
Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
15-01-2025, 03:41 PM
El tabernero, un hombre robusto con un parche en el ojo y un rostro curtido por las experiencias de su vida en el puerto, escuchó con atención tus preguntas mientras limpiaba un vaso con un trapo que parecía más sucio que los propios vasos que debía limpiar. Su ojo, oscuro y de mirada cansada, se iluminó levemente al ver las monedas bajo tu mano. No había duda de que, a pesar de su aspecto imponente, algo en tu presencia, o traído a la mesa, le hizo suavizar la expresión.
— Se te agradece la música, señorita. No todos los días se escucha algo así por aquí. — Respondió con una mezcla de gratitud y nerviosismo, echando una rápida mirada hacia los hombres de la esquina. — Sobre esos tipos... bueno, vienen de vez en cuando. No son los más ruidosos, pero tampoco los más normales. — El tabernero se inclinó un poco, bajando la voz como si te confiara un secreto. — Les llaman "Los Marineros Melódicos". No son mercenarios... son músicos, o así se hacen llamar. — Finalizó abruptamente pues justo en ese momento, la puerta de la cocina se abrió de golpe con un sonoro portazo, y una mujer con las mejillas enrojecidas y un moño despeinado irrumpió en la escena. Así es, era la mesera que te atendió al principio y que había desaparecido, su voz ahora resonó como un trueno en toda la taberna captando la atención de todos por un instante.
— ¡ERICK! ¿QUÉ DEMONIOS HICISTE CON LA MERMELADA DE FRAMBUESA? ¡ESTÁ POR TODA LA COCINA! — Gritó con enojo palpable, señalando al mesero misterioso de cabello verde y mangas manchadas, que bajó la cabeza como un niño regañado mientras se limpiaba la manga con evidente incomodidad, un claro novato en la taberna. Sin embargo, el tabernero solo soltó una carcajada breve y carraspeó al ver esta escena que parecía haber sido común a lo largo de todo el día. — Es su primer día... y es un desastre. Pero es un buen chico. — Dijo encogiéndose de hombros antes de volver la mirada hacia los hombres en la esquina.
Justo en ese momento, uno de los hombres, el narizón, se levantó con un suspiro y caminó hacia la puerta con una expresión de fastidio. Cuando cruzó el umbral, lo siguiente en escucharse fue un grito desde fuera. — ¡Lo olvidaste OTRA VEZ, Will! ¡La guitarra! — Exclamaba desde fuera, resonando con enojo como un eco dentro de la taberna.
Acto seguido, el hombre narizón regresó apresurado con el que se había marchado anteriormente mientras tocabas, ambos con el rostro aún más rojo que antes, cargando una guitarra gastada pero bien cuidada. — ¡Cielos, siempre la olvido! — Dijo riendo mientras sus compañeros suspiraban al unísono y sacaban de sus bolsos una serie de instrumentos como una flauta, un tambor pequeño, y hasta un contrabajo plegable.
Los murmullos en la taberna se transformaron en risas y comentarios curiosos mientras los hombres se preparaban para tocar. Parecía que tus sospechosos asesinos eran, en realidad, un grupo de músicos aficionados que habían sido intimidados por tu maestría con el violín. Fue entonces cuando el tabernero te miró con una sonrisa que intentaba no ser burlesca. — La verdad es que estaban esperando su turno para tocar... pero después de lo que tocó, señorita... bueno, digamos que les dio un poco de miedo hacer el ridículo gracias a tu gran espectáculo. — Finalizó con un tono amable y ligeramente burlón.
Por último, la mesera pasó junto a ti con una bandeja en la mano, todavía murmurando enojada con Erick sobre la mermelada de frambuesa. Mientras, el joven mesero se dirigía rápidamente hacia la cocina para intentar limpiarla con su característica torpeza de novato.
Ahora, Katharina, la revelación había disipado parte de la tensión... pero la noche aún era joven, y nunca se sabe cuándo la verdadera amenaza puede ocultarse tras una máscara de cotidianidad, todo lo que parecía un posible factor contra ti ahora se alzaba como un simple y cotidiano mal entendido. ¿Disfrutarás el momento y permitirás que estos "Marineros Melódicos" intenten sorprenderte con su música? ¿Le ofrecerás un dueto a los marineros melodicos? ¿O prefieres salir de la taberna con la certeza de que has mostrado tu dominio sin rival? Una cosa es clara: lo que parecía una amenaza mortal se ha convertido en una escena de comedia inadvertida, pero solo tú puedes decidir si realmente te puedes permitir bajar la guardia o si como tu paranoia acostumbra, debes mantener la guardia en alto.
— Se te agradece la música, señorita. No todos los días se escucha algo así por aquí. — Respondió con una mezcla de gratitud y nerviosismo, echando una rápida mirada hacia los hombres de la esquina. — Sobre esos tipos... bueno, vienen de vez en cuando. No son los más ruidosos, pero tampoco los más normales. — El tabernero se inclinó un poco, bajando la voz como si te confiara un secreto. — Les llaman "Los Marineros Melódicos". No son mercenarios... son músicos, o así se hacen llamar. — Finalizó abruptamente pues justo en ese momento, la puerta de la cocina se abrió de golpe con un sonoro portazo, y una mujer con las mejillas enrojecidas y un moño despeinado irrumpió en la escena. Así es, era la mesera que te atendió al principio y que había desaparecido, su voz ahora resonó como un trueno en toda la taberna captando la atención de todos por un instante.
— ¡ERICK! ¿QUÉ DEMONIOS HICISTE CON LA MERMELADA DE FRAMBUESA? ¡ESTÁ POR TODA LA COCINA! — Gritó con enojo palpable, señalando al mesero misterioso de cabello verde y mangas manchadas, que bajó la cabeza como un niño regañado mientras se limpiaba la manga con evidente incomodidad, un claro novato en la taberna. Sin embargo, el tabernero solo soltó una carcajada breve y carraspeó al ver esta escena que parecía haber sido común a lo largo de todo el día. — Es su primer día... y es un desastre. Pero es un buen chico. — Dijo encogiéndose de hombros antes de volver la mirada hacia los hombres en la esquina.
Justo en ese momento, uno de los hombres, el narizón, se levantó con un suspiro y caminó hacia la puerta con una expresión de fastidio. Cuando cruzó el umbral, lo siguiente en escucharse fue un grito desde fuera. — ¡Lo olvidaste OTRA VEZ, Will! ¡La guitarra! — Exclamaba desde fuera, resonando con enojo como un eco dentro de la taberna.
Acto seguido, el hombre narizón regresó apresurado con el que se había marchado anteriormente mientras tocabas, ambos con el rostro aún más rojo que antes, cargando una guitarra gastada pero bien cuidada. — ¡Cielos, siempre la olvido! — Dijo riendo mientras sus compañeros suspiraban al unísono y sacaban de sus bolsos una serie de instrumentos como una flauta, un tambor pequeño, y hasta un contrabajo plegable.
Los murmullos en la taberna se transformaron en risas y comentarios curiosos mientras los hombres se preparaban para tocar. Parecía que tus sospechosos asesinos eran, en realidad, un grupo de músicos aficionados que habían sido intimidados por tu maestría con el violín. Fue entonces cuando el tabernero te miró con una sonrisa que intentaba no ser burlesca. — La verdad es que estaban esperando su turno para tocar... pero después de lo que tocó, señorita... bueno, digamos que les dio un poco de miedo hacer el ridículo gracias a tu gran espectáculo. — Finalizó con un tono amable y ligeramente burlón.
Por último, la mesera pasó junto a ti con una bandeja en la mano, todavía murmurando enojada con Erick sobre la mermelada de frambuesa. Mientras, el joven mesero se dirigía rápidamente hacia la cocina para intentar limpiarla con su característica torpeza de novato.
Ahora, Katharina, la revelación había disipado parte de la tensión... pero la noche aún era joven, y nunca se sabe cuándo la verdadera amenaza puede ocultarse tras una máscara de cotidianidad, todo lo que parecía un posible factor contra ti ahora se alzaba como un simple y cotidiano mal entendido. ¿Disfrutarás el momento y permitirás que estos "Marineros Melódicos" intenten sorprenderte con su música? ¿Le ofrecerás un dueto a los marineros melodicos? ¿O prefieres salir de la taberna con la certeza de que has mostrado tu dominio sin rival? Una cosa es clara: lo que parecía una amenaza mortal se ha convertido en una escena de comedia inadvertida, pero solo tú puedes decidir si realmente te puedes permitir bajar la guardia o si como tu paranoia acostumbra, debes mantener la guardia en alto.