Alguien dijo una vez...
Rizzo, el Bardo
No es que cante mal, es que no saben escuchar.
[Común] Una Oni un Tonttata y un Manco entran en un bar.
Sowon
Luna Sangrienta
Era curioso, pulguita se ofreció a despertar a anteojitos y para su sorpresa lo que fuese que hizo funcionó, el rubio volvió a encenderse como uno de esos juguetes donde al pulsar un botón comienza a hablar. Caía mejor dormido, pero era soportable, el gremio siempre ofrecía esa visión pintoresca de gente que atraía miradas (buenas y malas) pero miradas a fin de cuenta que les servían como medio de promoción. Desde que ella había llegado los rumores sobre que era el hogar de una mujer gigante con cuernos había hecho fluir bastante trabajo, solo para ver en acción a ese mito, no era la más famosa del condado e incluso ella desconocía el alcance de su nombre pero para la sociedad era un rumor notable que había comenzado a cobrar fuerzas. Al ser interrogada sobre la veracidad de sus palabras, la Oni asintió sin miedo, ella jamás mentía y tenía sus buenas razones para enterrarlo en su visión tan distorsionada de lo que ese lugar debería ser de cara a posibles clientes. En su pueblo, los Onis se agrupaban en grandes campamentos pero siempre pulcros, ordenados y con una cara muy agradable para los forasteros que llegasen al lugar buscando nuevos trabajos. Después de todo, como la comida, los cazadores y mercenarios entraban primero por los ojos a nadie le interesaría contratar a un luchador roñoso ni a una mujer que no luciera tan hermosa como ella, los cuernos, el peinado y todo el aspecto definían a un mercenario así como la promoción. El hecho de encontrarse a un tipo tirado en el suelo, medio muerto, podía espantar a potenciales clientes o hacerle creer que se trataba de una banda de perezosos jugando a ser cazadores.

― ¡Bwahahaha! Pues claro que era enserio, yo nunca mentiría, este lugar es nuestra carta de presentación. Imagina a una hormiga entrando y lo primero que ve es un tipo desmayado, a otro con pinta de quererle seguir golpeando y a una Oni con un espadón dando vueltas. ¡Sería terrible para nuestro negocio! En cambio si ingresan y ven un ambiente limpio y salen al patio para ver una hermosa fosa ceremonial, oh eso nos daría un gran respeto como un gremio que les da correcta sepultura a los pobres que han caído presas del clima... ―

Explicó la rubia mientras se asomaba para comprobar que el joven estuviera bien, eso parecía hasta que de la nada sacó unas tuercas o algo similar y comenzó a comerlos como si fuesen caramelos. Se acercó para comprobar que no estuviera mintiendo, el aroma de las mismas era de metal, su forma era inconfundible y solo bastó un vistazo para comprobar que fuesen los que ella misma podría haber utilizado para crear un arma o ajustar una empuñadura. Un suave silbido se escapó de sus labios mientras negaba con la cabeza, pensativa y todavía creyendo que podía tratarse de un gran engaño, había conocido a magos que jugaban buenos trucos con sus manos pero este no parecía tener nada escondido ni que esas tuercas fuesen falsas.

― Vaya rareza, no sabía que también habías reemplazado tus dientes por algo con la fuerza de triturar el acero, a lo mejor pueda usarte para moldear el metal en lugar de darle tantos martillazos y calentarlos. ¡Pero no entiendo como tus órganos no se han destrozado! Es decir si mi espada puede cortar una extremidad con tan solo un pequeño roce, imagina miles de cuchillas en tu garganta, tus intestinos, no quisiera imaginarme cuando vas al baño... dios si soporta tanto dolor, este chico debería ser un escudo... ―

Halagó mientras le observaba tragar y seguía el supuesto recorrido del metal, lo palpó un par de veces en su estómago para comprobar nuevamente que no hubiese un truco pero se separó al instante. Era una mujer muy crédula y ahora creía que anteojitos era una especie de super hormiga capaz de comer acero y a lo mejor era el martillo definitivo, ya tendrían mucho tiempo de caridad en la forja y seguramente reduciría en un gran porcentaje de días su trabajo al poder ponerle a masticar metal mientras ella se encargaba de unirlo en la fragua y estirarlo con una facilidad mucho mayor a la que normalmente le tomaba todo el proceso de calentar, estirar y volver a calentar.
#21


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