Alguien dijo una vez...
Iro
Luego os escribo que ahora no os puedo escribir.
[Diario] Diario de 2503
Eric Duncan
2503
Diario de 2503
Relato del pasado
Fecha aproximada: indeterminada
Requiere investigación y control sobre los temas en cuestión.

Desde los 14 años, he dedicado mi vida a convertirme en un soldado de élite. Mi existencia se ha centrado en la disciplina, el entrenamiento físico y mental, y la misión de servir al Gobierno Mundial. Aunque hay una cosa curiosa en todo este entrenamiento, desde el día en que llegué al centro de adiestramiento militar, no he podido recordar nada de mi vida anterior. A veces, mi mente desea poder recordar algo, como si tuviera información en la punta de la lengua y quisiera salir, pero lo único que consigo es provocar sueños que me acosan cada noche que intento pensar en ello.

Me encuentro en la habitación que comparto con otros soldados, un espacio muy simple con paredes de metal y camas tan duras que incluso ellas querrían ser más cómodas. Es un entorno diseñado para formar futuros soldados, y he hecho con el tiempo de ese lugar mi hogar. Sin embargo, es en los momentos de soledad por la noche donde mi mente mientras duermo me transporta a un lugar que parece más real que la vida misma: una isla suspendida en un mar de nubes. 

En el sueño, me elevo por los cielos, volando a toda velocidad con mis alas. Las nubes son suaves y mullidas, como un enorme océano blanco que se extiende hasta donde alcanza la vista. Debajo de mí, puedo ver la isla, un lugar tropical, con colinas verdes, flores de todos los colores y un cielo azul muy puro ya que al estar tan arriba ninguna nube podía tapar el cielo. A veces, siento que puedo oír el eco de voces familiares, y aunque nunca puedo reconocer los rostros, noto que tengo que tener alguna relación con esas personas. ¿Amigos... familiares quizás?

En un instante, el cielo se oscurece, la isla comienza a desvanecerse, mis alas dejan de funcionar por mucho que lo intente y caigo en picado hacia abajo, hacia la oscuridad. La caída es aterradora, mi cuerpo se siente pesado. Intento gritar pero voy tan rápido que parece que no saliera ningún sonido. Y en medio de la oscuridad cuando veo que el suelo está cada vez más cerca y estoy a punto de chocar, me despierto sudoroso, en la fría cama de mi cuartel. 

A pesar de esos sueños en la vida real los días avanzan y se convierten en semanas de intenso entrenamiento. La rutina es agotadora, diseñada para empujarnos al límite de nuestras posibilidades. Me lanzo una y otra vez a la rutina de los entrenamientos pero por suerte la disciplina es mi refugio, y las misiones son el propósito de mi existencia. Literalmente no tengo nada más que eso.

El día de mi próxima misión se acerca. La unidad de élite en la que sirvo ha recibido un llamado de auxilio desde un país inestable, donde un grupo revolucionario amenaza la paz de la región. La misión consiste en infiltrarse, reunir inteligencia y neutralizar la amenaza. Al no hacer agentes todavía, mi misión se queda sólo en infiltrarme en el grupo y reunir inteligencia sobre ellos. Para el trabajo de campo se encargarán agentes graduados.

En medio de las preparaciones, mis superiores notan mi determinación. El capitán, un hombre de voz autoritaria y severa, me llama: -2503, tienes un talento especial. Eres el mejor en tu clase, pero asegúrate de mantener la concentración y no dejar que tus miedos te dominen- me dijo. Asiento, sabiendo que según mis superiores y médicos, mis visiones nocturnas son una manifestación de mis inseguridades. La imagen de la isla siempre me acompaña, pero nunca logro comprender su significado. Ni siquiera he conseguido encontrarla en los mapas del East Blue.

La noche de la misión, el viento sopla con fuerza en la pista de entrenamiento. Nos transportan en unos carruajes para dejarnos repartidos por puntos estratégicos de la ciudad como si fuéramos de la zona. Mi equipo y yo nos encontramos en la parte trasera, llenos de adrenalina y en un estado de enfoque absoluto. Las instrucciones son claras: debemos movernos por la ciudad e intentar acabar entre sus filas. 

Mientras nos adentramos en la ciudad, siento que alguien está mirando y mis ojos se encuentran brevemente con los del sargento. - 2503 ¿Listo?- me pregunta con una sonrisa nerviosa. Solo asiento, pero noto como mi corazón late más rápido. Eso significaba que la siguiente era ya mi parada.

Me bajo del carro despidiéndome de los de dentro, como habíamos ensayado. Tenemos la misión de reunir información sobre la ubicación de los miembros más peligrosos del grupo. Nos infiltramos por la ciudad, utilizando tácticas aprendidas durante los años de entrenamiento, cuando de repente, todo se desata. 

Una explosión retumba en el aire y un disparo resuena. Me pongo a cubierto. Siento que el tiempo se ralentiza a mi alrededor mientras balas llueven en todas direcciones y me deslizo entre las sombras aprovechando la confusión. Reconozco al que dispara como uno de los objetivos prioritarios. Los entrenamientos se unen como un todo en mi mente, y actúo disparando mi arma.

En medio del caos y el humo veo a un hombre casi de mi edad, desde donde estoy parece más una sombra que una persona con el humo que hay, y al verme empieza a dispararme. Los dos intercambiamos disparos, pero en un instante, el hombre se detiene y deja de disparar mientras mi cargador se queda con una única bala. Antes de recargar entre el humo consigo verle la cara y hay algo en su mirada que me resulta familiar, pero sin embargo no pertenece a la misión ni a los objetivos que hay que sacar información sobre ellos.

Mientras mis compañeros luchan a mi alrededor, avanzo, moviéndome con la determinación de descubrir aquella conexión con esa persona. En el breve instante en que nuestras miradas se vuelven a cruzar, un destello de reconocimiento ilumina mi mente. Recuerdo fragmentos de mi pasado: imágenes de una casa, risas, voces que me llaman. Pero tan bruscamente como aparecieron, las memorias se desvanecen.

Siento que debo tomar una decisión. Puedo seguir apretando el gatillo y recargar, o bien correr hacia el desconocido y preguntarle directamente. Entonces, en un acto impulsivo que ni yo entiendo del todo decido acercarme a reducir al enemigo. Así, en una fracción de segundo el extraño y yo nos quedamos cara a cara. -¿Quién eres? - le pregunto en un tono que ambos podemos escuchar, pero entre el sonido de los disparos se camuflaba -¿Por qué te veo en mis sueños?-. 

El hombre parece estar incluso más aturdido que yo. -¿Eric? ¿Eres tú?- Aquella palabra resuena en mi mente como el eco en una casa sin muebles. Antes de que pueda entender lo que está sucediendo, mi sargento aparece en el marco, una explosión lo rodea y el combate se intensifica. 

El estruendo ampliado de la batalla nos interrumpe a ambos. Sin embargo, el hombre, que ahora reconozco como alguien de mi pasado, no se detiene. -¡Ven conmigo! Esto no es lo que parece. Ven y te lo explico todo - 

Siento una presión en mi cabeza, el ruido estalla a mi alrededor y la adrenalina del momento se mezclan en mi cabeza. Antes de que me diera cuenta, mi mano es arrastrada por mi el desconocido, huyendo de las balas y el caos. 

Mientras corro por la ciudad con él, noto el renacer de las memorias es como un torrente y empiezo a soñar despierto. Dentro del sueño, comenzamos a correr el uno hacia el otro. - Siempre supe que volarías-, me dice el desconocido mientras sonríe. Siento que cada paso se vuelve más ligero y finalmente nos encontramos. En ese momento, la imagen de la isla es clara. - Tenemos que regresar. Nos están esperando y no podemos llegar tarde - dice el hombre en el sueño.

Y así lo hacemos. Con el corazón latiendo desenfrenado, adentrándonos en un cielo cada vez más iluminado, nos dejamos caer en el abismo. Pero en lugar de caer, comenzamos a elevarnos de nuevo. Nos sentimos volar, flotando sobre las nubes y descendiendo en un mar de luz. 

La isla aparece en el horizonte de nuevo y es mucho más real que antes. Siento que en el pasado había estado aquí de verdad. Cuando despierto de mi sueño seguíamos corriendo y al poco paramos para él poder recuperar un poco de aliento.

Pongo una mano en mi cabeza para volver a centrarme y que se me pase el dolor mientras veo al extraño. Algo dentro de mí parecía haberse activado de repente, como si tuviera algo en el cerebro programado en mi subconciente, borrando lo que acababa de recordar y centrándome de nuevo en la misión - Creo que aquí estamos a salvo - me dice el extraño. -Hacía mucho tiempo que no te veía herman..- la frase se quedó en el aire cuando el disparo de mi revólver, la última bala que me quedaba en el cargador, le atravesaba la cabeza. 

No tenía hermanos. No era Eric. Soy 2503, soldado del Gobierno Mundial y futuro miembro de la Cipher Pol. Ellos son mi familia.


Una nota a pié de página, con otra letra incluye: 
Si ha podido escribir este diario es que los recuerdos siguen allí tras haber vuelto de misión. Habrá que inspeccionarle a fondo de nuevo, no podemos dejar ningún cabo suelto.
#1
Eric Duncan
2503
Pasado, año 722
Loguetown
Continuación tras encontrar la akuma no mi
Me relajé en el suelo frío, con la fruta Akuma no Mi guardada en mi bolsillo y el documento crucial bajo mi camisa. La habitación se había quedado a oscuras después de abandonarla, pero la luz de las antorchas que habían utilizado los guardias para iluminar el lugar me dio suficiente visibilidad para moverme con rapidez

No sabía qué poderes podría tener esa fruta, y ese misterio me preocupaba un poco más que todo lo demás. La idea de que mis enemigos la tuvieran podía significar terribles consecuencias si la usaban mal. Pero también entendía que, si nosotros no la teníamos, podrían usarla contra nosotros. Así que decidí finalmente probarla.

La fruta tenía un tamaño pequeño, algo mayor a una manzana común, pero su textura era extraña: tenía una piel finamente grasa que brillaba levemente en la oscuridad. La mordí con cuidado, intentando no hacer ningún sonido con la saliva que caía al suelo. El sabor fue intensamente amargo, con un toque de dulzura en la punta de mi lengua. Fue un gusto extraño, nada especial, pero al mismo tiempo dejando una sensación hasta entonces desconocida en mi boca.

Al instante después de comérmela, sentí un ligero hormigueo en mis dedos y una presión en el pecho. Mi piel, por lo general cálida, se convirtió congeló en un segundo y se me puso la piel de gallina, como si una ola fría recorriera mi cuerpo y luego volviera a calentarse por sí sola. Esa sensación me envió una sacudida que me dejó sin aliento por un momento.

- ¿Ha sido real? ¿O me han atacado? - me pregunté en voz baja, mordiéndome la lengua para asegurarme de que no estuviera soñando, y tocándome el cuerpo para ver que estaba bien. Un sonido fuerte en los pasillos me llevó a ocultarme rápidamente bajo un portal de un edificio. Me aseguré de que el documento estuviera bien guardado y corrí hacia la puerta, con las pisadas resonando en los pasillos vacíos. 

La noche era clara y la luna brillaba sobre las calles de Loguetown. Me moví entre la multitud que se había concentrado después de las fiestas, usando los callejones para esconderme y evitar ser detectado. Sabía que mi misión no estaba terminada y todavía tenía que regresar con seguridad a la base y entregar cualquier prueba que había recogido, así como informar del consumo de la akuma no mi.

Al día siguiente, a primera hora del día e incluso antes de que pudiera despertarme escuché un golpe en la puerta del barracón, así como a los oficiales del Cipher Pol que habían ido a mi barracón. Parecían tan desconcertados como nosotros, pero sólo preguntaron por mí. Enseguida me escoltaron hacia las oficinas centrales para interrogarme, como si de repente fuera peligroso por algún motivo, pero si esas eran las órdenes tenía que cumplirlas sin dudarlo lo más mínimo. Nos dirigimos enseguida a una gran estructura de cemento y vidrio, con guardias en cada esquina fue el lugar. 

En el interior de las oficinas, se encontraban varios funcionarios reunidos alrededor de un gran mapa del mundo. Al verme, uno de ellos se acercó al otro para comentar: -Éste es el hombre que nos ha dado problemas con la misión de anoche, pensaba que era más joven incluso.- Sabía que estaban en posesión de información sobre su misión y los poderes adquiridos con la fruta Akuma no Mi, no entendía porqué tanto secretismo ni tanto revuelo. - También necesitamos entender cómo obtuvo sus habilidades, y cual concretamente - declaró otro agente, secando las gotas de sudor que tenían en la frente. - Y para esto, tenemos una enciclopedia especializada en frutas como la suya. Sólo esperemos que se encuentre entre las catalogadas -


El agente principal sacó un voluminoso tomo que contenía ilustraciones detalladas de cada tipo de Akuma no Mi. Empezó por uno en particular:

- ¿Recuerdas la forma de la fruta que comiste ayer por la noche? - Señaló una imagen de una fruta que lucía similar a la que él había consumido, pero no exactamente igual.

- No exactamente. Yo comí una fruta que no reconocí, señor. 

El agente me miró con escepticismo: - Entonces ¿cómo sabes que era una Akuma no Mi? -

- Nunca había comido una fruta que me hiciera un efecto tan potente, señor. La encontré escondida en la base en la que me infiltré, y estaba bien protegida en un cofre. - dije sintiendo que se estaba enredando en la conversación puesto que estaba diciendo lo que ya sabían por el expediente. Sabía que no podía negar que había ingerido algo extraño, pero tampoco sabía qué podía hacer con los nuevos poderes.

Mientras hablaban, otro agente sacó una serie de pruebas: frutas de diferentes tipos, cada una con un nombre debajo y descripciones detalladas de sus efectos.

- Vamos a probar cada una - anunció el agente principal. - Primero, la que crea el portales. Con concentrarte deberías hacer algo con tus poderes. Inténtalo. Si no sale un portal, valdrá cualquier otra cosa que nos de una pista.  

Mientras proseguían las pruebas, me fui dando cuenta de que cada prueba era tan inútil como la anterior. Todo lo que intentase no era suficiente, nada manifestaba ningún resultado ni tenía ningún cambio en mi cuerpo.

A medida que los minutos pasaban, la frustración en la sala aumentaba. Los agentes intercambiaban miradas de desconfianza, y yo sentía cómo la presión sobre mis hombros y mis alas se hacía cada vez más pesada. No sólo debía demostrar que tenía algún poder, sino que también tenía que hacerlo rápido, antes de que su paciencia se agotara. 

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad de intentos fallidos, decidí relajarme y cerrar los ojos por un momento. Recordé la sensación del hormigueo que había recorrido mi cuerpo al comer la fruta y traté de concentrarme en ese momento. Imaginé un campo frente a mí, un espacio abierto, y me visualicé creando algo. No sabía qué, pero tenía que intentarlo.

- ¡Concentración! - gritó el agente principal, interrumpiendo mi meditación. Cuando abrí los ojos, vi que en un instante el agente principal había sacado una pistola y, como si estuviera todo a cámara lenta, disparaba hacia mi hombro.

Sin pensarlo, levanté las manos como para cubrirme, y sin darme cuenta, cruzaba dos dedos de la mano. Sentí cómo una extraña energía comenzaba a fluir desde mi interior. Era como si el aire alrededor se espesara, como si pudiera moldearlo a mi antojo. Entonces, sin saber cómo, en un instante una barrera transparente comenzó a surgir frente a mí. Era delgada como el cristal, pero resistente como el acero, hasta el punto que la bala quedó atrapada en el aire chocando esta barrera hasta que perdió la fuerza y cayó al suelo. Los agentes quedaron boquiabiertos.

-¡Lo has hecho! - exclamó uno de ellos, sorprendido.

La barrera se mantuvo en su lugar, como si hubiera estado ahí siempre. Suspiré de la tensión acumulada y al mismo tiempo alegre por la manifestación de mis poderes. 

- ¡Esto es increíble! - gritó otro agente, mientras se acercaba a examinar la barrera. Sin embargo, en el momento en que su mano tocó la superficie, la barrera se desvaneció, como si nunca hubiera existido.

- Lo siento señor, no puedo mantenerla por mucho tiempo -dije, sintiendo cómo a medida que la mantenía comenzaba a agotarme rápidamente. Pero el descubrimiento ya había sido hecho. Tenía el poder de crear barreras transparentes y duraderas. La Bari Bari no Mi.

Los agentes comenzaron a discutir entre sí, susurros de asombro y preocupación llenaban el aire. No sólo había adquirido un poder formidable, sino que también si esta información se propagaba acabaría atrayendo la atención de organizaciones que podrían usarme como una herramienta. O eliminarme para ellos obtener el poder.

- Necesitamos más pruebas - dijo el agente principal, recuperándose de la sorpresa - Pero antes, debes aprender a controlar y a utilizar este poder. No podemos permitir que caiga en manos equivocadas.

Mientras los agentes se organizaban para un entrenamiento intensivo, una idea cruzó mi mente. Ahora tendría que aprender a controlar mis nuevos poderes y a su vez estos podría garantizar que mis misiones tuvieran éxito. La Bari Bari no Mi no solo me ofrecía protección, sino que también podría ser mi clave para defender a mis objetivos o incluso atrapar a mis enemigos.

Día tras día, me entrené bajo la guía de los agentes. Aprendí a crear barreras en diferentes formas y tamaños, a utilizarlas como escudos, como trampas, e incluso a crearlas con una sola mano y poder disparar con la otra. Cada vez que lograba mantener una barrera durante más tiempo, la confianza en mí mismo y en mis habilidades crecía.
#2
Eric Duncan
2503
Continuación del diario anterior

Después de demostrar mi poder al crear una barrera transparente que detuvo el impacto de la bala, los agentes quedaron asombrados y alarmados por igual. El agente principal, aunque impresionado, expresó su preocupación por el peligro que representaban mis habilidades si caían en manos equivocadas. Me ordenaron que continuara entrenando bajo su supervisión para aprender a controlar y usar mi poder de manera eficiente.

Al amanecer del día siguiente, el sol se filtraba a través de las rendijas de las ventanas, iluminando las paredes del cuartel. La sensación de agotamiento no se me había quitado desde el entrenamiento de ayer, pero esta vez no era solo físico. El usar los poderes me cansaba mucho mentalmente, y la fatiga podría ser muy mala en pleno combate. 

Me levanté de la cama, sacudí la cabeza para despejar las ideas que intentaban atraparme y me dirigí al área de entrenamiento. Mis compañeros ya estaban allí, realizando ejercicios de calentamiento. Después de tanto tiempo, se hacía raro no ser el primero en levantarme, y podía ver la cara de incertidumbre en sus rostros, al ver que acababa de llegar. 

El capitán me observó desde uno de los lados de la zona de entrenamiento con su expresión firme y seria como de costumbre -2503, hoy comenzaremos con ejercicios especiales para que puedas dominar tus habilidades. Necesitamos que estés listo para cualquier circunstancia - dijo con voz firme. Asentí, sintiendo que mi cuerpo comenzaba a activarse de nuevo. La fuerza de la costumbre hacía que mi cuerpo se preparase para un combate en cualquier momento.

Comenzamos con ejercicios básicos. Debía concentrarme en invocar una barrera en respuesta a un estímulo. El primer ejercicio consistía en que uno de mis compañeros me lanzara una pelota de tenis. La idea era que, al recibir el objeto, levantara la barrera justo a tiempo para detenerlo. No antes, no después. Justo a tiempo para que el enemigo no sepa de mis habilidades hasta que era estrictamente necesario. Me concentré, sintiendo cómo la energía comenzaba a fluir en mi interior. La pelota voló hacia mí, y en ese instante, levanté una mano cruzando los dedos en vez de dos. La barrera apareció, pero esta vez no era tan grande como las primeras que había hecho usando ambas manos. La pelota chocó contra el centro de la barrera.

- ¡Concentración, 2503! - gritó el capitán. - No puedes permitir que tus nervios te dominen. Tienes que confiar en ti mismo y en tus habilidades. Intenta crear otra con la otra mano esta vez.

Respiré hondo, mientras dos compañeros se posicionaban  a mis flancos, mientras sentía el latido de mi corazón resonando en mi pecho.  -No puedo dejar que esto me detenga, tengo que superar esta prueba-, pensé. Volví a ponerme en posición, y esta vez, al lanzar mis compañeros las pelotas, sentí cómo la energía crecía dentro de mí. La barrera apareció justo en el momento adecuado pero sólo podía crear una y no dos al mismo tiempo, así que con todo mi esfuerzo deformé la barrera y en vez de ser un cuadrado, hice un rectángulo que me envolvía por completo, deteniendo las pelotas con un golpe sordo al chocar contra ellas. Mi compañeros sonrieron, y el capitán asintió con aprobación.

- ¡Eso es! -exclamó. - Ahora, cambiemos a algo más complicado.

Pasamos a más ejercicios de múltiples ataques, donde varios compañeros me lanzarían objetos al mismo tiempo. La idea era que pudiera modificar la barrera para parar objetos de diferentes direcciones. Me preparé, respirando lentamente mientras me enfocaba en los movimientos de mis compañeros. Cuando comenzaron a lanzar los objetos, sentí que la energía fluía a través de mí con mayor facilidad. Levantaba la barrera, una vez tras otra, y aunque algunas las posicionaba demasiado rápido y se acercaban los objetos más cerca de lo que hubiera querido

Después de varios minutos de entrenamiento, decidimos hacer una pausa. Me senté en un banco, sintiendo cómo la fatiga comenzaba a acumularse, especialmente en mi cabeza, como si fuera una especie de migraña. Mis compañeros se acercaron, y comenzaron a hablar sobre sus propias experiencias, compartiendo inquietudes y risas. Sin embargo, yo estaba perdido en mis pensamientos. Tras varios minutos recuperando el aliento, volvimos a intentarlo. 

A medida que avanzaba el entrenamiento y todos nos hacíamos una idea de hasta que punto podría llegar mis poderes, los ataques fueron intensificándose para nunca estar en una zona de confort. A veces, los ataques no sólo venían hacia mí, sino que se lanzaban pelotas entre ellos y me veía forzado en crear escudos que protegían a mis compañeros.

- ¡Bien hecho, 2503! -gritó el capitán mientras los demás se reagruparon. - Pero no olvides que también debes cuidar de ti mismo. La energía que utilizas es limitada.

Asentí, jadeando, sintiendo la presión sobre mis hombros. Cada vez que utilizaba mis poderes, la carga y la fatiga se volvía más pesada. Sabía que debía aprender a equilibrar mis habilidades con mi energía interna, pero me preguntaba si sería suficiente para lo que vendría.
#3


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