Alguien dijo una vez...
Donquixote Doflamingo
¿Los piratas son malos? ¿Los marines son los buenos? ¡Estos términos han cambiado siempre a lo largo de la historia! ¡Los niños que nunca han visto la paz y los niños que nunca han visto la guerra tienen valores diferentes! ¡Los que están en la cima determinan lo que está bien y lo que está mal! ¡Este lugar es un terreno neutral! ¿Dicen que la Justicia prevalecerá? ¡Por supuesto que lo hará! ¡Gane quién gane esta guerra se convertirá en la Justicia!
[Común] Mirage
Arthur Soriz
Gramps
La calidez de su abrazo me sorprendió. A pesar de que fuera rápido y estrecho, llevé una mano a su cabeza acariciando con delicadeza su nuca, revolviendo suavemente sus cabellos azabache. Sonreí con tranquilidad, feliz... siendo jalado por aquella joven y dejándome hacer, me sentía feliz... ¿así se sentiría ser abuelo? Reí, quedándome con ese pensamiento para mis adentros mientras comenzaba a caminar con ella a mi lado. De vez en cuando le miraba de soslayo, sabiendo el camino hacia los astilleros de memoria de tantas veces que lo había hecho. Aunque para darle el gusto, sacaba el mapa ocasionalmente, incluso señalando en este dónde se encontraba en específico el lugar.

Mira, aquí es hacia donde iremos... aquí pasé dos semanas y media construyendo el balandro... ya verás cómo se ve, estoy emocionado, ¡muy! —decía soltando una confianzuda carcajada. Llevaba tiempo sin sentirme así, sin sentirme... ¿cómo decirlo? Feliz tal vez, sin la necesidad de estar pensando que solamente estaba relacionándome con mis colegas de trabajo y nada más. Hacía tiempo desde que me fui de Kilombo creía que no hallaría a nadie con quien socializar, incluso con la gente común de las islas, siempre estaba trabajando... supongo que así es la vida de un Marine.

Cuando escuché el "¿Guías tú?" se me ocurrió una mejor idea. Sin previo aviso le sujeté de la cintura, y aprovechando que era mucho más pequeña que yo, le puse sobre mis hombros para acto seguido darle el mapa. Levanté la mirada un poco y hablé.

¡Sigo sus indicaciones, navegante!

Dije soltando una entretenida y sincera carcajada. Mientras ella me guiaba fuera señalándome con un dedo o dándome direcciones con la voz, y mientras caminábamos le sacaba charla acerca de sus sueños, sus deseos. Sus metas en la vida eran sinceras, se notaba que en por suerte parte de una inocencia infantil seguía a flor de piel, y si no ... pues lo disimulaba muy bien. — Puedes utilizar el servicio de los News Coo si es necesario para enviarme una carta... ellos sabrán cómo llegar a mi. Atesoraré cada mapa y carta que me envíes... y las llevaré siempre conmigo. A donde quiera que vaya.

Mientras continuaba caminando, saludaba ocasionalmente a alguna persona que nos miraba, hasta que llegamos hasta los astilleros. El lugar estaba repleto de trabajadores, carpinteros y demás. Barcos a medio construir, otros que simplemente eran sus esqueletos, pero ... a lo lejos, ya se podía ver en todo su esplendor. Un balandro hermoso, no era gigantesco como las demás embarcaciones de los Marines pero de todos modos se veía esplendorosa. A diferencia de lo que imaginó Mirage en un comienzo, la pintura cambiaba. Tenía un tono bordó, con detalles un tanto más oscuros como escamas de dragón pintadas del lado donde estaba la cabeza de dicha criatura mitológica, y del otro lado se veía la madera normal, pero con encastres de madera más oscura simulando las rayas de un tigre en su pelaje. Mitad y mitad por así decirlo. Contrastaba y en demasía ... con filigrana y decoraciones enchapadas en oro, cualquiera que viera esto no pensaría que era un barco Marine común y corriente.

Aquí está... mi preciada creación, Kings' Judgement... Los Reyes están listos para ser bautizados. — dije con Mirage aún sobre mis hombros, alzando la mirada, intercambiándole el mapa, por la botella de champaña que había comprado justo para esta ocasión. La tenía en mis hombros aún porque la altura a la que estaba puesto el balandro era elevada, bastante. Aunque sí que pedí ayuda para que le fueran descendiendo poco a poco, ya que tenía que estar lista para tocar agua. De hecho, mucha más gente que me conocía de antes de fue reuniendo, que me vieron trabajar día y noches enteras en el barco.

Todos se congregaban emocionados de lo que estaba por suceder.
#21
Key
Key
A pesar de su extraversión, Key no consideraba que tuviese muchos amigos, pero para ella Arthur ya lo era. Estaba realmente cómoda con él y sentía que ambos eran capaces de apreciar las cosas más hermosas de este mundo, esas que muchos dejaban pasar por alto por considerarlas banales. Le hacía tantísima ilusión todo aquello, no solo la pasada de bautizar un barco, si no que estuviese alguien usando su mapa. Ahora quería hacer mapas mucho mejores, con más detalle, más información, más bonitos...

- Suponía que sería allí, es el único lugar donde he visto a gente haciendo barcos. Aunque pasé solo un rato para poder dibujar el mapa. Al fin y al cabo todo el mundo estaba trabajando y no vi nada entretenido que hacer... Fue hace unas semanas, seguro que aún tu barco era solo unas maderas, si no seguro que me habría llamado la atención. - Dijo con una sonrisa enorme, confiando por completo en las habilidades de su nuevo amigo. - ¡Y, Y YO! ¡Yo también estoy muy emocionada! Nerviosa, no se muy bien lo que tengo qué hacer, ni qué decir... - El nerviosismo la estaba invadiendo cuando justo arthur la cogió de la cintura y la sentó en sus hombros.

Ts... Tsch.. ja ja ja. - Comenzó a reír tras nombrarla timonel y convertirse él en su barco. Qué divertido estaba siendo aquello - ¡Viento en popa y corriente favorable! El oleaje de transeúntes no será un problema. - Decía mientras sujetaba un timón imaginario a aproximadamente la altura del primer piso de los edificios. - Viro por avante, ¡prepárate para cargar la mayor!

Era la primera vez que estaba poniendo todos esos conocimientos que había adquirido durante tantos años en práctica. Aunque fuese un juego, una simulación, el mar estaba tan solo a una o dos calle y podía olerlo, podía sentir su brisa e imaginar que realmente estaba en un barco. Pero no eran niños, tampoco iban a alargar aquel infantil entretenimiento mucho tiempo. 

- Ummm, News Coo, no sé qué es, pero lo averiguaré para poder enviártelos y que los tengas. Quiero que los tengas, y ya verás como cada vez son mejores. - Dijo con total determinación pasando a la sorpresa. - ¡Vaya, aquí parece que te conoce un montón de gente! - Comenzando a devolver los saludos que el marine recibía con una sonrisa de su parte, hasta que llegaron.

Cuando Arthur le mostró el barco, cogió la botella sin poder a penas pensar, dando un ágil salto y posicionándose a su lado. La joven se quedó plantada en el sitio, con la boca totalmente abierta por la sorpresa de aquella maravilla. Lo miró de una punta a la otra. No pudo evitar comenzar a dar unos pasos para poder verlo desde más cerca, para poder fijarse mejor en cada parte que había sido seleccionada cuidadosamente al detalle.

- Es magnífico. - Consiguió por fin dar un veredicto para abruptamente argumentarlo. - La dualidad perfectamente armónica, dos criaturas que se vuelven una sin perder su individualidad y su esencia. La elegancia del dragón, la fuerza del tigre. Es majestuoso sin ser presuntuoso. Tiene todo lo que necesita y no le sobra nada. Solo necesitaba su nombre.

Cuando Arthur miró a la muchacha pudo ver como una pequeña lágrima de emoción caía de su ojo gris. El sol se reflejaba en aquella gotita de felicidad, impresionada y cargada de dicha por encontrarse allí. Quedándose finalmente quieta y admirándolo, ignorando a la gente que se movía a su al rededor.
#22
Arthur Soriz
Gramps
Quizás era demasiado exagerada la forma en la que le trataba como si fuera una niña pequeña, pero la verdad es que a toda persona que tuviera menos de treinta años le trataría así ... más teniendo en cuenta la diferencia de alturas entre los dos. Me dio gracia que no conociera lo que eran los News Coo... ¿es que vivió metida bajo una roca toda su vida, o como yo en una sola isla y esta por desgracia no tenía comunicación por medio de los pajarracos aquellos? Reí suavemente, negando un poco con la cabeza por el comentario de conocerme mucha gente... no es que me conocieran per se todos, siendo Marine y educado obviamente en Loguetown un poco de respeto nos van a tener, independiente de si eres conocido o no. Además, cierta reputación me había hecho ya en el East Blue, así que quizás se debía a eso también.

Los News Coo... son aves mensajeras que viajan por todo el mundo llevando el diario, información, cartas, documentos importantes e incluso informes clasificados, son una de las pocas formas que tenemos de enterarnos de lo que pasa en los otros mares o incluso en la Grand Line. —contestaba en un tono entusiasmado. — Y sobre las personas... bueno, algunos me conocen, otros han leído sobre mi. —respondía en un tono sereno, riendo un poco mientras estábamos cerca ya de los astilleros. — En un principio supuse que me habías hablado por eso.

Agregué. Pero suficiente por ahora... La expresión que tenía ahora mismo Mirage en su rostro al ver el balandro que construí me llenaba de orgullo, de felicidad. Debía admitir que era difícil mantener la modestia cuando estaban halagando tanto algo que había hecho con mis propias manos pero aún así dejaba que los merecidos vítores se los llevara el balandro... que para eso estaba allí esperando pacientemente a que le diéramos sus bendiciones para que pudiera surcar los mares tal y como se lo merecía desde el momento en que cruzó mi mente construirlo.

Pero no podíamos estar todo el día allí haciendo nada. Tampoco quería apurarla por lo que le permití disfrutar cuanto quisiera del barco, además de que ya después cuando tocase el agua podría subirse si quería y dar una vuelta por Loguetown, ¿por qué no? A fin de cuentas si era una navegante tendría que tarde o temprano agarrar experiencia de algún lado, ¿y qué mejor oportunidad que esta? Ya me estaba emocionando de más, por lo que aclaré ligeramente mi garganta y volví a hablar.

Era hora de decir lo que llevaba en mi pecho desde hace ya un mes entero.

Dos semanas y media… No parece mucho cuando se dice en voz alta pero cada día, cada noche, cada golpe de martillo y cada fibra de mis músculos saben bien lo que costó. No fue solo madera ensamblada ni clavos hundidos en la quilla… fue sudor, fue sangre, fue el latido de mis propias manos dando forma a algo que ahora se alza sobre el agua, listo para enfrentar su destino. — comencé diciendo, levantando ligeramente mi mentón para mostrarle respeto a aquella embarcación; se lo merecía. — Te llamamos ‘El Juicio de los Reyes’ porque no eres un barco común. En tu proa descansan el tigre y el dragón, dos fuerzas que siempre han estado en lucha, como lo están el orden y el caos... eternamente. Así como ellos desafían su propio destino, este barco se alzará contra la tempestad y contra quienes crean que su poder les concede impunidad. —esas últimas palabras las decía con un palpable desdén. Con el odio eterno de alguien que desprecia a aquellos en los más altos puestos de poder mundial. Que aborrece sus actos y los condenará eternamente mientras respire y mi cuerpo me lo permita.

Este no es solo un barco… es una promesa. Una promesa de que mientras navegue, habrá alguien dispuesto a luchar por lo correcto. Alguien que se niega a hacer la vista gorda e ignorar a aquellos que hacen sufrir a los inocentes considerándolos menos que escoria, tratándolos como simples esclavos y sirvientes, juguetes a descartar cuando se aburran... son ellos, esa impunidad que creen tener... ¡son a ellos a quien menos misericordia mostraré! —vociferaba de manera brutal. Mi pecho se inflaba, mi voz reverberaba en el astillero. Tensé la mandíbula por unos momentos, intentando calmarme, porque el balandro no se merecía que yo estuviera enojado cuando él tocara por primera vez el mar. No, él se merecía todo mi respeto, mi admiración, mi cariño.

Que tu madera resista la furia de las olas, que tu velamen beba del viento más bravo... y que jamás, jamás, pierdas tu rumbo. —tras decir esto, sonreí satisfecho, mirando de reojo a Mirage y otorgándole la botella de champaña que había traído con nosotros. — Mirage… este barco está listo para su primer destino. Dale su bautizo y que el mar lo reciba como es debido.
#23
Key
Key
- ¡Ah, sí, los pájaros que venden periódicos! No sabía que hacían envíos, como nadie me ha enviado nunca nada. Y tampoco suelo leerlos, pero si dices que sales a veces, puede que lo haga de vez en cuando. Y bueno, te hablé porque parecías muy fuerte, me pareciste una persona curiosa, y resultaste ser alguien realmente encantador. No me esperaba hacer un amigo en aquel lugar. Ts... Tsch.. ja ja ja.

Contestó un poco sin pensar. Sus ojos no podían apartarse del balandro al que seguía mirando como si intentase memorizarlo. Pero varias figuras comenzaron a moverse en torno al mismo. Ponían palos para poder empujarlo hacia el mar y que lo besase por primera vez. Era un trabajo que requería fuerza y una buena organización. No sabía muy bien cómo poder ayudar, pero se aproximó a aquellos que lo intentaban acercar al agua, imitando sus movimientos con un gran esfuerzo que realmente aportaba poco a la tarea. Pero ella quería formar parte de aquel momento. Cuando estaba todo listo, Arthur aclaró su garganta. Key se movió entre la multitud hacia él, hacia el barco y se puso a su lado mientras le escuchaba.

Los ojos de Key se humedecieron, por la emoción del momento y por las palabras de Arthur que le habían hecho sentir tristeza, nostalgia y sobre todo, la habían imbuido con esperanza, pues sentía que aquel barco podía hacer del mundo un lugar mejor. Cogió la botella firmemente, y acarició con su mano izquierda el lugar dónde había decidido golpearla. Ahí la madera estaba elegida para resistir incluso al oleaje más embravecido. Aunque a quién se dirigía era al barco y a su creador, dijo con determinación.

- Juicio de los Reyes, es tu momento de cumplir tu propósito. Surca los mares siendo libre.

Key golpeó la botella con fuerza. !Cack!. Y la rompió en el lugar que había elegido de un solo golpe. Tras hacerlo no pudo evitar mirar a Arthur emocionada, y al poco soltando lo que quedaba de cristal en su mano al suelo, se abalanzó a abrazarle. Mientras enterraba su cabeza en aquel abrazo, de forma casi inaudible, tapado por los vítores del resto de asistentes a la ceremonia, Arthur pudo escuchar en un hilo de voz.

- Sed felices. Sed libres.

Y las lágrimas corrieron por el rostro de la muchacha, ocultas, donde nadie podía verlas.


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#24
Arthur Soriz
Gramps
Era un momento de júbilo, digno de ser recordado por muchos años y más aún con la buena compañía que había tenido. Era como si de pronto todo ese peso de mis hombros que había cargado por al menos cincuenta años se fuera desvaneciendo poco a poco. Aunque las lágrimas en cambio comenzaron a caer... impulsado probablemente por las que derramaba Mirage. Recordaba a mi papá, cómo me había inspirado desde pequeño a ser un Marine, a luchar por la justicia que este mundo necesita y se merece en vez de proteger a aquellos que se creen mejores que los demás por su estatus social. ¡Asco que daban!

Inhalé profundo, como quien se traga las lágrimas para luego acariciar suavemente la cabeza de Mirage mientras ella lagrimeaba al terminar de decir sus palabras. El sonido del vidrio estrellándose contra la madera y siendo esta empapada por la champaña era la señal de que por fin... luego de todo el esfuerzo que le había puesto, este barco tenía todo el derecho de surcar los mares como todos los demás.

De verdad, Mirage... te lo agradezco, has hecho a este viejo uno muy feliz.

Dije algo acongojado o con la garganta cerrada ya que se notaba obviamente que me aguantaba las lágrimas. Fue entonces que... desafortunadamente, las eventualidades de la vida, el destino o simplemente una broma pesada divina cambiaría el ánimo de aquel encuentro hasta hacer un giro de ciento ochenta grados casi inmediato. Como dicho antes, por cosas del destino o la suerte que se ríe de nosotros día a día, una ráfaga de viento costeño lo suficientemente potente revoloteó las cabelleras de todos los presentes... incluyendo la de Mirage. Allí, quizás afortunadamente para ella... solamente yo fui capaz de ver algo que asomó entre las finas hebras de su cabellera azabache.

Una marca que sin lugar a dudas reconocía bien; una marca que odiaba con todo mi ser a pesar de no poder admitirlo abiertamente con descaro. Posé casi de inmediato mi mano en esa zona, tapándola por completo al hacer uso de mis grandes dedos. La palma cubrió entero ese 'tatuaje' hecho a flor de piel, una cicatriz de tiempos crueles y de una vida que seguramente deseaba dejar atrás en lo más oscuro de sus recuerdos para nunca más volver.

Caminé un par de pasos hasta ponerme delante de ella sin soltar su nuca aunque tampoco era un agarre violento ni forzado.

Me arrodillé, y le abracé. Sin decir ni una sola palabra, tan solo le abracé. No era un abrazo de oso, ni mucho menos le apretaba excesivamente contra mi cuerpo. Tan solo la sostuve en mis brazos, encargándome de que en ningún momento aquella zona de su nuca se viera al menos hasta que cesara esa ventisca que se levantó de repente.

Cuando esta pasó, me separé apenas un poco. Aún de rodillas la miré a los ojos, y con una expresión firme y decidida, hablé.

Desde hoy, hasta el día de mi muerte... juro que protegeré tu felicidad. Protegeré tu sonrisa... Nadie, absolutamente nadie... te arrebatará eso mientras yo viva, Mirage... Te lo prometo. —susurré para que solamente ella fuera capaz de escucharme, porque nadie más que ella se merecía mi promesa. Un juramento que cumpliría aunque me costara la vida, y mi trabajo.

Mis ojos estaban llenos de lágrimas, y no solamente de felicidad por el barco, pero también de tristeza, de enojo, de frustración. Debí haberlo sabido antes, el por qué se había emocionado por todo aquello. Por qué quería con tanto esmero descubrir el mundo, hacer amigos.

Ser feliz...

Porque hubo infelices que quisieron osar prohibirle ese derecho.
#25


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