
Silver D. Syxel
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14-02-2025, 04:09 AM
(Última modificación: 16-02-2025, 12:27 AM por Silver D. Syxel.)
Loguetown
Otoño del año 724
Otoño del año 724
El resplandor anaranjado del incendio proyectaba sombras retorcidas en el puerto de Loguetown. Las llamas danzaban en la superficie del agua mientras el humo se elevaba en espirales densas hacia el cielo nocturno. A lo lejos, se escuchaban voces de alarma y el repique de campanas, señal de que la Marina o los bomberos del puerto no tardarían en intervenir. Pero Silver no tenía tiempo de preocuparse por eso.
Con su espada firmemente apoyada contra el cuello del jefe de la operación, sentía la respiración acelerada del hombre. El sudor descendía por su frente, reflejando el brillo del fuego cercano.
—Voy a hacerte una pregunta muy simple —susurró Syxel, con una calma peligrosa—. ¿Dónde está el resto del ron?
El contrabandista, un hombre robusto de piel curtida y cabello grasiento, gruñó entre dientes, tratando de mantener la compostura.
—¿Crees que te diré una mierda, bastardo?
Silver apretó el filo un poco más, haciendo que un hilo de sangre se deslizara por el cuello del hombre.
—Lo cierto es que creo que sí.
El pirata tragó saliva y dejó escapar un suspiro tenso.
—Está en otro almacén del puerto, en el distrito oeste. Pero no somos los únicos que lo queremos. Hay más gente metida en esto.
—Nombres.
El hombre vaciló por un momento, pero el filo de la espada presionando aún más no dejó lugar a dudas sobre su destino si se negaba.
—Crowley y sus ratas.
Silver entrecerró los ojos. No era un nombre que hubiera escuchado antes, pero el tono con el que lo dijo dejaba claro que no eran unos simples ladrones de poca monta.
—¿Quiénes son?
—Contrabandistas. Y de los peligrosos. Crowley tiene gente entre la guardia, en los muelles y en los mercados. Si el ron ya ha llegado a sus manos, te garantizo que no estará mucho tiempo en Loguetown.
Syxel evaluó la información rápidamente. Si esos tipos eran lo suficientemente organizados para mover el ron con tanta facilidad, eso significaba que recuperar el cargamento sería más complicado de lo esperado.
—Eso es todo lo que necesitaba saber.
Con un movimiento rápido, lo golpeó en la sien con el pomo de su espada, dejándolo inconsciente en el suelo. No necesitaba matarlo, no todavía.