Hay rumores sobre…
... una isla del East Blue donde existen dos escuelas de combate enfrentadas. Estas escuelas hacen especial referencia a dos personajes de la obra original.
[Aventura] [T2] Hay deudas que saldar (Parte 2)
Airok
La Reina Rubí
Personaje


Airok bajó la mirada hacia el suelo y dejó escapar una sonrisa, pequeña, contenida, pero imposible de disimular del todo. Es imposible que haya sido tan fácil pensó. Sabía que aceptar significaba meterse de lleno en la boca del lobo, pero era exactamente donde quería estar.

Todo encajaba. Había decidido hacerse notar para acercarse al líder de la banda, y ahora lo tenía al alcance de la mano. La estrategia en este tipo de situaciones siempre era flexible: adaptarse al momento, ganar confianza, mantener el control. No siempre salía según el plan, pero si alguien sabía cómo jugar con fuego, era ella, y le encantaba.
Con calma, Airok se acomodó en la silla antes de levantarse. Extendió su mano hacia el hombre, sus movimientos calculados, dejando entrever una mezcla de cortesía y control.

No será necesario ponernos complicados — dijo, con una sonrisa que apenas rozaba la ironía— Si sabes dónde aprovechar el talento, cuenta conmigo. —

El hombre tomó su mano, sin apartar los ojos de los suyos. Airok aprovechó el contacto para levantarse con un movimiento fluido y elegante, dejando claro que no era alguien que se apresurara ni se intimidara.

Sin prisa, caminó hacia la puerta, cada paso marcado con una seguridad que acalló los murmullos a su alrededor. La luz tenue de las lámparas de aceite parpadeaba a su paso, dibujando sombras alargadas que parecían seguirla como un eco. Al llegar al centro del camino, justo entre los dos matones, redujo ligeramente el ritmo. Se deslizó entre ellos con una fluidez que no dejaba espacio para dudas. Fue a propósito, como si su mera presencia pudiera hacerlos titubear. Les dedicó una mirada breve, pero intensa, primero a uno y luego al otro. No hubo palabras, solo un destello en sus ojos verdes que hablaba más fuerte que cualquier amenaza verbal: un recordatorio de que no eran más que obstáculos menores en un tablero mucho más grande.

Cuando llegó al umbral, Airok se detuvo por un instante, inclinando ligeramente la cabeza hacia el hombre. Fue un gesto casi imperceptible, pero cargado de intención, como si quisiera dejar claro que no solo estaba jugando su juego, sino que además pensaba ganarlo.

Vamos a ver qué tienes para mí, Rodrik ” pensó mientras cruzaba el marco de la puerta, dejando tras de sí un silencio pesado, roto únicamente por el susurro del viento que entraba desde el exterior.

Resumen
#11
Bora
la cazadora dorada
Personaje


Bora se movió en las sombras, observando con una precisión casi felina el intercambio que se desarrollaba frente a ella. La taberna, que había estado cargada de tensión, ahora parecía vibrar con una nueva capa de incertidumbre. El recién llegado, un hombre con una presencia imponente, se había acercado a la pelirroja, un toque de autoridad en su tono. Airok, como una serpiente, no había titubeado. Había respondido con calma, control y una sonrisa cargada de ironía.

Bora no estaba allí para hacer ruido ni para llamar la atención. Su objetivo no era interrumpir el juego, sino observarlo, analizar cada palabra, cada gesto. Airok se levantó de la mesa con la fluidez de quien sabe exactamente lo que está haciendo. Sus movimientos eran calculados, casi como si cada paso hubiera sido ensayado con antelación. El hecho de que no se dejara intimidar por el hombre y sus dos matones demostraba algo que Bora ya había notado: Airok era peligrosa, y no tenía intención de ceder.

Bora se acercó un poco más, aprovechando el revuelo que había dejado el intercambio de miradas entre Airok y el recién llegado. Sin hacer ruido, como una sombra que se funde con la oscuridad, se mantuvo cerca, evaluando cada movimiento. La puerta de la taberna se abrió con fuerza, dejando entrar una ráfaga de aire fresco que hizo titilar las lámparas, y en ese momento, el grupo comenzó a moverse hacia la salida.
La pelirroja avanzaba con la seguridad de quien no teme lo que viene, y Bora, con sus ojos dorados fijos en ella, entendió al instante: Airok no era alguien que pudiera ser fácilmente manipulada. Su postura, su forma de caminar, todo indicaba que había algo más en juego, algo que Bora aún no podía descifrar completamente. Pero eso solo aumentaba su interés.
Con un leve gesto, Bora ajustó la posición de su cuerpo, asegurándose de que no perdería de vista a su objetivo. No necesitaba seguirlos de cerca, pero sí lo suficiente como para captar cualquier indicio de lo que ocurriría a continuación. De vez en cuando, sus ojos se deslizaban hacia los dos matones de Rodrik. A pesar de su tamaño y actitud intimidatoria, parecían ser solo piezas en el tablero. Los verdaderos movimientos estaban sucediendo en la conversación entre Airok y el hombre de la chaqueta raída.
Bora sabía que no era el momento de actuar. Era más prudente seguir en las sombras, estudiar las reacciones de los involucrados, entender el trasfondo de esta intrincada danza de poder y ambición. Podía sentir la presión creciente, el riesgo de que su presencia fuera notada. Pero no se apresuró. La paciencia siempre había sido una de sus virtudes, y ahora lo era más que nunca.
Cuando Airok cruzó la puerta, Bora esperó unos momentos antes de dar un paso hacia la salida. No seguiría de inmediato, pero sí estaba lista para moverse cuando fuera necesario. La caza no siempre era un sprint; a veces, lo mejor era esperar a que las piezas se movieran solas.


Resumen
#12
Jack Silver
-
Almacén Rojo, Loguetown
Verano del año 724

El Almacén Rojo hacía honor a su nombre. Su fachada, erosionada por el tiempo y la humedad del puerto, lucía un tono rojizo que recordaba tanto a la pintura desgastada como al óxido que se acumulaba en clavos y bisagras. Situado en un rincón poco frecuentado de Loguetown, el edificio proyectaba una falsa imagen de abandono. En su interior, sin embargo, los murmullos apagados y los sonidos de cajas arrastradas delataban una actividad constante.

Airok caminaba detrás del hombre de la chaqueta raída, acompañada por los dos matones. Aunque mantenía una expresión relajada, cada paso era deliberado y cada mirada calculada. El grupo avanzaba con un aire de superioridad que pretendía intimidar, pero Airok podía percibir algo más, una inseguridad latente en los pequeños gestos de los matones, como si la confianza en su posición fuera más delgada de lo que querían mostrar.

Cuando la puerta del almacén se abrió con un chirrido prolongado, reveló un interior oscuro y desordenado. Las cajas apiladas y los barriles desperdigados transformaban el espacio en un laberinto claustrofóbico. Una lámpara de aceite proyectaba una luz parpadeante sobre una figura que aguardaba en el centro: Rodrik el Flaco. Su aspecto coincidía perfectamente con la descripción de Marlow. Delgado al punto de parecer enfermizo, con ojos hundidos que brillaban con malicia y una sonrisa torcida que tenía más de amenaza que de cordialidad.

—¿Así que esta es la mujer que ha causado tanto revuelo últimamente? —dijo Rodrik, inclinándose hacia adelante en su silla como un buitre que observa una presa vulnerable—. Interesante... Pero dime, pelirroja, ¿qué crees que puedes ofrecerme?

El tono de Rodrik era casual, pero sus ojos no dejaban de analizarla, buscando fisuras en la confianza que Airok proyectaba. Los dos matones permanecían cerca, observándola con la misma mezcla de desconfianza y curiosidad. La atención centrada en ella le otorgaba cierto margen de maniobra, aunque cualquier movimiento imprudente podría transformar aquel encuentro en un enfrentamiento.

Mientras tanto, a cierta distancia, Bora seguía con cautela los movimientos del grupo. Manteniéndose en las sombras de los edificios cercanos, evitando los callejones más transitados hasta alcanzar el almacén. La mink pudo estudiar la estructura: las puertas principales, bien vigiladas, eran una opción descartada. Sin embargo, un vistazo más atento reveló grietas y aberturas en las paredes laterales, propias de un edificio viejo que había resistido demasiadas tormentas.

Una pequeña abertura en la madera, apenas perceptible, le ofrecía una vista parcial del interior. Desde allí, pudo distinguir la figura de Rodrik y captar retazos de su conversación con la pelirroja. La atmósfera dentro era pesada, con cada palabra cargada de un potencial estallido.

Bora se mantuvo inmóvil, con los sentidos alerta, pues debía considerar bien sus opciones. Podía esperar y observar cómo se desenvolvía la situación, pero el riesgo de que algo saliera mal era alto. Una intervención bien calculada podría darle la ventaja que necesitaba, aunque también pondría en juego su anonimato.



Información
#13
Airok
La Reina Rubí
Personaje


Airok cruzó el umbral del almacén con la misma elegancia con la que se había movido en la taberna, pero ahora con un toque más calculado. Sus pasos eran firmes, su postura relajada, como si todo estuviera ocurriendo bajo sus propios términos. Aun así, cada pequeño detalle quedaba grabado en su mente.
El lugar estaba lejos de ser un simple almacén abandonado. El olor a madera húmeda y pólvora vieja se mezclaba con el de cajas recién movidas y barriles apilados al azar, creando un ambiente cargado de actividad. A pesar del desorden aparente, era fácil notar que allí se hacían negocios con más frecuencia de la que querían aparentar.

Rodrik el Flaco la observaba desde su asiento con una sonrisa torcida que no ocultaba su intención de analizarla a fondo. Los dos matones que la habían escoltado permanecían cerca, pero era evidente que no estaban del todo cómodos con la situación.

Airok inclinó ligeramente la cabeza con una leve sonrisa, dejando caer sus palabras con la misma naturalidad con la que uno comenta el clima:
Apenas llevo un par de días aquí y dudo que hayas escuchado de mi existencia antes de esta mañana. Confío en que eso sea carta de presentación suficiente.—

Mantuvo el contacto visual con Rodrik sin esfuerzo, como si no estuviera en un almacén rodeada de desconocidos, sino en una mesa negociando un trato ya ganado.
Y en cuanto a tu pregunta… supongo que depende de lo que estés buscando. No quiero hacerte perder el tiempo, y cuento no perderlo yo tampoco.—

Su tono era sereno, pero con un filo apenas disimulado. No sonaba desafiante, pero tampoco dispuesta a complacer sin más. Un equilibrio delicado, uno que había aprendido a manejar con soltura.

Mientras hablaba, sus ojos recorrieron el lugar con precisión. Las cajas apiladas creaban posibles puntos ciegos, y las sombras en los rincones podrían esconder más hombres. Localizó la puerta trasera, entreabierta, posiblemente con alguien de guardia. Si las cosas se torcían, saber dónde moverse le daría ventaja.

Ahora, la pelota estaba en el tejado de Rodrik.

Resumen
#14
Bora
la cazadora dorada
Personaje


No había sido fácil seguirles sin que se diesen cuenta, el camino hasta aquel destartalado y herrumbroso almacén se había convertido en una pequeña odisea ya que tratar de evadir no solo a los posibles hombres de Rodrik si no también a cualquier transeúnte que pudiera alarmarse por su aspecto fue una molestia.

Afortunadamente había conseguido posicionarse en un edificio colindante al almacén, desde allí podía oler no solo la brisa marina que procedía del puerto sino el hedor a herrumbre que emanaba el propio edificio, aquél lugar no era para nada lo que parecía a simple vista, pudo comprobarlo desde la cercanía, a través de una pequeña rendija en el lateral del edificio. Aquellas cajas apiladas y pasillos llenos de estantes rojizos estaban infectados de la mas baja calaña de la ciudad, y en medio de todo aquel esperpento se encontraba la pelirroja. 

De tanto seguirla, se había percatado de alguna que otra cosa e incluso comenzó a pensar en una vía diferente de escape, ¿Y si en lugar de robarle el collar la usaba para robar a Rodrik mientras se entretenían con ella? ¿Y si la pelirroja podía ser su propia vía de escape de ese trato que cada vez sonaba más a papel mojado en su cabeza? Todas esas preguntas rondaban por su cabeza mientras ella se encontraba agazapada al borde de aquella ruinosa azotea, tenía que llegar a una determinación y tenía que hacerlo rápido, pues desde su perspectiva aquella conversación que prácticamente era inaudible no duraría eternamente. A estas alturas Bora tenía 3 opciones: 

Primera opción: seguir esperando y observar. La pelirroja parecía capaz de manejar a Rodrik por ahora, y una intervención prematura podría arruinar cualquier ventaja futura.

Segunda opción: moverse sigilosamente dentro del almacén, aprovechar las sombras y ganar una mejor posición para escuchar más detalles de la negociación. Era arriesgado, pero le permitiría ver más de cerca cuántos hombres estaban realmente en el lugar, qué tan vigilada estaba la salida trasera y si era posible robar el collar que formaba parte del trato

Tercera opción: preparar una distracción. Un ruido en el exterior, un movimiento inesperado en el puerto cercano… algo que desviara la atención lo suficiente como para que, si las cosas se torcían, la pelirroja tuviera una oportunidad de actuar sin quedar completamente rodeada y aprovechar la situación para robar las llaves que le habían prometido, dejando atrás cualquier tipo de trato.

-¡Aahhss!- Refunfuñó en tono bajo. - Estoy harta de tanta espera, ese maldito de Rodrik con aspecto de ave carroñera, estoy segura de que todo lo que me dijo era mentira, seguramente aunque consiga ese maldito collar no me dará las llaves para los grilletes.- Bora comenzó a verbalizar todos los pensamientos que tenía enmarañados desde hace rato. - La caza no es divertida si al final no voy a conseguir nada, ese desgraciado seguramente termine intentando venderme aunque consiga lo que él quiere. ¡Lo he decidido! Hagamos un poco de ruido.- 


Resumen
#15
Jack Silver
-
Almacén Rojo, Loguetown
Día 30, Verano del año 724

La penumbra del Almacén Rojo parecía volverse más densa con cada segundo que pasaba. La lámpara de aceite chisporroteó por un instante, proyectando sombras distorsionadas en las paredes desgastadas. En el centro de la escena, Rodrik el Flaco mantenía la mirada fija en Airok, con su sonrisa torcida insinuando que ya había tomado una decisión sobre ella… aunque aún no la había dicho en voz alta.

Eres directa —murmuró finalmente, con un tono que no dejaba claro si era un halago o una advertencia—. Me gusta eso. Pero en este negocio, las palabras no son suficientes.

Se reclinó en su asiento, con la calma estudiada de alguien acostumbrado a estar al mando. Uno de los matones dio un paso adelante, como si esperara una orden, aunque Rodrik alzó una mano, frenándolo, sin apartar los ojos de Airok.

Tengo un problema que podrías solucionar si realmente quieres demostrar que vales la pena. Nada complicado… Solo quiero ver si estás hecha para esto.

Dejó que sus palabras flotaran en el aire por un instante antes de incorporarse levemente. La lámpara de aceite parpadeó con el movimiento, acentuando la malicia en su expresión.

Hay alguien que empieza a suponerme un problema. Una pequeña ladrona que ha estado husmeando demasiado. Una jodida mink entrometida.

Su voz goteaba desdén con cada palabra.

Haz que desaparezca. Me da igual cómo.

Los matones de Rodrik asintieron con aprobación, como si esa tarea fuera una simple formalidad. Pero Airok comprendía que esto no era solo una prueba. Era una advertencia.

Fuera del almacén, Bora había logrado moverse sin ser detectada, pero la mención de su raza hizo que sus sentidos se agudizaran aún más. Rodrik se refería a ella. Desde su posición, podía ver los gestos de los hombres dentro. La tensión se disparó. Ahora no era solo Airok quien tenía una elección que hacer… Bora también estaba en peligro.

Rodrik se acomodó de nuevo en su asiento, con el aire satisfecho de alguien que ya ha dictado sentencia.

Si lo solucionas, me demostrarás que puedo contar contigo. Y sabré recompensarte adecuadamente

Se hizo el silencio en el almacén. La decisión estaba en manos de Airok y Bora.

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#16


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