
Arthur Soriz
Gramps
17-02-2025, 02:41 AM
¡LIBÉRALAS!
Tu voz resonó no solamente en aquella cúpula, pero se extendió con un eco ensordecedor que paralizó todo a su paso. Tu pecho ardía no solamente por el dolor de haber visto a un ser querido perecer por el capricho insano de un ser descorazonado y enloquecido por la envidia y el dolor, pero también por el simple hecho de que algo dentro de ti había despertado y no eras consciente de que había sucedido. Tu corazón latía a mil por hora, tus lágrimas se perdían en la infinidad salitre del mar oscuro del Fiordo de Jörmungandr. Tus seres más allegados, tu familia... que te había visto crecer no eran más que títeres para esa abominación que con un ego tan inflado se había apoderado de tu gente hasta el punto de que los de la superficie no solo desconfiaban de ellas... les temían incluso.
Pero ahora, tú... que tanto habías vivido. Con esos crueles recuerdos que cargabas contigo constantemente. El dolor de haber sido enviada a un lugar lejos como una esclava, como una sirvienta... un juguete para el entretenimiento de seres que se creían no mejores que tú, es que directamente se veían a si mismos como seres divinos, mucho más allá de la comprensión mundana. Las cicatrices no solamente en tu cuerpo pero tu mente, todo lo que tuviste que soportar había moldeado tu voluntad, como una botella de gaseosa a la que agitas una y otra vez... y ahora, su tapa se había salido.
Toda tu angustia, tu pena, tu dolor, tu enojo y frustraciones salían con violencia desembocando en toda tu voluntad volviéndose tangible en este mundo. Un aura que se expandió por casi cien metros de distancia... lo suficiente no solo para abarcar a la gente que estaba aquí adentro, pero todo ser que pudiera estar alrededor.
Fue una explosión de poder, de dominación desesperada por volver a lo que alguna vez fue... pero que en el fondo sabías que nunca sería así. Y así con todo, esos escasos momentos se sintieron como una eternidad, en las que cada una de las sirenas fueron cayendo una a una. Tu madre te miraba con una dulce sonrisa plasmada en su rostro. Una sonrisa sincera y llena de orgullo en su mirar. A pesar de intentar soportarlo, cayó inconsciente ante tu explosión de voluntad... ¿cómo podrías saberlo? Si ni tu misma sabías que tenías esa capacidad guardada en tu corazón.
Las dos aliadas de Scylla también cayeron, sus ojos yéndose en blanco y quedando flotando en el agua. La única que quedó en pie pero completamente espantada fue la abominación que se hacía llamar tu vieja amiga. Se escondió dentro de la caparazón de almeja que usaba como transporte, cerrándola casi por completo.
Un silencio sepulcral se plantó en el lugar, y a medida que te dabas cuenta lo que había pasado, lo único que escuchabas era el silencio del mar, ocasionalmente interrumpido por un sollozo no solamente temeroso, pero dolido, traumatizado. Gradualmente aquellas marcas en los cuellos de tu gente se fueron desvaneciendo, probablemente habiendo terminado el 'control' que ese ser horrible tenía sobre ellas. La caparazón que la cubría, aquella concha de mar dura y oscura llena de balanos, temblaba tiritando cual chihuahua nervioso, tan solo escuchando una única frase que se repetía una y otra vez como un disco rayado.
— Solo quería... que fueras mi amiga, ¿por qué me olvidaste... por qué me dejaste atrás?
Su voz, ahora carente de la cacofonía del resto de voces te resultaba familiar. Era tan familiar de hecho que despertaba en ti una incómoda sensación. Recordabas tiempos de infancia que quedaron muy atrás, de tardes de risas, y de una figura que entre las sombras siempre te acompañaba. Una figura famélica, de mirada extraña y sonrisa débil que te seguía a todos lados incluso cuando tú le pedías que no lo hiciera. Una sirena frágil, tímida y probablemente no muy bien del todo de la cabeza. Aquella sirena quería ser tu amiga casi de forma obsesionada... sea porque había visto algo en ti que no veía en las demás, o simplemente por el hecho de que algo que hiciste con ella la marcó para toda su vida...
Y así era, a medida que escuchabas ese sollozo, lo recordabas como si hubiera sucedido ayer.
[ · · · ]
Eran ya las siete y media de la tarde, quizás más. Volvías de tus paseos usuales en la superficie, de hablar con Torfi y escuchar sus mil y un historias sobre vivencias en altamar y criaturas mitológicas que te dejaban completamente maravillada. Camino a tu hogar, nadando acompañada de peces... escuchaste un sollozo particular, dolido y con miedo. Lo sentías tan solo al escuchar su tonada. Cuando te acercaste a dicho sollozo, viste a una pobre criatura, indefensa... débil, frágil. Fea incluso bajo los estándares de una sirena, pero lo era igual. No tenía todas esas facciones grotescas como brazos de morena ni una caparazón gigante, pero su rostro era igual... con sus ojos enrojecidos que no sabías si era por llorar o eran así por naturaleza, sus dientes filosos como navajas.
Te miró, espantada. Se veía que estaba llena de moretones, y su cola estaba tan enredada en lo que parecía ser una vieja red llena de ganchos y anzuelos, que se había enmarañado y lastimado hasta el punto en que la punta de su cola estaba hecha añicos, probablemente imposible de recuperar o curar a estas alturas.
Casi sin pensártelo dos veces decidiste ayudarla, incluso cuando ella decía que estaba bien... que merecía estar ahí. Una mente rota, absolutamente entregada al olvido, a la muerte. Ya no tenía fuerzas para seguir luchando, se había dado por vencida. Pero llegaste tú, y le diste un nuevo propósito. Te miró no solo como una sirena, una compañera... te miró como su salvadora. Desde ese día, no te la pudiste sacar de encima... incluso cuando lo intentabas, ella lo malinterpretaba y se obsesionaba incluso más. Te llamaba su mejor amiga, la única que la entendía.
La única que la ayudó.
[ · · · ]
Lentamente las sirenas iban despertando, y para tu improbable sorpresa... incluso aquella a la que Scylla parecía haber quebrado su cuello al apretarla. ¿Cómo era eso posible? Y entonces lo viste... un trozo de la caparazón de Scylla estaba roto, quebrado, como si ella misma hubiera hecho fuerza para que al apretar el cuello de tu familiar, se escuchase el sonido de un "hueso" quebrándose. ¿La inconsciencia de dicha sirena? ... Una actuación, forzada por el control que tenía la abominación sobre todas... como si fueran títeres y nada más.
Un evento, un show... macabro, solamente para ti; su mejor amiga.
Tu sentimiento aún así era verdadero. Todo el dolor que sentiste, la frustración, tu gente siendo manipulada y sus voces usurpadas. La crueldad de hacerte pensar que había matado a uno de tus seres queridos nada más por un capricho obsesionado de una mente rota. No tenía justificación, y quizás... siquiera merecía el perdón.
Y ella tampoco lo estaba pidiendo...