Hay rumores sobre…
... que en una isla del East Blue puedes asistir a una función cirquense.
[Aventura] [T6] Cuando el Inframundo llama
Arthur Soriz
Gramps
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3 de Invierno
Año 724

Una fría mañana, cuando el otoño estaba dando sus últimos suspiros antes de ceder el paso al invierno, Byron... te encontrabas en la cubierta del barco observando el horizonte. El cielo estaba cubierto de un gris plomizo... aunque no parecía que fuese a llover. El oleaje estaba suave, pero había algo en el aire que te hacía sospechar esa calma pronto terminaría. De repente un aleteo llamó tu atención. Una figura pequeña volaba en tu dirección acercándose cada vez más. Era un ave mensajera que portaba en una de sus patas un pequeño sobre de color marfil. Con un graznido agudo, el ave se posó sobre la barandilla del barco, dejando caer el sobre en tus manos antes de volver a emprender el vuelo, desapareciendo en el cielo nublado tan rápido como había llegado.

Al romper el sello, desplegaste la carta, escrita en elegante caligrafía. Era escueta pero clara; indicaba un lugar en Loguetown al que debía dirigirse para recibir detalles sobre su objetivo. No había nombres ni más explicaciones, solo una advertencia críptica pero clara: "No vengas solo." Aunque no se mencionaba apuro alguno, sabías por la forma en la que las palabras estaban escritas y por lo que te había dicho el mink koala de pelaje rosa el Verano pasado... esta sería tu única oportunidad para cumplir con el encargo.

Los días siguientes podías pasarlos preparándote tanto física como mentalmente, sabías que esta no sería una tarea fácil... encargarte de un agente del Gobierno Mundial no era moco de pavo. Pero finalmente, la silueta de Loguetown apareció en el horizonte. A medida que el barco se acercaba al puerto la ciudad se desplegaba ante ti como un libro abierto. Con sus calles empedradas y edificios de piedra antigua coronados con techos de tejas rojas ahora cubiertos con una capa de nieve recién caída.

Si decidías llevar a Drake contigo, verían que la ciudad entera estaba decorada con guirnaldas y luces parpadeantes de diversos colores festivos. El aroma a especias y dulce de las pastelerías invadía el ambiente. La gente iba y venía por doquier disfrutando del ambiente navideño y sobre todas las cosas los niños deambulando y jugando, tirándose bolas de nieve o armando muñecos.

Las coordenadas estaban claras, en el almacén número 47 al noreste de la ciudad es donde se llevaría a cabo la reunion. No había una hora estipulada pero tampoco era necesario, sabían que tarde o temprano llegarían y ese día era demasiado importante como para tomárselo a la ligera. Ya era demasiado tarde para echarse atrás, habías hecho una promesa y ibas a cumplirla... ¿verdad?

Cuanto más te ibas acercando al dichoso lugar donde se reunirían, notaban que la multitud comenzaba a disiparse. Las calles se iban haciendo más estrechas, el ambiente más silencioso. Finalmente, llegaron a un almacén modesto, en donde un par de sujetos con pintas de pocos amigos estaban parados haciendo guardia. Nada más ver que se aproximaban ustedes dos, les brindaron acceso casi de inmediato. A diferencia del exterior que se veía hasta un poco abandonado, el interior del almacén parecía más una pequeña oficina de lujo que un lugar para meter cargamento.

Fueron guiados hasta una parte del almacén, por la cual les abrieron una puerta. Al entrar a la sala, se encuentran frente a frente con un pequeño panda de baja estatura sentado en un sofá de tres plazas, cruzado de piernas y con una pequeña tacilla de té frente a él en la mesa ratona. Se veía pensativo, pero nada más verte a ti, Byron, sonríe de manera amplia y comienza a hablar.

Es bueno verte de nuevo, muchacho. Y veo que trajiste compañía.


Komula

off
#1
Byron
Que me lo otorguen
El día se presentaba tranquilo, las nubes grisáceas que daban la bienvenida a los Hizashi, parecían murmurar a los miembros de tan afamada tripulación que quizás, lo que encontrarían allí no era una cálida acogida. Tampoco podría decirse que para ellos Logue Town fuese un lugar con un bonito recuerdo, desde la primera vez que pusieron un pie en la isla las catastróficas desdichas se hicieron presentes, más era innegable que, a pesar de eso, el capitán con ansias de comerse el mundo, había podido dar un modesto mordisco con sus incisivos al oculto mundo del cual quería apoderarse.

De forma perezosa, el muchacho de cabello violáceo posaba sus extremidades superiores en una de las barandillas de su barco, mirando al horizonte sin un punto fijo, dejándose mecer por el oleaje suave que golpeaban el casco del barco en su ligero desplazamiento. Su flequillo al viento se tambaleaba de un lado al otro mientras el capitán disfrutaba de la fresca brisa que parecía cortar sus mejillas sonrojadas con su roce, debido a las bajas temperaturas de estas. El aire melancólico en su semblante podría venir de este simple hecho, el sentir aquella gélida presencia, después de todo, desde que ingirió aquella majestuosa fruta, esa sensación le resultaba casi desconocida.

Deleitándose con aquella sensación que invadía su cuerpo y sonrojaba su nariz, sus buenos oídos captaron un elegante aleteo proveniente de las enturbiadas nubes. Alzó la vista, para encontrarse a una blanca paloma acercándose a su ubicación. Extrañado arqueó una ceja mientras esta hacía su recorrido con suma delicadeza, hasta posarse a unos cuantos palmos de su ubicación, para acto seguido caminar por la barandilla de madera apuntando con su pequeño pico al llameante zagal. Finalmente, se posó en una sé sus manos, y con un certero movimiento dejó caer sobre esta lo que parecía ser una carta con un bonito color marfil, para volver a echar el vuelo en cuanto su mensaje fue entregado.

El capitán con la mano opuesta a la que sostenía la carta, rascó su nariz simbolizando su curiosidad e ignorancia, pues no podía imaginarse el contenido que tendría aquella carta. Abrió el sello mientras entrecerraba sus ojos de forma sospechosa, y sacó el papel en su interior, escueto en contenido, aunque claro, no hacía falta más, pues solo la primera ojeada le hizo saber lo que necesitaba, quien la había escrito, el día y lugar, y sobre todo, sabía el propósito de aquel mensaje.

Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, mientras rascaba de nuevo su nariz con una de sus manos.

- Te habías hecho esperar Kómula, aunque, supongo que aún falta poco para nuestro encuentro.- Murmuró al cielo mientras en el horizonte veía cernirse a la imponente Logue Town frente a él. - ¡Drake! ¡Tenemos trabajo! - Gritó dirigiéndose hasta la ubicación de su compañero para contarle lo sucedido. - ¿Te ves duro para matar a un perro del gobierno?- Dijo con una amplia sonrisa en su rostro, tan amplía que dejaba ver claramente sus blancos dientes al brazos largos que le miraba.


Los días seguían siendo frescos en el mar del este, Byron caminaba tranquilo por las calles de Logue Town exhalando vaho debido al gélido ambiente, mientras las dinámicas luces chisporroteaban cambiando de un color a otro, y su olfato era sacudido por el olor dulce que desprendían los establecimientos y mercados. La boca del joven espadachín flamígero se inundaba al salivar, solo por el olor que entraba por sus fosas nasales, le hacía desear dar un bocado a los recién horneados manjares, más sabía que no podía permitirse aquel lujo, por lo menos, por ahora. Además, antes de salir se había comido un Sashimi Deluxe, así que no sería sensato llenar más su estómago.


Byron ha consumido Sashimi Deluxe. Cantidad restante: 0

Sashimi Deluxe
Sashimi Deluxe (CHF003)
Es una exquisita selección de finas y frescas lonchas de pescado crudo, como atún, salmón y pez toro, acompañadas de pulpo y vieiras. Dispuestas artísticamente sobre arroz, y acompañada con guarniciones de diferentes verduras de temporada ralladas, hojas de shiso y un toque de wasabi. Cada bocado ofrece una experiencia de sabor.
Aumenta +10 [Reflejos] y 25 [Energía Maxima]
Plato - Tier 3



Ataviado con una larga, cubría hasta sus pies, y aterciopelada gabardina granate, unos guantes de cuero, acolchados con pelaje en su interior, y la capucha procedente de la gabardina con pelaje negro en los extremos de esta, pasaba desapercibido entre los lugareños gracias a aquellas invernales prendas. Su bello rostro era ignorado ante aquellos que le echaban una leve mirada como a cualquier otro individuo, siendo uno más del conjunto, aunque para aquellos avispados que afilasen la vista, su rostro dejaría de formar parte del fondo, siendo sus ojos violetas perfectamente perceptibles. Aunque, seguramente, su enorme filo cargado en su espalda, haría que apartasen la vista al no querer meterse en problemas, pues era un claro indicador de que alguien con tan pesado acero a su espalda estaba curtido en el arte de la guerra.

Evitando dejarse llevar por el deseo de hacer este paseo una ruta culinaria, caminaba firmemente sobre las gruesas rocas que formaban el suelo de aquella ciudad, apartando a aquellos transeúntes que se encontraban en su camino posando de forma delicada la mano sobre sus hombros, mientras poco a poco los edificios, que no eran más que el testigo y decorado de los actos poco éticos que el dúo iba a protagonizar los engullían más y más. Cada vez más estrecho, cada vez más angosto, cada vez más oscuro, y lo más importante, cada vez más deshabitado.

Las propias calles hablaban, se encontraban en el lugar que los visitantes no debían mirar, el lugar en el cual ni las luces festivas y parpadeantes, y el dulce olor de la ciudad querían entrometerse, donde se escondían aquellos que querían evitar el ojo público, y donde los altos mandos, enviaban a aquellos que no eran buena publicidad para la isla. Pero, precisamente por esto, era el lugar donde más podías ganar si sabías donde mirar, y ante ellos, la puerta del almacén número 47, una de las ventanas con mejor vista al escondido inframundo.

Cubiertos por las pronunciadas sombras que engullían la localización, lanzó una mirada cómplice a su fiel aliado, su mano derecha, su leal compañero, y asintió en cuanto sus pupilas conectaron. Se giró y con determinación, posó sus manos en la gruesa, carcomida y polvorienta madera que formaba la puerta del almacén número 47, el pesado desplazamiento produjo un violento chirrido hasta que esta se abrió de par en par, saludando la estancia con una cálida pero apagada luz, y así, mientras quitaba su capucha dejando ver claramente su rostro entrecerrando sus ojos para acomodarse a la luz.

Frente a él, una pequeña sala, y en su centro el mink koala que conoció en aquel sótano del Casino Missile, el cual bebía tranquilamente su caliente té. Al verlos, sonrió y comenzó a hablar, Byron no pudo evitar corresponder con otra sonrisa, y en cuanto terminó, mientras le venían recuerdos de aquel juego debido a su esponjoso pelaje rosa las palabras salieron de su boca.

- Drake, cierra la puerta por favor.- Dijo mientras se acercaba lentamente a su "socio".- Has tardado en dejarte ver, imagino que es ahora o nunca. Este es Drake, mi mano derecha, la persona en quien más confío.- Continuó finalmente alcanzando la mesa y posando sus dedos en la superficie de esta.- ¿Quién es el objetivo y dónde está? No me gusta mucho mancharme las manos, pero, al final del día, todos tenemos nuestros intereses, ¿verdad? Si alguien se interpone en tu camino, se interpone en el nuestro, así que, somos tus verdugos.- Terminó, mientras su mirada clavaba sus pupilas en las suyas.

Cosas de Interés
#2
Drake Longspan
[...]
Ahhh, Loguetown...

Una ciudad de promesas y maldiciones, donde cada adoquín cargaba los secretos de miles de almas que llegaron buscando gloria o fortuna… y solo encontraron el filo de una espada o la bota de la ley.

El viento invernal silbaba entre las calles adoquinadas, arrastrando consigo la mezcla de olores dulces de los mercados y el hedor rancio de las callejuelas olvidadas. A simple vista, todo era alegría: luces parpadeantes decoraban balcones y faroles, la nieve caía con suavidad sobre los tejados de tejas rojas, y las risas de los niños llenaban el aire mientras sus pequeñas manos moldeaban muñecos de nieve.

Entre los callejones más estrechos y oscuros, donde la luz de la celebración no llegaba, los susurros del inframundo tejían su propia melodía. Allí, los mercenarios afilaban sus cuchillos, los chivatos vendían información al mejor postor y los hombres que se creían invencibles cerraban tratos con la muerte.

Y en ese filo entre la luz y la oscuridad, entre el bullicio festivo y la tensión contenida de los que operaban en la penumbra, un barco se acercaba al puerto.

El barco de los Hizashi...



¡B A M ! ¡ B A M ! ¡ B A M!

Artista Marcial Iniciado
arm300
ARTISTA MARCIAL
Pasiva
Tier 3
11/9/2024
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El sonido sordo de los golpes resonaba en la bodega del barco como el redoble de un tambor de guerra. 

Cada puñetazo hacía temblar el saco de boxeo, un monstruo de lona reforzada relleno de piedras, arena y trozos de metal. A cada impacto, una fina nube de polvo se desprendía, y las vetas en los nudillos de Drake Longspan se marcaban aún más bajo las vendas tensas.

Su respiración era rítmica, entrecortada solo por el gruñido ronco que dejaba escapar cada vez que hundía el puño en el saco, que ya comenzaba a mostrar signos de desgaste.

¡C R A C K!

Una costura se abrió con su último golpe, dejando caer un puñado de piedrecillas al suelo de madera. El humano de brazos largos no se detuvo. Retrocedió un paso, giró la cadera y descargó un gancho ascendente con todo su peso. El sonido de las piedras dentro del saco crujió como huesos rotos. Y entonces: ¡Boom!

La lona finalmente cedió, y una lluvia de piedras y arena se esparció por el suelo de la bodega. Se quedó de pie, respirando hondo, con los puños aún cerrados. Mirando sus nudillos vendados. Algunas manchas rojizas se asomaban a través de las vendas, pero no le importaba. Hacía meses qué su persona había dejado de ser anónima, mejor sangrar ahora que en prisión. Era una buena señal.

Fue entonces cuando la voz de Byron lo sacó de su ensimismamiento.

¡Drake! ¡Tenemos trabajo!

El brazos largos alzó la vista, resoplando como un toro cansado pero satisfecho. Tomó un trapo sucio y se limpió el sudor de la frente mientras avanzaba pesadamente hacia la escalerilla que llevaba a la cubierta.

¿Te ves duro para matar a un perro del gobierno?

La sonrisa de Byron era amplia, confiada, hambrienta. Drake la miró y se carcajeó con un tono áspero, encajando el cuello con un crujido.

Oi, flacucho… ¿Tú qué crees?

Escupió a un lado y dejó caer el trapo al suelo. Se sacudió las manos y se estiró, preparándose mentalmente para lo que vendría. Sabía que su capitán hablaba habitualmente de chorradas. Pero si iban tras un perro del gobierno, no sería cualquier idiota con uniforme. Pero eso lo hacía más divertido, y más valioso.
Drake no era un asesino por encargo. No era el tipo de hombre que mataba por placer ni por órdenes ajenas. Pero sí era un hombre de palabra. Y si Byron decía que este trabajo era un buen negocio, entonces, por esa única razón,  estaba dispuesto a ensuciarse los puños.


3 de Invierno del año 724,
Loguetown.
Drake, cierra la puerta por favor.

El carpintero y ahora pirata en ascenso no necesitó que se lo pidieran dos veces. Con un movimiento pesado, giró sobre sus talones y empujó la puerta de madera con una sola mano, cerrándola con un seco golpe que resonó en la estancia.

El brazos largos permaneció de pie, cruzándose de brazos mientras observaba la situación con una expresión indescifrable. Olfateó el ambiente, su nariz entrenada detectando un sutil toque de té caliente, cosas de haber pasado hambre, pero sobre todo, olía a negocios. El inframundo siempre tenía el mismo hedor, lo había vivido de pequeño en aquellas peleas clandestinas.

Sus ojos, ocultos tras la sombra de la capucha de su sudadera negra, se posaron sobre el pequeño mink de pelaje rosa. No dijo nada, pero su mera presencia hablaba por él.

Resumen
V&D
Akuma y otros datos
#3
Arthur Soriz
Gramps

Komula se dispuso a escuchar las primeras palabras que le decías, Byron. Cruzado de piernas, dándole un ligero sorbo a su té que aún se encontraba humeando. Dejó la taza sobre el platillo y luego te dedicó una mirada a ti, Drake. Te miró sin disimulo de pies a cabeza como si estuviera juzgándote sin decir ni una sola palabra, permitiéndole a tu compañero en cambio hacer las preguntas pertinentes. Cuando tuvo chance de hablar sin sentir que les estaba interrumpiendo, fue cuando aclaró suavemente su garganta y se cruzó de brazos para hablar cómodamente.

El que quieras ensuciarte las manos ya no es mi problema, muchacho. Tú aceptaste hacer esto incluso cuando ya no estabas obligado —recordó en un comienzo, sin esbozar ni una sola sonrisa. Tampoco es que pareciera hostil, tan solo estaba demasiado concentrado en las cosas que consideraba ahora mismo de máxima importancia—. No me importa cómo lo hagan, si necesitan matarlo o simplemente sacarle los ojos con una cuchara para que no vea más nada... lo que me interesa es que ya no esté metiéndose en medio de nuestros negocios, ¿capisci?

La forma en la que hablaba parecía un poco más seria de lo que recordabas de Komula, pero podías deducir que esta situación lo tenía un poco saturado ya. En especial por el hecho de que han habido ocasiones en las que probablemente el Gobierno Mundial se ha acercado demasiado a sus operaciones y es ahora cuando necesitan actuar para al menos sacarse esta espina del talón; probablemente habiendo muchas otras que necesiten atención.

De uno de los bolsillos de su chaqueta negra sacó lo que parecía ser un dosier de color beige entregándotelo a ti, Byron. Le daba lo mismo si incluías a Drake en el proceso pero aún así no esperó y comenzó a hablar mientras se dedicaban a revisar los documentos pertinentes.

Este sujeto ha sido un dolor de huevos ya desde antes de conocerte, muchacho... pero últimamente se ha estado poniendo muy pesado, y aprovechando que ha decidido visitar Loguetown, ¿qué mejor que mostrarle nuestro agradecimiento de la mejor forma que podemos, verdad? —su voz mostraba cierto sarcasmo, lo menos que quería era agradecerle. Si pudiera le estrangularía con sus propias manos hasta que el último vestigio de vitalidad se desvaneciera de su mirada. Pero ahora mismo, estaba contra la espada y la pared, tenían que andar con muchísimo cuidado así que no había mejor idea que cobrar ese 'favor' de esta forma—. Dentro del dosier está toda la información que pudimos averiguar en todo este tiempo, y vaya que nos ha costado caro, muchacho ... muy caro, no solo en dinero.

Al abrir el dosier, encontrarían una serie de documentos organizados. El papel olía a tinta reciente como si la información hubiese terminado de ser recopilada en las últimas semanas. En la primera página un retrato hablado mostraba el rostro de su objetivo. Un hombre delgado, albino, de cabello perfectamente peinado para atrás con un mechón cayéndole del lado derecho, sin barba y siempre impecablemente vestido con un traje de alta costura. Lo que más destacaba eran sus ojos de iris color rojo como la mismísima sangre, como también un lunar circular en medio de su frente justo por encima del entrecejo. Bajo la imagen se encontraba un nombre clave... "Agente Laplace". No se incluía un verdadero nombre, lo cual indicaba el nivel de secretismo con el que operaba. Más abajo se detallaban los movimientos recientes y la razón por la que estaba en Loguetown.

Al parecer el agente Laplace había sido enviado a Loguetown con la única y exclusiva misión de encargarse de aquellos que no se alineaban con los ideales y planes del Gobierno Mundial, y eso... actualmente, incluía a Komula y sus asociados. Debido a las preguntas que había estado haciendo, obviamente se estaba acercando cada vez más peligrosamente a su gente. Y antes de que lograra su cometido de encontrarlos y asesinarlos, sería mejor encargarse de él cuanto antes.

Según la información recopilada se hospeda en un hotel de lujo cercano a la plaza del patíbulo, con vistas privilegiadas al puerto. No pasaba mucho tiempo allí pues suele frecuentar un café elegante en la misma zona donde, supuestamente, se reúne con otros agentes encubiertos. Sus días parecían seguir una rutina meticulosa. Desayunaba en el hotel a primera hora de la mañana, salía a reunirse con sus contactos, volvía brevemente a su habitación y por la noche visitaba la biblioteca local, donde pasaba horas revisando documentos oficiales y registros históricos. El punto clave estaba en su camino de regreso al hotel... un callejón angosto que tomaba siempre acompañado del resto de sus colegas.

También encontraron dentro del dosier dos documentos falsos, aparentemente bien hechos. Al sacarlos, Komula sonrió de medio labio, más por costumbre que por satisfacción.

Esos deberían aguantar una revisión rápida —dijo mientras se acomodaba en su asiento y le daba otro sorbo a su té—. Si les piden un escaneo detallado van a estar jodidos... pero para moverse entre los perros del Gobierno sin levantar sospechas deberían servir. Lo único que les falta son los trajes, y eso ya corre por su cuenta. No trabajamos con sastres esta ocasión, porque no conocíamos sus medidas.

El mink se encogió de hombros sin molestarse en disculparse demasiado. Después de todo, les estaba facilitando suficiente como para que se las arreglaran solos en los detalles menores.

Ahora se preguntarán, ¿por qué ahora? Pues la verdad es que llevamos meses esperando que se vaya a la mismísima mierda y no lo ha hecho, lo que nos lleva a pensar que está siguiendo nuestro rastro y se está acercando... recientemente la gran mayoría de sus colegas se han ido de Loguetown, mis hombres lo confirmaron en el puerto... Así que es el momento justo para saltarle a la yugular.

Explicaba con una calma que parecía metódica, pero en su mirada se expresaba el incipiente temor de ser hallado y a saber qué consecuencias tendría si aquel miembro del Cipher Pol lograba su cometido. Aclaró entonces su garganta, y con una expresión un poco más severa, pero una sonrisa que casi podría considerarse sarcástica, agregó.

Por cierto —hizo una pausa fugaz, esperando que ambos le pusieran atención—... este es un agente del Cipher Pol 9.

Soltó, como si fuera lo más normal del mundo decir algo así.
#4
Byron
Que me lo otorguen
Byron agitó la cabeza, asintiendo cada palabra que Kómula expulsaba por sus labios, prestando la suficiente atención a estas como para repetirlas de "pe a pa" tras ser escuchadas. Aunque no lo pareciera, el muchacho no era un necio, sabía el tipo de relaciones que se fraguaban en este tipo de lugares, él mismo pudo sentir las oscuras garras apretándole el cuello, a pesar de no tomar ese sentimiento como una advertencia, sino como una invitación a su curiosa ambición. Ante la primera frase, no pudo evitar chasquear la lengua como forma de admitir que el mink no le había obligado a realizar este trabajo, y el no querer manchar sus manos con sangre estaba actualmente fuera de la conversación por decisión propia. Por la forma de formular sus palabras, y sobre todo, por ese ligero matiz de preocupación que podía captarse en ellas, el joven pirata podía hacerse a la idea de lo serio que era el asunto.

Así, aumentando más la atención lo que el koala rosa pronunciaba, cambió el gesto, y dejó de apoyarse de forma entusiasmada sobre la mesa de madera, adoptando una posición más erguida, cruzándose de brazos, y con el rostro que pondría un niño pequeño al que han echado una regañina por no tomarse las cosas con la seriedad que eran necesarias para este tipo de trabajo. Bajo esta posición, escuchó su última frase, frunciendo el ceño para mostrarse más un adulto responsable, y sin perder el tiempo le contestó.

- Capisci.- Dijo asintiendo una vez más, ahora de forma más brusca que las anteriores.

El capitán esperó su respuesta, mirándolo seriamente, adaptándose al tono de la conversación. Así vio con sus ojos violáceos como Komula sacaba de uno de los bolsillos interiores de su chaqueta sacaba un dosier de un blanco sucio, sin querer hacerle esperar, alzó su mano al frente, y agarró el conjunto de papeles, y colocándolo frente a él, cortando el contacto visual con Komula, le dio una pequeña ojeada a los que podría catalogarse como una portada. Con curiosidad, volvió a mirar a koala de pelaje rosado, sacando la cabeza por uno de los laterales del dosier.

Las palabras de Komula continuaron, y el joven espadachín escuchó con atención como continuaba su discurso. Así, entendió el contenido que tenía aquel informe, aunque no había que ser muy listo para darse cuenta de que podía ser. Aun así, con la confirmación por parte de hombre del bajo mundo, comenzó a leer y pasar las páginas de aquellos papeles, de forma superficial, solo para hacerse una idea de lo que había descubierto, mientras llevaba la mano sobrante al mentón y seguía escuchando las palabras del mink.

- Ummm, sí que os ha tenido que estar tocando los cojones para recabar todo esto.- Dijo ya habiendo dado la primera leída. - Solo ha faltado a que hora visitaba el burdel... Y bien, estos dos, ¿Para qué son? ¿Quieres que nos infiltremos en las filas del gobierno mundial? Teniendo en cuenta que conocemos su localización podría bastar con colarnos en su habitación y darle allí su merecido, o esperar en el propio callejón.- Murmuró esto último, claramente dudando de que camino tomar.

Hizo un gesto, para que su compañero Drake el brazos largos se acercase a él, y le otorgó en sus amplias y trabajadas manos el informe para que también pudiese leerlo, dos mentes pensantes siempre resultaban mejor que una.

Entonces, escuchó la última declaración, que parecía haberse estado guardando apropósito, y parecía ser la más importante. Era esperable la reacción del muchacho, su cara se quedó igual, salvo por un ligero arqueamiento de ceja, lo que parecía ser el dato más revelador, lo había dejado igual. Extrañado sonrió sin entender que significaba ser un Cipher Pol 9 y contestó.

- Lo que sea, un toca pelotas del gobierno, aunque realmente, me dejas más tranquilo hiehiehie.- Dijo riendo con los ojos brillando de emoción.- Un noveno lugar no tiene nada que hacer contra un primero, encabezo la lista de los más buscados del East, será fácil para nosotros, ¿verdad Drake? Aunque no puedo negar que mola el nombre, Cypher Pol, ¿qué cojones significa esa mierda? ¡Hie, hie, hie! - Rio orgulloso.- En fin, si es por los trajes sé donde hay una tienda donde podríamos conseguirlos, estuve con Kael en una cercana a la plaza del patíbulo, así que eso no es problema. - Hizo un gesto levantando el dedo pulgar a los presentes en la sala, lo tenía todo bajo control.- ¿Nos vamos Drake?- Finalizó, dándole un pequeño palmazo en su corpulenta espalda.

Resumen
#5
Drake Longspan
[...]
Drake Longspan se mantuvo en silencio mientras el mink parloteaba y Byron hojeaba los documentos. No era un hombre de muchas palabras cuando no hacía falta. Pero su mirada, fija en el informe, decía más de lo que su boca tenía ganas de soltar en ese momento.

Cuando Byron le hizo el gesto, el vicecapitán tomó el dosier con sus manos vendadas, pasando las páginas con la misma delicadeza con la que alguien de su tamaño podría manipular un trozo de papel sin hacerlo trizas. Sus ojos se detuvieron en el dibujo del Agente Laplace, memorizando cada detalle de su rostro.

La risa de Byron le sacó una media sonrisa, pero en los ojos de Drake no había ni una pizca de humor.

Oi, flacucho... — levantó la vista del informe y chasqueó la lengua. — ¿El 9 qué significa? Parece peligroso. No son los típicos marines que se pasean con el pecho inflado, son los cabrones que operan en las sombras

El chico de brazos largos dejó el dosier sobre la mesa con un golpe seco, inclinándose levemente sobre la mesa con su imponente presencia.

Dicho en otras palabras, Byron... este no es un soplapollas cualquiera. Si no nos lo cargamos rápido, seremos nosotros los que acabemos con los pulmones llenos de agua en el fondo del puerto.

No es que le asustara la pelea. Al contrario. Sentía un calor primitivo en su interior al pensar en la posibilidad de reventarle la cara a un cabrón del gobierno que jugaba a ser invisible, el sabía que si ese tipo les encontraba primero también disfrutaría matándoles. Así que, como dijo un gran pensador y pacifista una vez:

"Pa' que llore mi madre que llore la tuya".

Cuando el capitán Byron le dio el palmazo en la espalda, Drake salió de sus pensamientos y simplemente giró el cuello, soltando un crujido que sonó como un árbol partiéndose, o a un metal oxidado girando sobre si mismo.

Se ajustó las vendas de los nudillos con los dientes y se sacudió el polvo de las ropas antes de girarse a su capitán.

Y más te vale que esos trajes sean cómodos, desplumado, porque no pienso ir disfrazado como un jodido gobernador de un pueblo pesquero si no puedo moverme bien.

Con una sonrisa feroz y los puños listos para hundirse en la cara de alguien, Drake Longspan estaba listo para salir a cazar.

Resumen
#6
Arthur Soriz
Gramps
De verdad es que no podía creerse que hubieras dicho aquel comentario acerca del Cipher Pol, casi que se tentó a llevarse una mano a la frente simplemente por aguantarse las ganas de echarse atrás con toda esta operación y hasta entregarse al gobierno y dejar que lo mataran. Pero al escuchar tus palabras, Drake, respiró un poco más tranquilo.

Sí... así es, es un agente del gobierno que queremos sacarnos de encima, y es... un peligro, por decir lo mínimo. —respondía esperando esclarecer así esa pequeña duda.

Komula se quedaba mirándote Byron como si le hubieras preguntado cuánto es dos más dos, ¿pero cómo podría un pirata tener conocimientos sobre el Cipher Pol? Siendo una organización de lo más secreta del Gobierno Mundial en especial un miembro del CP9 que viven yendo de encubierto estaba claro que el bajo mundo había recopilado muchísima información si acaso llegaban a tener el nombre o quizás apodo de aquel agente. A saber cuánto tiempo y dinero habían sacrificado para obtener esta información y terminar dándosela a ustedes como si fuese lo más normal del mundo.

¿Quién les decía que no iban a darse vuelta como panqueques y traicionarlos, otorgándole dicha información a ese agente del gobierno? Pues de ahí cae la confianza... estaban poniendo las manos en el fuego por ustedes, no podían decepcionarlos ahora, mucho menos con algo tan importante.

Una vez salieron del lugar, los guardias los escoltaron a una zona alejada de los almacenes y allí los dejaron ir a donde quisieran. Aún tenían unas cuantas horas de sol por delante antes de poder siquiera llegar a actuar por lo que la ciudad estaba a disposición de ustedes. Las calles estaban repletas de gente, un bullicio constante que se transformaba en casi una cacofonía cuanto más se acercaban a las zonas comerciales de Loguetown.

Por lo que llegaban a escuchar de entre las multitudes, habría esa misma noche un evento en la plaza central en la cual aparte de poder verse todas las decoraciones navideñas, también ocurría el "Festival de las Estrellas", en el cual a la noche se expondría un hermoso rubí enorme llamado "El Corazón de Aurora", un objeto de suma importancia en tiempos recientes que se considera una bienvenida a la temporada invernal pero también un deseo de buena fortuna para el año que pronto entrará. Dicho evento probablemente atraerá a muchísima gente de la ciudad, dejándoles más que en claro el por qué de escoger este día como el único que sería adecuado para actuar.

No solo los colegas del Agente Laplace se habían ido de Loguetown dejándolo prácticamente 'bajo de personal', pero también gran parte de los ciudadanos de la isla estarían congregados en la plaza del patíbulo festejando el evento anteriormente mencionado, dándoles una gran chance de una de dos... agarrarlo desprevenido, o no tener testigos.

En el caminar que llevaban ambos, al ritmo que escogieran, llegaron por fin a la fachada de aquella tienda que tú Byron mencionaste. Sería cuestión de comprar los trajes, y después... decidir qué hacer a partir de ahí.

off
#7
Byron
Que me lo otorguen
Ante las aportaciones de su fiel segundo al mando, Byron simplemente carraspeó la garganta, volviendo a intentar entrar en ese ambiente de seriedad que impregnaba el ambiente del abandonado almacén. Pero al final del día, el zagal era un alma libre, y por mucho que quisiere reprimir su sinvergonzonería, a veces simplemente aparecía, tomaba el control de sí el pensamiento intrusivo que surcaba su mente. Como en ese mismo instante, que, mientras su aliado soltaba advertencias por su boca, en cuanto pronunció "marines que pasean con el pecho inflado" fue incapaz de no intentar reproducir aquel movimiento con su cuerpo, ensalzando el pecho mientras asentía las palabras que su gigantesco colega mascullaba.

Por lo que su camarada decía, tenían que tener cuidado, pero quizás, por sentirse en la cima del mundo, por encima del bien y del mal, el muchacho parecía calmado mostrando su actitud risueña. La última advertencia le hizo ensalzar aún más su pecho, esta vez como forma de mostrar su faceta más orgullosa, arqueando levemente la cabeza hacia un costado, y mirándolo con un gesto que, cualquiera que no conociese al inexperto capitán interpretaría desprecio. Chasqueó la lengua mientras lo observaba con esa mirada, aunque Drake, seguramente podría vislumbrar la chispa de pasión que sutilmente emanaba de sus pupilas, y, en cuanto hicieron contacto visual, sonrió ampliamente mostrando incluso su inmaculada dentadura.

- Eh, grandullón, recuerda mis palabras en el faro, estoy... No, ESTAMOS por encima de esto.- Dijo alzando la mano al frente, con esta abierta de par en par, hasta cerrar la palma con fuerza saltando pequeñas llamas ondulantes que desaparecieron en el aire en el momento que quedó su puño totalmente cerrado. - Para gente como nosotros, no está escrito acabar ahogados en el mar.

Se giró ante las palabras del mink rosa, que hacía su aportación, esclareciendo más su preocupación con sus palabras. Eso que transmitía podía ser miedo, quizás fuese algo que el muchacho pudiese usar en el futuro a su favor. Mantuvo su sonrisa, tras este peludo ser soltar sus temerosas palabras, y simplemente, se quedó mirándolo sin decir una palabra más, siendo consciente de que su convencida fachada hablaba por él, incluso parecían verse destellos danzantes en las mejillas del muchacho. Posiblemente aparentase no ser consciente del peligro, pero desde luego, su confianza era desbordante, no sabía si eso le daría tranquilidad al mink, pero, si se trataba salvar la vida y seguir con su destino, el capitán podría ser de las personas más confiables en el mar del este.

Se despidió después de aquel gesto, y volviendo a colocarse su capucha granate, lanzó una última mirada al mink, con unos ojos más sombrios y decididos, y volviendo a abrir la puerta de par en par, atravesó el umbral de la puerta.

Con un rumbo fijo y sabiendo la localización que buscaba, era más fácil avanzar, siendo el abrirse paso entre la muchedumbre el único contratiempo para llegar a aquella tienda. Aunque no es que este hecho fuese de menos, pues cada vez eran más los ciudadanos que se arremolinaban en las zonas más céntricas de Logue Town, abarrotando las calles y haciendo por momentos que el duo de piratas tuviese que abrirse paso a tímidos empujones acompañados de falsas disculpas. Aun así, el joven capitán no perdió la oportunidad para, con sus buenos sentidos intentar captar alguna conversación extraña durante el trayecto, así como buscaba con su mirada el rostro de aquel Cypher Pol entre las caras del bullicio con las que se daban un encontronazo. Aunque no fuese el plan deseado, Byron no dudaría en aprovechar la situación para acabar con él gracias al saturado ambiente, por desgracia para ellos, no hubo suerte.

Y así, llegaron a aquella tienda, un pequeño golpe de nostalgia invadió su pecho al agarrar el pomo de la puerta, era curioso como esto parecía haberlo vivido.

Abrió la puerta, el sonido tintineante y metálico del avisador de la puerta (cómo coño se llama esa shit?) parecía ser el primero en darles la bienvenida, y posteriormente una mujer entró en escena saludando a los recién llegados. El muchacho de cabello violeta hizo una pequeña reverencia para corresponder el saludo, mientras se dirigía al mostrador para hablar con la hermosa madurita.

- Disculpe, buscamos dos trajes, tenemos una velada esta noche, y somos tan despistados que no los hemos comprado hasta el último momento.- Dijo sonriente y manteniendo una actitud educada. - Yo buscaba algo granate, a juego con la gabardina, con detalles negros, así como una camisa blanca lisa... Para mi compañero, es de gustos extraños, así que mejor que te explique él... Me gustaría preguntar también, ¿tiene usted algo de maquillaje? Unos retoques para dar una buena impresión nunca vienen mal. Ah y si tiene una goma para el pelo, también sería un detalle.- Dijo guiñando un ojo, y señalando la cicatriz de su frente para que entendiese que de ser posible, le gustaría darse unos reto quitos.

La mujer asintió, y en un abrir y cerrar de ojos volvió a aparecer con lo que el muchacho había pedido, la eficacia de las grandes ciudades era algo abrumador. Con un gesto amable, recogió la ropa, acariciando levemente la mano de la mujer en este intercambio de prendas, y haciendo gala de sus dotes de cortejo, y sobre todo, angelical rostro la miró a los ojos y la susurró.

- Si tengo tiempo después de mi compromiso, me pasaré por aquí.- Y sin dejarla contestar entró al probador para cambiarse.

Frente al espejo, el muchacho había quedado impecable, el pelo totalmente recogido en un moño, bastante similar al que portaba el hombre que buscaban, pero sin dejar el mechón en su frente. Un traje que le como un guante acentuando cada una de sus delicadas medidas, y sobre todo, su rostro se había visto mejorado, aunque tampoco es que la perfección se pudiese mejorar. Su cicatriz había desaparecido, y una pequeña sombra de ojos color oscuro en sus parpados contrastaban perfectamente con sus iris. Ajustó de nuevo la espada a su espalda, y finalmente se colocó la gabardina, intentando ocultar el arma.

Finalmente, hecho un pincel, salió del probador con una bolsa que guardaba las ropas que antes vestía, y soltando un comentario que esperaba que su compañero escuchase.

- ¿Qué te falta Drake?

resumen
#8
Drake Longspan
[...]
Drake Longpspan se quedó de pie junto al mostrador, con los brazos cruzados, observando cómo Byron se desenvolvía con la vendedora con esa actitud de cabroncete descarado que le salía tan natural. Cada palabra, cada gesto, cada guiño parecía calculado, como si su vida fuera un escenario y él el actor principal.

Al carpintero no le iban las florituras, pero el se lo pasaba bien al menos.

No era algo que le sorprendiera. Byron tenía ese don para meterse en la cabeza de la gente, para hacer que bajaran la guardia sin darse cuenta. Una herramienta útil, aunque a veces le daban ganas de meterle un puñetazo por pasarse de gracioso.

Pero tenía que quererlo así.

El brazos largos, en cambio, no era de charlas innecesarias. Ni de coqueteos. Él hablaba lo qué tenía que hablar y listo, directo.

Cuando su capitán desapareció en el probador, Drake resopló. Sabía que no podía andar por ahí con sus harapos habituales, pero joder, la idea de vestirse como un político le revolvía el estómago. El era feliz con lo poco que llevaba.

Se giró hacia la vendedora, que lo miraba con curiosidad, como si se preguntara qué clase de animal salvaje estaba a punto de vestir.

Oi, dame algo negro. Algo que no me apriete los brazos y con lo que pueda moverme.

La mujer no parecía preocupada. Se notaba que había tratado con todo tipo de clientes. Con un asentimiento rápido, desapareció entre los percheros y en menos de un minuto regresó con un traje negro mate, sin adornos innecesarios, acompañado de una camisa gris oscura y una corbata delgada.

El brazos largos entrecerró los ojos, inspeccionando la ropa con una mueca de desconfianza, antes de tomarla sin decir nada más. Se metió al probador sin una palabra de agradecimiento más allá de un asentimiento, aunque tampoco con desprecio. No era maleducado, solo estaba intentando asumir todo lo que estaba ocurriendo.

Dentro, la luz amarillenta iluminó su reflejo en el espejo. Por un momento, se quedó mirándose a sí mismo.

Su torso desnudo estaba cubierto de vendajes desgastados, cicatrices de cortes, golpes, fracturas mal curadas. Marcas de un pasado que ni él mismo se molestaba en recordar del todo. Cada herida era una historia que nadie preguntaba, y él no tenía la menor intención de contar.

Ni de coña.

Se puso la camisa, sintiendo el roce del algodón contra su piel curtida. No estaba mal. Ajustada en el pecho, pero suelta en los hombros y brazos, lo suficiente como para no restringir sus movimientos. Luego, la chaqueta negra. Le quedaba bien. Más de lo que le gustaba admitir.

Movió los brazos y flexionó los puños para comprobar la manga.

Tch… maldita sea… parezco un puto enterrador. — Murmuró para sí mismo, sintiendo una extraña incomodidad.

Finalmente, se abrochó la chaqueta y salió del probador, rodando los hombros como si intentara acostumbrarse al peso de la tela. Le pesaba más en la mente que en el cuerpo. La ropa era solo ropa, pero para el vicecapitán entendía qué ponérsela significaba jugar un juego que no le gustaba.

Byron estaba allí, con su cabello recogido en un moño sin la cicatriz en la frente y con un aire de noble que parecía sacado de una historia de mierda sobre héroes trágicos de tebeos.

Drake lo miró de arriba abajo y torció la boca en una sonrisa burlona.

Tch… Pareces una princhecha. Rohahaha.

Drake Longspan, en cambio, sentía que la chaqueta era una cuerda que le ataba el cuerpo, un disfraz que lo mantenía a raya, conteniéndolo. Pero sabía que era parte del trabajo. 

Metió las manos en los bolsillos del pantalón y miró a su capitán con la seriedad de un hombre que sabía que esto iba a terminar mal, pero mal de mal.

Estoy listo, flacucho. Vámonos antes de que cambie de opinión.

Resumen
#9


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