Hay rumores sobre…
...un hombre con las alas arrancadas que una vez intentó seducir a un elegante gigante y fue rechazado... ¡Pobrecito!
[Aventura] Las cuevas de la locura
Derian Markov
Lord Markov
Día 50 de verano, año 724.
Laberinto de cuevas bajo la Red Line, algún punto cerca del Refugio de Goat.

Si el Refugio de Goat ha logrado ser un secreto a ojos del Gobierno y el mundo en general es porque es verdaderamente difícil de localizar. No basta con saber que existe. Para entrar, primero hay que localizar la entrada oculta entre los traicioneros acantilados de la Red Line. En el caso de que lograse encontrarse alguno de los accesos, a continuación hay que navegar por un traicionero laberinto de cuevas inundadas, algunas de las cuales han sido la perdición de muchos barcos al finalizar en una zona demasiado poco profunda para el calado de la nave, al llegar a un túnel inesperadamente estrecho que no permite dar media vuelta o al encontrarse con una corriente acuática que envió transporte y ocupantes contra la pared de la cueva. En esta red de túneles no hay luz o agua potable y la única comida son los viscosos peces ciegos de la cueva, si uno puede pescarlos. Los túneles se extienden a lo largo de kilómetros y sin un guía, lo más probable es que no se encuentre la salida, menos aún el astutamente oculto enclave revolucionario.

En estas condiciones, por lo general el Refugio de Goat es un lugar seguro, al menos normalmente. Sí, hay algunos problemas, como una persistente epidemia de una enfermedad respiratoria, o una plaga de ratas mutadas, pero al menos no hay que preocuparse por amenazas del exterior. Y, sin embargo, en los últimos días se escuchan rumores en el asentamiento sobre luces en los túneles y botes con extraños encapuchados navegando a lo largo del laberinto. Hay algo de inquietud, tanto entre los no combatientes como en el cuartel. ¿Y si el secreto ha sido revelado? El Refugio es un lugar seguro porque está escondido. Sí, sería difícil de asaltar por su extraña condición, pero no hay tanta gente como para repeler un asalto real; al fin y al cabo, si hubiera un auténtico ejército, la cantidad de movimiento que eso requeriría haría el secreto de su localización peligrar.

Y de todas las personas que podrían escoger para investigar estos rumores, ¿a quién escogen? Por supuesto, la opción ideal sería un gran héroe revolucionario: alguien serio, carismático, comprometido, de ideales inquebrantables, juicio sereno, astuto, fuerte y capaz de inspirar lealtad en sus hombres. Pero como desgracia esa clase de gente está ocupada en sitios más importantes, tendrán que conformarse con el tipo raro de la máscara de corazón. Al menos suele dársete bien la gente cuando no se enfadan por cosas que dices. No entiendes por qué se enfadan, tú no dices nada que no sea verdad.

A lo que íbamos, el comandante del Refugio, Bolt, te ha convocado en los muelles. Bolt es un hombre de mediana edad tirando a mayor, en torno a la cincuentena, de pelo canoso con algunos escasos mechones que aún son pelirrojos. Está en silla de ruedas y tiene cicatrices de guerra en la cara, así como un imponente mostacho gris. Por lo que sabes, en su día fue un gran guerrero, pero por culpa de una herida perdió la movilidad en ambas piernas. Junto a él está su ayudante, un hombre alto y rubio con gafas moradas y chaqueta de cuero marrón. Junto a ti han sido convocados dos soldados más, una mujer bajita de pelo azul y un mink murciélago con un pico y casco de minero.

- Gracias por acudir, soldados. Supongo que todos habéis escuchado ya lo que se habla en el asentamiento. Mucho me temo que no hemos podido confirmar aún si son solo habladurías, pero conviene revisarlo. Vuestra tarea, como la de las otras patrullas, es salir por los túneles a patrullar en busca de cualquier cosa fuera de lo normal. Alenda será vuestra guía - hace un gesto con la cabeza hacia la mujer - Gopi se encargará de posibles derrumbes - el mink murciélago alza la cabeza, con orgullo - Y Lemon, dado que es el más experimentado en combate, será vuestro protector y líder de la expedición. No deberíais encontrar nada, pero en el caso de que haya algo, sed cautelosos. Prefiero que nos alertéis en caso de que el peligro sea demasiado grande. Vosotros os encargaréis del sector perimetral C - hace un gesto con la mano hacia un bote - Tendréis a vuestra disposición faroles, brújula, un mapa del sector y provisiones para un par de días por si acaso, aunque la idea es que hagáis una patrulla estándar. No debería llevar más de ocho horas. ¿Alguna duda?

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#1
Lemon Stone
MVP
Personaje


Subió el volumen de la den-den-radio al máximo. El sonido distorsionado de la guitarra en conjunto con el pesado rugido de la batería invadía cada rincón de la habitación. Tomó con gesto agresivo la escoba y simuló que tocaba con vehemencia el rapidísimo solo de la guitarra. Se lanzó al suelo, sus rodillas deslizándose por el piso áspero y chocó con las estanterías. Unos cuantos libros le cayeron encima, pero eso no lo detuvo. Se levantó de golpe y comenzó a aplaudir como si fuera el showman de un concierto de rock.
 
-¡Y eso es todo por hoy, querido público de Goat! ¡SIUUUUUU! -rugió tras terminar la canción.
 
Alguien tocó la puerta.
 
-¿Será el presidente de mi club de fans? -se preguntó en voz baja, la mano en su mentón y una pierna cruzando la otra, posando escandalosamente-. Normal, he aprendido del mejor. Firmaré esos autógrafos por ti, Perrito -finalizó, refiriéndose a Lobo Jackson.
 
Pero no era el presidente del club de fans ni un fanático.
 
Amurrado y afectado por la desilusión, Lemon preparó el equipaje que le haría falta: un botiquín de emergencia, dos botellas de agua, cinco paquetes de puros, un mechero y una foto de la Reina de Oykot. Iba a todos lados con una foto de aquella perversa mujer para recordarle que, por muy peligrosa que pudiera ser una situación, siempre había algo peor.
 
Abandonó la habitación y se dirigió hacia el muelle donde se reuniría con el comandante Bolt. Se acomodó la máscara para que no se le cayera en mitad de la caminata y ajustó las correas de la mochila porque le apretaba un montón. En su espalda, además del bolso, iba con una farola negra y gigantesca, un tanto machucada por la cantidad de golpes que daba con esa cosa, un remo completamente hecho de madera y un martillo de lo más bonito.
 
Una vez llegó al muelle, divisó sin ninguna dificultad al comandante Bolt. ¿Cómo? Pues era el hombre que olía a abuelo. O puede que se estuviera imaginando el olor, pero es que cualquier persona que va en silla de ruedas huele raro, como los abuelos. Eso sí, usaba un mostacho de puta madre. Si el saliera barba en la cara, usaría uno de esos, pero los Stone son personas lampiñas y hermosas.
 
También había más gente: una mujer bajita y de pelo azul, que por alguna razón le recordaba a uno de esos chicles que tanto le gustaban, y un murciélago-minero. Ya sabía quién se convertiría en su nuevo mejor amigo, después de Castor, por supuesto.
 
Tenía una misión, y parecía ser una de las importantes. Esta vez no se había comunicado con el Departamento de Misiones Encubiertas, sino que el mismísimo discapacitado comandante Bolt le estaba pidiendo que patrullara los túneles del Refugio de Goat. Eso solo podía significar una cosa: la Armada lo estaba considerando como una pieza fundamental para conseguir la Revolución Mundial. Por fin, después de tanto tiempo de luchar contra la burocracia interna, estaba recibiendo el reconocimiento que merecía.
 
Chicles parecía conocer el lugar, así que sería la guía de la expedición. Murci-chan se encargaría de los derrumbes y… Espera, ¿derrumbes? A Lemon nadie le había dicho nada sobre derrumbes. Podía golpear cosas, era muy bueno rompiendo cráneos y demoliendo edificios, pero ¿cómo se demuele una montaña sin que se le caiga encima? Preocupaciones para el Lemon del futuro.
 
Recibió las provisiones y las miró con decepción. ¿Tan poco? ¿Es que el Ejército Revolucionario no valoraba a su activo más valioso? ¡Era Lemon Stone! ¡Rompedor de cadenas, liberador de oprimidos y secuestrador de Reinas! ¡Era un maldito Agente del Ejército Revolucionario! No, de ninguna forma se metería a esas cuevas con tan poca comida. ¡Y ni loco se comería a Murci-chan! Luego desataría una pandemia a nivel mundial… Así que, con toda la diplomacia que había aprendido en el curso de diplomáticos, dio un paso al frente y expuso su alegato.
 
-No tardaremos ocho horas, eso es lo que siempre dicen. ¿Es que nadie aquí ve películas? Comandante, seremos emboscados por las fuerzas opresoras o se nos caerá la montaña encima. No estoy seguro, pero algo sucederá. Lo puedo oler como quien huele sus calzones después de usarlos una semana. ¡Necesitaremos más comida! -advirtió, pero previó que la lógica (o más bien su lógica) no serviría, hizo ojitos-. ¿Por favor?
 
Le dieran más comida o no, era el momento de actuar como un verdadero líder: debía organizar a la patrulla. ¿El problema? Es que no tenía a diez mil hombres rudos y diez mil hombres débiles para que los diez mil hombres rudos se vieran más rudos. Tampoco los podría formar rudo, rudo, débil, rudo, débil, débil, rudo… No, se tendría que limitar a ir por delante para parecer más rudo que Chicles y Murci-chan.
 
-Bien, camaradas. Soy el Agente Lemon Stone, hijo de William Stone y Cristal Becker, y orgulloso seguidor de la Causa -se presentó con el pecho inflado-. Chicles, como nos guiarás por los túneles, ocupa la posición más segura. Irás al medio. Murci-chan, como no quiero distracciones visuales, tú irás de los últimos. Protegerás a Chicles. Y yo iré por delante, siempre le pongo el pecho a las balas. La misión no termina hasta que los tres hayamos regresado a salvo al refugio -sentenció.  

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#2
Derian Markov
Lord Markov
El comandante suspira al escuchar tu petición, mientras que su ayudante se lleva discretamente la mano a la cara. Igual no tan discretamente. Tus compañeros parecen confusos por tus palabras, pero Gopi (Murci-chan para los amigos) no tarda en añadir - Algo de razón no le falta, un poco más de comida por si acaso nos vendría bien. Los túneles son peligrosos, comandante.

- Está bien, está bien. Que sea comida para cinco días, por si las cosas se torcieran. Pero no creo que podáis llevar más sin sobrecargar el bote.

- Señor comandante - pregunta Chicles, o Alenda, como le llama gente menos fabulosa que tú - Sea sincero. Nos lo manda porque quiere sacarlo del cuartel - el comandante Bolt suelta un gruñido de sorpresa y tose para disimular, secándose el sudor de la frente. Si no fueses una persona tan magistral, dirías que Chicles ha dado en el clavo, pero es imposible. Alguien con un motacho como ese debería saber que eres indispensable para la Causa - ¡Claro que no! Soldado Alenda, debe saber que en mis muchos años de experiencia, he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente peculiar. Y le puedo decir que es una regla no escrita de este mundo que cuanto más raro, extravagante y un peinado más llamativo tiene alguien... bueno, o en este caso, máscara, más posibilidades tiene de ser alguien increíble y sorprendentemente poderoso. He visto con mis propios ojos cómo esta regla no escrita se confirmaba una y otra vez, y...

- De acuerdo, señor comandante, no se preocupe. Disculpe que haya cuestionado su juicio - la voz de Chicles suena cansada - ¿Cuáles son sus órdenes, agente?

Das tu magnífico discurso. Hablas con elocuencia, valor y poderío. Cualquiera debería darse cuenta de que de tu boca sale la voz de la mismísima Causa. Has estudiado el Manual y comprendes mejor que nadie las verdades que guarda. Sin embargo, no parece que la pobre Chicle lo haya entendido bien, porque dice - No, en serio comandante, ¿qué problema tiene con este señor para querer sacarlo?

El comandante vuelve a sobresaltarse. No alcanzas a escuchar bien las palabras que susurra. Suena a algo así como que tiene miedo de algo y necesita tu fuerza. Evidentemente el comandante entiende que esta es una misión crucial, teme por el resultado y te ha escogido a ti como el responsable de salvar a los revolucionarios de esta amenaza (Nota del narrador: en realidad, el comandante ha dicho "me da miedo. Canta en voz muy alta y me despierta de la siesta."). En cualquier caso, subís al bote y empezáis a dirigiros por los túneles. Por cierto, si Murci-chan va detrás le toca el timón y si Chicle va revisando los mapas y orientándoos... creo que te toca la noble tarea de remar. Por suerte no tendrás que mojar tu remo justiciero, hay remos normales a bordo.

Comenzáis a recorrer las cuevas. Durante horas, no veis nada más que lo poco que ilumina la luz de vuestro faroles y no escucháis nada aparte del murmullo del agua, el ruido de los remos y tus ocasionales e inspirantes comentarios. Los túneles parecen casi iguales todos. Algunos son más anchos, algunos más altos, algunos tienen túneles más pequeños e incluso zonas no inundadas. Pero todos son básicamente enormes conductos rocosos. Probablemente te llame la atención su forma. Son extrañamente... regulares. No del todo, claro, pero te recuerdan más a túneles excavados que a galerías naturales.

Lleváis cinco horas de patrulla y nada parece haber ocurrido aún, cuando de repente las orejas de Murci-chan se levantan y ponen tensas - Oigo algo. Hay alguien en los túneles cercanos. Diría que escucho... ¿un fuego? Es a unos cincuenta metros, en el túnel de la izquierda - no ves ese túnel de la izquierda que Murci-chan dice, pero supones que como buen murciélago minero verá bien en la oscuridad, o algo así. Espera, ¿no había una frase que viene a decir "ciego como un murciélago"?
#3
Lemon Stone
MVP
Sonrió, su sonrisa oculta tras la máscara, cuando Murci-chan apoyó la idea de pedir más alimento. Sabía que era de los glotones. Y posiblemente le gustaban las prostitutas, es decir, ¿a qué clase de minero no le gustan las cariñosas? En fin, de momento no importaba. Ya tenía su primera victoria moral del día y estaba seguro de que conseguiría muchas otras más.
 
Por otro lado, poco le gustó el comentario de Chicles. Era una maldita envidiosa porque cantaba mal y no era ni la mitad de fabulosa que Lemon. ¿Podía cantar, tocar la guitarra y montar un espectáculo digno de las leyendas del rock? Imposible. Lemon tampoco, pero él pensaba que sí. Sin embargo, era un buen líder, había aprendido de los mejores y sabía que la gente joven cometía muchos errores, así que dejó pasar los inapropiados comentarios de su subordinada.
 
Subió al bote y, debido al peso de sus tremendos y atractivos músculos, este se zarandeó de un lado a otro, pero finalmente se estabilizó. Miró los remos normales y luego miró el suyo. Volvió a mirar los remos normales y otra vez el suyo.
 
-No los necesitamos -determinó, lanzándolos al agua-. Tengo el mío.
 
Puede que el bote se dirigiera más hacia la izquierda que hacia la derecha y viceversa por remar con un solo remo, pero es que eso le daba igual. Lo importante era avanzar y vaya que estaban avanzando. Los túneles eran sitios lúgubres, húmedos y para nada ostentosos. Cualquiera podía perderse y jamás encontrar la salida, pero por suerte tenía a Chicles y a sus mapas. Había decidido protegerla sin importar si perdía uno o dos pezones en el intento.
 
Como había afirmado Lamborghini (el abuelo de la silla de ruedas) el camino era aburrido, silencioso y completamente normal. Ningún derrumbe. Ninguna emboscada. Ningún fantasma. Esperaba no encontrarse con ningún payaso porque, de lo contrario, remaría de vuelta con todas sus fuerzas y se escondería bajo las sábanas tres días y tres noches.
 
-¿Sabían que mi familia tiene una finca en cada isla del Paraíso? Las tiene grandes, pequeñas, no tan grandes, no tan pequeñas, incluso las tiene enanas. No tengo ningún problema con los enanos ni con la gente rara -Miró a Murci-chan-, de hecho, hasta diría que me agradan. Soporto poco a la gente fea porque, ya saben, los Stone somos hermosos de nacimiento. ¿Quieren que me quite la máscara? Pues no lo haré. No quiero que te enamores de mí -Miró a Chicles.
 
Iba a seguir contando las grandes virtudes familiares cuando Murci-chan lo interrumpió. Al principio le molestó, pues ¿quién se creía para interrumpir al fabuloso Agente Lemon Stone? Pero como era rarito lo perdonó. Los raros funcionan diferentes, sus cabezas funcionan diferentes. Mencionó que escuchaba fuego. ¿El fuego se escucha? ¿Cómo hace? ¿ZzZZzZZz o pspspsps?
 
-¿Fuego? ¿Dices que escuchas fuego? -Los ojos de Lemon se iluminaron, no porque fuera un pirómano sin remedio… Bueno, sí, era un pirómano sin remedio, pero también porque significaba aventura-. ¡Hay gente cocinando! ¡Bieeeen! ¡Comida!
 
Una idea paranoica pasó por su cabeza. Puede que nadie estuviera cocinando, puede que fuera… ¡El enemigo!
 
-No, no, no. Espera un momento, ¿y si es gente mala? ¡¿Y si son las Fuerzas Opresoras que se han metido en nuestra base?! Supongo que pronto lo averiguaremos… ¡Vamos despacio, camaradas, y directo al peligro! ¡Jajajaja!
 
Lemon utilizó el poder de la Voz para que la Causa le dijera si había gente cerca o no, sus emociones y qué tan fuertes eran. 

Resumen

Mates
#4
Derian Markov
Lord Markov
A tu compañera, Chicle, parece que algo le está molestando. A lo mejor es que su asiento es incómodo, o simplemente es una aguafiestas, porque está todo el rato con mala cara y dando las indicaciones con voz irritada. No podría ser por otro motivo, ¿verdad? Tú estás siendo amable, agradable y simpático. Murci-chan en cambio es un compañero de primera, riéndose amigablemente de tus comentarios. Debes ser un cómico de primera, porque por algún motivo logras hacerle reír hasta cuando no lo pretendías. En cualquier caso, mientras remas lentamente hacia el lugar, escuchas con atención la Voz de la Causa. Y la Voz tiene cosas que decirte.

Notas... miedo. Mucho miedo. Y dolor. En esa dirección hay alguien que está aterrado y sufriendo. Es una única persona. Espera, hay algo más. La Voz de la Causa te indica que hay algo extraño lejos de ti. Algo grande, que está más abajo que tu bote y hacia el frente. Parece estar alejándose... ya no lo notas. Fuese lo que fuese, se ha ido. A medida os acercáis a la dirección que ha señalado Murci-chan, empiezas a ver un resplandor. Al acercarse al túnel de la izquierda, ves que en la pared hay un saliente. O más bien la entrada a un túnel pequeño camuflado por unas telas del mismo color que la piedra. El túnel está por encima del nivel del agua, así que no está inundado. ¿Cómo puedes verlo si está camuflado? Porque las telas han sido rasgadas y destrozadas. Del interior del túnel llega la luz y escucháis fuego, como bien había dicho tu orejudo compañero.

Detenéis el bote y bajáis a la piedra. En ese momento, Alenda (Chicle) da un respingo de sorpresa y señala al suelo - Sangre. Y no es poca - cuesta un poco diferenciarlo por la oscuridad, pero al acercar los faroles veis que efectivamente el suelo está ensangrentado. Y parece reciente, aunque dado que no eres médico no sabrías decir cuánto. Está coagulada, así que no acaba de caer ya mismo. Las telas rasgadas también tienen manchas de sangre. Junto al charco, hay un arpón roto. Tus compañeros no parecen tener mucha prisa por entrar en el túnel, así que tendrás que actuar como un heroico líder y forzar a alguien a pasar primero. O podrías simplemente entrar tú.

Una vez entres en el túnel, la escena que os aguarda es simplemente horrenda. La luz provenía de una fogata que ilumina un campamento en torno al cuál están los restos destrozados de seis hombres y mujeres. Sangre y armas rotas decoran la escena de la masacre. Los cuerpos están... más o menos enteros, pero en muy mal estado, como si hubiesen sido asesinados con extrema violencia y ensañamiento. Es decir, quien (o lo que) los ha matado, no les llegó con quitarles la vida, sino que se aseguró de hacerles mucho daño. El farol de Alenda tiembla en su mano, mientras que Gopi no puede resistirlo y se vuelve corriendo al saliente, donde le escuchas vomitar en el agua.

Pero sabes que hay alguien vivo, así te lo ha dicho la Voz de la Causa. En una esquina puedes ver a un hombre agazapado sobre sí mismo, sujetando un machete ensangrentado. Tiene heridas horribles, no muy distintas a las de los otros. Está muy, muy débil y apenas parece consciente de sí mismo. Alenda se acerca y, tras vacilar un poco, acerca la mano y le toma el pulso - Necesita atención médica. No le queda mucho tiempo de vida.

Como si las palabras y el contacto lo hubiesen devuelto al mundo real, el moribundo se estremece y dice - ¡No! ¡Marchaos! Están... están dentro de todos. Intentamos evitarlo, pero salían de nosotros. Yo... - una convulsión interrumpe al hombre. Su voz es débil, su tono errático y sus ojos ahora están abiertos de par en par. Clava sus pupilas plenamente dilatadas en las tuyas y dice - No hay escapatoria... - entonces exhala y tras un último temblor, su cuerpo se queda inmóvil. Alenda niega con la cabeza y se aleja un par de pasos. Empieza a orar en silencio.

Aparte de los cadáveres, en el campamento hay varios cofres y mochilas, sacos de dormir y una olla pequeña de hierro cerrada al lado del fuego. La cueva se estrecha hacia el final hasta convertirse en un pasadizo oscuro tan pequeño que tendrías que entrar a cuatro patas. Hay algo... extraño en esta cueva. Las paredes parecen diferentes a los túneles principales. Como si no tuviesen el mismo origen.
#5
Lemon Stone
MVP
Escuchó la Voz de la Causa. Eran palabras oscuras, tétricas, siniestras. Sintió el miedo que se escondía en la oscuridad, que se aproximaba hacia ellos a medida que remaba sin descanso. Quiso volver atrás, regresar al Refugio en donde estaría a salvo, pero entonces imaginó a sus camaradas en peligro, muchos al borde de la muerte, y la Causa le dio la valentía que necesitaba para continuar con su misión. Además del dolor, el miedo y la desesperación, sintió una Voz diferente a la del resto, que estaba hacia el frente y, aparentemente, debajo del bote: un monstruo.
 
Continuó remando, sus sentidos aguzados y preparado para proteger a Murci-chan. Que sí, que también tenía pensado proteger a Chicles, pero entre la única persona que conoce los túneles y sabe leer un mapa y un hombre-murciélago de lo más risueño no hay por donde perderse; las prioridades deben estar claras. El caso es que llegaron a una plataforma elevada donde el agua no cubría la superficie. Chicles de inmediato notó que había sangre, tan aguafiestas como de costumbre. Dejó que jugara con los charcos de sangre coagulada mientras exploraba otros lugares, donde notó la presencia de un arpón roto. ¿Quién estaba intentando cazar una ballena? ¿O en serio había un monstruo en los túneles del Refugio?
 
Como sea, se internó en los túneles del frente. Unos metros más adelante había una fogata que intentaba sobrevivir entre tanta… muerte. Había más sangre, bastante más, y un montón de armas rotas. Seguramente sus desafortunados camaradas intentaron usarlas en vano, pues de todas formas sus cuerpos acabaron destrozados, como si se hubieran encontrado con una fuerza arrolladora y salvaje. Le hubiera gustado saber cómo murieron, pero esa era tarea de gente que se pasa años en una universidad aprendiendo del cuerpo humano, Lemon solo sabía golpear cosas con un martillo.
 
Escuchó el débil tintineo del farol de Chicles y los vómitos de Murci-chan. ¿Podía culparlos? A cualquiera se le retorcería el estómago al ver el estado de sus camaradas, a cualquiera menos al Adalid de la Causa. Se posó a la izquierda de su compañera y dejó caer con firmeza su mano en un intento de tranquilizarla.
 
-No tengas miedo, camarada, han muerto por un propósito más grande que nosotros -le susurró, completamente convencido de sus palabras-. Sígueme, todavía hay alguien con vida.
 
Se dirigió hacia una esquina, donde había un hombre moribundo que sostenía desesperanzadoramente un machete ensangrentado. Chicles se apresuró en tomarle el pulso, señalar que necesitaba atención médica, pero era demasiado tarde. Podía escuchar cómo la Voz dentro de él se hacía cada vez más débil hasta casi desaparecer. Aun así, tuvo tiempo para dejarles una advertencia casi encriptada, pues Lemon no entendió a qué se refería. Enfadado por tan inútil mensaje, le dio una bofetada para ver si despertaba. Nada. Le dio otra, esta vez con más fuerza. Nada. ¿Debería haberle dado con más fuerza…?
 
-Bueno, se nos ha muerto el último. Menos mal somos el Equipo de Exploración y Patrullaje y no la Cruz Roja -bromeó, casi indiferente ante la muerte de sus camaradas. Había dicho que murieron por algo más grande que ellos, es cierto, pero recibieron una muerte… patética. ¿Dónde estaban los discursos épicos, las canciones gloriosas, las solteronas bañadas en lágrimas? Cuando le llegase la hora esperaba tener un final legendario-. ¡Bien! ¡Manos a la obra! Amontonemos los cuerpos y quemémoslos -ordenó, convencido de que era una idea estupenda-. Dejemos que el Fuego de la Revolución purifique sus almas para que puedan encontrar el descanso en el más allá.  
 
  A continuación, generaría un montón de brazos de mantequilla para trasladar los cuerpos a un punto en común, ahorrando tiempo y esfuerzos. Luego, los bañaría en aceite para facilitar y acelerar la combustión. Posiblemente sus compañeros no estarían de acuerdo con el actuar del Agente, pero sabía lo que… No, en realidad no sabía lo que estaba haciendo. Solo quería ver fuego, mucho fuego. Y también porque tenía miedo de que los cadáveres tuvieran monstruitos germinando en su interior. Tenía una leve esperanza de que el fuego purificador acabase con toda la maldad allí presente, y que también redujese enormemente los costos por traslado de cuerpos, ataúdes, entierros y servicios de administración post-muerte. Quién sabe, quizás recibiese un bono a fin de mes por abaratar los costos de la misión.
 
Finalmente, exploraría con cuidado los cofres y mochilas. Con algo de suerte encontraría una carta secreta que revelase todos los misterios de la cueva, o una fotografía del monstruo devora hombres y destroza arpones. Ah, y vería el interior de la olla cerrada. Con tanto fuego y olor a carne asada le estaba entrando el apetito…

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#6
Derian Markov
Lord Markov
Cuando animas a Alenda (Chicles), ella simplemente asiente a tus palabras con el rostro pálido y te sigue hasta el cuerpo del moribundo. Cuando el hombre muere y haces tu chiste, ella le cierra los ojos con el rostro paralizado en una mueca de tensión y te dice, con voz débil y cansada - No creo que sea el mejor momento para hacer chistes. Supongo que intentas... levantar la moral. Agradezco el intento, pero esta gente se merece un poco más de solemnidad - no notas que te esté reprochando nada, solo parece triste.

Chicles no se opone a que intentes quemar los cadáveres e incluso te ayuda a arrastrarlos. Entonces Gopi (Murci-chan) viene apresuradamente desde el saliente y os observa sorprendido y alarmado - ¡¿Cómo que quemarlos?! ¡Estamos en una cueva pequeña! Cualquier cosa más grande que una fogata llenará esto de humo y...

- Gopi, hazle caso - interrumpe Chicles - Antes de morir, el último de ellos nos dijo que tenían algo en su interior. Podría ser algo peligroso o contagioso.

Murci suspira y deja de intentar convenceros de lo contrario. Acabas improvisando una pira funeraria con mantequilla y los cuerpos desmembrados. La tarea de recoger los restos es desagradable y asquerosa y ni Murci-chan ni Chicles parecen interesados en ayudarte con los que están en peor estado. Mueven alguno de los que están más entero, eso sí. Una vez los cuerpos están juntos, los empapas en la grasa de la mantequilla y les prendéis fuego. Los cuerpos empiezan a arder lentamente, satisfaciendo tu impulso pirómano. Qué bonito es el fuego.

Mientras tanto, empiezas a revisar las pertenencias de los desconocidos. Encuentras provisiones, redes, armas de diferente tipo, municiones y lo que parece un juego de cuchillos de formas extrañas que dudas que sean para combatir, demasiado delgados y estilizados. También encuentras un gran número de tarros de cerámica vacíos. Finalmente, en una de las mochilas encuentras un den den mushi dormido. Es de color verde, tiene pelo amarillo peinado hacia atrás, una cicatriz que le cruza los párpados del ojo izquierdo y una gabardina marrón. Parece uno de esos den den mushi personalizados que conectan por defecto con uno concreto.

En la olla encuentras un estofado de lo que parece carne de ternera con patatas con una salsa espesa. Huele muy bien, aunque no parece que tus compañeros tengan ganas de comer ahora mismo. Las llamas de la pira empiezan a crecer y liberar humo y calor, cada vez es más incómodo mantenerse en esta gruta. Tal vez sea el momento de avanzar por la cueva pequeña o volver a la galería principal, al bote. De hecho, empiezas a sentirte un poco mareado.
#7
Lemon Stone
MVP
Sintió confusión. El único momento inapropiado para hacer chistes es cuando se está con cagadera y muy lejos del baño. Entendía que su camarada tuviera cierta sensibilidad con el hombre recién muerto, pero ¿sacaría algo con llorar, con expresar solemnidad? La Causa exige sacrificios, de lo contrario, cualquiera lucharía en su nombre. No, el compañero asesinado no merecía solemnidad ni pesimismo, mucho menos lamentos, lo que merecía era seguir hacia delante y saber qué diablos estaba sucediendo en esos malditos túneles.

-Murci-chan, el fuego es el corazón del Ejército Revolucionario. Estas llamas purificarán los cuerpos y las almas de nuestros compañeros caídos -le respondió, sumado al comentario bastante oportuno de Chicles-. Además, podemos lidiar con un poco de humo. Solo será un poco. A mí me preocupa más el olor, quién sabe si el aroma a carne asada atrae a los monstruos de los túneles.

Juntar cuerpos desmembrados y en pésimo estado causaba un sonido similar al presionar un trozo de carne de res extra jugoso. Era asqueroso, pero con un poco de imaginación a su favor lo soportaba mejor. Utilizó un brazo de mantequilla para atraer el cuerpo de un hombre, pero cuando jaló este se separó a la mitad. ¿Desde cuándo los cadáveres son tan débiles? ¿Es que acaso los fabrican en China, sea lo que sea esto? Una vez saliese de los túneles elevaría un reclamo a los altos mandos de la Armada; iba a exigir que entrenasen mejor a los reclutas, pues se desarman con facilidad.

Tras inspeccionar las pertenencias de los camaradas recién caídos, se apropió de algunas de estas bajo el pretexto de confiscación obligatoria y para-nada-egoísta. Probablemente un tarro de cerámica le serviría para comer más tarde, y el den den mushi personalizado le recordaba a… Bueno, a nadie. No se imaginaba a nadie que tuviera un estilo tan horripilante, aunque la cicatriz le daba un buen toque. Lo tomó solo porque, eventualmente, surgiría en él la necesidad de coleccionar caracoles parlanchines.

-Ejem, ejem… Si nadie quiere estofado… -Pateó la olla con intención de que todo el contenido se desperdigase por el agua, solo para parecer violento-. Y hecho esto, larguémonos de aquí. Me gusta el humo, pero el humo de los cigarrillos, no el que proviene de cadáveres calcinados. Y me estoy sintiendo medio mal, así que avancemos.

Junto a su equipo, el Adalid de la Causa avanzó por el túnel pequeño, teniendo que pasar a cuatro patas a través de este. Una vez encontrase un lugar amplio y cómodo, lejos del humo y en un sitio relativamente seguro, llamaría por el den den mushi.

-¿Aló, aló? ¿Venden pizzas de peperonni? Bueno, prefiero las de tocino y aceitunas. Quiero una para llevar en nombre del Ejército Revolucionario -dijo con tono gracioso.

Resumen
#8
Derian Markov
Lord Markov
La cabeza te da vueltas. Parece que has respirado más humo del que creías, a pesar de que hace poco que habéis prendido fuego a la pira funeraria. Bueno, al menos no deberíais respirar más en este pequeño túnel. Mientras avanzáis a cuatro patas, te das cuenta de algo extraño: en el suelo del pequeño túnel hay lo que parecen vías de tren en miniatura, con sus pequeñas traviesas de madera y sus carriles de metal. La vía tiene un ancho poco mayor que tu mano extendida de meñique a pulgar, algo menos de treinta centímetros.

Mientras avanzáis gateando, notas extraños sonidos a tu alrededor. Parece como si el sonido retumbase a lo largo del túnel. Cuando sacas el den den mushi y este empieza a llamar, los sonidos del caracol te llegan distorsionados y extraños. Casi como si hubiese alguna especie de extraño efecto sonoro en este sitio, una forma extraña de eco. No te cogen de inmediato, parece que la persona al otro lado de la línea está ocupada o no tiene prisa por descolgar.

Acabáis llegando a una trifurcación: a derecha e izquierda, los túneles continúan y se pierden en la oscuridad. De hecho, aquí no ves demasiado, la luz de la hoguera ha quedado atrás y tu enorme cuerpo tapa el farol de Chicles. Tal vez quieras pedírselo para poder ver bien. En cualquier caso, dije que era una trifurcación: hay un tercer camino delante vuestra que termina escasos cinco metros más adelante. El túnel se abre hacia una estancia más amplia. Si entras, verás que es una especie de almacén. Aquí puedes caminar de rodillas si vas agachado. Es más alto y ancho que el túnel, pero sigue siendo demasiado bajo para un humano (y si lo es para un humano medio, más para ti).

El almacén tiene una mesa en miniatura de metal que parece sucia y algo oxidada. Al lado hay una caja llena de instrumentos metálicos tan pequeños que ni siquiera puedes identificar bien la mayoría, aunque reconoces un cuchillo de carnicero y un serrucho. El resto del almacén está lleno de cajas que podrían caberte en la palma de la mano. Mientras estás en el almacén (o, si no has entrado, mientras recorres otro túnel), alguien te coge al fin la llamada.

- ¿Es esto una broma? Creí haber sido claro con que esta línea era solo para asuntos importantes - la voz al otro lado suena aguda, como de una mujer o un niño, pero al mismo tiempo extrañamente inquietante. Suena a alguien que suele estar al mando o acostumbrado a dar órdenes.
#9


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