Hay rumores sobre…
... que existe un circuito termal en las Islas Gecko. Aunque también se dice que no es para todos los bolsillos.
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[Aventura] [T5] La Cabalgata de la Walkyria - Parte 2
Ubben Sangrenegra
Loki
Tras un largo trayecto de vuelo, finalmente, la silueta de un par de acantilados comenzó a dibujarse en el horizonte. No eran demasiado escarpados, y la brisa marina había hecho de las suyas al mantener fértil el terreno que, más hacia el interior, probablemente sería una ladera seca y carente de vegetación. El cansancio comenzaba a pesar sobre tus hombros, pero no más que la figura inconsciente de Sijuh, quien, aunque inmóvil, respiraba con dificultad. Sus exhalaciones eran erráticas y débiles, como si el veneno del ozono hubiese drenado toda su energía.

A medida que te acercabas, la playa oculta al pie de los acantilados comenzaba a revelarse. Era un lugar pequeño y discreto, protegido por las paredes naturales que lo rodeaban. La arena blanca se extendía apenas lo suficiente para albergar tres fogatas que ardían con timidez bajo la luz de la luna. Junto a ellas, un par de barcos permanecían anclados en la orilla, meciéndose suavemente al ritmo de las olas. Carpas bien cuidadas se alzaban alrededor de las fogatas, un marcado contraste con el improvisado campamento que tu hermana había levantado antes. Sin embargo, el lugar parecía estar en calma, sin mucho movimiento visible. Era tarde, y la mayoría de los ocupantes debían estar dormidos.

Perspectiva desde la playa oculta entre los acantilados de Kilombo


La noche transcurría tranquila en aquel rincón resguardado del mundo. Gerard, un joven rubio de no más de veinticinco años, con una musculatura ligera y una expresión amable, estaba de guardia. Sentado cerca de una de las fogatas, vigilaba distraídamente los alrededores, confiando en la seguridad natural que ofrecían los acantilados. A su lado, Gwen, una mujer de poco más de treinta años, tarareaba suavemente mientras trituraba diversas hierbas en un molcajete, guardando el producto en frascos de vidrio etiquetados con de forma impecable. Ambos llevaban un buen rato en silencio, cada uno ocupado en su tarea.

Gwen levantó la mirada mientras se estiraba, cansada de moler hierbas. Fue entonces cuando algo extraño captó su atención. Una sombra grande y deslizándose suavemente sobre los acantilados rompió la monotonía de la noche. Frunciendo el ceño con curiosidad, señaló hacia el cielo con un dedo y, con voz intrigada, llamó la atención de su compañero. —¿Gerard, qué es eso de allá?— preguntó, sus ojos fijos en la silueta que se acercaba lentamente.

Gerard siguió la dirección que Gwen señalaba y su rostro tambien se extrañó al observar la forma que flotaba entre el cielo y las sombras de los acantilados. Sin decir nada al principio, sacó un catalejo de su cinturón y lo apuntó hacia la figura. A través del lente, reconoció a Sijuh, cargada torpemente pero con evidente cuidado por un hombre que apenas podía distinguir. —Gwen... toca la campana —ordenó, su tono calmo transformándose en un llamado urgente—. ¡Es una persona, y tiene a Sijuh! Parece herida.

La alarma en su voz no pasó desapercibida. Gwen, en un solo salto dejó el molcajete a un lado y corrió hacia un poste improvisado con una tabla, donde colgaba una campana de bronce. Tomó la cuerda y comenzó a sacudirla con fuerza, haciendo retumbar un eco metálico que rompió la quietud del campamento. El sonido se extendió hacia las carpas y barcos, despertando a quienes descansaban, más tú, desde el cielo solo podrías escucharlo levemente... la campana no era precisamente de buena calidad.

Desde las carpas comenzaron a salir figuras de personas. Los rostros aún somnolientos de todos intentaban entender que pasaba, pues las campanados no continuaron demasiado tiempo, lo que indicaba precaución, no un ataque. Algunas de las figuras estaban clarametne confundidas y otras directamente preocupadas.

Esperemos que la escena no sea malinterpretada. Al fin y al cabo, llegar a este punto ha sido literalmente una lucha para ambos, y el bienestar de tu hermana pende de un hilo.


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Ragnheidr Grosdttir
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Ragn observaba los acantilados mientras la brisa salada del mar golpeaba su rostro. Su vuelo, aunque firme, comenzaba a perder la energía implacable con la que había iniciado. Cada aleteo era un recordatorio del peso que llevaba, no solo el físico, sino el emocional. Sijuh respiraba, pero apenas. El sonido irregular de su aliento era como un martillo golpeando su mente, apremiándole a seguir adelante, a ignorar la quemazón de la herida que aún sangraba en su hombro. ¡Qué estaba pasando ese día! Cuando la campana resonó desde la playa, su oído captó el sonido como un eco lejano. Apretó la mandíbula. Una campana nunca es buena señal o eso decía Tofun. Sus ojos azules, helados como una tormenta nórdica, se enfocaron en la pequeña playa que se extendía bajo los acantilados. Las fogatas, las carpas, las sombras de las figuras que emergían del campamento. No había tiempo para sutilezas. Con un último impulso, descendió con brusquedad, las ráfagas de viento desplazadas por su aterrizaje levantaron nubes de arena. Las botas de Ragn golpearon el suelo con fuerza, hundiéndose en la arena blanca. La figura gigante, bañada en sudor, sangre y ceniza, se erguía como un guerrero que volvía de una guerra perdida. En su brazo izquierdo llevaba el cuerpo herido de su hermana, mientras que el derecho colgaba rígido, con la sangre oscura formando regueros secos hasta la punta de sus dedos.

Levantó la cabeza lentamente, sus seguían ojos fríos, recorrieron a los hombres y mujeres que se acercaban con precaución. Había tensión en el aire, podía sentirla como un depredador siente el miedo en su presa. Algunos parecían confusos, otros preocupados, y unos pocos mantenían sus manos cerca de las armas. No lo culpaba. Su tamaño y presencia solían provocar desconfianza, especialmente en quienes no le conocían. —Hun trenger hjelp, nå! — Dijo, olvidando que ese idioma los humanos lo desconocían. Su voz rompió el silencio como un trueno, grave y autoritaria. Aunque hablaba en su idioma, la urgencia en su tono era universal. Con cuidado, se arrodilló y depositó el cuerpo de Sijuh sobre la arena, acomodándola para que no quedara torcida ni incómoda. Luego se levantó, alzándose a su imponente altura una vez más. Su mirada se clavó en cada uno de los presentes como si evaluara si alguno de ellos era digno de su confianza.

Sijuh. Hun sa at dere kunne hjelpe henne... Herrrmana ... Ayudarrr ... —Sususrró, esta vez para sí mismo, como si reforzara la idea en su mente. Aunque hablaba en su lengua natal, el tono tenía algo casi suplicante, una humanidad que pocas veces dejaba ver. Una figura rubia avanzó con precaución, y Ragn lo observó detenidamente, como un lobo que evalúa si el ciervo frente a él es una amenaza o una posible ayuda. Cuando el joven se acercó más, Ragn levantó una mano, dejando claro que no tenía intención de moverse ni un centímetro más hasta que le dieran alguna garantía. —No harrré daño a nadie. Perrro si ella morrir aquí ... —Sus palabras se quedaron flotando en el aire, sin necesidad de terminar la amenaza implícita. El silencio que siguió fue espeso, roto solo por el suave rugido del mar y el crujir de las olas. Por un momento, Ragn sintió cómo sus rodillas amenazaban con ceder. La sangre seguía goteando desde su herida, y el agotamiento acumulado comenzaba a reclamar su pago. Pero no caería. No ahora. Miró a quienes le rodeaban una última vez, con el ceño fruncido y los músculos tensos, como un animal acorralado que se niega a rendirse.

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#12
Ubben Sangrenegra
Loki
La gente rápidamente se concentró en las fogatas del campamento tras el llamado de la campana. Una vez que todos estuvieron fuera de sus carpas, Gwen se puso de pie en medio del grupo y, con una autoridad que nadie se atrevió a cuestionar, comenzó a dar instrucciones con voz firme y clara. —¡Sijuh viene herida!— anunció, alzando la voz para asegurarse de que todos la escucharan —¡Traigan colchas para cubrirla, la nevera con sangre para transfusión, y quiero todos mis utensilios aquí ahora mismo!

El grupo respondió de inmediato, con varios corriendo en diferentes direcciones para cumplir con sus órdenes. El caos era evidente, pero había jerarquía clara y era evidente que Gwen tenía cierto grado entre ellos. Mientras tanto, Gerard y otra mujer de cabello verde, con una especie de casco hecho de hueso que le cubría parcialmente la cabeza, permanecieron atentos. Él sostenía su rifle con ambas manos, apuntando hacia el cielo rogando no tener que disparar. Ella, por su parte, tenía una larga nodachi enorme, que en sus manos delicadas parecía aún más grande. Ambos estaban preparados para defender al grupo si la situación lo requería, con sus miradas fijas en tu figura mientras descendías cargando a Sijuh.

En paralelo, dos hombres llegaron apresurados cargando los suministros que Gwen había solicitado. Uno de ellos, de cabello oscuro y no más de veinticinco años, estaba visiblemente agitado pero concentrado en su tarea. Su compañero, un rubio joven que no aparentaba más de veinte, parecía algo menos seguro, aunque no por ello menos determinado. Entre los dos lograron acercar colchas, frascos y una caja que seguramente contenía herramientas médicas. Fue entonces cuando tus pies tocaron finalmente el suelo. Varias miradas se posaron en ti, algunas llenas de desconfianza y otras de sorpresa ante tu llegada. Sin perder tiempo, hablaste en tu lengua natal, pero, como era de esperarse, nadie parecía entenderte… hasta que una voz se alzó de forma torpe.

Hva skjedde med ham?— preguntó la mujer de cabello verde con la nodachi, pronunciando tu lengua natal, como un niño que apenas aprende a hablar. Su acento era extraño, pero su esfuerzo era evidente. A pesar de que su postura permanecía alerta, con una mano firmemente colocada en el mango de su espada; aunque la desconfianza en su mirada se tambaleó cuando mencionaste que Sijuh te había hablado de ellos,  y mas aún cuando pronunciaste aquella palabra que congeló su expresión... "Hermana"... El impacto fue evidente en su rostro, que pasó de la cautela a la sorpresa. La mujer quedó completamente pasmada, como si no pudiera decidir si tus palabras se referían a Sijuh o, de alguna manera extraña, a ella misma.

Mientras tanto, Gwen ignoró por completo el intercambio verbal. Sin esperar ni un segundo, se lanzó hacia ti y comenzó a revisar el estado de Sijuh, quitandole parte de su armadura y despejando su pucho para poder tomar sus signos vitales con un estetoscopio. Sus ojos se detuvieron en los roces de bala, las manchas de sangre en su boca, y la fatiga evidente que recorría su cuerpo. Su expresión era bastante seria...

¿Quién le hizo esto?— preguntó Gwen con dureza, aunque no esperó una respuesta directa. De inmediato, comenzó a dar más órdenes, pidiendo agujas, una vía para transfusión y suero. Sus movimientos eran tan precisos que era evidente que no era la primera vez que manejaba una situación así. Su equipo médico, aunque improvisado, parecía sorprendentemente completo y funcional para un campamento escondido. 

Mientras Gwen se enfocaba en tu hermana, otro miembro del grupo, el chico de cabello oscuro, notó tu estado. Aunque la figura que proyectabas resultaba intimidante, se armó de valor y se acercó con una expresión de preocupación. En sus manos llevaba gasas y una botella de alcohol. —Toma asiento, hay que limpiar esas heridas— dijo con voz temblorosa, como si no estuviera del todo seguro de cómo hablarte. Sus ojos se posaron en la herida de tu hombro, donde la bala había dejado su marca. Aunque era evidente que estaba asustado, no parecía tener malas intenciones.


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#13
Ragnheidr Grosdttir
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Ragn mantuvo su postura firme mientras el caos del campamento se desplegaba a su alrededor. Los ojos de cada persona, la tensión en el ambiente, las armas aún medio preparadas... todo le hablaba de un grupo acostumbrado a vivir al borde del peligro. Sin embargo, su atención permanecía centrada en Gwen, quien rápidamente se encargó de Sijuh con una profesionalidad que no pasó desapercibida. Al menos estaba en buenas manos. Cuando la mujer de cabello verde le habló en su idioma, aunque torpemente, Ragn le dedicó una breve mirada. Su ceño fruncido se suavizó apenas por un instante. No esperaba que alguien más hablara su lengua, pero la extraña pronunciación y el esfuerzo evidente le recordaron algo, los lazos, aunque improbables, son lo que mantienen a la gente unida. No respondió. No aún. La palabra "hermana" había cumplido su propósito, y la reacción de ella confirmó que su relación con Sijuh no era un secreto completo en este lugar. Fue entonces cuando el joven de cabello oscuro se acercó con pasos vacilantes. Ragn giró lentamente la cabeza hacia él, sus ojos como dos fragmentos de hielo perforándolo, evaluándolo. El chico temblaba, pero no retrocedió. Eso era algo digno de respeto. Las palabras del joven, aunque tímidas, llevaban consigo una mezcla de valor y compasión que lograron atravesar la coraza de desconfianza que el gigante llevaba consigo.

Ragn se mantuvo en silencio por un momento más, dejando que el muchacho sintiera el peso de su mirada. Finalmente, asintió, un movimiento lento pero decidido. ¿Todo esos eran el grupo de su hermana? realmente estaba impresionado. Dio un paso hacia la fogata cercana y se dejó caer pesadamente sobre una roca, liberando un gruñido bajo mientras el dolor de su hombro se intensificaba al moverse. El cansancio pesaba en sus músculos, pero no dejó que eso lo mostrara. El orgullo debía mantenerse intacto, incluso en la debilidad. —Du har mot... det er mer enn de fleste kan si. —Comentó en su idioma, con su tono grave como un trueno distante. Tomó lo que parecía algo de comida de su bolsillo y empezó a comer. Era como el puto Doraemon siempre sacaba algo de comer de algun lado. Aunque sabía que el chico probablemente no entendería, sus palabras eran un reconocimiento a su valor. Luego añadió, esta vez en un tono más neutral y comprensible para los presentes.— Hacerrr rápido. Mi hermana nessesita esto más que yo.— A pesar de la aparente rudeza en sus palabras, el mensaje era claro: estaba dispuesto a cooperar. Se quitó la capa ensangrentada con un movimiento rápido y dejó al descubierto el hombro herido. Los músculos tensos y marcados estaban bañados en sangre seca y fresca, y el agujero que la bala había dejado era una herida que cualquier hombre normal habría encontrado incapacitante. Pero Ragn no era cualquier hombre. Su expresión no mostraba el menor indicio de dolor, aunque sus ojos seguían observando al joven con intensidad.

No saberrr. Atacarrr rápido, sin hasssr ruido. Crreo que seguirr a ella. —Comentó con desdén. Le concedió al muchacho una pequeña sonrisa, más una mueca que una muestra de alegría real, pero suficiente para que entendiera que realmente intentaba dar información potable, aunque fuera poca. Alzó el brazo herido con cuidado, dejando al chico trabajar, mientras mantenía su mirada fija en los movimientos de Gwen y el resto del grupo. Cada segundo que pasaba sentía que la línea entre la vida y la muerte de Sijuh se hacía más delgada, y aunque confiaba en los movimientos seguros de la mujer, su mente no dejaba de pensar en lo que vendría después.


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#14
Ubben Sangrenegra
Loki
El pelinegro, aún con las gasas y el alcohol en las manos, te miró desconcertado al escucharte hablar en tu lengua natal. La confusión en su rostro era evidente, aunque intentó mantener la compostura —Disculpa… no entiendo ese idioma; sé que Sijuh lo habla, pero yo solo conozco unas pocas palabras sueltas— admitió en un tono incómodo, como si la barrera del lenguaje lo hiciera sentirse inútil. Sin embargo, antes de que pudieras responder, la peliverde lo interrumpió, haciendo de traductora. 

Dijo que tienes coraje…—tradujo, insistiendo en mantenerse en la conversación, como si quisiera encontrar algún hilo del que tirar entre las palabras que salían de tu boca. Mientras tanto, el pelinegro comenzó a limpiar tus heridas, su ceño fruncido al notar cómo, sin previo aviso, sacaste algo de tu bolsillo y comenzaste a comerlo sin dar explicación alguna.

La mujer de cabello verde, aunque aún con una mezcla de cautela y extrañeza, relajó su postura al punto de soltar el mango de su nodachi. Dio unos pasos hacia ti, acortando la distancia mientras su mirada curiosa permanecía fija en tu rostro —Hva var det du sa før? Noe om "søster", ikke sant?— preguntó nuevamente en tu lengua materna, con ese mismo acento irregular, intentando sonar más clara. Había una genuina confusión en su tono, aunque ahora estaba teñido por una creciente preocupación —Hvorfor er han i den tilstanden? Hva skjedde?— continuó, mientras su voz dejaba ver una ansiedad que ni siquiera trató de ocultar. 

Gwen intervino cuando dijiste que tu hermana lo necesitaba más, cortando el intercambio de palabras con un tono tajante y autoritario —Silencio, estoy trabajando— Sus ojos se clavaron en los tuyos, desafiantes, sin mostrar el más mínimo atisbo de miedo, mientras buscaba entre sus utensilios hasta dar con lo que parecía ser una mascarilla. Sin perder tiempo, la colocó sobre el rostro de Sijuh —Necesito un tanque de oxígeno— dijo con firme, sin apartar la vista de tu hermana —La concentración tiene que ser alta. No está respirando bien… algo afectó sus pulmones y su garganta. Si no reacciona al oxígeno directo, tendré que intubar.— El término era completamente ajeno para ti, pero el tono grave en la voz de Gwen dejó claro que no se trataba de algo agradable.

La peliverde, por su parte, no pudo ocultar la inquietud que la invadía. Sus ojos volvían una y otra vez hacia el cuerpo de Sijuh, su preocupación reflejada en los constantes movimientos de sus dedos, que rascaban las palmas de sus manos en un gesto nervioso. Por momentos, se distraía tanto que ni siquiera alcanzó a escuchar tu respuesta sobre lo sucedido. Con un suspiro tembloroso, se dio unas pequeñas palmadas en las mejillas, como intentando centrarse, antes de volver a hablar —¿De verdad eres el hermano de Sijuh?— preguntó en un tono más bajo, como si la duda la consumiera. Sus ojos recorrieron tu figura, buscando alguna semejanza entre ambos, algún detalle que conectara tus palabras con la realidad. Sin embargo, no encontró nada que pudiera confirmar la relación, y la confusión en su expresión creció. 

Mientras ella reflexionaba en silencio, la atención de la peliverde volvió a Gwen, cuando cayó en lo que dijo la doctora del grupo —¿Cómo que intubar?— preguntó la mujer de cabello verde, con un evidente temblor en su voz. —Parece algún tipo de veneno— respondió Gwen, sin levantar la mirada de Sijuh —No hay daño abdominal ni torácico, pero ha escupido sangre. Su tráquea, faringe y laringe están extremadamente irritadas. Necesito espacio para trabajar.— Se giró hacia la peliverde con una expresión severa —Lleven a Mía a otro lugar. No quiero que se acerque a mi carpa—  El tono de Gwen no dejó lugar a discusiones.

Mientras trasladaban a Sijuh al interior de una carpa, ella se detuvo brevemente para dirigirse a ti con una mirada intensa. —Tú, eres un Ragnheidr, ¿cierto? Sijuh me habló de ti.— hizo una breve pausa antes de continuar —Ve con Mía. Tu cuñada va a necesitar apoyo...— Sin darte tiempo a replicar, Gwen desapareció tras el lienzo de la carpa. —Desnúdenla del torso hacia arriba. Necesito intubar y revisar si pasé por alto alguna fractura torácica o un golpe importante— 

El sonido de movimiento dentro de la carpa se mezcló con los murmullos del grupo, que seguían observándote desde una distancia prudente. La peliverde, visiblemente afectada, se sentó frente a ti en el pequeño banquillo que Gwen utilizaba para moler hierbas —¿Cómo terminó envenenada?— preguntó, con los ojos llenos de una mezcla de angustia y rabia —¿Los atacaron con balas venenosas o algo así?— Ella parecía desesperada por respuestas.


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#15
Ragnheidr Grosdttir
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Ragn resopló al escuchar las primeras palabras del pelinegro, pero dejó que trabajara en su hombro sin interrumpir. Cuando la peliverde tradujo lo que había dicho, sus labios se curvaron ligeramente en algo que podría considerarse una sonrisa, pero tenía más de orgullo que de calidez. — Coraje… al menos alguien lo entiende— Pensó. A medida que el campamento se agitaba alrededor, sus ojos se entrecerraron ante la pregunta insistente de la mujer de cabello verde. Su torpe pronunciación en su lengua natal lo irritó por un instante, pero más allá del acento, sus palabras llevaban una carga de genuina preocupación que no pudo ignorar. Aun así, cuando la voz de Gwen cortó el aire, exigiendo silencio, Ragn decidió que no valía la pena responder en ese momento. Observó cómo la mujer actuaba con rapidez, y aunque no entendía del todo los términos médicos que usaba, la determinación en sus ojos bastó para confiar en que sabía lo que hacía. Pero lo de "cuñada" lo tomó completamente por sorpresa. —¿Cuñada?— Repitió, arqueando una ceja mientras observaba a Gwen desaparecer tras la lona de la carpa. La palabra le resultó extraña y confusa, y durante unos segundos no supo cómo procesarla. Giró lentamente la cabeza hacia la peliverde, que ahora se sentaba frente a él, claramente esperando respuestas. Sus ojos azules la estudiaron en silencio mientras se tomaba un momento para ordenar sus pensamientos. Finalmente, habló. Su voz era grave, y aunque su tono seguía siendo serio, había una notable claridad en sus palabras.

No saberrr con sertessa, pero no fue una bala venenosa. El veneno... Creo que venirr del aire ... Un gas, como si el ossono estuviera contaminado. Lo sentimos en la garrrganta cuando entrrar en ssona donde nos atacarrron.— No era del todo cierto, pero al mismo tiempo sí lo era, estaba jugando con esa información de alguna forma. Desde luego Ragn se estaba convenciendo de que culpa suya no había sido, si no de su hermana por no haberle hecho caso. Hizo una pausa, cerrando los ojos brevemente mientras recordaba los detalles del enfrentamiento. —Había hombrrres armados esperrrando. Estábamos superrrados en número. Creo que ella ya había rrrespirado demasiado de ese gas antes de que me dierrra cuenta. Sijuh peleó hasta último momento, perrro...— Su mandíbula se tensó, y golpeó el suelo suavemente con el puño cerrado —...no poderr prroteger como debía. Llegamos hasta aquí porque pedirr ella. Dessirrr que este lugar errra seguro.— Sus palabras llevaban un peso que iba más allá de la mera narración de los hechos. Cada frase parecía cargada de culpa y frustración. Bajó la mirada por un instante, observando cómo las manos del pelinegro terminaban de limpiar la herida en su hombro. No le importaba el dolor; no era nada comparado con lo que sentía al ver a su hermana en ese estado.

Después de un largo silencio, levantó la vista nuevamente, fijándola en la peliverde. —¿Cuñada?— Repitió, esta vez con más intención. —¿De qué hablarrr? ¿Qué relassión tenerr con mi hermana?— Su tono no era agresivo, pero había una firmeza en su pregunta que dejaba claro que quería respuestas. Aunque intentaba mantener la compostura, no pudo evitar que su mirada se desviara hacia la carpa donde Gwen trabajaba. El sonido de los utensilios médicos y las órdenes firmes que daba le recordaban lo delicada que era la situación. Cuando volvió a mirar a la peliverde, sus ojos ya no mostraban tanta desconfianza, sino algo más cercano a una curiosidad contenida. —Si Sijuh confía en vosotrros, entonsses yo lo harré... por ahorrra. Pero nesesito saber qué está pasando aquí. ¿Qué hassrrr vosotrrros aquí?


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#16
Ubben Sangrenegra
Loki
Tu respuesta ante Mía no fue convincente para nada. —Claro... no me mientas...— respondió con una mirada penetrante que te hacía sentir como si estuviera analizando cada palabra que pronunciabas, leyendola directamente de tu alma. Si bien no mentiste directamente, 1+1 es 2, y el hecho de que tu hermana hubiera sido envenenada por vías respiratorias, siendo tú un hombre de gas, no dejaba mucho espacio para la duda. Aquellos ojos verdes se estrecharon ligeramente mientras te evaluaba... había atado los cabos.

Sin embargo, mientras continuabas hablando, notó enseguida que lo único sin sentido en tu relato era el inicio; lo demás encajaba perfectamente en una narrativa plausible. Mía parecía percibir la sinceridad en tus intenciones, gracias a su habilidad con el haki de observación, y finalmente dejó escapar un pequeño suspiro. —Sí, cuñada— respondió la peliverde tras un instante de deliberación, esta vez con un tono más relajado mientras dirigía su mirada a tu rostro. Su expresión se suavizó, aunque no del todo.

Somos pareja hace cuatro meses... nos conocimos aquí, en la tripulación. Mi nombre es Mia Morgoth— continuó, cambiando su postura ligeramente, como si quisiera dejar claro que no había nada que ocultar respecto a su relación. Mía prosiguió, ahora más tranquila. —Nosotros somos de la armada... estamos buscando gente que quiera unirse a la causa. Hay muchos frentes que mantener y pocas manos para dar abasto— explicó ante tu pregunta sobre qué hacían en el lugar, con un tono que denotaba cierto orgullo contenido.

El tiempo pasó lentamente después de que Gwen entrara en la carpa. Casi cuarenta minutos transcurrieron sin que tuvieran noticia alguna de tu hermana, y cada segundo que pasaba parecía tensar más el ambiente. El grupo en general evitaba acercarse a ti, con excepción del pelinegro y la peliverde, quienes parecían menos intimidados por tu presencia. Tu herida ya estaba tratada y el chico de oscuros cabellos te trajo un poco de agua fresca para beber. El resto te observaba con una mezcla de recelo y temor. Era evidente que reconocían tu naturaleza como usuario de logia; verte llegar volando, medio gaseoso, había sido suficiente para mantenerlos a raya. Tu altura y expresión imponente no ayudaban en absoluto a disipar aquella atmósfera de desconfianza.

Finalmente, Gwen salió de la carpa, quitándose unos guantes y arrojándolos en una caja junto a la entrada. Su rostro permanecía inexpresivo mientras caminaba hacia ustedes, aunque sus movimientos delataban su fatiga tras el tratamiento. Mía no pudo contenerse más y preguntó rápidamente —¿Sijuh está bien?— Gwen asintió con un gesto breve, pero su mirada enseguida se clavó en ti. Había algo en su expresión que demandaba atención inmediata.

No sé con quiénes se enfrentaron, pero mi segunda al mando no cae fácilmente... eso lo comprobé por mí misma...— comentó, mientras te miraba hacia arriba, enfrentando la diferencia de estatura con una postura firme. Con un poco de suerte, podrías notar una cicatriz de forma serrada que recorría el borde de su cuello, extendiéndose hacia abajo en dirección a su cadera,a dentrandose en la ropa. La marca era testimonio de lo que el colmillo de Haatii podía hacer, y su mirada no dejaba lugar a dudas de que conocía bien la fuerza de tu hermana.

Despertó después de tratarla, pero la volví a sedar. Estaba muy desgastada— mencionó, haciendo una pausa antes de continuar —¿Viste si los tipos tenían algo que los identificase con alguna organización o el Gobierno Mundial?— preguntó con voz firme, no con enojo, pero cargado de una seriedad que se sentía como un peso tangible en el aire. —¿Algún tatuaje o algo que permita reconocerles?— insistió en su interrogatorio buscando desentrañar la verdad de lo ocurrido.


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#17
Ragnheidr Grosdttir
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Ragn permaneció en silencio mientras Mía hablaba, dejando que sus palabras se asentaran. “¿Pareja? Cuatro meses… cuñada...” El peso de la revelación lo hizo quedarse pensativo por un instante, aunque no dejó que su expresión traicionara mucho. Sus ojos azules se mantuvieron clavados en ella, analizando cada detalle de su postura y sus palabras. Había algo en la manera en que hablaba de su hermana que le transmitía cierta confianza. Aunque no conocía del todo a esta mujer, si Sijuh la había considerado digna, Ragn decidió que, por el momento, él también lo haría. —Morgoth… interrresante nombre.— Casi que susurró con voz baja, aceptando finalmente el vaso de agua que el pelinegro le ofrecía. Dio un sorbo lento mientras su mirada barría el campamento.

Nadie se atrevía a acercarse más de lo necesario, y eso lo hacía sentirse cómodo, pero también un tanto aislado. Cuando finalmente Gwen salió de la carpa, todos los pensamientos de Ragn se enfocaron de inmediato en ella. Su figura parecía agotada, pero su semblante estaba lleno de autoridad. Las palabras iniciales de la doctora sobre Sijuh fueron un alivio para él, aunque no dejó que ese sentimiento se reflejara demasiado en su rostro. En cambio, se levantó lentamente de donde estaba sentado, su altura imponente reforzando su presencia mientras escuchaba las preguntas de Gwen con atención.

Lucharron con fuerssa, pero no parreserr soldados regulares del Gobierrno Mundial. Tal vess merssenarios, o algo más. — Comenzó a decir con voz grave, su tono serio. —Uno de ellos destacaba...— Continuó mientras entrecerraba los ojos, recordando los detalles del enfrentamiento. —Tenerr un tatuaje en mano issquierda. Erra...— Levantó su propia mano, trazando el símbolo en el aire como si aún lo tuviera fresco en la memoria. —Parresía una serrpiente enrrroscada alrededor de una daga. Erra demasiado espessífico como parra ser una casualidad.— Explicó, dejando que sus palabras se asentaran. Gwen lo observaba con atención, y aunque no decía nada, su mirada delataba que estaba procesando cada palabra. Ragn cruzó los brazos frente al pecho, como si estuviera cerrando cualquier espacio para cuestionamientos innecesarios. Miró de reojo a Mía, preguntándose si ella sabía algo sobre el tatuaje o sobre posibles enemigos que buscaran a la armada. Luego, volvió su atención a Gwen.

Finalmente, soltó un largo suspiro y se relajó un poco, dejando que sus hombros se hundieran ligeramente. — Estarr cansado de prreguntas. Querrer comerrr algo dessente antes de volverr a pelearr. — Comentó, dando por sentado que pronto vendrían y buscarían guerrear de nuevo .

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#18
Ubben Sangrenegra
Loki
La líder del grupo, con una expresión de preocupación luego de escucharte, se dirigió con paso rápido hacia una carpa cercana al lugar donde se encontraba Sijuh. —Ya habrá tiempo para comer, primero necesito revisar algo...— Al llegar a la entrada, volteó hacia ustedes e hizo un gesto para que la siguieran. Dentro, la carpa resultó ser más amplia de lo que parecía desde fuera. Una lámpara de aceite parpadeaba tenuemente, iluminando un pequeño escritorio cubierto con mapas y documentos esparcidos de manera desordenada.

Gwen se acercó al escritorio y tomó asiento, examinando con rapidez los papeles que había sobre él. Entre ellos, destacaba un mapa detallado de la región, con marcas y anotaciones hechas a mano que señalaban diversos puntos estratégicos. Su mano se movió hacia un extraño Den Den Mushi, conectado a un dispositivo peculiar que parecía estar unido a una hoja de papel especial. —Según nuestra red, el CP8 estaba cerca de Kilombo, pero estaban investigando movimientos ilegales de un reino cercano— mencionó Gwen, con el ceño fruncido mientras ajustaba el Den Den Mushi —¡Mierda, estaba mal colgado!— Dijo al ver como se activo y comenzó a escribir al momento de tocarlo.

Era evidente que este no era un Den Den Mushi común. Las modificaciones que tenía permitían transcribir las conversaciones directamente al papel, como un rudimentario fax de toda la vida. Gwen observaba el proceso con atención, aunque su semblante, ya serio, se tornó aún más sombrío cuando las primeras palabras quedaron impresas. —Oh, mierda...— murmuró, mientras tomaba el papel con ambas manos y leía en voz alta lo que había recibido.

El CP6 está en la isla. Buscan a dos esclavos de los Tenryuubito. Dicen que los vieron en Kilombo. Uno tiene recompensa de 30 millones... Sangrenegra y una sirena sin recompensa, llamada Asradi. No se sabe si están colaborando entre ellos, pero ambos han sido vistos en Rostock en las últimas semanas— una sensación de inquietud comenzó a invadir el ambiente. ¿Curioso cómo te enteras de cosas de tus compañeros, no?

Gwen dejó caer el papel sobre el escritorio y volvió su atención al Den Den Mushi, que seguía emitiendo un leve zumbido mientras imprimía más información. —La central intervino una conversación hace un par de horas...— continuó, con los ojos clavados en el papel que iba revelando más detalles de la situación —Avistamos a Sijuh, Colmillo de Haati. Está acompañada de alguien más. Usaremos a una banda de la zona para ver si consiguen desgastarlos; luego entraremos en acción. En las afueras de Rostock, en un claro del bosque.

Los ojos de Gwen se abrieron más y más mientras leía, su expresión tornándose alarmada. —El CP8 está en camino... ¿¿¿¡¡¡van los dos escuadrones de asalto!!!???— exclamó, golpeando con fuerza la mesa, y un silencio tenso se apoderó del lugar. —Mía, la campana ahora. Da el aviso de que nos largamos...— ordenó con un tono que no admitía réplica alguna.

La mujer se giró hacia ti, clavando sus ojos en los tuyos con una mirada dura —Podemos dejarte en el puerto principal mientras nos largamos, pero no podemos esperar a que Sijuh despierte para que te despidas...— dijo con franqueza, como si el tiempo se estuviera agotando rápidamente. —Se enfrentaron al CP6... por el tatuaje que mencionas tiene que haber sido Shuji, el pecador...— continuó, con la voz más baja, pero no menos seria —Esos tipos deberían ser capaces de hacerle frente a Sijuh, pero no derrotarla, al menos no sin quedar terriblemente heridos... pero como estaba contigo, pidieron refuerzos...

Hizo una pausa, como si le costara decir las palabras que venían a continuación. —Los dos escuadrones del CP8 pueden barrer con nosotros sin ningún problema— sentenció finalmente, dejando claro el peligro al que todos estaban expuestos. —Comiencen a cargar los pesqueros, nos vamos a casa...


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Ragnheidr Grosdttir
Stormbreaker
Ragn escuchó en completo silencio mientras Gwen hablaba, su rostro endureciéndose con cada palabra que salía de la boca de la mujer. Cuando finalmente terminó, sus ojos helados se clavaron en los de ella, con un brillo acerado que parecía perforarla como una lanza. —¿Dejarr en el puerto?— Repitió con un tono cargado de burla y desdén. —¿Y abandonar a mi hermana parra que marcharr con el rabo entre pierrnas? No sé quién demonios crrreis que sois para darr órdenes, perro os lo dejarrré claro. — Añadió, dando un paso hacia Gwen, su altura y presencia imponiéndose como una tormenta que amenaza con estallar. Ragn dejó escapar un bufido seco, cruzándose de brazos mientras continuaba. —No me importáis vosotrrros ni vuestrrros planes. No os debo nada y tampoco voy a arriesgar mi vida porr gente que no conossco ni me interresa. La única razón por la que no estáis envueltos en gas venenoso ahora mismo es porque estáis trratando a mi hermana. Perro no confundáis mi passiensia con sumisión.— Casi que rugió cual león, dejando que el peso de su voz llenara la carpa.

Se giró sin esperar una respuesta, ignorando cualquier réplica o mirada de indignación, y salió de la carpa directo hacia donde estaba Sijuh. El lienzo de la entrada se movió bruscamente cuando lo empujó con fuerza, dejando claro que no estaba dispuesto a tolerar más interrupciones. Dentro, su mirada se suavizó levemente al ver a su hermana, su cuerpo pequeño e inerte sobre la camilla, respirando con dificultad pero viva. Se acercó a ella y colocó una mano sobre su frente, como si con ese simple gesto pudiera transmitirle algo de su fuerza. —No voy a dejarr aquí, Sijuh.— Susurró con voz baja, un juramento que solo él podía escuchar. Desde fuera, levantó la voz lo suficiente para que Gwen y los demás lo escucharan claramente. —Si querréis salvar pellejo, adelante. No serré yo quien os detenga. Perro no pienso moverrr de aquí sin mi hermana.— Declaró con firmeza, dejando claro que cualquier intento de hacerle cambiar de opinión sería inútil. Tras un momento de silencio, añadió, con el mismo tono frío y afilado —Y no molestarr en hablarrr del CP6 o el CP8. Conossco a Shuji, y sé de qué son capasses los perros del Gobierno. No me importa cuántos envíen... siemprre que estén dispuestos a morirr.— Sentenció, girándose de nuevo hacia Sijuh, su atención completamente centrada en ella.

Finalmente, mientras se acomodaba en un taburete junto a la camilla, habló una vez más, sin mirar a los demás. —Y respecto a Ubben y Asradi... si el Gobierno Mundial buscarrr, es su prroblema. Son mis compañerros, y más les vale que sobrrevivan. Si no, tendrrrán que rrendir cuentas conmigo— Concluyó con un tono seco y definitivo, dejando claro que no pensaba dar ni un paso atrás. Por primera vez parecía estar hablando de sus compañeros con liderazgo y dándoles un valor cuantificable al decir que confiaba tanto en ellos que sabía que no les pasaría nada.

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