¿Sabías que…?
...oficialmente el aniversario del manga One Piece es el 22 de Julio, dado que ese día en el año 1997 fue cuando se publico el primer capitulo.
Tema cerrado 
[Aventura] [T2] ¿Quien se comió mi chocolate?
Yuya Mirokuji
Handsome Hunter
Diana, como siempre, impetuosa, impaciente, deseosa de una auténtica cacería. Para ella ser cazarrecompensas no significaba lo mismo que para el resto de nosotros. Mientras que para nosotros sólo era un nombre un tanto adecuado, ya que íbamos en busca de la recompensa por capturar o matar criminales, ella se tomaba la parte de la caza especialmente en serio. Parecía ser que le gustaba la emoción de la caza, perseguir a su presa y atraparla mientras huía. Yo no soy nadie para juzgar los gustos de la gente, la verdad, pero lo encontraba un poco siniestro. Pero claro, mientras mantuviera esa emoción limitada a los criminales y no me tuviera a mí de objetivo, pues que disfrutara con lo que quisiera. Yo me contentaba con cobrar la recompensa y me fastidiaba mucho que una presa acabara muerta por un desliz, ya que eso disminuía su precio considerablemente y yo no me dedicaba a arriesgar mi vida metiendo gente en la cárcel para cobrar poco, si mi interés fuera proteger a la gente o castigar a los que incumplen las leyes me habría apuntado a la escuela de marines hacía mucho.

La situación en la taberna era... pues la que se podía esperar tras lo sucedido. Un dueño molesto, gente preocupada... ¡Y el tabernero encima tenía el descaro de pedir más dinero! Que yo no soy el banco mundial. Y esos tipos vinieron a darme una paliza o matarme, ni que yo tuviera la culpa de que entraran en el local en lugar de esperar a que saliera, o de que esa joven tuviera un prometido con tan mala uva. Ese señor debería aprender a gestionar su ira. Aunque... ¿Si lo denunciaba pondrían precio a su cabeza por enviar matones a sueldo a por un ciudadano ejemplar como yo? Por poca que fuera, eso solucionaría muchos problemas. Podría cazarlo, meterlo entre rejas y así yo me llevaba un buen pellizco y la chica quedaba libre de ese compromiso. Definitivamente sería una situación beneficiosa para todos. Bueno, para todos menos para el prometido, que estaría en prisión. Pero ningún plan es perfecto.

Yo estaba distraído tratando de sacarle alguna palabra a la chica... Nada, sigo sin... ¡No! Glinda, se llamaba Glinda. Pero parecía estar en shock y haber gastado todas sus energías mentales en ir a avisarle para que se fuera. Era un poco melodramática de más a mi parecer. El caso es que por estar hablando con ella no me enteré de todo lo que estaba sucediendo, y los rumores que venían del puerto me pillaron algo por sorpresa. - Oye Diana. Si esto que se dice es cierto, tal vez tengas tu cacería más pronto que tarde. - Dije, aferrando mi katana, preparado para salir de allí y comenzar un combate en el puerto contra los Pañuelos Rojos. Les daríamos una razón de verdad para que sus pañuelos fueran rojos.

Datos


Resumen
#11
Diana Kari
Wild Huntress
El casi siempre alegre tabernero no parecía estar muy contento con lo que acababa de ocurrir, y bueno nadie lo estaría si el mobiliario de su bar estuviera prácticamente destruido por culpa de unos malvivientes de dudosa reputación y un trio de cazadores que tenían la necesidad de acabar con ellos preocupándose poco por el daño colateral que causaran a las instalaciones. Pero ¿hablar de traer justicia? Estaba demasiado equivocado si pensaba que todo lo que yo había hecho en ese bar era con intención de traer justicia a un mundo en el que no existía, ni siquiera el pago monetario era suficiente como para justificar lo que hacía. No, el único beneficio que obtenía yo era la mirada que tenían mis presas durante todo nuestro baile.

La intención de hacer un brindis por Hammond no rindió muchos frutos, algunos de los presentes se animaron a levantar sus copas pero después de darle el trago a su bebida la escena que se pintaba en aquél lugar no era nada por lo que celebrar. Los siguientes segundos fueron raros cuando menos, como si todos los presentes prefirieran estar en algún otro lugar en ese instante. Por si fuera poco uno de los presentes se acercó al tabernero para decirle algo en secreto. Las palabras que salieron de la boca del tabernero me dejaron en claro qué era lo que le habían dicho, las noticias de lo que había sucedido ya habían llegado a los muelles así que la probabilidad de que más miembros los Pañuelos Rojos buscaran completar el trabajo por el que fueron contratados estaba por los cielos.

Tomé mi lanza, si iba a haber problemas no me quedaría esperando a que vinieran a buscarme a la puerta de un bar casi destrozado. –Bueno, no sería una cacería si espero a que vengan a acorralarme ¿no es así?- le respondería a Yuya para después dirigirle la mirada a la mujer que parecía estar bastante perturbada por toda la situación que estaba viviendo. No importaba qué tan buen amante fuera un hombre, por la cara que podía verle dibujada estaba guardando imágenes en su cerebro que difícilmente podría borrar y ahora sus únicas dos opciones eran regresar con el hombre al que había engañado y que era capaz de mandar asesinos a acabar con la vida de alguien por sentirse traicionado o darle la espalda a la vida que tenía asegurada e incluso con la esperanza de que un mujeriego que seguramente no recordaba siquiera haberse acostado con ella. –Creo que será mejor que te encargues de ponerla a salvo, Yuya.  En su estado no creo que sea capaz de siquiera irse a casa, sácala del estado de Shock en el que está y podemos encontrarnos después para continuar hablando de nuestros planes a futuro.- le diría a mi compañero mientras comenzaba a avanzar hacia la salida de aquél lugar buscando enfrentarme con quien se atreviera a retar mi lanza. -¿Hammond? ¿Aún tienes algo de energía en ese cuerpo? ¿o prefieres encargarte de poner a la demás gente a salvo?- le preguntaría al hombre que había mostrado una destreza mucho mayor a la de todos los presentes. Realmente no me importaba mucho su respuesta, aunque el decir que compartir un campo de batalla hombro con hombro con un hombre cuyas hazañas eran conocidas en toda la isla sonaba bastante interesante.
#12
Drake Longspan
[...]
La gente de la taberna seguía atenta a cada movimiento, como si el ambiente cargado de tensión se hubiera quedado suspendido en el aire y nadie supiera muy bien cómo dispersarlo. Algunos parroquianos intentaban, a toda prisa, fingir normalidad, pero solo bastaba con observarlos para saber que no estaban cómodos. Las sillas astilladas en el suelo y los restos de una mesa rota servían de sombrío recordatorio de lo que había ocurrido allí hace apenas unos instantes. Un par de personas cuchicheaban entre sí, compartiendo teorías sobre la pelea y sobre cómo esos bandidos, conocidos como los Pañuelos Rojos, podrían regresar para terminar lo que empezaron.

Cerca de la entrada, el tabernero revisaba con malos modos el estado de sus muebles. De vez en cuando lanzaba una ojeada rápida hacia Hammond, como si considerase reclamarle a él todos los desperfectos, o tal vez solicitara su ayuda para que las cosas no se descontrolaran de nuevo. Sin embargo, no parecía tener ánimos de comenzar otra discusión, de modo que se limitaba a sacudir la cabeza con fastidio y a suspirar, asimilando que no tenía modo de recuperar de inmediato los gastos que implicaba reparar su negocio. Si alguien le hablaba, lo más probable era que no obtuviera más que un gruñido por respuesta.

La atmósfera era tal, que hasta los más bebedores habían dejado de levantar las copas con alegría. Un hombre más joven, que antes reía y charlaba sin pausa, se encontraba ahora apoyado contra la pared con semblante pálido. La visión de la pelea y el riesgo de que nuevos problemas aparecieran en la puerta lo habían vuelto más precavido, incluso temeroso. A cada ruido proveniente de fuera, giraba la cabeza con rapidez, como si esperara que un grupo de criminales irrumpiera en cualquier momento.

Mientras tanto, junto a la salida, la mujer en shock se alejaba de la escena, acompañada por Yuya. Ambos desaparecieron de la vista, dejando atrás esa atmósfera cargada de murmullos. Nadie intentó detenerlos, quizá porque algunos pensaban que la muchacha necesitaba cuidados urgentes, o porque ya se daban por satisfechos con ver a menos gente en esa habitación tan afectada por la violencia reciente.

Los comentarios sobre los rumores en los muelles no tardaron en esparcirse con la misma velocidad que el miedo. Según contaban los más enterados, varios matones del grupo de los Pañuelos Rojos se habían visto en los alrededores, y corría la versión de que buscaban venganza o, al menos, querían terminar la tarea que sus compañeros no pudieron completar en la taberna. 

Algunos observaban a Hammond con la esperanza de que se quedara a proteger el lugar, o de que, llegado el momento, interviniera con la misma fuerza que mostró antes. Sin embargo, el hombre grande y de gesto tranquilo seguía en su posición, valorando la situación con mucho cuidado, como si cada detalle pudiera darle pistas sobre el movimiento que vendría.

No muy lejos de él estaba Diana, que parecía debatirse internamente sobre qué camino tomar. Unos vecinos, apostados en la ventana, charlaban por lo bajo sobre la reputación que la mujer se había ganado como cazadora de recompensas, lo cual implicaba que su enfoque no era solo económico sino que también envolvía una parte de emoción. Resultaba evidente que esperaba acción, pero nadie tenía la certeza de en qué dirección le convenía canalizar toda su energía. 

Se movía con paso firme, mirando con recelo hacia la puerta y luego hacia el tabernero, a quien no le interesaba prolongar la presencia de nadie que pudiera causarle más desperfectos.

Algunas buenas personas se esforzaban en recoger los pedazos de madera desperdigados para limpiar la zona, mientras otros se limitaban a permanecer sentados cuchicheando, temiendo que un movimiento equivocado llamara la atención de la cazadora. 

Se notaba que Diana no era del tipo de persona que tolerara interrupciones si había algo que le interesara ahí fuera. Uno de los hombres veteranos de la isla quien antes había intentado bromear para calmar ánimos se ajustó el sombrero y dio un trago a su cerveza, pensativo. Era como si se preguntara si en cualquier momento la taberna volvería a convertirse en un campo de batalla.

Y entonces... ¡BOOM! Un siseo se escuchó desde la ventana hasta implosionar el cristal. Hammond, asomado, señaló hacia la calle. Al parecer, un par de figuras sospechosas había aparecido a la vuelta de la esquina. El hombre no gritó, solo levantó la mano en señal de alerta, con los ojos muy abiertos. Aquello parecía ser el aviso de que no quedaba mucho tiempo para dudar.

Muchacha, si quieres tu cacería, aquí está el anticipo de lo que puedes encontrar.

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#13
Diana Kari
Wild Huntress
Los siguientes segundos parecieron eternos, la mayoría de la gente se movía de manera precavida, como si sintieran que al hacer algún movimiento incorrecto serían castigados por alguna entidad que no pudieran ver, o al menos eso era lo que se me ocurría a mí pues dudaba que Hammond o yo fuéramos los responsables directos de su temor; tampoco era que me importara mucho. El disgusto del tabernero seguramente no se pasaría pronto y si el objetivo era salir al mar en busca de presas más grandes y peligrosas entonces seguramente ésta sería la última vez que pisaba aquél establecimiento en un buen tiempo. Seguramente sería lo mejor, si el objetivo era salir de la zona de confort no tenía caso seguir atada al mismo bar al que habíamos asistido desde hace bastante tiempo antes y después de cualquier cacería.

Eventualmente la gente comenzó a moverse para ir ayudando al tabernero a limpiar el local, la intención de poner un poco de orden en un lugar que acababa de ser casi destruido haría que la gente prestara cada vez más un par de manos y cuando menos lo esperaran el lugar no estaría tan horrible como hace unos momentos. Quien parecía no ser contagiado ni por el miedo ni por la intención de levantar un poco los destrozos de aquél lugar era Hammond. ¿Qué tan probable era que el haber demostrado su fuerza de aquella manera hubiera sido la última vez que lo hiciera y que haya muerto de pie? Sonaba bastante irreal si alguien lo analizaba pero mi padre me había contado hace no mucho la historia de un hombre que se había muerto de pie y con una sonrisa después de ser herido mortalmente.

Por suerte no era el caso de Hammond aunque se requirió un poco más que la voluntad de la gente para que saliera de su especie de trance que le tenía inmóvil. El encargado de hacerlo fue un cristal que reventó, por si no fuera suficiente el daño que habría sufrido el local, a lo que el viejo tomó la iniciativa de dar un paso hacia adelante e investigar con tranquilidad. Por lo que dijo era sencillo suponer que los responsables eran otros miembros de los Pañuelos Rojos, de ahí Hammond soltó una ¿advertencia?¿aviso? me era difícil de averiguar con qué tipo de tono estaba hablando pero poco importaba pues aunque antaño fue un cazador de alto renombre ahora no podría ser un mentor para mí. –Bueno, si no se me pararon en frente para acabar conmigo en este mismo instante eso significa que no tendré mucho de qué preocuparme.- le respondería mientras salía de aquél destrozado lugar. –En algunos días trataré de mandarte algo de dinero, por las… molestias.- le diría al tabernero justo antes de salir, sin siquiera voltearle a ver pues aunque no me sentía responsable de lo que había sucedido en aquél lugar él siempre se había portado de muy buena manera conmigo y con Yuya así que sentía un poco de pena que su negocio hubiera sufrido las consecuencias de los actos de varios descerebrados. Ahora solo me quedaba ir por el resto de los pañuelos rojos, para zanjar de una vez por todas todos mis pendientes en la isla.
#14
Drake Longspan
[...]
A su salida, el lugar la recibió con su bullicio habitual, aunque había un cambio sutil en el ambiente. Las conversaciones parecían más cuidadosas, las miradas se desviaban con rapidez cuando ella pasaba, y más de uno prefería apartarse sin hacer ruido. Era la misma rutina de siempre después de un enfrentamiento, la gente de la isla sabía reconocer a alguien que había tenido una pelea y estaba lista para otra.

El rumor sobre los Pañuelos Rojos seguía flotando e intercambiándose de boca en boca, entre susurros de estibadores y comerciantes. Se decía que varios de sus hombres rondaban los muelles, buscando venganza, o al menos tratando de salvar algo de su reputación tras la humillación sufrida. 

La cazarrecompensas no necesitaría confirmarlo con palabras. Bastaba con observar cómo algunas personas desaparecían discretamente por los callejones, cómo los puestos de mercado recogían mercancía con algo más de prisa de lo normal.

El sol ya estaba más bajo en el cielo, proyectando sombras largas sobre los barcos amarrados y los almacenes cercanos. Las velas de algunas embarcaciones se mecían con suavidad, sus colores apagados bajo la luz que se deslizaba por la madera húmeda de los muelles. Algún marinero que pasaba cerca echó un vistazo rápido a Diana antes de girar la cabeza y seguir con su trabajo. Aunque nadie decía nada en voz alta, la expectación estaba ahí, mezclada con la brisa salina que traía consigo el olor del mar y la lejana fragancia del pescado fresco descargado en Isla Cocoyashi.

Más adelante, una figura encapuchada giró en una esquina y desapareció de vista, dejando tras de sí un destello de tela roja entre el ajetreo del puerto.

No hubo necesidad de pensar demasiado en lo que significaba. Nuestra protagonista siguió caminando, con la lanza descansando sobre su hombro, mientras el sonido de las olas golpeando contra la madera se mezclaba con las voces de los trabajadores que fingían que no estaban prestando atención a lo que sucedía.

El aire del puerto nunca estaba completamente quieto, pero en ese momento, parecía que todo se movía con una sincronía particular, como si cada ruido y cada paso tuvieran una razón específica. Al igual que la taberna, la Isla de Cocoyashi nunca dormía del todo, y en las sombras, la cacería aún podía continuar.

Más adelante, entre las sombras de un almacén, alguien observaba en silencio, esperando.

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#15
Diana Kari
Wild Huntress
Al salir del bar la situación parecía estar un poco más controlada de lo normal, el caos que usualmente reinaba por el lugar se había visto mermado llegando incluso a parecer que hubiera una especie de orden. Todos parecían cuidar sus movimientos y las palabras que salían de su boca, si no fuera porque no era creyente en la magia pensaría que se trataba de una especie de ilusión en la que estaba atrapada desde que salí del bar. La gente iba directamente a lo que tenía que hacer y se retiraba lo más rápido posible, imaginaba que algo tenía que ver con lo que había sucedido con los Pañuelos rojos, y si no estaba loca había alcanzado a escuchar a más de uno de los trabajadores que estaban por ahí el nombre de la banda criminal en un intento de susurro.

Seguí avanzando, no tenía ni la más mínima idea de donde era el área de la isla en donde los pañuelos rojos tenían su base de operaciones pero al haber hecho que se molestaran de tal manera no pasaría mucho tiempo para que uno de los altos mandos mandara a más hombres a por mi cabeza. Solo tenía que asegurarme de dejar a uno con vida para que me mostrara el camino hacia su base a cambio de dejarlo mantener su vida.

No había manera de saber cómo terminaría el día pero al menos ya tenía un objetivo en la mira; acabar con los pañuelos rojos de manera definitiva. Tampoco es que me importara mucho el hecho de acabar con una banda delictiva que apenas y tenía el poder suficiente como para aterrorizar a pocos aldeanos de una isla como Cocoyashi, pero se habían metido conmigo así que tendrían que pagar en sangre su ofensa. Pero si el día terminaba y no lograba encontrar la base de esos criminales no me estancaría más, ya llegaría el día en el que regresara a casa, aunque fuera de visita, y podría encargarme de ellos de una manera más sencilla. ~Tal vez, sería mejor idea dejarlos florecer un poco más para cuando regrese. Si tienen suerte se volverán más fuertes y presentarán un reto interesante a futuro y si no pues… aun así podré cobrar la mísera recompensa que ofrecen por sus cabezas.~ pensaría mientras seguía caminando mientras que mi lanza golpeaba mi hombro y me centraba a escuchar a la marea impactar con todo lo que estuviera a su paso.
#16
Moderador KataCristo
KataGOD
Recompensa Entregada.
[Imagen: 33ea44257ed180a1cc32423ae818ffff.gif]
#17
Tema cerrado 


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