
Byron
Que me lo otorguen
14-02-2025, 12:47 AM
(Última modificación: 14-02-2025, 12:49 AM por Byron.)
18 de Invierno de 724
Los días de invierno posteriores a las fechas festivas siempre suelen ser un incordio. Las luces alegres y tinteantes dejan de adornar los balcones y los monumentos más emblemáticos de las ciudades, desaparece ese ambiente familiar en las calles al no haber tantos niños tarareando en cualquier esquina. Por lo general, suelen ser fechas más alegres en las que ver a gente vestida de forma ridícula aunque tierna, calienta el corazón a cualquier hijo de vecino, aunque siempre quede ese sentimiento contradictorio al recordar con añoranza a los que ya no están, más recordarlos bajo los copos de nieve con tan hogareño ambiente siempre será la mejor forma de descargar unas lágrimas de nostalgia.
Así, como bien decía, los días posteriores suelen ser todo lo contrario. Con ese ambiente extinto, y el desenfreno que suele llevar más de uno en este tipo de situaciones, convierten estos en momentos de volver a la rutina y abandonar el espejismo vacacional, con el ligero matiz de que, si eres uno de los anteriores mentados, probablemente ahora tengas un recuerdo vergonzoso más del que acordarte justo antes de dormir, y siempre viene con un ligero malestar en el estómago. Curiosa sensación, ¿verdad?
Por lo general la parsimonia y pereza invaden las avenidas en este tipo de circunstancias. Y Logue Town, siendo una ciudad grande con multitud de personas, no era para menos. Si, todas y cada una de las luces festivas han sido recogidas, y la nieve acumulada en los rincones pierde su blanco para teñirse por zonas del sucio marrón de la mugre del suelo y las pisadas continuas de los ciudadanos, aunque, aún queda mucho por hacer. Los comercios, establecimientos, tabernas, restaurantes, cualquier lugar que sirviese para celebrar, aún contienes vestigios de estos días anteriores, ya sea por sus carteras a rebosar o simplemente por la cantidad de estropicios ocasionados en fechas tan señaladas, y por desgracia esto es más común de lo que cualquiera querría admitir.
Teniendo este contexto, no es de extrañar que este caso ser perdiese entre un montón de informes, ¿por las vacaciones y el tiempo de inactividad, y merecido descanso de los marines? O en su defecto, ¿por la ineptitud de los cuerpos de protección civil? Según a quien le preguntes, afirmará comprensivamente lo primero, y otros, exclamaran a los cielos lo segundo con una marcada rabia en sus palabras. Sea cual sea el motivo, hasta ahora nadie parecía haberse puesto con este caso, y ya había pasado alrededor de medio mes, también es cierto que con el historial que tiene Logue Town con el Casino Missile y la multitud de piratas encubiertos por estas fechas, quizás y solo quizás, algunos asuntos eran más urgentes.
El aviso era rápido y sencillo, un adolescente de unos catorce años había desaparecido la noche de fin de año, y sus allegados aún estaban esperando que alguien los dignase algo de atención. ¿Quiénes eran? Simple, en las cercanías del Casino Missile, un pequeño burdel es regentado por una Señora Meretriz, de unos 55 años, obviamente ya no ejercía como tal, y ahora simplemente es la que dirige el cotarro. Miss Katherin Enjoy, su nombre, reclamaba que su hijo, había desaparecido durante la fiesta de fin de año y necesitaba que urgentemente alguien se personificase en el lugar para hablar detenidamente de los detalles y así comenzar su búsqueda. Desde luego no era el trabajo más trepidante para tomar, pero el poder conlleva responsabilidad, y por mucha fulana que sea, una madre buscando a su hijo, es una madre buscando a su hijo.
¿Seguiría esa madre buscando la ayuda de la marina? O finalmente, ¿un alma caritativa se encargaría de calmar la ansiedad de esa mujer? ¿Quién sabe? Por lo pronto, el informe sobre el aviso seguía sobre una pila de papeles, pero esta vez, debido al haber resuelto otros que allí se apilaban, se encontraba en primera fila, de fácil acceso para cualquiera que quisiese poner sus manos a trabajar.
Los días de invierno posteriores a las fechas festivas siempre suelen ser un incordio. Las luces alegres y tinteantes dejan de adornar los balcones y los monumentos más emblemáticos de las ciudades, desaparece ese ambiente familiar en las calles al no haber tantos niños tarareando en cualquier esquina. Por lo general, suelen ser fechas más alegres en las que ver a gente vestida de forma ridícula aunque tierna, calienta el corazón a cualquier hijo de vecino, aunque siempre quede ese sentimiento contradictorio al recordar con añoranza a los que ya no están, más recordarlos bajo los copos de nieve con tan hogareño ambiente siempre será la mejor forma de descargar unas lágrimas de nostalgia.
Así, como bien decía, los días posteriores suelen ser todo lo contrario. Con ese ambiente extinto, y el desenfreno que suele llevar más de uno en este tipo de situaciones, convierten estos en momentos de volver a la rutina y abandonar el espejismo vacacional, con el ligero matiz de que, si eres uno de los anteriores mentados, probablemente ahora tengas un recuerdo vergonzoso más del que acordarte justo antes de dormir, y siempre viene con un ligero malestar en el estómago. Curiosa sensación, ¿verdad?
Por lo general la parsimonia y pereza invaden las avenidas en este tipo de circunstancias. Y Logue Town, siendo una ciudad grande con multitud de personas, no era para menos. Si, todas y cada una de las luces festivas han sido recogidas, y la nieve acumulada en los rincones pierde su blanco para teñirse por zonas del sucio marrón de la mugre del suelo y las pisadas continuas de los ciudadanos, aunque, aún queda mucho por hacer. Los comercios, establecimientos, tabernas, restaurantes, cualquier lugar que sirviese para celebrar, aún contienes vestigios de estos días anteriores, ya sea por sus carteras a rebosar o simplemente por la cantidad de estropicios ocasionados en fechas tan señaladas, y por desgracia esto es más común de lo que cualquiera querría admitir.
Teniendo este contexto, no es de extrañar que este caso ser perdiese entre un montón de informes, ¿por las vacaciones y el tiempo de inactividad, y merecido descanso de los marines? O en su defecto, ¿por la ineptitud de los cuerpos de protección civil? Según a quien le preguntes, afirmará comprensivamente lo primero, y otros, exclamaran a los cielos lo segundo con una marcada rabia en sus palabras. Sea cual sea el motivo, hasta ahora nadie parecía haberse puesto con este caso, y ya había pasado alrededor de medio mes, también es cierto que con el historial que tiene Logue Town con el Casino Missile y la multitud de piratas encubiertos por estas fechas, quizás y solo quizás, algunos asuntos eran más urgentes.
El aviso era rápido y sencillo, un adolescente de unos catorce años había desaparecido la noche de fin de año, y sus allegados aún estaban esperando que alguien los dignase algo de atención. ¿Quiénes eran? Simple, en las cercanías del Casino Missile, un pequeño burdel es regentado por una Señora Meretriz, de unos 55 años, obviamente ya no ejercía como tal, y ahora simplemente es la que dirige el cotarro. Miss Katherin Enjoy, su nombre, reclamaba que su hijo, había desaparecido durante la fiesta de fin de año y necesitaba que urgentemente alguien se personificase en el lugar para hablar detenidamente de los detalles y así comenzar su búsqueda. Desde luego no era el trabajo más trepidante para tomar, pero el poder conlleva responsabilidad, y por mucha fulana que sea, una madre buscando a su hijo, es una madre buscando a su hijo.
¿Seguiría esa madre buscando la ayuda de la marina? O finalmente, ¿un alma caritativa se encargaría de calmar la ansiedad de esa mujer? ¿Quién sabe? Por lo pronto, el informe sobre el aviso seguía sobre una pila de papeles, pero esta vez, debido al haber resuelto otros que allí se apilaban, se encontraba en primera fila, de fácil acceso para cualquiera que quisiese poner sus manos a trabajar.