban y se lo pasaban de lo mas bien jugando a las cartas, uno de ellos comenzó a lanzarme miradas furtivas entre mano y mano, yo simplemente bebía pues estaba seguro que era mi nariz lo que le llamaba la atención hasta que me habló.

"Hijo, te gusta el poker?"

Asentí aún con el alcohol en la boca y el hombre se levantó y agarró una de las sillas para llevarla hasta la mesa donde jugaban y hacerme un ademán para que me sentase.

"Si tienes dinero siéntate y juega, te vamos a dejar pelado HAHAHAHA"

Apure el vino y me senté junto a ellos para jugar, las horas pasaban mientras ganaba y perdía casi con la misma frecuencia y los viejos contaban batallitas de cuando eran marines en activo, pero mi arrogancia se moría de ganas por salir y jugar partidas donde lo máximo que podía ganar eran 20 berries me parecía aburridísimo, así que tras altivamente comentarles si es que no eran lo suficientemente hombres para jugar con cifras de verdad y dejar siete millones de berries frente a ellos todos se hicieron atrás, salvo el viejo que me había invitado a jugar, el cual comentó que no tenía tanto dinero pero contaba con algo de valor, una Akuma no mi. El viejo la puso frente a mi dinero retándome a una partida de todo o nada, las reglas eran simples todo se decidiría por la pura suerte, la apuesta estaba hecha y el viejo comentó que esa fruta dotaba de una destreza sin igual a quien la consumiera, así que acepté, debía ser mía.

El crupier repartió las cartas y fue volteando una a una las que debía depositar en la mesa, el viejo saco dobles parejas frente a mi full, había ganado. El chute de adrenalina fue brutal, agarre el dinero y lo volví a guardar en mi bolsillo, luego agarré la fruta mientras la gente de la taberna silbaba y vitoreaba mientras el viejo que había perdido la fruta se resignaba, lleno de euforia lleve la fruta hacia mi boca y mordí la fruta, la euforia se marchó al instante pues un sabor asqueroso lleno todo mi paladar, llegando a provocarme un par de arcadas y haciendo que lanzase la fruta al viejo increpando por la tomadura de pelo, me marche de nuevo al gremio cabreado porque pensaba que me había intentado tomar el pelo con una fruta en mal estado.
#1


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