¿Sabías que…?
... un concepto de isla Yotsuba está inspirado en los juegos de Pokemon de tercera generación.
[Diario] Samsara (Parte 2)
Shy
"Shy"
A Ame le encantaba bailar y cantar. El viejo señor Korsakov la llamaba “la alegría de la fiesta”. Claro, al compararla con un hatajo de críos huérfanos con traumáticas historias y negras actitudes, la suave voz cantarina de aquella chica y sus ágiles y animados bailes destacaban especialmente. Al pequeño Rin también le había cautivado, por supuesto. La dulzura de aquella muchacha sería una presencia constante en el orfanato, y un recuerdo que un amargado al que apodaban Shy arrastraría hasta el resto de su vida, impidiéndole seguir adelante…

***

Shy se dio la vuelta, ceñudo. Detrás de sí, una avejentada mujer, escoltada por dos personas con porte de guardaespaldas y ataviados con kimonos. Con un gesto señorial, aquella dama les hizo darse la vuelta y apartarse, como si estuvieran vigilando el perímetro de aquella localización. Y yo aquí con una pala y un montón de tierra recién excavada, pensaba aquel lacónico sicario. Y más bien poca habilidad para las excusas y los embustes. En fin, hay días en los que es mejor ni levantarse. Espero que se deje noquear fácilmente y pueda largarme.

Aquella mujer observó la tumba de Hyun como quien miraba una curiosidad. Un souvenir. Shy apretó con fuerza el mango de la pala, mientras su ceño se pronunciaba y se le hinchaba una vena en la sien. ¿Quién se creía aquella mujer como para dedicarle ese vistazo tan desdeñoso a la tumba de un ser tan admirable como Hyun? ¿Acaso no tenía vergüenza? ¿O prudencia? La mataré. Juro que si sigue mirándola así la mataré. Puede que mi especialidad sean las agujas, pero estoy seguro de que puedo darle un buen palazo.

Después de unos incómodos instantes en los que el contacto visual no cesaba, Shy –por vez primera, se decidió a pronunciarse:

-Lárguese –ordenó, en un tono hosco.

La mujer no pareció captar el significado de la expresión “ceremonia privada” –si se podía llamar ceremonia al torpe primer entierro que había practicado Shy-. En su lugar, esquivó al lánguido cazador y dedicó una mirada curiosa al montículo de tierra.

-Y bien, decidme –cuestionó con una insoportable voz chillona-. ¿Quién yace aquí?

Shy empezaba a perder la paciencia. Apretó los dientes, mientras cambiaba de posición la pala en sus manos.

-No le interesa –acertó a pronunciar con voz grave Shy.

La mujer emitió una risilla estridente, que hizo que Shy tuviera que morderse la lengua y entrecerrar los ojos. En comparación con aquel sonido, las risas de Illyasbabel, a la par recias y inocentes, eran como música para sus oídos.

-Al contrario, querido –explicaba aquella mujer-. Estoy muy interesado en lo que está pasando en este momento. Verás, andaba de paseo con mis chicos y de repente, ¡oh! ¿Qué es esto? Un conocido cazador de recompensas, enterrando un cuerpo a las afueras de Shimotsuki. Uno al que llaman Shy. ¡Qué casualidad!

¿Y esta qué coño quiere, un puto autógrafo? Shy observó a la mujer acercarse a la tumba de Hyun. Se acercó demasiado. La punta de su fino zapato amenazaba con desordenar el montón de tierra que presidía aquel hoyo en la tierra. Shy lanzó una estocada con la pala al aire, que quedó a escasos milímetros de la cabeza de aquella mujer. Los guardaespaldas, que se habían separado de aquel absurdo diálogo, se removieron con inquietud en su sitio. La dama, en cambio, ni pestañeó.

-¿Quién coño eres? –una rabia colosal viajaba hasta la lengua de Shy, que normalmente solía tener algo más de filtro.

-Una admiradora –dijo la señora-. Vamos, esto no es cómo si estuviera dirigiéndome a un panadero de Orange Town. La gente habla de ti. Cuchichea. Te mencionan. Saben que eres letal. Muy efectivo. Que no tienes escrúpulos. Que hasta has cruzado la última frontera para uno de tu gremio: matar a tu patrón.

Shy torció el gesto más todavía. ¿Cómo sabe eso? La dama se giró, con una sonrisa pícara en su rostro.

-¿Sabes que la persona a la que acabas de enterrar me hizo mucho daño? Sí… Entregó a la justicia a varios de mis subordinados. ¡Todo un héroe! Me pregunto por qué con esa moralidad no se enroló en la Marina en lugar de ir cazando cabezas.

-No estaría interesado –rezongó Shy.

-Bueno, me es indiferente. La cuestión es que me hizo un daño. Un daño que tú podrías reparar.

Shy emitió un ruido entre un gruñido y una risa breve.

-Que le follen.

-Hijo, que mal carácter tienes. Para hablar tan poco, le das un uso penoso a esa lengua. Alguien podría acabar pagando las consecuencias de tener esa desfachatez.

Shy bajó la pala. No le intimidaba en lo absoluto.

-¿Quién? ¿Quién pagará?

La mujer se volvió a la tumba, observándola con expresión indescifrable. Tras ello, se volvió, con una macabra sonrisa en su rostro.

-Su hermana –respondió.
#1


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