Hay rumores sobre…
... una isla que aparece y desaparece en el horizonte, muchos la han intentado buscar atraídos por rumores y mitos sobre riquezas ocultas en ella, pero nunca nadie ha estado en ella, o ha vuelto para contarlo...
Tema cerrado 
[Común] [C-Pasado] El Marine y la Revolucionaria
Asradi
Völva
¿Por qué lo estaba haciendo más complicado? Los dedos de la sirena se aferraron no solo sobre sí misma, sino también sobre la cálida piel del escualo que, ahora, la rodeaba con sus brazos de manera protectora y sin medias tintas. No estaba llorando o, al menos, no era un llanto debidamente dicho, pero sentía las lágrimas correr, gruesas, por sus mejillas. Al menos hasta que se obligó a tragárselas. No solo eso, sino que las palabras de aliento de Octojin eran una mezcla agridulce. Porque era consciente que contaba con su apoyo pero también sabía que, ahora, tenía un deber como marine, poniendo quizás en peligro todo lo que él había conseguido.

Asradi tomó aire y asintió cuando, en un acceso de sonrojo, se percató de que la prenda se le había caído a la arena, y fue el mismo escualo quien se la entregó. Fue una débil sonrisa la que le dedicó a Octojin antes de volver a cubrirse con la misma, abotonándola en la parte frontal. Volviendo a esconder aquella marca de su espalda. Quizás, como siempre había tenido que estar: oculta. Pero había sentido tanta necesidad de abrirse sinceramente con él en ese sentido. Aún así, su cuerpo todavía temblaba suavemente por pura inercia.

Eres un idiota, ¿lo sabes? — No lo decía con afán de ofenderle ni de hacerle daño, sino desde el cariño. — ¿No te das de cuenta en la posición en la que te encuentras? Estás en la Marina, Octo. Sé lo que sientes por mi, y sé que no me perjudicarás ahora. Pero...

Una vez adecentada, se dió la vuelta solo para encararle, para poder mirarle directamente a los ojos. Grande fue su sorpresa al ver las lágrimas que también recorrían el rostro del gyojin. A la sirena se le estrujó el corazón en ese preciso instante y las lágrimas que ella había logrado contener parcialmente, volvieron a hacer que se le aguasen los ojos. No quería ese dolor para él. Alzó, ella misma, una mano hacia las mejillas contrarias, acariciándole, irguiéndose lo suficiente como para abrazar aquel rostro que tanto amaba. Para juntar su frente y sus mejillas con la piel de él, cerrando los ojos y solo sintiéndole en ese momento.

Tendrás que detenerme si nos encontramos en una situación peor. Si tú no vas solo en ese momento. — No solo por el hecho de ser una Revolucionaria, sino ahora también porque pesaba, sobre ella, una búsqueda y captura de un Dragón Celestial.

La situación no era mala. Era terrible.

De todas maneras, cuando él le aseguró que no haría nada sin avisarla, eso pareció tranquilizarla de manera parcial, dejándose acunar por las caricias que el grandullón le regalaba de una manera tan cuidadosa. Un suspiro quebrado brotó de entre los labios de la joven sirena, sopesando lo que el escualo le decía. Quizás era ella la equivocada, quizás lo que no debería hacer era alejar a los que querían ayudarla. ¿Cómo sería si la situación fuese al revés? En eso y en más cosas pensaba mientras él trataba de tranquilizarla y consolarla. Pero Asradi lo tenía clarísimo. Si fuese Octojin el afectado... Ella no lo dejaría tan fácilmente, aunque tuviese que recorrer todo el océano por ayudarle y estar a su lado. Tenía miedo de perjudicarle pero, al mismo tiempo, también entendía que el gyojin estuviese inquieto y frustrado por no poder hacer nada.

A ella no le gustaría que, precisamente, le hiciesen lo mismo.

Yo también te amo, grandullón. Gracias por escucharme... Y, sobre todo, gracias por no juzgarme. — Era lo que más miedo tenía.

O que, de alguna manera, el deber como marine del escualo hubiese primado por cualquier otra cosa. Pero ella sabía que Octojin no era así. Lo sentía en el alma.

Entiende que no quería, ni quiero, que esto te afectase en lo que has conseguido. Pero también comprendo que estás en tu derecho de preocuparte. A mi me pasaría lo mismo de estar en tu lugar. — A pesar de que su voz todavía sonaba algo insegura, se notaba que confiaba ciegamente en él. Y no solo eso, sino el cariño que le profesaba.

Pero todavía estaba dudando con algo. Algo que Octojin le había pedido minutos atrás y que ella todavía no le había otorgado: un nombre.

Asradi se mordisqueó el labio inferior con inseguridad. Sabía que si le daba un nombre, él empezaría a investigar, al menos. Pero, conociéndole, terminaría haciéndolo aún si no le daba alguna pista. Los ojos celestes de la sirena se posaron en los del escualo gyojin. Y, finalmente, suspiró.

Prométeme que tendrás cuidado... — Le miró directamente, esta vez con un gesto un poco más severo. Más preocupado por él. Tras eso, Asradi bajó la mirada, todavía temblaba ligeramente y el tener que acordarse de ese nombre solo lo hacía peor. Le detestaba de tal manera como no había sucedido con nadie más. Ese hombre sacaba lo peor de ella, deseando matarlo con sus propias manos. Y, al mismo tiempo, todavía le provocaba ese terror primitivo.

La pelinegra tomó aire, finalmente.

Sa... — Cerró los ojos, buscando calmarse cuando su cuerpo volvió a temblar como una hoja. Pero se obligó a continuar. — Shaitán... Su nombre... — Tomó aire. — … Su nombre es San Shaitán.

A medida que, efectivamente, lo nombraba, el tono de voz de Asradi fue menguando, como si temiese invocarle de alguna manera. Como si temiese que le escuchase. Pero fue la presencia de Octojin, su apoyo, la que le hizo suspirar y volver a buscar su protección y su seguridad. Una que encontró no solo con sus palabras, sino con todo lo que él representaba. Fue la misma sirena la que le correspondió el beso, incluso con más devoción hacia él, con más énfasis. Como si con eso buscase, de alguna manera, sentirse más en consonancia con el gyojin. Lo que sentía por él, lo que haría por él en cualquier sentido... Era algo que ni el mismo océano podría impedir.

Vamos a dar esa vuelta, por favor. Necesito no pensar en todo esto... — O, más bien, necesitaba distraerse. — Quiero que me cuentes todo lo que has hecho durante este tiempo. — Finalmente, hubo una sonrisa suave que se dibujó en la faz de la habitante del mar. Se recolocó el pañuelo para que, efectivamente, nadie pudiese reconocerla en el caso de que se cruzasen con gente. Y, sin dudarlo, tomó una de las manos de él, buscando sus dedos y su protección y calidez con tan solo ese gesto.

Necesitaba distraerse con otra cosa.

¿Ya te dije que estás muy guapo con ese uniforme? — Volvió a coquetearle. Una porque sí lo pensaba. Y dos para que el ambiente se aligerase un poco después de todo.
#11
Octojin
El terror blanco
Octojin escuchó con atención mientras Asradi pronunciaba el nombre que parecía atormentarla. Le costó tanto decirlo que durante un momento pensó que no lo diría jamás y sería víctima, de nuevo, de esas tormentas mentales que le atizaban cada vez con mayor fuerza. Pero no, con el suficiente valor, la pelinegra soltó aquella palabra que tanto le costaba. Una única palabra que llevaba a nos atormentando.

Shaitán.

El tiburón sintió cómo se le tensaban los músculos de todo el cuerpo al oírlo. Su puño se cerró con tal fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, como si con ese gesto pudiera descargar aunque fuera un ápice de la ira que empezaba a recorrerlo. No quería asustarla, así que respiró profundamente antes de mirar a la sirena. Ese hombre había marcado su vida, y ahora también marcaba la de él.

No era el momento para perder la calma. Asradi lo necesitaba, y lo último que deseaba era añadirle más preocupaciones. Así que asintió despacio, guardándose la furia para un momento más oportuno. Cambiar de tema parecía lo mejor para ambos.

—Bueno… Ha sido un tiempo movido para mí también, ya sabes cómo es la vida en la Marina —empezó, relajando su tono mientras entrelazaba sus dedos con los de ella. Sentir su calidez ayudaba a calmarlo.

La llevó de la mano hacia un camino más tranquilo, dejando que las olas quedaran atrás. Sus pasos eran firmes pero lentos, dando tiempo a que la conversación fluyera con naturalidad. Solos, con sus palabras y el suave sonido de las olas rompiendo por la zona. El sonido de sus vidas.

—Hace poco ascendí a alférez, ¿puedes creerlo? —comentó con una sonrisa orgullosa. Sin embargo, no quiso hacer demasiado énfasis en sí mismo. No buscaba vanagloria, sino distraerla de las sombras que cargaba—. Estuve persiguiendo a un pirata conocido como Broco Lee, un tipo bastante intenso. Era uno de los piratas más fuertes del East blue, pero no era su fuerza la que nos llamó la atención, sino su historia... Pertenecía a los piratas veganos, una banda pirata de lo más curiosa. Como su nombre indica, son veganos y... Durante el transcurso de la batalla, ¡Broco Lee comió carne! Y confesó no ser vegano... Deberías haber visto las caras de sus aliados, sin duda se quebraron.

Hizo una pausa para reírse un poco, recordando los momentos más inusuales de la captura.

—Lo gracioso fue que, durante la pelea, terminé salvando a una nutria —Se llevó una mano a la nuca con un gesto entre divertido y resignado—. Tuvimos una pelea intensa en el agua, la nutria estaba cautiva y la soltaron porque estaba en un estado incontrolado. Sulong creo que lo llaman. Ahora está en nuestra brigada, se llama timón y es bastante mona.

El tiburón dejó escapar un suspiro ligero, observando cómo Asradi esbozaba una pequeña sonrisa mientras lo escuchaba. Eso le dio ánimos para continuar. Cualquier cosa que alejase a la sirena de su semblante preocupado, era una gran victoria para él.

—La verdad, ha sido un desafío, pero me siento orgulloso de todo lo que estamos logrando. No es solo atrapar criminales, ¿sabes? Es poder marcar la diferencia, aunque sea en pequeños pasos. Es por eso que estoy aquí, Asradi, porque quiero luchar contra las injusticias que nos persiguen desde hace tanto tiempo. Y eso pasa por objetivos muy ambiciosos. Tiene que ver con esos dragones celestiales, con esas tiranías del estado, con las injusticias en general. Desde arriba se pueden cambiar cosas... Y lo haré, te lo prometo.

La miró a los ojos, con una mezcla de determinación y cariño. Todo lo que decía era cierto, pero la presencia de Shaitán en sus pensamientos era una espina constante. No podía ignorar lo que aquel hombre representaba, no después de lo que ella había confesado. Sin embargo, no quería que la tristeza volviera a apoderarse de la conversación, así que le sonrió con suavidad.

—¿Y tú? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia ella, intentando captar toda su atención— ¿Qué ha sido de tu vida? Sé que las cosas han sido complicadas, pero quiero saber cómo te las has arreglado. ¿Alguna aventura que contarme? ¿Algo que decir de esos amiguitos revolucionarios que te has echado?

Mientras hablaba, no podía evitar pensar en Shaitán. ¿Cómo podía alguien tan cruel vivir mientras otros sufrían bajo su yugo? Octojin sabía que Asradi tenía razón: no podía arriesgar su posición en la Marina persiguiendo algo sin sentido. Pero tampoco podía quedarse quieto. Si tenía que moverse, lo haría con cuidado, asegurándose de no ponerla en peligro. Buscaría los enlaces que pudiera para conseguir dar con la ubicación de ese hombre. Y después, ya pensaría en un plan. Algo que pudiera hacerle sentir mejor, que liberara su estado actual. Y el de su sirena.

Apretó su mano un poco más, casi como un gesto instintivo para asegurarse de que seguía allí, de que seguían juntos en esto.

—Prometo que tendré cuidado con todo esto, ¿de acuerdo? Pero no puedo ignorarlo, Asradi. Si ese hombre está ahí fuera… —Hizo una pausa, apretando los labios, conteniéndose para no prometer algo más agresivo de lo que ella podría aceptar— Quiero saber más de él. No haré nada imprudente. Te lo prometo. Lo investigaré con discreción y te diré todo lo que obtenga. Ya tengo Den Den Mushi, así que nos podemos comunicar sin problemas.

Mientras ella hablaba de lo que había sido su vida, Octojin intentó concentrarse en sus palabras, en los detalles de su historia. Le resultaba imposible no admirarla por todo lo que había pasado y lo fuerte que seguía siendo. Cuando se refirió a su uniforme, una ligera risa escapó de su garganta.

—¿De verdad crees que me queda bien? —bromeó, sonrojándose un poco por el cumplido— Supongo que debería usarlo más a menudo entonces. Menos mal que has venido ahora y no durante los primeros quince días... Llevé el uniforme de un gigante, que me quedaba muy grande, luego el de un tipo que era un humano pero sufría de gigantismo, y me quedaba bastante justo... Hasta que me hicieron este, a medida.

La tranquilidad momentánea lo animó a aprovechar ese instante de cercanía. Se detuvo, girándola suavemente hacia él. Las palabras de amor y agradecimiento de Asradi resonaban en su mente, llenándolo de una calidez que parecía disipar las sombras del pasado. Colocó sus manos sobre sus mejillas con delicadeza, inclinándose para besarla con ternura, dejando que ese gesto hablara más que cualquier palabra.

Cuando se separó, apenas unos centímetros, sonrió, a sabiendas de que era un momento que había soñado en infinidad de veces.

—Gracias por confiar en mí, Asradi. Sé que no es fácil, pero estoy aquí para ti. Siempre. Y para siempre —Hizo una pausa, susurrando—. Ahora vamos, que todavía tenemos mucho que compartir. ¿Quizá volvemos a la posada? Será más tranquilo para hablar de todo lo que quieras. O podemos ir a una taberna, a tomar algo.

Tomándola de la mano nuevamente, Octojin se sintió agradecido por ese momento de paz. Sabía que los desafíos no habían terminado, pero tenerla a su lado hacía que todo pareciera más fácil de enfrentar. Juntos eran más fuertes. Y juntos eran.
#12
Asradi
Völva
Por fortuna, Octojin le había entendido sin pedirle más explicaciones de nada. Inclusole tomó la mao y la condujo por un camino mucho más tranquilo donde no parecía ya concurrir nadie más que ellos dos. Los dedos de Asradi se habían enredado y enlazado, con cariño y necesidad, en los del escualo cuando él acogió su mano entre la más grande suya. Eso, y centrarse en la voz de Octojin, fue un aliciente para que su cabeza se fuese distrayendo del otro asunto en cuestión. El que más miedo y más le dolía a ella en ese momento. Era consciente, por desgracia, que Octojin se iba a implicar, de una manera u otra. Podía notárselo. Y tampoco podía culparle, pero sí le preocupaba bastante al respecto el hecho de que él se metiese. O, más bien, que Shaitán se enterase de la existencia del gyojin tiburón y lo involucrase en sus funestos planes. La pelinegra se acomodó, con la mano libre, la pañoleta roja, recolocándose algunos oscuros flequillos que se le escapaban a través de la tela. La brisa de la zona era fresca, marina y agradable, tal y como solía gustarle. Eso, y la voz de Octojin, su presencia, le hizo sonreír de una forma suave y genuina.

Claro que me lo creo. Te dije que lograrías grandes cosas, y estoy muy orgullosa de ti. — Le respondió cuando él le confirmó que, efectivamente, había subido escalones en la Marina. Eso no era solo bueno para él mismo, sino también para el resto de los de su especie. La mención del pirata vegano le hizo reír a continuación. — ¿Entonces engañó a su propia tripulación? A ver, respeto a todo el mundo, pero... Yo creo que no podría. Aunque ya no es la primera vez que se sorprenden de verme comer carne. Se deben de pensar que todas las sirena somos vegetarianas o algo así.

Asradi se encogió de hombros con esto. Era verdad, muchas sirenas eran veganas incluso, pero es que eso también dependía de la subespecie de cada una y, a veces, ni eso. Era para gustos. Aunque sí era verdad que más de uno se había sorprendido de verla comer peces. Quizás creyendo que, precisamente, por ser una sirena, no se alimentaría de criaturas marinas. Eso, a veces, hasta sonaba un tanto especista o racista. ¿Acaso la gente de la superficie no se alimentaba también de animales, precisamente, de ese lugar?

Luego, Octojin continuó con el tema de la nutria. ¿Sulong? Nunca había escuchado hablar de eso, y ahora tenía curiosidad por saber a qué se refería. Pero claro, imaginarlo no era lo mismo que verlo. De todas maneras, para Asradi era suficiente con tan solo escucharle. Y eso se evidenciaba en la suave sonrisa que se le había dibujado durante el proceso en el que Octojin le contaba aquello.

El tema de los Dragones Celestiales... — Un suspiro se le escapó poco después, estrujando un poco más los dedos contrarios al hacer tal mención de ellos. — … Creo que es algo más delicado. Si fuese tan fácil ya hubiesen sido derrocados por mucha gente que los desea ver fuera del mapa. Pero sí es verdad que ir ocupando puestos en el gobierno, quizás, es un paso a favor nuestro. Sé que te vas a implicar, aunque yo te pida lo contrario. Así que lo único que puedo pedirte es que tengas cuidado y no te arriesgues si no es necesario.

Octojin mismo le estaba diciendo, de hecho, que no podía ignorar tal hecho. Ella tampoco podía hacerlo, la verdad. Y no lo haría tampoco si la situación fuese al revés y se tratase del escualo el que estuviese en su misma situación.

Yo he estado viajando de aquí para allá. Durante un tiempo no me establecí, durante mucho rato, en un mismo lugar. Precisamente para que no fuese fácil localizarme. — Y, aún así, la habían localizado tarde o temprano. Por inercia, iba acariciando los dedos y el dorso de la mano del gyojin a medida que hablaban y caminaban. Eso también le ayudaba a distraerse, a estar más tranquila. A centrarse en el aquí y ahora. — En Kilombo fue donde conocí a Airgid y a un par más. Terminamos viajando juntos.

Comenzó a explicar, mientras iba rememorando tales hechos.

No sabía nada de los Revolucionarios en ese tiempo, pero a medida que avanzábamos, nos topamos con uno de ellos y fue quien nos metió en ese mundillo, por así decirlo. — Continuó con la explicación. — Tengo que confesar que soy demasiado afín a la forma de pensar de ellos en general. Creo que por eso también encajo mejor ahí que en la Marina o en otro lugar. — Hubiese querido seguir al lado de Octojin. Pero debido a su situación, la Marina era un peligro para ella. O, al menos, eso era lo que pensaba. — Y luego pasó lo de Oykot. — Carraspeó, donde se le dibujó una breve sonrisita traviesa. — En parte voy a ser mala y me hubiese encantado verte la cara. Espero no haberte disgustado mucho.

Era toda una sorpresa para quien la conociese, probablemente. Sus pasos se detuvieron, entonces, cuando Octojin se colocó delante o, más bien, le hizo dar la vuelta. Los ojos azules y penetrantes de la sirena se posaron en los contrarios. Fue ese momento que Asradi aprovechó también para deleitarse con sus facciones, con sus gestos. Sonrió de manera suave y entrecerró los ojos disfrutando de aquella calidez de la mano de Octojin en su mejilla. Incluso alzó una de las suyas para apoyarla en la contraria, haciendo más íntimo aquel contacto.

Siempre he confiado en ti, Octo. Si no te conté todo esto antes, no fue por falta de confianza. Sino porque temía involucrarte y que salieses lastimado. — Susurró, aprovechando que todavía sus rostros estaban próximos tras el suave y cariñoso beso. La sirena aprovechó esa cercanía para acariciarle también una de sus mejillas. — ¿Crees que sea seguro adentrarnos en la ciudad? No me gustaría meterte en problemas si alguien me reconoce y nos ve juntos.

Murmuró. Quizás lo de la posada, en realidad, no sonase tan mal. Pero también estaba hambrienta. Había llegado esa mañana, temprano, a Loguetown y casi no había probado bocado. Había estado totalmente centrada en localizar a Octojin.

Ahora podremos intercambiar el código de los Den Den Mushi y estaremos más comunicados a partir de ahora. — Sonrió.
#13
Octojin
El terror blanco
Octojin caminaba al lado de Asradi con una mezcla de emociones. Algo que venía siendo más que habitual cuando lo hacía con ella. La mano de la sirena entrelazada con la suya era un recordatorio tangible de que ella estaba allí, de que era real, pero las preocupaciones sobre todo lo que le había confesado seguían rondándole la mente. Y eso no tenía una solución temprana, al menos que el tiburón viese. Con un leve movimiento de cabeza, como si con ello el gyojin pudiera apartar esos pensamientos y centrarse en el presente, Octojin apretó con algo más de fuerza la mano de la sirena. Ella se merecía todo su apoyo y cariño después de haber confiado en él para contarle algo tan importante.

Cuando Asradi comenzó a hablar de su entrada en los revolucionarios, Octojin la escuchó con atención, manteniendo una ligera sonrisa.

— Suena muy natural, la verdad —respondió tras una pausa reflexiva—. Al final, todos los grupos suelen formarse de esa manera: por encuentros fortuitos y un propósito común. Y es lo mejor que puede ocurrir, la verdad, así los bienes comunes se consiguen lograr. Tú siempre has tenido esa chispa de querer hacer algo más grande, así que no me sorprende que hayas encajado allí. Aunque, claro, eso no quita que me preocupe por ti.

A medida que caminaban, Octojin notó cómo Asradi se relajaba poco a poco. Sus dedos jugaban suavemente con los suyos, y eso le hacía sentir que estaba logrando su propósito: calmarla y hacerla sentir cómoda. Cualquier diría que eso iba a ser posible después del drama inicial. Cuando ella mencionó que siempre había confiado en él, pero que no quería involucrarlo, el tiburón asintió despacio. Siempre había tenido esa sensación, la verdad. Pero es cierto que debe ser algo tan complicado de digerir, como de contar. Así que por su parte estaba perdonadísima.

— Lo entiendo, de verdad. Sé que querías protegerme, y aprecio que lo intentaras. Pero ahora que me lo has contado, somos un equipo en esto, al igual que en la vida. Si pretendemos compartirlo todo y buscar algo más... ¿Cómo no me voy a preocupar por esto? Obviamente te voy a intentar ayudar, Asradi. Y ya sabes que lo daré todo por ti, y siempre puedes contar conmigo, Asradi, sea en la situación que sea. No importa cuán difícil sea. — Su voz era firme, pero cálida, llena de sinceridad.

Al escucharla hablar de Kilombo, de Airgid y de su introducción a los revolucionarios, Octojin sonrió con cierta melancolía. Había algo en todo eso que le resultaba esperanzador, pero también un recordatorio de los caminos diferentes que ambos habían tomado.

— Kilombo… siempre me ha parecido un lugar interesante. Y Airgid… —rió entre dientes al recordar a la rubia— Digamos que la conocí en un momento bastante peculiar de su vida. Pero me alegra saber que ahora tiene un buen grupo a su lado. La vida es un pañuelo... Jamás pensé que esa tía se lanzaría a la aventura. Pero me alegra un montón que esté a tu lado.

Cuando mencionó Oykot, la sonrisa de Octojin se ensanchó. Habían salido en todos los periódicos, y con ese suceso desde la marina habían tenido noticias de que la revolución estaba ganando popularidad. Y no era para menos. Con su acción todo había saltado por los aires, casi literalmente.

— ¿Disgustarme? Para nada. Me sorprendió, sí, pero no podría estar molesto contigo por algo así. Si algo me ha quedado claro es que haces las cosas con el corazón. Solo espero que no tengas que enfrentarte a peligros mayores por ello. Y entre tú y yo, esa gente seguro que ahora es más feliz. Así que a mi me da igual si la felicidad de un pueblo la consiguen los piratas, los marines o los revolucionarios. El objetivo es el mismo. Aunque no le digas eso a mis superiores...

El tiburón se detuvo un momento cuando Asradi mencionó intercambiar los códigos de los Den Den Mushi. Sacó una de sus tarjetas de la marina y se la mostró. Ahí venía su número y el logo de la marina. Un poco turbia la tarjeta para alguien que no pertenecía a la marina, pero era protocolaria.

— Por supuesto. Aquí tienes el mío. Así, al menos, sabré que puedo llamarte si surge algo. Es un poco fea la tarjeta pero todos los cargos relativamente altos tenemos esa. Y, si necesitas cualquier cosa, no dudes en contactarme. — Le pasó el código, esperando que ella hiciera lo mismo. Sentía que aquello era un pequeño paso hacia mantenerse más cerca, pese a sus diferentes vidas.

Cuando la sirena mencionó entrar a la ciudad, Octojin asintió lentamente, sopesando la idea.

— Creo que podemos hacerlo, pero debemos ser cautelosos. Hay una taberna al norte de la ciudad, cerca del muelle, que no suele estar muy concurrida. Podríamos ir allí y hablar con más calma. — Hizo una pausa, mirando a su alrededor para asegurarse de que el camino seguía despejado—. Además, tengo hambre, y sé que tú también, nos suele pasar eso todo el rato, ¿no?  —comentó con una sonora carcajada —. No podemos ni charlar bien ni hacer nada con el estómago vacío, ¿verdad?

Con un gesto suave, guió a Asradi hacia la dirección de la taberna. Durante el trayecto, mantuvo la conversación fluida, intentando que se sintiera más relajada. La verdad es que habían pasado tantas cosas que era difícil ponerse al día sin olvidar nada.

— Me alegra tanto verte, Asradi. De verdad, te veo bien. Y me alegra que hayas encontrado un grupo que te apoye y con el que te sientas cómoda. Ojalá algún día pueda conocerlos a todos. — Su tono era genuino, incluso con un leve tinte de curiosidad, aunque sabía que aquello era complicado debido a las facciones en las que cada uno de los dos se encontraban. Pero nada era imposible.

Al llegar a las inmediaciones de la taberna, Octojin se detuvo un momento para observar el lugar. Era un establecimiento discreto, con paredes de madera envejecida por el salitre y una pequeña terraza donde apenas había un par de mesas ocupadas.

— Aquí estaremos tranquilos —dijo, abriendo la puerta para dejar que Asradi pasara primero.

El interior era acogedor, iluminado por lámparas de aceite y con un suave murmullo de conversación. Octojin eligió una mesa en un rincón, lejos de las miradas curiosas, y se sentó frente a ella. Mientras esperaban a que alguien les atendiera, se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando los codos en la mesa y sonriendo.

— Cuéntame más sobre tus aventuras. ¿Qué es lo más loco que te ha pasado en este tiempo? Yo puedo contarte después cómo me enfrenté a un gigante después de defenderle en una taberna. Te aseguro que es una historia que no te esperas.

La atmósfera se sentía más ligera, y Octojin estaba decidido a mantenerla así. Había mucho por lo que preocuparse, pero también había momentos como este que valían la pena. Momentos que quería atesorar.
#14
Asradi
Völva
La mención de Airgid le arrancó una sonrisa suave y, al mismo tiempo,no pudo evitar pensar en cómo estaría la rubia. Estaba algo preocupada por ella desde que Ragnheidr y los chicos se habían separado para ir a explorar un poco por su cuenta. Y, después, la sirena se había separado de la rubia. No le había explicado el motivo exacto, pero tarde o temprano tendría que decírselo. Más ahora sabiendo que tanto Airgid como Octojin se habían conocido. Pero Airgid era fuerte, mucho más de lo que todos creían. Mientras, continuaba la caminata, ahora un poco más tranquila, escuchaba todo lo que Octojin le estaba contando. También le alivió saber que no estaba decepcionado, aunque seguramente una buena sorpresa se había llevado en cuanto viese el cartel de Se Busca. De ser al revés, a ella le pasaría lo mismo.

No te preocupes, no me chivaré a nadie. — De hecho, lo que menos quería era causarle problemas de ese tipo en cuanto a su puesto de trabajo o con alguno de sus superiores. Pero sí tenía que reconocer, cada vez que le miraba de reojo, que aquel uniforme le sentaba muy bien. Simplemente, le pegaba. Y, además, era lo que Octojin había buscado, por lo que se sentía orgullosa y feliz de él.

Siguió con la mirada al escualo cuando se detuvo entonces, y Asradi hizo lo mismo. Esperó pacientemente, y con un deje de curiosidad que expresó de inmediato, tomó la tarjetita que el gyojin le ofrecía.

A ver. — Murmuró, contemplando el objeto en sí. Asradi le dió un par de vueltas, antes de fijarse en el número que allí estaba anotado. No pudo evitar una sonrisa un poquito divertida cuando vió el logo de la marina. Tan protocolaria. Tendría que esconderla bien, por si acaso. Tras eso, se fijó en el número y asintió, resguardando la tarjeta en su mochila, a buen recaudo. — Yo no tengo una tarjeta o algo tan elaborado, pero... — Rebuscó y extrajo un trozo de papel, donde le apuntó directamente su código de Den Den Mushi. Acto seguido, se lo entregó a Octojin en mano. — Seguramente, cuando te llame, sea desde un aparato cifrado para que no puedan interceptarnos la llamada.

No era porque no confiase en él, pero teniendo en cuenta que ahora era una persona buscada, se evitaba problemas hacia ambas partes. Tras eso, continuaron la caminata. Octojin le recomendaba, ahora, una taberna en la parte norte de la ciudad. La sirena asintió quedamente.

Si confías en que ahí estaremos seguros, entonces te seguiré. — En ese aspecto confiaba ciegamente en él. Ahora bien, en cuanto mencionó lo de su apetito, la pelinegra le dió un golpe firme, aunque suave, en un costado. — Oye, tampoco te pases, grandullón. Solo como lo que el cuerpo me pide.

Desvió la mirada en un gesto adorable, al cual se sumó un notorio sonrojo. Y sí, la sirena tenía un muy buen apetito. Quizás demasiado para lo que representaba ese cuerpo menudo. Pero no se andaba con remilgos para ese tipo de cosas.

Pero sí, creo que nos vendrá bien comer algo. — Ella no lo había hecho desde que había llegado a Loguetown. Y un poco de comida y bebida le sentaría de lujo.

Por fortuna, durante el trayecto, no se toparon con ningún inconveniente y pudieron acomodarse en un lugar íntimo y tranquilo del establecimiento según llegaron. Por si acaso, la sirena se acomodó la pañoleta sobre su cabeza, intentando ocultar sus rasgos lo mejor posible. No había demasiada gente, aunque el murmullo brioso del resto de clientes animaba un poco el ambiente.

Han pasado bastantes cosas, la verdad. — Sonrió casi de manera nostálgica, mientras le miraba. — Si no tenemos en cuenta un par de intentos de secuestro... — Había sido más de uno o dos, pero no quería preocuparle más de lo que ya estaba. — He estado en una boda de un tontatta y una anciana, hasta se nos unió un wotan. ¡Nunca había visto uno antes! — Los conocía, claro, pero nunca se había topado con uno hasta que conoció a Umibozu. — Pero la boda era con disfraces, había hasta marines. Me encontré con un viejo conocido ahí. Galhard, ¿te suena?

Miraba a Octojin con una sonrisa suave, había un brillo radiante en su mirada a medida que iba hablando.

Es buena gente. También tuvimos alguna aventurilla, aunque creo que lo más gordo ha sido lo sucedido en Oykot. — Ladeó la cabeza un poquito, pensativa, antes de volver a posar toda su atención sobre él. — Creo que, en esta ocasión, podré quedarme más días por aquí, en Loguetown. — Estaba ilusionada, se le notaba.
#15
Octojin
El terror blanco
Octojin sonrió cuando el golpe suave de Asradi le dio en el costado. No dolía, por supuesto, pero era suficiente para recordarle que a veces su boca iba más rápido que su cabeza.

— Está bien, está bien —dijo con una risita, llevándose las manos arriba como si se rindiera—. No quise decir que comieras demasiado, solo que... bueno, compartimos ese buen apetito. Al final es un hobby más que compartimos. Si es que estamos hechos el uno para el otro, sirenita.

La sirena desvió la mirada con un adorable sonrojo, y Octojin no pudo evitar pensar en lo afortunado que era por tenerla a su lado, aunque fuese en momentos como ese.



La taberna, un lugar de madera oscura y ligeramente desgastada por el salitre del mar, tenía una atmósfera cálida. Las lámparas de aceite emitían una luz suave que jugaba con las sombras en las paredes. El escualo guió a Asradi hasta una mesa en un rincón, lo suficientemente apartada para que no atrajeran atención. Mientras se acomodaban, Octojin no pudo evitar sonreír mientras escuchaba sus historias.

— ¿Intentos de secuestro? —preguntó alzando una ceja con incredulidad y preocupación. Pero su expresión se suavizó en una sonrisa cuando ella mencionó la boda del tontatta y la anciana— Eso suena como una verdadera tragicomedia. Aunque tengo que decir que lo del wotan me sorprende. En la Isla Gyojin ya son raros, así que toparse con uno en el resto del mundo debe ser casi imposible.

Al mencionar a Galahard, Octojin asintió, aunque no con total certeza.

— Me suena el nombre. Sé que pertenece a una brigada que ha estado haciendo bastante bien las cosas, pero no lo conozco en persona. Parece que has tenido bastantes aventuras en el camino — Su sonrisa se ensanchó—. Aunque me alegra que, pese a todo, sigas estando bien.

Justo en ese momento, un camarero se acercó a tomar nota. Octojin saludó con una inclinación de cabeza y luego miró el menú que ya conocía bien.

— Yo quiero una bebida especial grande, un buen zumo de cítricos, y dos platos: uno de costillas glaseadas con salsa de miel y especias, y otro de pescado al horno con guarnición de vegetales salteados —pidió, antes de girarse hacia Asradi—. Te recomiendo la sopa de mariscos, es uno de los mejores platos aquí. Y, si te apetece algo más, prueba los calamares fritos, son bastante buenos. Y no te preocupes que te daré a probar de lo mío si quieres.

Cuando el camarero se marchó con la orden, Octojin se reclinó en su asiento, mirando a Asradi con una expresión relajada.

— Déjame contarte algo que me pasó hace poco — Su tono se volvió más animado mientras comenzaba su relato—. Hace un par de semanas, estaba en una taberna diferente, en otro puerto, después de una misión bastante aburrida y sencilla de hacer. La acabé y me encontré con un gigante en una taberna. Me fascinan, porque son super nobles generalmente, y me parece una forma de tomarse la vida que ojalá yo tuviera. El caso es que lo estaban increpando tres tipos, diciéndole que se largara porque ocupaba demasiado espacio, y el tipo se fue a una esquina para no molestar, pero aún así seguían. No podía quedarme de brazos cruzados, así que me levanté y les pedí amablemente que salieran. Por suerte, me hicieron caso... al principio.

El tiburón soltó una risa baja y sacudió la cabeza.

— Pero claro, cuando me fui de allí, me estaban esperando. Ya no eran tres, eran como diez. Me emboscaron en un callejón y, bueno, digamos que no fue fácil. Logré derrotarlos, pero acabé bastante herido — Su sonrisa se ensanchó al recordar—. El gigante apareció justo después y me llevó a que me atendieran. Estuve un par de días recuperándome, y cuando salí, quiso agradecerme la ayuda invitándome a una pelea amistosa.

Hizo una pausa para observar la expresión de Asradi antes de continuar.

— Por supuesto, no podía decirle que no, ¿verdad? Es parte de esa especie de clave de honor entre guerreros — Su voz se volvió algo más melancólica—. Pero lo que no esperaba era que la pelea durara horas. Ya estaba herido de la emboscada, pero no podía simplemente rendirme. Al final, terminé inconsciente por el dolor, y creo que eso fue lo único que me detuvo. Aun así, fue una experiencia extraña pero memorable.

Justo en ese momento, el camarero regresó con la comida. Octojin observó con ojos brillantes cómo colocaban los platos en la mesa.

El primero era un plato humeante de costillas glaseadas, cubiertas con una capa brillante de miel especiada que se mezclaba con el jugo de la carne al desprenderse del hueso. El aroma dulce y ligeramente picante llenaba el aire, haciendo que el tiburón empezase a salivar más rápido.

El segundo plato, el pescado al horno, estaba perfectamente dorado, con una guarnición de vegetales coloridos: zanahorias, pimientos y espárragos salteados que conservaban su textura crujiente. La piel del pescado estaba crujiente, y el interior, tierno y jugoso. Aquél era el mejor pescado que había probado en Loguetown, pero como la taberna estaba alejada del centro y no invitaba a entrar por su presencia exterior, la gente no lo conocía.

El camarero también colocó los platos frente a Asradi, sea cuales fueran los que finalmente hubiese pedido. Se inclinó hacia adelante, cogiendo los cubiertos, y miró a Asradi con un brillo juguetón en los ojos.

— Vamos a comer antes de que se enfríe. Y luego quiero saber más sobre esa boda tan peculiar. Estoy seguro de que tiene detalles que no me has contado aún. — Y, con eso, comenzó a disfrutar de su comida, saboreando cada bocado con evidente entusiasmo.
#16
Asradi
Völva
Asradi asintió en cuanto la conversación giró, inicialmente, en tono a Galhard.

Él me dijo lo mismo cuando pregunté por tí. Que le sonabas. — Se rió ligeramente, casi con un deje de timidez en ese momento. — Nos conocimos en Kilombo hace unos años. Y nos volvimos a reencontrar en el mismo lugar hace varios días ya. Justo en el evento ese de la boda. — Lo que la hizo reír de nuevo. Porque pensar en esa festividad le traía momentos de alegría. Eses momentos en los que había podido relajarse.

También continuó contándole un poco más, aunque no hizo demasiado inciso en los intentos de secuestro teniendo en cuenta el alzamiento de ceja del gyojin. No quería preocuparle más de lo que, seguramente, ya pudiese estar ahora que conocía la carga que ella llevaba sobre sus hombros. O sobre su espalda en este caso.

No era momento de recordar los instantes o sucesos tristes, sino al contrario. Se habían vuelto a reencontrar y eso era motivo de alegría, de festividad. Un camarero no tardó en acercarse, finalmente, a la pareja a tomarles nota de lo que sea que quisiesen tomar. Esperó con paciencia a que Octojin se decantase por su comida y ella dudó.

Yo quiero una de esas bebidas especiales también como la suya. — Tenía curiosidad y ahora quería probarla. Lo que no pidió fue un zumo, casi arrugó la punta de la nariz al pensar en ello. Fue entonces que el escualo le recomendó un par de platos que, al menos de oídas, se le antojaban sabrosos. La sirena sonrió y asintió. — Pues lo que él ha dicho: Quiero la sopa de mariscos. Con muchos mariscos y los calamares fritos. Y no me traigas las raciones pequeñas. — El camarero tomó nota y fue entonces que Asradi justo se percató de lo que habían estado hablando antes, sobre la comida, y se sonrojó fuertemente durante unos momentos.

Estuve toda la mañana esperándote, ¿vale? Tengo hambre. — Fue la excusa que puso, en un gesto de falsa ofensa. Aunque pronto le echó la lengua un tanto divertida. Se desperezó un poco, más relajada, mientras esperaban a la comida, y fue entonces que Octojin decidió contar una historia. Los ojos de la sirena se posaron directamente en él mientras le escuchaba con completa atención.

Inicialmente, el relato empezó bien, aunque la mención del gigante pronto llamó la atención de la sirena. Nunca había visto uno como tal. ¿Serían tan grandes como Umibozu? Aunque Ragnheidr era bastante alto, ¿se le podía considerar a él un gigante? No, entonces por esa regla de tres también tendría que incluir a Octojin, aunque sí era consciente que, entre los gyojin y sirenas, esa estatura solía ser normal también. ¡Menudo lío! Fuese como fuese, la pelinegra estaba totalmente absorta por el relato. Incluso suspiró algo un par de veces.

En ocasiones la gente no entiende, o no quiere entender lo que se le pide. Aunque sea por las buenas. — Chasqueó un poco la lengua, pero no interrumpió más de momento. Quería seguir escuchando.

Y vaya si escuchó. Su expresión se alarmó casi al instante en el que Octojin dijo que había salido herido. Y no solo eso, sino que luego se había peleado, aunque amistosamente, con el gigante, y había terminado por los suelos e inconsciente por el dolor. La sirena apretó ligeramente la quijada y tomó aire.

Entiendo todo eso del orgullo entre guerreros... — O intentaba entenderlo, más bien. — Pero creo que fuiste un poco inconsciente llegar hasta ese punto. — Y se lo dijo así a la cara, sin medias tintas. Asradi le miró un tanto con el ceño fruncido antes de relajar la expresión. — Lo importante es que estás bien y es lo que más me alivia. — Una de sus manos acarició la contraria, en un gesto que, más bien, pretendía para tranquilizarse a sí misma al respecto.

La comida, entonces, no tardó en llegar y los ojos celestes de la sirena se abrieron de par en par. Las raciones eran grandes y, tal y como había pedido, la sopa restaba repleta de mariscos. Y fue a lo primero que le dió una buena probadita tras tomar los cubiertos. Con soltura, probó primero el caldo, haciendo luego un sonidito gracioso de gusto. ¡Octo tenía razón, eso estaba de muerte! Acto seguido atacó una almeja, la cual abrió con naturalidad y sin mancharse ni un ápice. Estaba habituada a ello, se le notaba.

Tenías razón. Está brutal. Ahora quiero venir aquí más veces. — Y eso que todavía no atacaba los calamares. Y las costillas que el gyojin se había pedido.

Los ojos de Asradi se fueron unos momentos hacia ellas, antes de volver al mundo real y atender al grandullón.

Tiene bastantes detalles, sí. — Comenzó a contar mientras iban comiendo y disfrutando de aquellos manjares. — Aunque creo que algunos me los perdí de tanto que bebí eses días. Fue apoteósico. — Sonrió de forma suave. — Era una boda temática, de hecho, teníamos que ir disfrazados. No me gustaba mucho la idea, pero bueno... Al final un amigo y yo nos conseguimos disfraces. Me tocó ir de sushi y no fue tan mala idea. Podía disimular la cola perfectamente. — Se rió divertida.
#17
Octojin
El terror blanco
Octojin no pudo evitar sonreír ante las palabras de Asradi sobre Galhard. Parece que no lo estaba haciendo tan mal, a fin de cuentas. El mar del este había debido extender algún tipo de rumor sobre él y éste había llegado hasta Kilombo, que en principio era donde estaba destinada la brigada de Galhard. O quizá se enteraron de su existencia tras el ataque al faro que exitosamente defendieron por parte de los piratas veganos. Él, por su parte, también había oído rumores sobre él y su brigada, siempre en boca de los marines más jóvenes. Que la sirena mencionara que Galhard le reconocía solo alimentaba el ego, pero de manera saludable.

—Es bueno saber que dejo huella —comentó con una sonrisa mientras levemente inclinaba la cabeza hacia ella—. Aunque lo del evento de la boda ya es otro nivel. Parece que no solo atraes la atención de la gente, sino también las aventuras más peculiares.

Mientras el camarero tomaba nota de los pedidos, Octojin observó con una sonrisa amplia cómo Asradi optaba por su recomendación. Se alegró de que confiara en su juicio, y al escucharla pedir una ración grande, la situación se volvió aún más cómica. La forma en que intentó excusarse, ligeramente sonrojada, lo hizo estallar en una nueva risa.

—¡Lo entiendo perfectamente, tranquila! —dijo levantando ambas manos con teatralidad, y luego se llevó el dedo índice a la boca en señal de silencio—. No diré nada, pero… —hizo una pausa, con una sonrisa divertida—… creo que ya salivabas solo con pensarlo. A mí me pasa también, es como una reacción automática. Viva la comida.

Cuando el camarero llegó con los platos, los ojos de Octojin brillaron como si un tesoro se hubiera presentado frente a él. Y no era para menos, aquello era una amalgama de experiencias sensoriales. Primero, la vista enseñaba lo que parecía una completa obra de arte. Después llegaba el olor, que no hacía sino incrementar esa creencia. Y por último, entraría el gusto, aunque para eso habría que dejar pasar unos segundos más.

En la bandeja, unas costillas de gran tamaño descansaban sobre una cama de papas doradas, con una salsa que despedía un aroma ahumado y dulce al mismo tiempo. El pescado, por su parte, era un espectáculo: filetes perfectamente dorados, cubiertos con un toque de hierbas frescas y limón. Todo acompañado de una ensalada de algas marinas frescas. Sin duda aquella taberna merecía un mayor reconocimiento. El tiburón seguro que empezaba a comentarlo en la base marina para que la gente comiese allí y poco a poco se extendiese el rumor. Aunque a él particularmente le vendría mal tener su sitio favorito lleno, lo cierto es que los trabajadores de allí se merecían que les fuese bien por la dedicación que tenían en cada plato.

—Esto huele mejor de lo que recordaba —comentó mientras tomaba un cuchillo afilado y un tenedor, cortando con destreza un trozo de costilla. Había mejorado una barbaridad en el tema de los modales, y ya no comía con las manos en los restaurantes. Le daba vergüenza hacerlo con sus compañeros marines, aunque con Asradi podía ser completamente distinto. Sin embargo, se decidió a hacerlo así por costumbre, casi sin pensar en ello. El primer bocado fue una explosión de sabor: la carne era tierna, con un toque de carbón que realzaba el dulzor de la salsa. —¡Esto está increíble! Tienes que probarlo. —Le ofreció un trozo a Asradi, extendiéndolo con cuidado para que lo tomara.

—¿Qué opinas? —preguntó, observándola con curiosidad antes de cortar otro pedazo para sí mismo. Luego, pasó al pescado. El exterior crujiente dio paso a una carne jugosa y bien cocida, impregnada con el cítrico del limón y un delicado toque de especias. Le ofreció también un trozo, sonriendo ampliamente. —Si esto no es la perfección culinaria, no sé qué lo será. Yo con esto soy feliz, sirena mía. Con una comida así de sabrosa y tu presencia, me puedo jubilar ya si quieres.

Mientras seguían comiendo, Octojin retomó el hilo de la conversación. Asradi había mencionado la boda temática, y aunque no entendía del todo la idea de disfrazarse para un evento así, no podía dejar de imaginarse a la sirena vestida de sushi. Debía estar graciosa. ¿Estarían todos disfrazados de comida? ¿O la temática en sí era ir disfrazados?

—Debiste ir monísima. Me cuesta imaginarlo, pero tiene su encanto. ¡Qué idea más divertida para una boda! —Se rió, limpiándose una gota de salsa de la boca con la servilleta. —Aunque te imagino intentando no comerte el disfraz por el hambre.

Entonces, sin pensarlo mucho, soltó algo una frase de la que después se arrepintió un poco. No por haberla dicho, sino por hacerlo en aquella situación que no venía muy a cuento, pero le pasaba mucho que quería bromear y sus bromas no es que entrasen muy bien.

—¿Y para cuándo es la nuestra? —La pregunta salió en evidente tono de broma, pero inmediatamente después se dio cuenta de lo que había dicho. Su rostro, normalmente de un gris pálido, adoptó un tono rojizo que era difícil de ignorar. —Ehhh… digo… bueno, no quería decir eso así… ya sabes, ja, ja… —Intentó reírse, pero su incomodidad era palpable.

Para cambiar rápidamente de tema, levantó las manos y añadió algo antes de rascarse compulsivamente la nuca.

—¡Después de esto puedo llevarte a los astilleros! Así te enseño lo que he estado construyendo últimamente. Seguro te va a gustar. —El escualo tomó un sorbo grande de su bebida, intentando disimular el bochorno. La idea de casarse con Asradi era algo que nunca había considerado abiertamente, pero el pensamiento se quedó flotando en su mente, alimentando un pequeño caos interno que trató de mantener bajo control.

Mientras esperaba su respuesta, Octojin no pudo evitar pensar en lo mucho que valoraba momentos como este con la sirena. Su risa, su compañía y la calidez que traía a su vida eran cosas que nunca querría perder. Quizá por eso surgían de su interior pensamientos como aquél.
#18
Asradi
Völva
La comida era deliciosa, el ambiente cálido y, lo mejor de todo, es que estaba compartiendo ese momento con Octojin. ¿Cuántas noches había deseado tenerle a su lado? El poder verle, sentir su cercanía, admirar sus ragos y con todo lo grande y bruto que podía ser físicamente hablando, lo cálido que era en el fondo. Una sonrisa se había apaciguado en la sirena mientras pensaba en eso. En lo que la vida les había puesto por delante. Era un camino duro, sin duda alguna, pero ahí estaban de nuevo, solventando los obstáculos de la mejor manera que sabían. Pertenecían a un mismo mundo, aunque a dos facciones totalmente diferentes y opuestas. ¿Y qué? Lo único que importaba, ahora mismo, eran ellos dos.

Te has refinado, por lo que veo. — Mencionó, con un sutil aire divertido mientras le veía usar los cubiertos de aquella manera tan ágil y cómoda. Tan contrariamente a cómo había sido en Momobami en aquella ocasión. Y, aún así, Octojin sabía que, con ella delante, no tenía porqué contenerse si no quería. Asradi solo deseaba que fuese él mismo. — Pero es verdad, huele todo que alimenta. Espero que no te moleste que traiga a los demás aquí a comer. — Claro, al resto del escuadrón Ulykke. Lo que señalaba que, seguramente, pronto se reuniría con ellos en esa ciudad. — Vendrán en unos días, yo me he adelantado para... Bueno, para venir a verte. — Confesó, con un aire tímido pero también sincero.

Tomó un sorbo suave de aquella bebida que le habían servido. No era cerveza y parecía algo especiada, pero estaba realmente buena. Le caldeaba las entrañas y el corazón, incluso. O quizás era tan solo el ambiente o su estado de ánimo actual.

También aceptó el trozo de costilla que le escualo le ofreció. Ella misma lo tomó con la mano, pinchando con los dedos. Y, con un gesto sutil, se lo llevó a la boca. ¡Qué tierna estaba la carne! Ese dulzor de la salsa cítrica con lo crujiente de la corteza y lo tierno del interior. Los mismos dedos que había usado Asradi para tomar el pedazo, se los llevó directamente a los labios, gratamente sorprendida. Y mirando a Octojin con los ojos muy abiertos. Se notaba que ambos estaban disfrutando de la comida y de ese momento que, solamente, era de ellos dos.

¡Me encanta! Está todo muy bueno. — Y eso que todavía ni había probado los calamares fritos. Entonces, se le ocurrió algo. Ya que Octojin le había compartido su costilla. Puso sus comandas en el medio de la mesa, tras haber pedido un par de platos vacíos. — Quiero compartirlo contigo, Octo. Es un momento tranquilo y los dos nos merecemos estes momentos de asueto entre tú y yo.

Se sirvió, entonces, un poco de los calamares fritos mientras continuaban hablando.

No estaba convencida con lo del disfraz conste. Pero uno de mis compañeros se disfrazó de salsa de soja y... Bueno, al final fue una velada divertida y que vale la pena recordar. — Sonrió con ilusión. Aquello no lo olvidaría jamás en la vida. — Por fortuna, mi grandullón, no tuve que comerme el disfraz. Había montón de comida. Y bebida no te cuento. Nunca había tomado tanto en toda mi vida. — Y eso ya era mucho decir.

Hacía años, muchos años, que no lograba divertirse, o tener un momento de paz como aquel. Ya estaba Asradi pinchando uno de los calamares fritos cuando, de repente, a Octojin se le ocurrió hacer esa pregunta. No se le cayó el tenedor, y su contenido, de puro milagro y sus ojos se abrieron de par en par.

¿La... nuestra? — De inmediato sus mejillas se colorearon de pura inercia. Y, también de imaginarse la situación en sí. Claro que Octojin también pareció darse de cuenta de lo que había dicho que se había puesto tan nervioso como una sardinilla rodeada por un tiburón. Eso fue suficiente como para que la vergüenza inicial de ella, pasase a un segundo plano.

Y le hiciese pensar. ¿Quería algo más con él? La respuesta la tenía clarísima: Sí. Pero primero debían ir poco a poco. Fue la mano de Asradi la que, ahora, se posó en la del escualo, a modo de tranquilizarle. De apoyarle.

Para cuando tú quieras y estemos preparados. — Le miró directamente a los ojos, con una sonrisa suave. No continuó con ese tema para no incomodarle más, así que le dejó cambiar de vía, por así decirlo. — Y me encantaría que me enseñases los astilleros. De hecho... — Movió un poco la ropa que le cubría la parte superior del cuerpo. Y de ahí extrajo algo. Con aquella talla de madera que Octojin le había regalado la última vez, le había pasado un cordel fuerte y la había convertido en un colgante.

Como ves, siempre la llevo conmigo. — Sonrió con cierta dulzura. — Ahora, comamos, disfrutemos, y luego me enseñas los astilleros. Y todo lo que has logrado. — Se sentía especialmente orgullosa de él.
#19
Octojin
El terror blanco
Octojin se llevó una mano a la nuca y soltó una pequeña risa, tratando de aliviar la vergüenza que todavía sentía tras su desafortunado comentario. Desafortunado más que nada por el momento en el que se dió. Ambos estaban muy cómodos y el comentario produjo una cierta y palpable incomodidad que destrozó en parte el momento. Aunque Asradi parecía tranquila, él seguía sintiéndose un tanto torpe. Sin embargo, sus palabras y la forma en que intentó calmarlo con su tacto lograron devolverle la confianza.

—Sí, bueno… —murmuró con un tono de voz nervioso—. Mejor dejemos ese tema por ahora.

La mención del disfraz de sushi le arrancó otra sonrisa amplia.

—¿De sushi, dices? Puedo imaginarte perfectamente en esa boda, rodeada de comida y bebida, y tú ahí, brillando con ese disfraz —Hizo una pausa y agregó con una carcajada

Cuando Asradi le dijo que quería ir a los astilleros, el escualo asintió con entusiasmo, aunque aún se sentía un poco nervioso por la idea de llevarla a un lugar tan vinculado a la Marina. Para calmar un poco la tensión, decidió imitar el gesto de la sirena y colocó sus platos en el centro de la mesa, al alcance de ambos.

—Buena idea, así podemos probar de todo —comentó mientras tomaba un poco de los calamares fritos que había pedido Asradi. El sabor era espectacular: crujientes por fuera y jugosos por dentro, con un ligero toque cítrico que realzaba su frescura. —¡Esto está increíble! Creo que he tomado la mejor decisión recomendándote este plato.

Entonces, la sirena sacó la talla de madera que él le había regalado y le mostró cómo la había convertido en un colgante. Octojin no pudo evitar quedarse mirándola, conmovido.

—Siempre la llevas contigo… —repitió en un murmullo. Sacó su propio llavero de su bolsillo, mostrándole el pequeño mechón de su melena que había convertido en un adorno. —Pues mira, yo también llevo algo tuyo conmigo. Lo encargué a un tipo que hace manualidades en la base. Pensé que quedaría bonito.

El ver aquél objeto una vez más logró tranquilizarle un poco, a pesar de que tenía delante a la propia sirena, ya tenía interiorizado que el llavero era un símbolo al que acudir cuando buscaba tranquilidad. Cuando quería estar relajado. Y, como todavía sentía que necesitaba un respiro, se levantó de la mesa con una leve disculpa.

—Discúlpame un momento, tengo que ir al baño. No tardo, espero no darte el tiempo suficiente para acabar con todo —dijo rápidamente antes de marcharse, intentando disimular un poco.



Una vez dentro del baño, Octojin se apoyó contra el lavabo, mirando su reflejo en el espejo mientras se llevaba las manos a la cabeza.

—¿Cómo pude decir algo así tan de repente? —murmuró en voz baja mientras sus branquias se movían con rapidez por la ansiedad que le producía el pensar en ello. Claro que quería casarse con Asradi, pero aquella no era la forma de plantearlo. —¡Qué idiota soy! Esto tenía que ser especial, no algo que soltara sin pensar mientras hablábamos de comida.

Se lavó las manos y, luego, se echó agua en la cara, tratando de calmar el rubor que todavía coloreaba su piel. Respiró profundamente un par de veces antes de salir del baño y regresar a la mesa. Aquello había sido un momento para tranquilizarse, para sentirse de nuevo cómodo consigo mismo y restarle algo de importancia al comentario. Aunque esto último no lo había logrado en absoluto.



De regreso, Octojin se sentó y miró a Asradi con una expresión serena, aunque todavía le costaba ocultar su nerviosismo. Pero se esforzó en disimular, al fin y al cabo, debían disfrutar y ponerse de nuevo al día.

—Oye… —dijo con voz tranquila— Quiero disculparme por antes. No quise incomodarte con mi comentario. Fue… un error de cálculo, digamos. —Sonrió un poco, esperando que el ambiente se relajara.

Para cambiar de tema por completo, llamó al camarero y pidió dos postres.

—Un pastel de algas marinas con glaseado de limón para mí, y elige tú lo que más te guste —le dijo a Asradi, antes de recomendarle un sorbete de frutas tropicales. La verdad es que eran los dos únicos postres que el escualo había probado allí.

Cuando los postres llegaron, Octojin no pudo evitar admirar el suyo: un pastel húmedo y esponjoso, decorado con algas caramelizadas y un glaseado que brillaba a la luz de las lámparas del local que, sin duda, hacían que éste pareciese aún mejor de lo que ya era.

—Mira esto —comentó mientras cortaba un trozo de pastel con su tenedor y lo probaba. El sabor era un equilibrio perfecto entre lo dulce y lo refrescante, con el toque salado de las algas complementando todo a la perfección. —. Esto es una obra de arte. Tienes que probarlo. —Le ofreció un trozo con su tenedor, sonriendo.

Antes de que empezaran a comer con tranquilidad, el escualo retomó el tema de los astilleros.

—¿Estás segura de que quieres ir? —preguntó mientras se llevaba otro trozo de pastel a la boca— Ya sabes que hay muchas cosas de la Marina allí. Aunque… siendo honestos, tampoco sería lo peor que hubiéramos hecho. Sobre todo tú... ¿Debería llamarte anarquista?

Su tono era más relajado, aunque en el fondo todavía sentía el peso de la conversación anterior. Quería asegurarse de que Asradi se sintiera cómoda, y también deseaba mostrarle una parte importante de su vida.
#20
Tema cerrado 


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