Hay rumores sobre…
... un algún lugar del East Blue los Revolucionarios han establecido una base de operaciones, aunque nadie la ha encontrado aun.
[Diario] [Priv] Busqueda implacable.
Juri Han
...
La brisa salina golpeaba el rostro de Juri mientras recorría las polvorientas calles del pueblo de Rostock. Su cuerpo aún se sentía algo entumecido por su prolongada estadía en la enfermería de la base de la Marina G-23, pero eso no iba a detenerla. Su objetivo era claro, encontrar a Jun. No tenía idea de lo que había sucedido en su ausencia, pero su instinto le decía que algo andaba mal. Vestida con su característico dudou púrpura, pantalones holgados y las mallas ajustadas que resaltaban su musculatura y curvas, Juri no pasaba desapercibida. Su presencia llamaba la atención de los habitantes del pueblo, quienes la miraban algo nerviosos y con desconfianza. Su mirada fulminante y su andar decidido imponían respeto, pero también generaban murmullos entre los transeúntes "Esa niña otra vez, crei que habia vuelto a irse de una vez por todas" Eran algunos murmullos que podian oirse.

Su primera parada fue la taberna donde Jun ayudaba a su tia, pero curiosamente esta estaba cerrada ese dia, — Que raro. — Penso Juri, pero no le dio muchas vueltas ya que andaba con prisa por lo que fue a su siguiente opcion."El ojo del Kraken", un lugar donde la información fluía con el ron y los chismes se esparcían como la pólvora. Al llegar se apoyó en la barra y llamó al cantinero con un golpe seco en la madera. —¿Busco a Jun viejo, la has visto? —dijo sin rodeos, clavando sus ojos fucsias en el hombre de barba tupida y cara curtida por el mar — Cabello azul, dos largas trenzas, actitud algo explosiva y una bocaza como la mía. — Dijo con ironia, pues sabia que ya la conocian, varias veces habian ido a esa taberna a embriagarse. El tabernero levantó una ceja mientras limpiaba un vaso con un trapo sucio.
—Tendrás que ser más específica, niña. Aquí pasan muchos piratas y viajeros. — Respondio con el mismo sarcasmo que Juri usaba. Esto era una clara señal de que no iba a hablar gratis y Juri conocia las reglas de juego. Juri chasqueó la lengua con impaciencia, sacó unas monedas y las dejó sobre la barra.

— Ahora hablemos en serio. — El tabernero miró el dinero, sonrió, suspiró y asintió. — Sí, creo haberla visto. Andaba con unos tipos, parecían piratas o algo así por sus pintas. No sé mucho más, pero quizá el viejo mercante Salazar sepa algo. Tiene un puesto en el mercado. — Al escucharlo, sin perder mas tiempo, Juri salió de la taberna y se dirigió al bullicioso mercado de Rostock. El aire estaba impregnado de olores a pescado fresco, especias y sudor humano. Caminó entre los puestos, esquivando vendedores que intentaban ofrecerle sus productos. Finalmente, encontró a Salazar, un anciano de barba gris y mirada astuta, sentado detrás de un puesto de mapas y objetos marinos. — Busco información — Dijo Juri subitamente, apoyando las manos en la mesa — Una chica llamada Jun, ¿la has visto? —
El viejo Salazar la observó con detenimiento y se rascó la barba.

—Ah, sí… creo recordar a esa chica. Se marchó en un barco hace unos días. — El corazón de Juri latió más rápido.

—¿Qué barco? ¿Quiénes eran? — Salazar se encogió de hombros.

— No lo sé con certeza. Pero podrías preguntarle a los trabajadores del puerto. Ellos ven todo lo que entra y sale de Rostock. — Agradeciendo la información, Juri se dirigió al puerto. El lugar estaba repleto de marineros cargando y descargando mercancía. Buscó a alguien con cara de saber más de la cuenta y encontró a un estibador regordete que se tomaba un descanso mientras bebía de un barril pequeño. — Oye, grandulón. Necesito información. — El hombre la miró con desconfianza, pero al ver su expresión determinada, resopló y asintió. —Habla. —

—Una chica llamada Jun. Pelo azul, dos largas trenzas. Se fue en un barco por lo que me dijeron. ¿Sabes a dónde? — El estibador se rascó la cabeza y pensó por un momento.

—Sí, recuerdo a la muchacha. Subió a bordo de un barco con bandera pirata. No sé el nombre del capitán, pero los escuché mencionar que su próximo destino era la isla Momobami.

— Momobami, excelente, lo tengo. — Antes de que pudiera seguir su camino, Juri sintió una presencia a su espalda. Se giró justo a tiempo para ver a un hombre alto con cicatrices en el rostro acompañado de dos matones. Su expresión no auguraba nada bueno. —¿Oye oye adonde vas con tanta prisa? ¿No crees que mi amigo se merece unos cuantos berries por esa informacion? Que tal todo el dinero que llevas encima jejeje. — dijo con voz áspera. Juri alzó una ceja y sonrió de lado.
— Tal vez debio pensar en eso antes de darme la informacion que necesitaba. Ademas ¿Qué van a hacer al respecto? Pierdete imbecil. — El hombre chasqueó los dedos y sus dos acompañantes se lanzaron sobre ella. Juri esquivó con agilidad al primero, girando sobre su eje y propinando una patada giratoria que mandó a uno de ellos al suelo. El otro intentó atraparla, pero ella lo recibió con un codazo en la mandíbula que lo dejó tambaleándose. El líder gruñó y sacó un cuchillo. — Vas a lamentar esto, perra. —

Pero Juri ya estaba en el aire, lanzando una patada descendente que lo impactó de lleno en el hombro, haciéndolo caer de rodillas. — No tengo tiempo para idiotas como tú —dijo con desdén, dándole la espalda. Los hombres se arrastraron lejos mientras Juri retomaba su camino. Ahora que sabía el destino de Jun, solo le faltaba un medio para llegar allí. Caminó por el muelle, tratando de idear un plan. No tenía un barco propio, pero eso nunca había sido un impedimento para ella. Fue entonces cuando vio su solución: una tartana vieja, pero en buen estado, amarrada al final del muelle. Sabía que podía simplemente robarla, pero lo que menos necesitaba ahora que habia safado de la marina, era tenerla tras ella otra vez por una tonteria, así que preguntó por su dueño. Tras un poco de búsqueda, encontró a un hombre de mediana edad con el rostro curtido por el sol. —Esa tartana, ¿está en venta? —preguntó Juri sin rodeos. El hombre la miró con interés. —Depende. ¿Tienes con qué pagar? —

Juri sonrió de lado y sacó un pequeño saco con monedas. — ¿Esto será suficiente? —

El hombre inspeccionó el dinero y asintió. — Trato hecho. — Con su barco asegurado, Juri se dirigió al mercado para abastecerse. Compró provisiones básicas: agua, frutas secas, pan duro y un poco de carne seca. También consiguió una brújula en la tienda de Salazar, quien le lanzó una mirada de complicidad al ver su compromiso por reencontrarse con su amiga. Con todo listo, volvió al puerto y comenzó a preparar la tartana para zarpar. Mientras ajustaba las velas y verificaba los suministros, escuchó pasos acercándose. Un grupo de hombres, probablemente marineros, la observaba con interés. — Ese barco no es tuyo, muchacha — dijo uno de ellos, un hombre alto con una cicatriz en la mejilla. Juri sonrió de lado y se estiró los dedos, tronándolos con satisfacción. — ¿Y qué vas a hacer al respecto? — respondió con tono desafiante. Los hombres se miraron entre sí. No estaban seguros de si valía la pena meterse con ella. Finalmente, uno de ellos resopló y dio media vuelta. —No vale la pena. Haz lo que quieras, chica. — Juri observó cómo se alejaban y sonrió con autosuficiencia. Ajustó las últimas cuerdas, se subió a la tartana y desató las amarras. El barco comenzó a alejarse lentamente del muelle, impulsado por el viento nocturno. Miró hacia la isla Kilombo una última vez antes de centrarse en el horizonte.
—Jun, voy por ti —murmuró con una sonrisa desafiante antes de soltar amarras y partir hacia Momobami.
#1


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