Alguien dijo una vez...
Kurosame Hoshigaki
"Así, sin mucho pensarlo, tiene mucho sentido"
[Aventura] [T5] Spin the Wheel
Arthur Soriz
Gramps
Era inevitable un encuentro entre voces. La gente del salón estaba confundida en un principio, ya que habían sido embelesados por el canto inicial que se escuchaban en lontananza. Torfi que era un hombre mucho más robusto y de corazón noble logró taparse las orejas pero otros no fueron tan afortunados. No es que detestara tu cantar porque sabía con qué propósito lo hacías, los demás tan solo miraban embobados en un vaivén casi constante... entre tu presencia y aquella que los llamaba al mar. Sentías en su cantar un dejo de desdén, de instinto asesino... era como si las sirenas de antaño, aquellas de las leyendas de pescadores que con promesas de una hermosa mujer que les canta en noches de luna llena los atraen al borde del barco para hundirlos en el mar y asesinarlos para así servir de sustento.

Mil y un rumores corrían por el mundo de las sirenas, pero nunca una mala sobre las de tu gente, sabían que no eran así, que sus intenciones nunca fueron hostiles con los de la superficie... entonces, ¿por qué ahora lo estaban haciendo? Era como si no solamente tú hubieras cambiado en estos años, pero también tu gente. Fue una batalla ardua, algunos incluso caminaban a tu lado... avanzando pasando el umbral, como si la voz en el mar fuese incluso más potente que la tuya.

Fueron largos minutos, en los que tu temple fue puesto a prueba, tu habilidad para cantar y sanar en evidente lucha contra lo que fuera estaba haciendo lo mismo con los demás. La voz provenía en dirección hacia donde sabías estaba tu antiguo hogar... en el Fiordo de Jörmungandr.

Era una batalla entre tu voz y la ajena, una que se sintió eterna pero... tarde o temprano, tuvo que parar. En una frustración que iba más allá de lo lógico, tu cantar y por ende el suyo propio fue interrumpido por lo que podía ser comparado nada más con un grito desgarrador de furia y frustración. Un grito que resonó tanto que incluso hizo temblar las paredes del edificio en el que estabas, tumbando nieve de los tejados. El viento que entraba por las puertas que tu misma abriste habían apagado las antorchas y fuegos en el interior, dejando todo en penumbras.

Visiblemente agotados la mayoría que no tuvieron tiempo de taparse los oídos o concentrarse en su voz se desplomaron en el suelo, algunos llegando a sentarse en el suelo y otros en las bancas. Torfi, con sudor perlándole la frente se acercó a ti, agarrando las puertas y cerrándolas de inmediato.

Lo único bueno... es que habías sido capaz de escuchar de dónde provenía la voz. Era tu gente, o al menos, eso podías inquirir por la dirección.

Esa... es la voz que hemos oído cada vez que se aproximaba un barco, pero nunca fue tan fuerte como ahora... Por las barbas de Odin, sentí que se me iba a salir el corazón por la boca.

El oso cariñoso te puso una mano en un hombro, con lágrimas de orgullo en sus ojos a pesar de la baja luz que ahora había. Estaba a punto de estallar en llanto pero ahora porque se daba cuenta que ya no eras la niña pequeña que venía a jugar y escuchar historias, te habías vuelto una auténtica mujer. Su pecho se hinchaba de felicidad, de orgullo, y de nostalgia. Inhaló profundo y asintió con la cabeza en aprobación, para luego comenzar con los demás que aún se mantenían de pie a encender las antorchas, el fuego de la chimenea... para iluminar de nuevo el salón y restaurar el calor que había sido usurpado por la ventisca que entró. La nieve pronto empezando a derretirse humedeciendo la madera del suelo.

Torfi en el proceso también ató de forma cómoda unas correas en el cuerno, para que fueras capaz de llevarlo cómodamente. Correas de cuero y cuerda para que así no te hicieran daño con el roce constante si es que llegabas a ir nadando.

Sé muy bien... que vas a querer encargarte de esto tu sola, pero de verdad... si necesitas ayuda, ahí estaremos. Solo sopla el cuerno de Tanngrisnir y nosotros responderemos a su llamado —hizo una pausa, poniéndote las correas sobre uno de tus hombros, acomodando tu ropa y sacándote la nieve que había quedado sobre tu cabellera oscura con mucho cariño, antes de hablar de nuevo—. Espero que nos estemos equivocando, y que tu gente de verdad esté bien...
#11
Asradi
Völva
No era solo un enfrentamiento coral lo que allí se estaba suscitando, sino más bien un choque de voluntades. Asradi alzaba cada vez más su tono a medida que el otro también lo hacía. No iba a permitir que aquel hipnótico canto, pérfido, hiciese mella ya no en ella, sino en la gente del pueblo o de aquel salón. La voz de la pelinegra se alzaba, retador y protector para intentar copar todo el lugar en el que estaba y acallar el canto contrario. No reconocía del todo la voz ahora mismo, puesto que estaba más concentrada en que fuese su voz la que mantuviese la cordura de los hombres allí presentes.

En más de una ocasión el temple de Asradi fue puesto a prueba, pero se negaba a flaquear en lo que parecieron ser eternos minutos a medida que el tiempo pasaba. Sabía que no podía estar así eternamente, que tarde o temprano se agotaría, pero pretendía aguantar todo el tiempo posible. Cuando pareció que la tensión se estaba haciendo más grande, entre una y otra voz, la contraria se acalló de repente. Para dar lugar a un estremecedor y chirriante grito frustrado que apagó las antorchas y las brasas que iluminaban y calentaban el interior del salón, azotando las puertas e incluso provocando que la nieve se volviese a colar en el interior. El cabello oscuro de Asradi se agitó con violencia debido a tal suceso. Y los ojos de la sirena se entornaron de manera afilada. Por unos segundos sus pupilas se alargaron más propias a las de un tiburón, casi como si hubiesen activado algo en ella.

Solo cuando sintió la mano de Torfi en su hombro fue que logró relajarse, como si ese contacto fuese suficiente ahora como para calmarla. La mirada de Asradi volvió a la normalidad y lanzó un suspiro breve, dejando que el hombre, que ahora volvía a tener lagrimones en los ojos, le colocase y le anudase bien el cuerno de batalla a la espalda, con las correas y demás.

No la reconozco, Torfi. — O, al menos, no tenía recuerdos ahora mismo de ese tono, de esa voz. El gesto de Asradi se torció levemente, pensativa, pero pronto negó con la cabeza.

Por mucho que buscaba en sus recuerdos, ahora mismo no caía. Pero de algo sí estaba muy segura: No era de su madre. Ella jamás habría hecho tal cosa. Eso era algo también que le preocupaba en demasía a la joven sirena. ¿Ella estaría bien? Se mordisqueó el labio inferior una vez más, pero asintió suavemente a las palabras y a los consejos de Torfi.

Tengo que encargarme sola, Torfi, es verdad. No puedo meteros en algo que no os concierne... — Asradi suspiró, pero reformuló. — Perdón. No es que no os concierna, pero no quiero exponeros a más peligro innecesario.

Una de sus manos se posó, cariñosamente, sobre una de las grandes y cálidas del varón, para insuflarle ánimos y que estuviese tranquilo. Aunque entendía que también estuviese preocupado por ella.

Y no voy a arrastraros más a lo que sea que esté sucediendo. Pero te prometo que si lo necesito, tocaré el cuerno. Estaré bien, me cuidaré. — Lo último lo dijo mirándole directamente a los ojos y regalándole una sonrisa plagada de cariño y seguridad.

No quería preocuparle más de lo que, seguramente, el pobre ya estaría.

Avisad a los demás, que no salgan al mar hasta nuevo aviso. — Uno que, esperaba, dar ella y que todo saliese bien. Pero si la cosa se torcía... Mejor no le decía nada por ahora, o sería peor para el pobre corazón de pollo de Torfi.

Una vez con todo asegurado, fue ella misma quien salió de la protección y calidez del salón, aventurándose a la tormenta del exterior y, en cuanto llegó al puerto, lanzándose al mar sin pensarlo ni tan siquiera un segundo.

Asradi nadó con presteza hacia cierta dirección. Todavía recordaba bien el camino de regreso a casa.
#12
Arthur Soriz
Gramps
Mientras te alejabas del mjodhall, si acaso llegabas a mirar atrás, verías a Torfi parado en el umbral de la puerta, alzando su brazo y saludándote desde lejos, gritándote mil y un cosas cariñosas. Deseándote suerte, y cuánto te quiere. Lo mismo con otros que se paraban a tu lado, un último cálido abrazo desde lejos para que tuvieras, aunque sea, la imagen de la gente que tanto te aprecia aquí en la superficie.

El viaje fue ... bueno, ¿cómo decirlo? Extenso, tenías que dirigirte hasta el Fiordo de Jörmungandr con tal de llegar hasta lo que vendría siendo tu casa, tu antiguo hogar dulce hogar. Veías a los pocos animales marinos nadar de un lado al otro... Focas marinas, pingüinos y otras especies más. Te miraban con cierta curiosidad, como quien ve a alguien conocido pero que ha pasado tanto tiempo que aún no reconocen del todo o les cuesta. Pero lo terminan haciendo, y tan felices parecen de verte que te acompañan en tu viaje. Nadan a tu alrededor, y hablan contigo aunque sus palabras tan solo son "Bienvenida" y "Estás más grande", aunque más que nada son los peces los que te rodean como si fuesen parte de un cardumen, a veces haciéndote cosquillas en el rostro al pasar cerca de ti.

Pero, cuanto más te vas aproximando a lo que fue tu hogar, más y más se alejan. Los más corajudos son los últimos en irse pero incluso ellos prefieren no acercarse. ¿Por qué tan reacios, cuando antes era una convivencia tan amena?

Desde la lejanía veías las casas, cúpulas que dejaban entrar la luz que se colaba por la superficie del agua... aunque ahora en meras penumbras por las tormentas y cielos encapotados invernales de la isla. Los interiores de dichas casas tenían iluminaciones en el interior... probablemente producto de noctilucas atrapadas dentro de recipientes. Algunas de color azul eléctrico, otras con tonos más anaranjados. Algunas medusas flotando cerca de la flora marina, casi pareciendo que disfrutaban de estar allí.

Había un silencio casi lugubre en el lugar, nadie salía a recibirte... no de momento al menos.

No fue hasta que te aproximaste lo suficiente que las primeras sirenas comenzaron a hacer acto de presencia. Una a una, saliendo de sus cabañas marinas y cuevas tranquilas. Una a una te quedaron mirando, ¿nerviosas? O titubeantes. No veías miedo o rechazo en sus miradas, sino incertidumbre. Pero hubo una en particular, un poco más anciana de lo que la recordabas, que primero se asomó, luego nadó entre las demás mirándolas de reojo... titubeó un poco sí, pero luego se fue aproximando cada vez más a ti.

Y a medida que se acercaba no solamente podías ver su expresión de angustia y lo que parecían ser lágrimas perdiéndose en la infinidad del agua salina, pero también una desesperación absoluta al darse cuenta de quién eras. Nadó tan rápido que parecía un torpedo, con su cabellera fluyendo dentro del agua hasta que en un abrir y cerrar de ojos se aferró a ti en un abrazo que solamente podía ser considerado amoroso, posesivo; Maternal.

Escuchabas sus sollozos, como una niña pequeña aguantándose las ganas de gritar de dolor. Era una sensación que acongojaba tu pecho tanto como lo hizo el reencuentro con Torfi, o quizás... incluso más. Varios minutos de ese abrazo, y el aroma inconfundible de su cabello eran suficientes como para darte cuenta de quién era.

Era tu mamá.

No apretaba fuerte como Torfi, pero era capaz de mantenerte en sus brazos cuanto tiempo quisiera. Una mano pasaba por tu nuca casi que acunando tu cabeza, mientras que la otra se paseaba por lo largo y ancho de tu espalda en una caricia más que cariñosa. Si era tu madre, ¿por qué no hablaba? Ni las demás llegaban a hablar, tan solo se iban acercando lentamente a ti, hasta que te rodearon... de la misma forma que lo hicieron la gente del pueblo. Pero era diferente... en vez de vitoreos y felicidad, eran llantos sin voz, eran sollozos sin palabras de por medio.

Como si les hubieran robado la voz...
#13
Asradi
Völva
El trayecto hasta la sede del clan fue relativamente tranquilo. Y extraño al mismo tiempo. Las corrientes marinas la favorecían y no solo es, sino que durante el camino se encontró con varios peces y animales marítimos que la acompañaron. Incluso que la reconocieron después de tanto tiempo y la saludaron, dándole la bienvenida. Asradi había sonreído y había nadado y buceado con ellos en compañía y consonancia. Pero a medida que se iba acercando cada vez más y más a lo que era su hogar, dichas criaturas habían comenzado a dar marcha atrás. Los más valientes se habian aproximado más pero tenían un límite y no tardaron en dispersarse. Como si tuviesen miedo de adentrarse en el poblado. Eso era lo extraño para ella. Siempre habían convivido en paz con el resto de criaturas marinas y siempre habían sido bienvenidas. ¿Por qué ahora parecían reacias?

Aún así, tales pensamientos se apartaron de su mente por unos instantes en cuanto su mirada atisbó y se maravilló con la vista al frente. Las cúpulas iluminadas por las medusas y otras criaturas que proporcionaban algo de luz en aque lugar que, muchas veces, estaba cubierto por las tormentas. Era un lugar agitado, pero ahí era donde siempre habían vivido, por lo que ya estaban habituados a eses climas. Pero había algo extraño, algo que no era lo natural ni lo habitual en lo que ella recordaba. El exterior estaba completamente vacío, desangelado. No había el típico movimiento, ni el ir y venir del resto del clan.

Parecía no haber vida alguna.

Al menos, hasta que algunas sirenas comenzaron a asomarse, entre curiosas y cautelosas. Parecían nerviosas, titubeantes. Asradi recordaba algunas caras e intentó acercarse, pero algo se lo impedía. ¿Porqué parecían tan dubitativas? Solo cuando sus ojos se entrecruzaron con una en particular, fue que su corazón se detuvo por unos momentos. La pelinegra abrió mucho los ojos celestes cuando la reconoció. Más envejecida de lo que debería ser y de lo que recordaba.

Madre... — Murmuró, tragando saliva.

Y no dudó en fundirse en un abrazo cuando la susodicha se abalanzó sobre ella, como un torpedo marino, con la misma intención. Asradi tragó saliva cuando su cuerpo fue acogido de aquella manera que tanto había extrañado, que tanto había necesitado y todavía necesitaba de vez en cuando. Le dolía y le escocía el haberla preocupado de aquella forma, aunque no hubiese sido realmente su culpa.

Lo siento, perdóname por haberme ido así... — Se merecía una explicación, obviamente. Y Asradi se la daría. Pero de repente sentía que no era el momento. Ni tampoco el lugar. Podía sentir el llanto contrario y esperaría murmullos a su alrededor pero... No los había.

Prácticamente todo estaba en silencio, casi como si no pudiesen expresar, a viva voz, lo que todas sentían. Lo que su madre sentia.

Eso provocó que Asradi aflojase un poco el agarre aunque sin soltarla del todo. Con un deje de preocupación reflejada en dichos ojos celestes, contempló a su progenitora y, posteriormente a las demás que habían comenzado a arremolinarse alrededor un poco.

¿Qué está pasando aquí? — Fue lo único que preguntó, clavando su atención y sus ojos en su madre.
#14
Arthur Soriz
Gramps
Te quedaron mirando cuando escucharon tus palabras, de haber tenido una cuchilla probablemente el ambiente se podría cortar con esta. Se miraron entre ellas por un momento, para luego sonreír ampliamente, tu madre negando con la cabeza como restándole importancia. Te hizo un gesto con la cabeza para que la siguieras, sujetándote de una mano para que no te alejaras mucho de ella. Intentaron por todos los medios evitar tener que explicar... tampoco podían. En sus cuellos veías lo que parecían pecas negras, oscuras. Como lunares pero que formaban lo que se veía como una gargantilla, dándoles una apariencia incluso algo enferma a esa zona de sus cuerpos. Lamentablemente la paz no duró demasiado, ya que pronto el sonido estridente de un parlante haciendo retorno se escuchó.

Era un sonido agudo, molesto y casi que hasta se podría decir dañino para los oídos. Duró un par de segundos, los cuales se sintieron como una pequeña eternidad. Rápidamente todas las sirenas se acomodaron, mostrando sus más amplias sonrisas que curiosamente se veían sinceras. Una sombra lúgubre fue apoderándose del lugar en donde estaban hasta que una gran mano asomó por el borde de una de las cabañas. Luego otra más, seguida de lo que parecían tentáculos. Un par de brazos que parecían aletas de una morena. El ligero crujir de las rocas también daba una sensación de que algo grande se aproximaba... ¿peligroso?

Y entonces la viste. Con un rostro pálido como la nieve, de ojos con esclerótica rosada... casi que se veía irritada, ojos color jade. Unos labios rojos con una sonrisa amplia llena de dientes filosos. Sostenía en una mano lo que se veía como un micrófono de stand alargado hecho de coral. Era como si estuvieras viendo a una mutación salvaje que quería hacerse llamar sirena.

Lo siguiente que escuchaste obviamente fue su voz, que sonaba como si fuesen múltiples voces una encima de la otra hablando al unísono y a veces en discordancia, en un eco que comenzaba tenue y se desvanecía al final.

Ooooh~ ... ¡Oh, ohoho!~ No puede ser, ¡no puede ser! —decía con una emoción y efusividad casi enfermiza— ¡Miren, una chica! ... Las chicas nunca vienen a ver nuestros shows, tú debes ser diferente... ¿cómo te llamas? Oh, ponte cómoda, estábamos a punto de comenzar, ¿no es cierto, gals? —preguntó, ¿pero a quiénes?

De los lados de aquella abominable figura mutante se asomaban dos sirenas que si bien podrías verse normales a simple vista, cuanto más les mirabas se notaba lo enfermizo de su apariencia. Sus ojos hundidos, sus pieles de colores extraños... indudablemente bien no estaban.

Una de ellas con piel de color gris pálido, escamas verdes y una cola azulada. De pelo largo color verde claro, y uñas de un rosa eléctrico. La otra era similar en facciones faciales a la primera, solo que su piel era de color rosado, con escamas anaranjadas y cola púrpura. Con cabello largo de color naranja con el mismo peinado de flequillo recto que la otra sirena, y un tatuaje blanco en forma de corazón en su pecho.

La voz de aquella... criatura que siquiera podía llamarse a si misma sirena, era la misma que escuchaste cuando hablabas con Torfi. Aquella contra la que tuviste que luchar de forma tan ardua para evitar que más vidas inocentes cayeran en pena, víctimas de lo que probablemente eran estas tres. Estaba claro que algo malo había pasado, y más aún te dabas cuenta al mirarle el centro de su pecho. Llevaba una estrella de mar del color de la sangre en el medio de su pecho, el cual curiosamente palpitaba hinchándose ligeramente... casi como si fuese su corazón expuesto. Dicha estrella... era el símbolo que la matriarca llevó por tantos años. Dicho símbolo ahora reducido nada más a una patética decoración de esta entidad.

Lo peor de todo esto es que no parecían ser gente que conocieras, al menos no te sonaban familiares ahora mismo. Aunque jurarías que entre la cacofonía de voces superpuestas que poseía aquella fémina, escuchabas algunas que llegabas a reconocer...

abominación
#15
Asradi
Völva
No hubo una respuesta, ni inmediata ni coherente, a la pregunta que Asradi llegó a formular. No hablaban, no decían nada, era como si se hubiesen quedado sin voz o, más bien, algo o alguien las hubiese maldito o presionado para que no pronunciasen ni una mísera palabra. Los ojos celestes de la recién llegada sirena se posaron, directamente, sobre su madre, con un claro gesto de preocupación mientras fruncía ligeramente el ceño. Asradi siempre había tenido mucho carácter y no era imbécil. Ahí estaba pasando algo raro, sin mencionar que aquel canto que había escuchado mientras se encontraba con Torfi y con los demás, provenía de ahí: de la sede del clan.

Pero cuando su progenitora le tomó la mano, en un suave gesto de que la siguiese, Asradi no se pudo negar. Fue ahí cuando notó esas marcas en los cuellos de ella y del resto de sirenas. No era un tatuaje común y corriente. Parecían como si manchas extrañas hubiesen brotado sobre la piel de todas. No era algo tribal. Ni tampoco trivial. Quiso preguntar, pero antes de que pudiese hacerlo un sonido agudo le hizo encogerse un poco. No era doloroso, pero sí molesto para sus oídos. Eso provocó que Asradi se detuviese justo a tiempo como para ver que algo grande brotaba y aparecía de una de las casas.

. . . — ¿¡Qué diantres era eso!? Y mira que había conocido y visto sirenas, gyojin, incluso hasta wotan. ¿Pero eso? No era, en realidad, la apariencia lo que más le llamaba la atención o la confundía. Era su tono de voz.

Esa voz que parecía tener un tono discordante, disociativo. O como si hubiese más voces solapándose por detrás a medida que la criatura pronunciaba palabras. Y había algo también, en su tono, que no le agradaba en lo absoluto.

No vengo a ver tu show. — Sentenció de manera tajante. Tampoco le dijo su nombre, y no se lo daría de buenas a primeras. Fue entonces que recorrió con la mirada a aquella sirena, si es que le podía llamar así. No estaba segura.

Y pudo comprobar, cuando lo hizo, dos cosas bastante inquietantes. Una: la estrella que se plasmaba en su pecho. El símbolo de la matriarca, de su abuela durante años y años. Y que ahora esa tipa llevaba como si fuese un mero adorno decorativo. Eso le hizo rechinar los dientes y que sus ojos se afilasen, más propios de su subespecie de tiburón. Y dos: las dos sirenas que emergieron a los lados de aquella tipa.

Con unas sonrisas que, sinceramente, a Asradi le resultaban totalmente falsas, faltas de vida. Así como sus apariencias, casi como si les hubiesen succionado las ganas de vivir, las fuerzas. La voluntad para ello. Asradi echó un vistazo breve, casi apurado, a su madre y a las demás, antes de volver a centrar la atención en dicha criatura. No la reconocía, ni a ella ni a las otras dos sirenas. Aunque había algo familiar en ella también. Algo en aquellas voces que parecían ir sobreponiéndose entre unas y otras.

Algo familiar. Algo en aquella cacofonía que iba reconociendo poco a poco y lo notaba a juzgar por como se le iba acelerando el corazón.

Has sido tú la que ha cantado antes, ¿verdad? — Preguntó directamente, ahora encarándose a la criatura. — Deberías tener más cuidado.

Advirtió.
#16
Arthur Soriz
Gramps
¿Que no...? ¿Cómo que no? —preguntaba, viéndose absolutamente incrédula ante tu negación de ver su show. ¿Cómo era eso posible? Si sabía que todos los que venían por su maravillosa voz querían escucharla, desvivirse por oírla cantar una vez más. Frunció un poco el ceño, no por enojo sino más bien confundida. A juzgar por las reacciones que estaba teniendo podías inquirir que muy bien del coco no estaba; le faltaban algunos caramelos al tarro. Con una sonrisa amplia de dientes filosos miró a sus dos compañeras sirenas, las cuales mostraron siempre esa expresión completamente neutral, casi como si no tuvieran alma, tan solo asintieron dándole la razón en todo a aquella abominación que te superaba al menos por un par de metros de altura.

Subida a lo que se veía como una almeja gigante actuando como caparazón, y entre los tentáculos que tenía de cabello y los demás que rodeaban su cuerpo parecía haber un vestigio de lo que, en algún momento, pudo haber sido una cola de sirena.

No no, yo sé que sí, yo sé que quieres escucharme —decía convenciéndose a si misma—. Por algo viniste cuando pudiste quedarte en la superficie... ¡estás obsesionada conmigo! ¡Nunca había venido una chica cuando canto... cantamos! ¡Eso quiere decir que tengo razón!

Vociferó, casi dejando salir de su voz 'calmada' un alarido furioso. Pero claro, rápidamente aclaró la garganta, soltando lo que sonaba como una risita falsa intentando mantener la compostura. Mirándote fijo a los ojos... notaste la misma expresión que Torfi tuvo en su momento cuando le costó reconocerte en un inicio. ¿Cómo? Si no recordabas haber hablado en tu puta vida con un ser tan horrible y manipulador. Pero una sonrisa macabra se plasmó en el rostro de ese ser, que se mantenía a varios metros de distancia de ustedes.

Las demás sirenas que te acompañaban simplemente sonreían ligeramente, como si estuvieran haciéndolo de forma automática. Incluso tu madre, aquella que había sido tan fuerte como mujer desde tu nacimiento parecía completamente... embelesada por la presencia de ese ser. Mientras esta sonreía de forma amplia, tensó la mandíbula haciendo crujir sus dientes y chirriar de forma incómoda. Ese momento en el que se dio cuenta quién eras mientras que tú siquiera le recordabas... era completamente opuesto a la sensación que tuviste cuando pasó en la superficie con la gente del pueblo.

En vez de sentir la calidez de gente que te quería, sentiste un escalofrío recorrerte la espalda por completo. Una sensación tan desagradable que jurarías que se colaba entre las escamas de tu cola amenazando con hacerlas caer en cualquier momento. Así de horrible era, casi como si estuvieras viendo una pesadilla... o peor aún, un trauma de tu niñez que habías querido dejar enterrado en lo más profundo de tus memorias para que nunca más viera la luz del día.

¡ASRADI! —exclamó.
Su grito resonando como si fuese el retorno del micrófono en un parlante. Su nadar era errático, siquiera parecía necesitar mantenerse a flote por su cuenta, pero se fue aproximando lentamente, haciendo un zigzagueo a medida que terminada de acercarse a ti hasta que su rostro estuvo prácticamente casi que pegado al tuyo, su frente con la tuya apenas rozándose ocasionalmente.

¿Dónde estabas, por qué tardaste tanto en volver? Pensaba que éramos amiguis, ¿no querías mandar cartas? ¿Me extrañaste? Yo te extrañé mucho, y seguramente las demás también, ¡¿verdad que la extrañaron?! —preguntó alzando la voz mirando de reojo a tu madre y a las demás. Estas asintieron rápidamente con la cabeza. Este ser volvió a mirarte a los ojos, reanudando la forma atropellada y veloz que tenía de hablar, como un niño emocionado que ve a un viejo amigo luego de tiempo sin cruzarse—. ¿Quieres jugar a la escondida como lo hacíamos cuando éramos niñas? ¿O quizás a perseguirte y tú no te dejas atrapas? ¡Tú las traes! ¡Eso, eso! Que aún recuerdo cuando me decías "¿Podrías dejar de perseguirme? Me da un poco de cosa." ... Jo, ¿aún te sigue dando cosa? ¿O ahora podemos jugar? ¡Vamos, juguemos! ¡Di que sí, di que sí!

Se le iba la olla y fuerte, cuanto más hablaba más se notaba que estaba completamente loca. Pero en su locura parecías ver una expresión... o quizás su mirada, algo en ella te recordaba a alguien que conociste antaño. No sabías perfectamente de dónde o cuándo fue, pero es que su voz... su maldita voz, resonando con tantas otras de por medio, incluso jurarías escuchar la de la matriarca entre ellas.

Te puso las manos en los hombros, sacudiéndote de atrás para adelante, mirándote a los ojos de forma fija con esos orbes que parecían inyectados en sangre.

¡Soy yo, Scylla! ¿Me recuerdas? ... Dime que me recuerdas, ¿lo haces, verdad? ... Sí, yo sé que sí. Nunca te olvidarías de mi, estoy segura de ello... nunca te olvidarías de tu mejor amiga, ¡nunca!

¿Lo peor de todo? ... Ahora mismo, no recordabas a ninguna Scylla.
#17
Asradi
Völva
La atención de Asradi se desvió momentáneamente de aquella criatura al resto de sirenas que, ahora, estaban en los alrededores. Eran como cadáveres vivientes, por así decirlo. Criaturas sin alma o totalmente amedrentadas (o hipnotizadas) por la voz o la presencia de aquella fémina, con aquellos ojos vacíos y aquellas sonrisas que, aunque parecían sinceras, Asradi no creía que lo fuesen. Su sojos y su atención viajó unos instantes hacia su propia madre. Y verla en ese estado, en esa situación, hizo que sus entrañas se removiesen. Ella siempre había sido fuerte y orgullosa, incluso después de que su padre hubiese desaparecido y la había criado y enseñado todo lo que la joven sirena sabía ahora, junto con la matriarca. Pensar en todo eso, y en como aquello parecía haberse desvanecido de un coletazo, le hizo rechinar los dientes.

No, no quiero escucharte. — Volvió a sentenciar, esta vez con un tono más duro. — Si eres la que he escuchado cantar, es mejor que ahogues tu voz si solo vas a provocar daño. ¡Libéralas ahora mismo! No sé que les has hecho, pero no son tus marionetas. Ni tus esclavas.

Detestó la última palabra con todo su ser, porque nadie mejor que ella, en ese momento, conocía el verdadero significado, la verdadera implicación de esa palabra. Asradi nadó ligeramente alrededor, sin bajar la guardia y sin darle la espalda. Aquella enorme criatura parecía que estuviese en su terreno, aprovechándose de su tamaño con respecto a ella. Era su voz, esa cacofonía de voces intercaladas entre unas y otras lo que más le chirriaba, lo que más la confundía. Porque en ocasiones escuchaba voces que no reconocía y, en otras veces, le parecía escuchar coros que ya había escuchado en otras ocasiones. Voces familiares. Como la de la matriarca, por ejemplo. Era como si aquella “cosa” se hubiese tragado la voluntad, la voz de su propia abuela. Y de tan solo pensar en eso se le erizaban las escamas de la cola.

Asradi torció el gesto y frunció el ceño, volviendo a encarar a la otra sirena. Era como vivir un sueño extraño y bizarro, como una verdadera pesadilla, como si cualquier trauma que pudiese haber tenido y enterrado, saliese ahora a la luz de una forma que ni se explicaba ni entendía tampoco en su totalidad. Cuando aquella exclamó su nombre, en una cacofonía terrible, que resonó como el eco desgarrador, a través de aquel micrófono hecho de algas y de coral, Asradi titubeó unos segundos. Solo unos segundos. Pero no podía hacerlo. Su madre y las demás dependían de ella. Se los debía, por todo el tiempo que las había tenido preocupadas.

La retahíla de preguntas, con aquella voz aguda que pareciese que se iba a quedar sin aire, la mareó inicialmente, pero eso también solo provocó que su enfado comenzase a crecer cada vez más y más. Como una pequeña corriente que comienza en el fondo del océano y, poco a poco, va surgiendo y ganando fuerza a medida que se va aproximando hacia la superficie. Eso era lo que estaba pasando, paulatinamente, en el interior de la habitante del mar.

No te conozco, no te recuerdo. Y juraría que nunca hemos jugado juntas de niñas. — Definitivamente, no recordaba a nadie como ella. No con esa fisonomía, no con esa apariencia. Y mucho menos, no con esa voz.

Cuando fue agarrada de los hombros, Asradi se revolvió violentamente, como un tiburón acorralado y no dudó en enseñar los dientes, esta vez afilados, habiéndose tornando claramente a los de la subespecie de sirena a la que pertenecía.

Pero ya acallé tu canto una vez. ¿Qué les has hecho? ¿¡Dónde está la matriarca!? ¿Dónde están las demás? — Esta vez fue ella la que comenzó a alzar la voz a medida que iba promulgando las preguntas de por sí. Con un tono que comenzó a hacer vibrar las corrientes marinas a su alrededor. Ahora mismo, no estaba teniendo demasiado control de su voz, ni de sus sentimientos. Era verdad que no se esperaba un recibimiento dulce cuando llegase, pues quizás algunas ni se acordasen de ella. Pero nunca se había imaginado un suceso como el que estaba teniendo lugar en eses instantes.

¡¡HABLA!! — Prácticamente exclamó, dejando que las ondas sonoras volvieran a dispersarse, con la fuerza de una corriente marina, hacia la recién nombrada Scylla.

Scylla, no le sonaba de nada. No recordaba haber conocido a nadie así en su vida.
#18
Arthur Soriz
Gramps
Tus palabras parecían dejarla perpleja, como si un ser querido le rechazara de forma abrupta e inesperada. Su expresión cambiaba poco a poco mientras hablabas hasta el punto en que su ceño se frunció ligeramente, apretando la mandíbula y haciendo crujir sus filosos dientes de nuevo. Uno de sus párpados tembló casi que amenazando cerrarse ocasionalmente sobre su ojo. Miró de inmediato a sus dos sirenas compañeras, moviendo la cabeza en ademán de que fueran hacia donde estaban el resto. Estas dos también parecían tener el mismo 'collar' en el cuello, esas marcas como gargantilla alrededor del cuello... ¿tampoco podían hablar ellas? Las que supuestamente eran sus aliadas. Era casi como si cada ser que estuviera en su presencia probablemente terminaría sin voz tarde o temprano.

Ante tu pregunta sobre la matriarca, la mirada de Scylla se relajó apenas un poco, volviendo a tener una sonrisa chueca plasmada en su rostro a medida que se erguía y soltaba tus hombros. Soltó una pequeña risa, llevándose una mano a la boca como si en una expresión de delicadeza quisiera evitar reír mucho. Asintió ligeramente, para luego indicarle tanto a tu madre como al resto se retiraran, ¿a dónde específicamente? Bueno... eso estaría por verse.

Me duelen mucho tus palabras, amiga... ¿sabes? Desde que te fuiste no hemos hecho otra cosa que llorar tu ausencia, ¿y así es como nos lo devuelves, con tu maltrato? ¡Ay, ay! ¡Como me duele! —decía poniéndose una mano sobre la frente, tirando ligeramente la cabeza para atrás y llevándose la otra mano al pecho como en un gesto melodramático—. ¡No, no me duele! ¡Me quema, me lastima! —agregó a su teatro fingido. Pero rápidamente inhaló profundo y de manera sonora, para luego volver a su usual actitud risueña y un poco zafada del coco. Estaba claro que algo malo estaba pasando tanto en este lugar como en su cabeza, porque parecía directamente obsesionada con el hecho de que habías vuelto, que estabas ahí.

Como quieres saber tanto sobre tu queridísima matriarca, sígueme y la verás, porque está bien~

Comentó, comenzando a nadar arrastrando aquella pesada almeja que servía no solo como su plataforma pero también como posible protección. Nadaba rápido para ser un cuerpo tan grande, desplazándose con una gracia que parecía sobrenatural, mirándote de reojo ocasionalmente. Reía, casi que podría decirse de forma maquiavélica a medida que avanzaba por entre las casas, hasta llegar a la edificación más grande de tu pueblo. Allí, entrando primera se veía ya un gran escenario, todo el lugar había sido reubicado y transformado de como lo recordabas. Lo que antes era un lugar de júbilo y reuniones con tu gente ahora parecía que era nada más un lugar donde seguir alimentando su ego desmedido.

Todas las sirenas incluyendo tu madre estaban paradas frente al escenario, mirando en dirección hacia donde tú estabas. Las dos sirenas acompañantes de Scylla estaban una sentada tras un set de batería, mientras que la otra sostenía una guitarra de doble mástil, uno de ellos poseía cuerdas de guitarra y la otra de bajo. Por último estaba la mismísima Scylla, parada entre ellas y detrás de tus familiares y conocidas sirenas.

Cambiaste desde la última vez que estuviste aquí, Asradi... ya no eres la misma amiga a la que conocí, me miras con desprecio... ¿por qué me haces esto? ¡¿POR QUÉ?! ... Yo que siempre fui amable contigo, jugaba contigo cuando no tenías a nadie más, cantábamos hasta que nos cansáramos —decía casi como si estuviera a punto de ponerse llorar no solo de la tristeza pero más bien del enojo. Mostraba una frustración incrédula a pesar de que tú no entendieras absolutamente nada—. ¡Fui yo quien tuvo que consolar a todas cuando tú te fuiste! ¡Fui yo quien tuvo que cantar cuando las demás no podían! ¡FUI YO QUIEN TUVO QUE HACERLO TODO! ¡NO TÚ, YO! ¡YO Y NADIE MÁS QUE YO! —gritó hasta el punto en el que los parlantes hacían retorno una vez más con ese sonido agudo e incómodo para los oídos.

Su respiración estaba agitada, como si estuviera perdiendo la cordura y compostura. Alzó uno de sus grandes tentáculos que actuaban como su cabellera, extendiendo este hacia el cuello de una de las sirenas que conocías desde tu infancia. Rodeó su cuello apretándolo con cierta firmeza, y apretó, y apretó, y apretó hasta que...

Crack...

La mirada de aquella sirena que te vio crecer se volvió en blanco, y cuando la soltó, lo único que hizo su cuerpo fue quedar ahí, inmóvil, flotando en el agua.

¡¿VES LO QUE LOGRAS SIENDO TAN EGOÍSTA?! ¿Quieres ver a tu matriarca? ... Pues verás a tu matriarca ahora mismo, la verás muy bien... —sacó lo que parecía ser un pequeño control remoto. Sonrió victoriosa aunque se veía inestable emocionalmente. — ¡Aquí está la super estrella, a la que esperabas con ansias! ¡Mírala! —dijo al mismo tiempo que tocaba un botón. Pasaron los segundos... y nada. — Dije... ¡mírala! —exclamó una vez más, apretando el botón. Y no pasó nada de nuevo. Empezó a apretar el botón una y otra vez, cada vez más rápido hasta que una pequeña explosión ocurrió detrás de ellas que incluso la sobresaltó un poco medio cerrando su almeja en busca de protección. Al fin estaba allí, la matriarca... en un cajón de hielo, completamente atrapada dentro de este.

¡Mírala, ahí! ¡Mantenida en todo su esplendor! Pero se suponía que tenías que verme a mi... ¡a mi! Y sigues sin querer hacerlo, ¿pues sabes qué? ... Si no quieres ser mi amiga como lo éramos antes, tendré que hacer algo al respecto, si no quieres verme... ¡Ahora tendré que arrancarte los ojos y ahogarte como a las demás! ¡Empiecen, chicas! —exclamó por último. Sus compañeras empezaron a tocar los instrumentos, mientras que el resto de tu gente te miraba con una expresión forzada de sonrisa, aunque podías ver cómo sus ojos estaban llenos de lágrimas salitres. En sus manos sostenían armas, fueran tridentes, lanzas, cuchillas y demás... todo hecho con materiales marítimos y sumamente resistentes. Tu madre sostenía una también.

Era como si estuvieran listas para dar su vida a cambio de la de Scylla, como si fueran escudos descartables y nada más. La voz de aquella abominación empezaba a sonar cada vez más fuerte y tus oídos sin lugar a dudas comenzaban a arder. Incluso podrías sentir de algún modo que estando aquí su influencia llegaba a afectarte un poco por el simple hecho de que era una lucha constante de voluntades. Pero tu atención no estaba fija específicamente en ella, sino en lo horrible que era ver a tu gente siendo nada más que títeres sin voz, sin voluntad propia, siendo usados para entretenimiento de una mente completamente rota.

Mientras Scylla cantaba, tu gente... protegería a Scylla con sus cuerpos, estaban completamente a merced de lo que era ese encanto sobrenatural de su voz y no parecía que fuesen capaces de escapar de este por su cuenta.


Letra
#19
Asradi
Völva
Las voces disonantes que salían de Scylla a medida que esta hablaba, todavía rechinaban en los oídos de Asradi. Y no solo en sus oídos, sino también en su interior. Eso y ver como el resto de sirenas parecían estar completamente a merced de aquella criatura. Volvió a fijarse en sus cuellos, en esas marcas oscuras que adornaban su dermis. Eso no estaba ahí antes, estaba segurísima de ello. Ni de su madre, ni de las demás. Asradi intercambió una mirada de advertencia con su progenitora y la instó a alejarse, en silencio, cuando aquella criatura volvió a acortar distancias para con ella. Las otras dos sirenas, más escuálidas, que acompañaban a Scylla tenían también la misma marca. ¿Era por eso por lo que ninguna podía hablar? ¿Qué clase de hechicería era esa? ¿Y contra su propia gente?

Ante la pregunta que había hecho con respecto a la matriarca, solo recibió una risita delicada pero cargada de falsedad a sus ojos. El resto se dispersó de repente, yéndose... Bueno, no lo sabía, pero solo esperaba que fuese a un lugar a salvo de todo aquello. De ella.

Déjate de teatro, no vas a conmoverme con ello. Estoy totalmente segura de que no nos conocíamos de antes. — No así, no de esa manera. No recordaba a ninguna sirena o gyojin con ese nombre. Mucho menos con esa apariencia. — Te he preguntado donde está. Así que vas a decírmelo.

Nunca antes se había encontrado en una situación como aquella y estaba intentando que no la superase. Porque esa amalgama de preocupación y sentimientos que se estaba gestando en su interior, sentía que iba a estallar de un momento a otro. Y los jueguecitos de aquella tipa no estaban ayudando precisamente a mantenerse calmada, por mucho que estuviese intentando pensar friamente con la situación que tenía delante.

Lo que sí estaba claro es que Scylla no estaba bien de la cabeza. Eso o simplemente era mala por naturaleza. Había visto ya gente así, por lo que no le sorprendía demasiado, por desgracia. Ahora bien, no iba a permitir que dañase a su gente solo por a saber qué cosas tuviese en la cabeza. Cuando volvió a reclamar, la expresión de Asradi se mantuvo en una de ceño fruncido y de hartazgo y preocupación con la situación. O también enfado.

¿Qué estás...? ¡Déjala! — Sus ojos se abrieron de par en par en cuanto uno de aquellos grandes y gruesos tentáculos comenzaron a rodear, con infamia, el cuello de una de las sirenas. De un de las que sí conocía, de las que sí había estado con ella cuando era pequeña.

De una amiga.

Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos. La mirada desesperada que la sirena le echó, sus ojos gritando por ayuda. Y el crujido posterior que hizo resonar, de forma terrible, cuando el cuello se partió. Asradi se quedó sin aire en ese momento, con la mirada puesta sobre el ahora cadáver que flotaba inerte en el agua. El único consuelo que podría tener, si lo hubiese, es que ya no estaba a merced de Scylla. ¿Pero a qué precio? Los dientes de la pelinegra rechinaron de manera peligrosa, mientras su corazón bombeaba con fuerza. Ni una lágrima salió de sus ojos, que continuaban puestos en la dantesca escena.

Fue ese momento el que Scylla aprovechó para sacar su as bajo la manga. Asradi no la vió a ella, era como si todo sucediese, de repente, en cámara lenta. Como si de repente la voz de Scylla no llegase a sus oídos. No se había recuperado de una impresión cuando otra tuvo lugar. La pequeña explosión la sobresaltó ligeramente, pero no fue eso lo que hizo que su corazón se encogiese, todavía más.

Abuela... — Esa única palabra se escapó, casi estrangulada, de su garganta.

Allí estaba la matriarca, metida en una especie de ataúd de hielo. Una de las manos de Asradi tembló ligeramente. Ese sentimiento que había comenzado a bullir, como un volcán submarino, ahora continuaba subiendo, expandiéndose. Ese calor incontrolable de cuando comenzaron a cantar. De cuando Scylla comenzó a cantar y las demás, como hipnotizadas por su embrujo, intentaban irse contra ella. Su propia madre también. Los ojos celestes se posaron sobre esas pobres criaturas, pudo percibir las lágrimas de salitre que manaban de sus ojos a pesar de todo. Y Asradi no aguantó más.

El volcán estalló con una fuerza sobrenatural, sobrepasada por todos eses sentimientos. Por todo lo acontecido.

¡¡CÁLLATE!! ¡¡NO TIENES DERECHO ALGUNO A CANTAR!! — La voz de Asradi salió de repente con una fuerza y una vibración sobrenatural. Demandante. — ¡LIBÉRALAS!

No solo demandante, sino con una fuerza de voluntad que nunca antes había mostrado. Y con algo más de lo que ella todavía no se percataba. El agua vibró a su alrededor unos segundos, antes de expandirse como una funesta corriente por los alrededores, levantando arena. Todo aquello la había superado de una manera que no tendría piedad alguna por Scylla esta vez.

Dominación III
HAOS601
HAOSHOKU
Haki intermedio
Tier 6
14/1/2025
15
Costo de Haki
3
Enfriamiento
Emites una onda de Haki del conquistador que se extiende a una distancia según tu Voluntad discriminando entre aliados y enemigos. Animales de hasta 5 Niveles por debajo del usuario pueden ser dominados y subyugados al intimidarlos con esta habilidad. Se generara una comparativa de tu Voluntad con la de los objetivos pudiendo ocurrir lo siguiente según la diferencia:
0-10: Miedo 2 Turnos
11-20: Mareo 2 Turnos
21-30: Mareo 3 Turnos
31-40: Parálisis total 2 Turnos
Más de 40: Inconsciencia
Área: [VOLx1] metros


Solo quería que se callase, que las liberase y que se fuese de ahí. O ella misma haría que se fuese.
#20


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