Aspirante
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Asradi
Völva
24-12-2024, 07:29 PM
Asradi sí fue consciente del bochorno que se había apoderado de Octojin según había mencionado, de manera inconsciente, lo de la boda. Y aunque a ella también le había tomado desprevenida, un sentimiento cálido se había despertado en su pecho. Incluso se había sonrojado un poco en consecuencia, por muy tranquila que pareciese estar ahora mismo. Por suerte, la mención de la comida, el compartirla ahora, también ayudaba a aligerar un poco ese ambiente, aunque la sirena tenía una pequeña sonrisa dibujada en el rostro de tan solo pensar en eso. Ambos fueron comiendo y disfrutando de lso alimentos compartidos, en medio de una charla donde, a colación, Asradi le había enseñado la talla que Octojin le había regalado en su día. Y la mirada de ella se enterneció cuando el escualo mostró un llavero. Con un adorno que ella reconoció en seguida.
— Todavía lo conservas... — Murmuró, halagada y enternecida al mismo tiempo. Recordaba aquel intercambio que habían hecho y el momento especial que habían vivido en ese instante. — Ha quedado muy bien.
La verdad es que el artesano que había logrado aquello, se había lucido. Tras eso, Octojin se disculpó para ir al baño, siendo que Asradi asintió brevemente. Le esperaría, por supuesto. De hecho, en cuanto se quedó sola no pudo evitar comenzar a fantasear un tanto con el tema de la boda. ¿Lo habría dicho en serio? No creía que fuese una broma, no viniendo del gyojin. Aunque era dado a bromear de vez en cuando, por su reacción parecía que lo hubiese dicho totalmente en serio.
Las mejillas de la pelinegra se colorearon todavía más. Incluso se llevó ambas manos a dicha zona, sintiendo ya directamente el calor en ellas. Una sonrisa un poco boba se le dibujó en los labios, mientras su cabecita fantaseaba. En realidad nunca había sido tan imaginativa o tan ingenua para ese tipo de cosas. Pero imaginarse en algún futuro compartiendo dichos momentos con Octojin. Quizás... Si tenían suerte. Si lograban superar todo lo que les separaba...
Picoteó un calamarcito mientras pensaba en eso. Sí, quería estar con él, lo tenía clarísimo.
Tras un rato, sonrió al escualo cuando éste regresó. Parecía un poco más tranquilo, aunque todavía lo notaba un poquito nervioso. Y la sirena sujetó suavemente su mano cuando él se disculpó.
— No tienes porqué pedir perdón, ¿vale? — Le sonrió, buscando tranquilizarle e intentándole transmitir que todo estaba bien. — Además, no me parece una mala idea a futuro si nos va bien. — Le guiñó un ojo, con un deje de confianza y picardía. Tras eso, fue ella la que se puso en pie, ya que aún sentado, la diferencia de altura y tamaño entre ambos era todavía grande y obvia. Pero a ella le encantaba. Una vez hecho esto, le dió un cariñoso beso en la mejilla.
Un gesto con el que parecía sellar o estar conforme con aquella idea que, movido quizás por la emoción, a Octojin se le había escapado.
— De hecho, para mí sería todo un honor. — Murmuró, mirándole de reojo con una media sonrisa antes de volver a separarse brevemente para regresar a su asiento.
Tras eso, traviesa, se rió un poco. Octojin aprovechó para llamar al camarero, una vez hubieron terminado de comer, para pedir los postres. Y aunque el escualol e recomendó uno de frutas, Asradi negó suavemente con la cabeza.
— Yo quiero la mousse de chocolate blanco con alga wakame. — Y lo dijo así, muy tranquilamente. Se le antojaba mucho y ya tenía ganas de tenerlo delante.
Por fortuna, después de hacer el pedido, no tardaron mucho en traerles los postres. El de Asradi consistía, efectivamente, en una mousse de chocolate blanco, en un vaso que realzaba el decorado, sobre todo. Junto con un crujiente de alga wakame en su parte superior.
— Los dos tienen una pinta tremenda. — Asradi miró entusiasmada ambos postres. Le gustaba el dulce en su justa medida. Pero más le gustaba el probar cosas nuevas. Sonrió cuando Octojin le ofreció un trozo, y lo tomó directamente del tenedor contrario, cuando éste se lo ofreció.
La sirena lo paladeó con sumo gusto, hasta le brillaron los ojos.
— El glaseado es espectacular. ¡La próxima vez me pido uno de eses! — Por su parte, tomó la cucharilla y fue ella quien, ahora, recogió un poco de la mousse, cerciorándose de llevar el chocolate, la crema y un trocito del alga en el proceso. — Ven, prueba, este tiene también pintaza. — Y quería que él fuese el primero en probarlo, por lo que tendió la cuchara hacia su grandullón.
Después de compartir ambos el postre de cada uno, Octojin retomó la conversación sobre los astilleros. Asradi no dudó y asintió suavemente.
— Me imagino que sí será un hervidero de marines o, al menos, estará más vigilado. Pero estoy contigo. Sé que no me va a pasar nada. — Confiaba ciegamente en él. — Aunque también procuraré no llamar la atención. Pero si ves que te supone mucho riesgo, no hay problema.
Ella era la que no quería que Octojin pudiese tomar una posición riesgosa con respecto a su trabajo, a su puesto en la Marina. Cuando el escualo le llamó anarquista, Asradi le dió un coletazo disimulado por debajo de la mesa. Lo que vendría siendo una suave patadita en la pierna.
— Oye, no te pases, uniforme de marinerito. — Se burló abiertamente, aunque no con afán de ofender, sino de seguirle el juego.
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Octojin
El terror blanco
27-12-2024, 01:32 PM
Octojin notó cómo sus mejillas volvían a arder mientras las palabras de Asradi resonaban en su cabeza. La preciosa sirena había sido clara, no le parecía mala idea el tema de la boda si todo seguía bien, y aunque trataba de disimularlo, el escualo sentía que sus pensamientos iban más rápido de lo que podía procesar. ¿Cómo sería una boda con ella? Se imaginó en la Isla Gyojin, rodeado de amigos y compañeros. Visualizó a sus colegas de la Marina, incluidos Takahiro, Atlas, Camille y Ray, y algunos de los reclutas que había entrenado, compartiendo risas y brindis. También pensó en cómo podrían encajar los revolucionarios con los marines en un evento tan importante. La mezcla parecía tan caótica como emocionante. Pero a fin de cuentas se unirían bajo un pretexto jovial y alegre. ¿Pasaría algo? Seguro que no...
“¡Céntrate, Octo!”, se reprendió mentalmente. Pero la idea seguía rondándole la cabeza. Imaginó el vestido de Asradi, algo sencillo pero elegante que resaltara su belleza natural. Él, por otro lado, probablemente vestiría un traje marino con detalles personalizados. ¿Y qué comida servirían? Seguro habría un banquete espectacular con platos del mar y de la superficie, algo que pudiera unir ambos mundos.
Cuando regresó de su breve momento de ensueño, Asradi le sonrió con dulzura, y él no pudo más que devolverle la sonrisa. El momento lo sacó del apuro emocional y lo devolvió al presente.
—Bueno, cuando llegue el momento, lo organizaremos todo. Aunque espero no equivocarme con el banquete —bromeó, intentando aliviar un poco la tensión que él mismo había creado.
La llegada de los postres fue el salvavidas perfecto. La mousse de chocolate blanco de Asradi era impresionante, y Octojin no pudo evitar sonreír al ver el entusiasmo de la sirena por el plato. Si algo le hacía más feliz que la comida al habitante del mar, era ver la alegría con la que otro comía. Su propio postre, un pastel de frutas tropicales con un glaseado de mango y coco, lucía igualmente apetecible. Cuando ella le ofreció probar su mousse, el escualo no se hizo de rogar.
—Esto está increíble —dijo tras probarlo. El contraste entre el dulce del chocolate blanco y el toque salado del crujiente de alga wakame era inesperado, pero delicioso.
Tras terminar los postres, Octojin se levantó para pagar. Se acercó a la barra, donde estrechó la mano del dueño de la taberna, un hombre robusto con una gran sonrisa. Se conocieron en su día cuando unos malhechores de poca monta empezaron a pelear en su taberna y el escualo tuvo que ir a apresarlos. Desde entonces, tenían una relación bastante buena, y siempre que podía, el gyojin iba a tomar algo allí. Era su lugar favorito para comer en Loguetown, y era muy difícil que cambiase de opinión en el futuro.
—Gracias por todo, amigo. La comida ha sido espectacular. Volveremos, sin duda —dijo Octojin con sinceridad, mientras el tabernero le agradecía por elegir su establecimiento.
De regreso a la mesa, extendió su mano hacia Asradi.
—¿Vamos? Te enseñaré los astilleros —le dijo, ayudándola a levantarse.
El paseo hacia los astilleros fue tranquilo. Las calles menos transitadas les ofrecían una privacidad que ambos valoraban. Octojin no pudo evitar sentirse cómodo caminando junto a Asradi sin multitud de miradas acusadoras acechando. Había algo especial en la forma en que sus pasos se sincronizaban, en cómo sus conversaciones fluían con naturalidad.
—Si quieres, puedo reservar una mesa para ti y tu tripulación aquí mismo cuando lleguen. El dueño estará encantado de atenderles —comentó mientras caminaban. Luego, añadió— También puedo recomendarte algunos lugares para visitar. Sé que tú ya conoces Loguetown, pero no sé si ellos han estado antes. Podrían disfrutar de un recorrido por el mercado central o incluso una visita guiada al viejo cuartel de la Marina, que ahora es un museo y tiene un montón de datos importantes e históricos de la isla. Yo lo visité en su día con más gente y me impresionó. Está adaptado para gente alta también, no sé si en tu banda hay más gente como yo, pero diría que incluso alguien un par de metros más alto podría disfrutar de la visita sin problemas.
Finalmente, llegaron a los astilleros. La enorme estructura estaba llena de actividad. Gente iba y venía con tablones de madera, herramientas y piezas de metal. El aire olía a salitre, aserrín y barniz fresco. Octojin saludó a un par de trabajadores que se acercaron a informarle sobre el estado del último barco en construcción.
—Todo va según lo planeado, Octo. El casco está listo, y solo falta ajustar los detalles del timón y la cabina —informó uno de ellos.
—Perfecto, gracias por el reporte. Ahora estoy mostrando el astillero a una clienta. Si necesitan algo, estaré en mi despacho —respondió Octojin, antes de dirigir su atención a Asradi.
Le mostró las distintas secciones del astillero: desde el área de almacenamiento de madera, donde grandes troncos de caoba y roble estaban apilados y esperando a ser utilizados, hasta la zona de herramientas, donde todo tipo de sierras, martillos y garlopas colgaban organizadas en paneles ordenados por tamaños y numeración de cada herramienta. También le mostró los barcos en construcción, explicándole cómo cada parte era ensamblada con precisión.
—Esto es lo que más me apasiona. Construir algo que navegará por los mares, que será el hogar de alguien, su refugio... Es algo que siempre me ha dado sentido. Luego te los cruzas por ahí y se te llena el pecho viendo que le están dando una vida digna —dijo con una sonrisa mientras señalaba un barco casi terminado.
Finalmente, llegaron al despacho de Octojin, una habitación modesta pero bien organizada. Había una mesa de madera robusta en el centro, planos de barcos colgados en las paredes y un par de sillas cómodas. El escualo se sentó en una de ellas y le señaló a Asradi la otra.
—¿Qué te parece? —preguntó, con evidente orgullo en su tono. Aunque esperaba su opinión con cierta ansiedad, sabía que compartir este lugar con ella era un paso importante para demostrarle lo mucho que significaba para él.
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Asradi
Völva
29-12-2024, 01:26 PM
Parecía que, de alguna manera, por como Octojin había comentado lo del banquete, el escualo todavía le estaba dando vueltas al tema de la boda. Un sonrojo suave volvió a aparecer en las mejillas de la sirena mientras se llevaba una cucharadita de la deliciosa mousse que había pedido. De tan solo pensar en eso, se le subían los colores y se le encendía el pecho. ¿Cómo sería? ¿Tendrían alguna posibilidad de ello a futuro? El pensar en dónde la harían y en los posibles detalles, le hacía sonreír de manera suave. Y luego con algo más de diversión porque, claro, seguramente de invitados estuviesen no solo los revolucionarios, sino también los compañeros o amigos marines de Octojin. Eso sí que iba a ser una mezcla explosiva, pero quería creer que se terminarían comportando por ambas partes.
La conversación, y las pruebas, durante los postres, fue un momento totalmente amenizado no solo por el buen humor del que disponían, sino también por el mismo ambiente calmo, aunque bullicioso al ser la hora casi punta en la taberna. Ahora bien, cuando Octojin se levantó para pagar, Asradi suspiró. Ya había echado mano de su monedero pero el escualo se le habia adelantado. ¿No le había hecho lo mismo la otra vez? Para cuando el gyojin regresó y le tendió la mano, la sirena aceptó tal gesto, levantándose y sonriendo muy agradecida al dueño del lugar.
— Quiero volver aquí en cuanto se pueda. — Lo tenía clarísimo. — Y tú y yo vamos a hablar seriamente. — Musitó, aunque la verdad es que tenía una sonrisa suave y divertida, mientra ambos salían del establecimiento. — ¿No se suponía que esta vez me tocaba a mi invitarte, hm? — Le “regañó”, aunque no estaba enfadada tan en serio.
Pero sabía que, por mucho que insistiese, Octojin no le iba a aceptar del todo el pago. A lo mejor luego podía colárselo en un bolsillo cuando estuviese distraído. O recompensarle de otra manera. Una vez en la calle, Asradi volvió a acomodarse el pañuelo rojo sobre la cabeza, cubriendo su cabello y parcialmente sus facciones, aunque de frente su rostro era perfectamente visible. Aún así, esperaba que nadie la reconociese.
Mientras caminaban hacia los astilleros, la conversación se reanudó.
— Pues la verdad es que no me vendrian mal un par de recomendaciones. A decir verdad, todavía no estoy segura de cuánto tiempo nos quedaremos en Loguetown. — Era consciente que, a día de hoy y después de lo sucedido en Oykot, era un tanto peligroso. Ahora mismo, todos los del Escuadrón, eran personas buscadas. Pero se las arreglarían, o eso esperaba. — Y sí, uno de los nuestros es incluso más alto que tú. — Le miró con un deje travieso, como si buscase picarle un poco al respecto. De manera sana, claro. De inmediato se rió ligeramente, aunque luego su expresión se tornó un poco más curiosa e interesada. — ¿Un museo? — Vale, aunque fuese un viejo establecimiento de la Marina, a lo mejor no había tanto peligro.
Además, ella sí estaba interesada en eses datos históricos. Tenía sed de conocimiento y le encantaban esas cosas. Y, cuando llegaron a los astilleros, Asradi expresó su emoción casi con un gritito adorable, con una exclamación de sorpresa mientras sus ojos recorrían, ávidos, todo el lugar que tenia delante. Octojin tuvo a bien el presentarla como una clienta, y ahí que se fueron.
Guiada por el gyojin, este fue mostrándole las distintas secciones del astillero. También cruzándose con trabajadores de toda índole, que iban y venían, trayendo materiales, otros trabajando en lo suyo. Pudo ver un par de barcos en construcción. Uno todavía era más esqueleto que barco, en realidad. Pero se notaba el mimo y la buena disposición y experiencia con la que trabajaban.
— Es casi como crear y criar a un hijo... — No pudo evitar mencionar mientras contemplaba como Octojin le señalaba uno de los barcos en cuestión. — Entiendo lo que quieres decir. — Sonrió de forma suave. Acto seguido, mientras ahora se dirigían al despacho de Octojin, Asradi le rozo la mano de manera suave, intencionada pero disimuladamente.
— Puedes sentirte muy orgulloso de todo lo que has hecho. — Comentó, una vez se adentraron en el habitáculo que fungía de despacho del gyojin. Era sencillo pero todo era funcional y estaba muy bien ordenado.
La sirena se sentó en una de las sillas contemplando todo con notoria curiosidad y asombro. Acto seguido, le sonrió con dulzura.
— Es una maravilla, Octo. Todo lo que has crecido y lo que has conseguido. No todos los gyojin podrían decir lo mismo. — Muchos todavía estaban arraigados, por desgracia, a ese odio hacia los humanos. — Pero tú puedes estar orgulloso de ello. Yo también lo estoy de ti. — Le miró a los ojos, con palabras sinceras.
Sintiéndose segura en el interior de aquel despacho, se atrevió a bajar un poco la pañoleta, dejando que algunos mechones oscuros se desperdigasen ligeramente por su frente.
— ¿Hay algún barco del que te sientas especialmente orgulloso? — Quiso saber.
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Octojin
El terror blanco
30-12-2024, 02:05 PM
El comentario de Asradi sobre lo conseguido por Octojin hizo que el escualo se sintiera profundamente honrado y orgulloso. Muchas veces no se paraba a pensar en todo lo que había hecho en tan poco tiempo, pero desde luego era para estar más que satisfecho. Había trabajado duro para llegar hasta donde estaba, y escuchar esas palabras de la persona que más le importaba llenaba su enorme pecho de una calidez indescriptible. Una que intentaría mantener el máximo tiempo posible.
—Gracias, Asradi —dijo con una sonrisa genuina, aunque un leve rubor asomaba en sus mejillas— . No sabes lo bien que se siente escucharlo de ti.
Cuando la sirena preguntó si había algún barco del que se sintiera especialmente orgulloso, Octojin asintió de inmediato. Se levantó de la silla y, con un gesto, la invitó a seguirle fuera del despacho. Mientras caminaban por el astillero, se tomó su tiempo para explicarle.
—Si tengo que elegir uno, sin duda sería el barco de mi brigada, la L-42 —dijo con un brillo en los ojos que denotaba su entusiasmo— . Fue un proyecto en el que me involucré desde el diseño hasta el último clavo. Quería que representara a cada uno de nosotros, a nuestra unión como equipo, y creo que lo conseguí.
La llevó hasta una zona donde descansaba la obra maestra de su vida: un barco de tamaño grande, pero con una presencia imponente. Sus líneas eran elegantes, pero también transmitían fuerza. Octojin señaló el mascarón de proa, que era la joya del diseño de aquel indiaman.
—Mira esto, Asradi —dijo, alzando una mano para señalarlo con orgullo— . Quise que cada miembro de la brigada estuviera representado. Los colmillos son míos, obviamente —añadió, mostrando su característica sonrisa tiburón— . Los cuernos son de Camille, nuestra oni. Las alas de fénix son un homenaje a Atlas y su Akuma no Mi. La katana simboliza a Takahiro, y el patrón de la abeja es un guiño a la Akuma no Mi de Ray.
El escualo observó la reacción de su querida Asradi antes de continuar. La verdad es que le había costado diseñar algo con tantos detalles, y mucho más construirlo, pero había quedado bastante bien.
—Quería que fuera algo único, algo que mostrara lo que somos como brigada. Cada detalle cuenta una parte de nuestra historia.
Cuando regresaron al despacho, Octojin cerró la puerta tras ellos y volvió a sentarse. Asradi ocupó la silla frente a él, con esa expresión de curiosidad y admiración que tanto le gustaba.
—Pero bueno, todo esto no es solo mi logro. Es el resultado de muchas manos trabajando juntas —admitió, aunque la sonrisa orgullosa seguía en su rostro— . Aunque, si soy sincero, este astillero es como mi segundo hogar. Aquí he aprendido tanto, y cada barco que sale de aquí es un pedazo de nosotros.
El pañuelo de la sirena se había bajado un poco, y el tiburón no pudo evitar quedarse mirándola unos instantes. La suavidad de sus rasgos, la forma en que los mechones oscuros caían sobre su frente... Era una imagen que quería atesorar para siempre.
—Asradi... —dijo con un tono más suave, tomando su mano con cuidado— Me siento muy a gusto contigo. Eres alguien que ilumina hasta los días más difíciles. Y... quiero ayudarte a ser feliz, con lo que necesites, lo que sea. Estoy aquí para ti. Para hacer que cada segundo sea mejor que el anterior.
Sus palabras eran sinceras, y el gesto de tomar su mano era una promesa silenciosa de apoyo y devoción. Por un momento, dejó que el silencio hablase por ellos, disfrutando de la conexión que compartían en ese instante. Era increíble cómo su vida había cambiado en tan poco tiempo. Y como una sirena le había hecho cambiar su perspectiva sobre tantas cosas... ¿Cómo un ser tan perfecto como Asradi se podía fijar en alguien como él? Aquello le seguía pareciendo increíble. Tanto que no lo comprendía del todo.
—¿Qué quieres hacer ahora? —preguntó finalmente, dejando que la decisión fuera suya. Sentía que había eclipsado su reencuentro hablando demasiado sobre sus cosas, así que ahora le tocaba a ella— Podemos hablar aquí, o podemos ir a algún otro lugar. Lo que tú quieras. Pero ahora te toca a ti, guapa.
No importaba lo que eligiera; para Octojin, lo más importante era estar a su lado.
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Asradi
Völva
31-12-2024, 07:36 PM
Tras la pregunta, Octojin asintió casi de inmediato, hasta parecía emocionado, un sentimiento que le estaba contagiando a ella de manera irremediable. Cuando el gyojin la invitó a seguirle fuera del despacho, la sirena se levantó y abandonó la silla, al igual que el lugar, solo para acompañarle de nuevo al exterior. Un poco con las prisas, y con una mano, se recolocó el cabello dentro de la pañoleta, aunque algunos mechones rebeldes se escapaban por los laterales del rostro de Asradi. Mientras le acompañaba por los pasillos, de vuelta al astillero en sí, a la mujer no se le escapaba la mirada emocionada de Octojin cada vez que comenzaba a hablar de los barcos. Tanto de los que había construído como de los que había ayudado también a construír.
— Pues estoy deseando verlo. — Comentó con una sonrisa mientras Octojin le comentaba que era el barco de su brigada del que más orgulloso se sentía. Y, por lo que entendía, lo había diseñado y construido él enteramente.
También notó algo al escucharle hablar. Algo que le hizo sonreír de manera suave, quizás hasta un tanto melancólica, a pesar de que estaba muy feliz por él. Cuando llegaron a donde el navío descansaba, los ojos de la sirena se maravillaron con aquella enorme construcción.
— ¡Es precioso! — Fue lo primero que dijo cuando lo contempló a primera vista. El primer vistazo general. Pero era verdad. Tenía un buen porte, tenía un buen casco así en términos generales. Asradi se separó ligeramente de Octojin para, desde donde estaban, poder verlo un poco mejor, antes de regresar con el gyojin tiburón. Fue entonces que le sonrió más abiertamente. — Entiendo porqué estás tan orgulloso. Además... Se nota también que tienes unos buenos compañeros, a juzgar por el cariño con el que hablas de ellos.
No estaba solo, y tenía buena gente a su alrededor. Eso era lo que intuía y lo que, también, le tranquilizaba. Asintió y, ahora sí, contempló el mascarón que Octojin le señalaba. Una pequeña exclamación de sorpresa, de admiración, se escapó de entre los labios de Asradi cuando lo vió. ¡Era una maravilla! Sí era cierto que el bicho era un poco raro, pero a medida que el grandullón le explicaba el motivo, lo iba entendiendo. Con suavidad, y con algo de disimulo, pues se suponía que ella era una clienta ahora mismo y todavía podían verles, acarició un par de segundos la mano de Octojin con sus dedos.
— Es algo único, efectivamente. Y se nota que le has puesto tesón y cariño. ¿Seguro que no te quieres unir a nosotros? Te trataríamos muy bien. — Medio bromeó, aunque quizás había una pizca de sentimiento en serio ahí. Pero entendía que Octojin había elegido la Marina por algo y no iba a ser ella quien le obligase a lo contrario. Tampoco deseaba eso, por mucho que amaría tenerlo a su lado.
Le dió una palmadita suave en el costado, con una sonrisa suave.
— Y estoy segura que contará, todavía, más historias de ahora en adelante. — Murmuró, mientras ahora volvía a seguir, y acompañar, al escualo de regreso al despacho de éste último.
Una vez de nuevo en la intimidad de dicho lugar, Asradi se sentó, mucho más animada que antes. Y se sonrojó profundamente, con una sonrisa que pasó a ser una risa suave que intentaba ocultar dicho nerviosismo, dicha sensación cálida de halago y vergüenza al mismo tiempo. Sus dedos se entrelazaron con los de Octojin, acariciándolos y perdiéndose en la calidez contraria.
— Soy feliz, Octojin. Sería egoísta pedir más, aunque lo desee. — La vida le había dado demasiadas patadas y tenía miedo de hacerse más ilusiones de las debidas. Sobre todo cuando todavía había cierto peligro alrededor de ella.
Si tan solo pudiese borrar parte de su pasado... Pero no podía. Y quizás tampoco quería a estas alturas. A pesar de las desgracias que le habían acontecido, también había aprendido. Y ahora podía ayudar a más gente al respecto, o esa era su intención.
Fue entonces que ella misma se levantó, rodeando el escritorio del escualo y, con cierta desvergüenza, se fue a sentar al mismo regazo de Octojin, balanceando ligeramente la cola en el aire, de manera entretenida.
— Podemos quedarnos aquí un poco más. No creo que nadie nos moleste, ¿no? — Sonrió con un deje de pícara coquetería. Le gustaba, le gustaba muchísimo, y cada vez le costaba contenerse más, aunque no era tan desvergonzada como tal. — Te quiero a ti, Octojin. Ni más, ni menos.
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Octojin
El terror blanco
02-01-2025, 11:32 AM
Octojin observó el brillo en los ojos de Asradi mientras admiraba el barco que había construido. Su reacción fue como un soplo de aire fresco para el tiburón, que pese a que estaba completamente orgulloso de su obra, no tenía claro que la sirena lo viese como él. En ocasiones, le había pasado que había mostrado con mucho ímpetu algo que para la otra persona no era nada especial, al no compartir el mismo entusiasmo en ese tema. Además, a veces, en su afán por seguir adelante y mejorar, olvidaba detenerse a valorar todo lo que había logrado. Pero ahí estaba ella, maravillada por algo que para él ya era una rutina, recordándole la importancia de apreciar sus propias creaciones.
—Gracias, Asradi —Su voz era suave, con un toque de emoción que no podía esconder—. A veces no me doy cuenta de lo que he conseguido hasta que alguien como tú lo mira con esa admiración.
Cuando la sirena comentó sobre el mascarón de proa, Octojin no pudo evitar esbozar una sonrisa orgullosa que le cubría toda la cara. El mascarón era una obra especial para él, algo que incluía a cada miembro de su brigada en una sola figura y con una dificultad que había resultado ser todo un desafío, tanto en su construcción como en su diseño. Al señalar los detalles y explicar cómo cada elemento representaba a uno de sus compañeros, se sentía como si estuviera compartiendo una parte íntima de sí mismo. Y había sentido de nuevo ese cosquilleo que sintió cuando presentó el mascarón de proa al resto de la banda.
—Es algo único, sí —afirmó, respondiendo a su comentario sobre el diseño—. Me gusta pensar que este barco lleva un pedazo de todos nosotros.
Aunque sabía que la invitación de Asradi para unirse a los revolucionarios era mitad broma, su corazón se llenó de calidez. La idea de estar a su lado en todo momento, de compartir más que encuentros furtivos entre misiones, era tentadora. Pero Octojin también entendía que ambos tenían caminos diferentes, al menos por el momento. ¿Quién sabe si en el futuro la cosa sería distinta?
—Si alguna vez cambio de rumbo, serás la primera en saberlo. Pero por ahora, aún tengo cosas que hacer aquí. Y no son sencillas... Pero seguro que las conseguiré.
El suave toque de la sirena en su mano y la palmadita en su costado fueron gestos simples pero llenos de significado. Octojin los atesoró mientras regresaban al despacho. Iba pensando en cómo gestionar todo aquél conjunto de emociones. En cómo devolverle esa sensación de cariño a la sirena... En cómo devolver, aunque fuese mínimamente, lo que la sirena le hacía sentir.
Una vez dentro, la intimidad del lugar creó un ambiente diferente, más relajado y personal al que el habitante del mar no estaba para nada acostumbrado. Octojin se acomodó en su silla, aún con la sonrisa de haber compartido ese momento especial con Asradi. Pero su tranquilidad se transformó en sorpresa y un evidente tono rojizo en la piel de su cara cuando ella se levantó de su asiento y, sin aviso previo, se sentó en su regazo. Aquél acto totalmente espontáneo pilló por sorpresa al gyojin.
—Asradi... —balbuceó, sintiendo cómo el calor subía rápidamente a su rostro, poniéndolo rojo como un tomate.
El gyojin no estaba acostumbrado a ese tipo de cercanía, pero no era algo que quisiera evitar. Al contrario, sentía que su corazón iba a estallar de alegría. Las palabras de Asradi, confesándole que le quería y sugiriendo quedarse un poco más, hicieron que el pecho de Octojin se llenara de emoción.
Con movimientos suaves, pero firmes, rodeó a la sirena con sus brazos, abrazándola contra sí mismo como si quisiera asegurarse de que no desapareciera. La calidez de su piel, el suave vaivén de la cola que rozaba su pierna, y el peso reconfortante de su presencia en su regazo eran sensaciones que no cambiaría por nada en el mundo.
—No sé qué me has hecho, Asradi —susurró, apoyando su barbilla en el hombro de la sirena mientras cerraba los ojos por un momento—. Pero no puedo imaginarme un día en el que no piense en ti o en lo que siento cuando estoy contigo. Jamás había sentido algo así. No serás un poco brujilla, ¿no?
Se le escapó una ligera sonrisa con esa broma, y sin pensarlo demasiado, levantó su rostro y buscó los labios de Asradi, dándole un beso lleno de sentimientos que las palabras no podían expresar. Fue un beso sincero, tierno, pero también con la pasión contenida de alguien que había estado esperando mucho tiempo para expresar lo que sentía. De alguien que había estado esperando demasiado tiempo a que la sirena apareciese de nuevo, tal y como lo hizo la vez anterior. De alguien que, por fin, había conseguido sentirse feliz.
Cuando el momento terminó, Octojin sonrió ligeramente y, en un intento de aliviar un poco la intensidad del momento, bromeó.
—Si alguien entra aquí ahora, le despido en el acto.
La risa del escualo llenó el despacho, aligerando el ambiente mientras él acariciaba suavemente la espalda de Asradi. La alegría de tenerla tan cerca, de escuchar sus palabras llenas de afecto, era casi abrumadora.
—Asradi, no tienes idea de lo feliz que me haces. Si hay algo, cualquier cosa, que pueda hacer para que seas aún más feliz, dímelo. No hay nada que no haría por ti. Nada.
Las palabras salieron con sinceridad, sin filtros ni dudas. Porque, en ese momento, Octojin sabía que lo único que importaba era ella. La sirena que había iluminado su vida de una manera que nunca pensó posible.
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Asradi
Völva
02-01-2025, 07:30 PM
¿Lo había hecho porque le apetecía? Sí. ¿Lo había hecho a propósito y para sacarle un sonrojo o cualquier otra reacción similar? También. Y eso se demostró en la sonrisa suave y juguetona que se plasmó en los labios de la sirena, mientras balanceaba suavemente la cola de forma muy entretenida. Generalmente solía ser más sosegada, más cuidadosa. Pero con Octojin había descubierto que todavía tenía ese lado juguetón, ese lado travieso que tenía en el pasado, antes de que aquella desgracia le sobreviniese y que le había hecho cambiar casi de manera radical. Estaba relajada a su lado, se sentía segura y protegida y, precisamente por eso, podía bajar la guardia hasta ese punto.
No tardó en notar, y en ver, cómo Octojin se había puesto rojo como un tomate y, en consecuencia, a ella se le escapó una risita suave. Estaba adorable así. Probablemente muchos le tuviesen miedo por el tamaño que tenía. Era un gyojin alto y fornido. Para muchos humanos podía llegar a ser impresionante. Incluso también para otros propios de su raza. Asradi también era consciente de que los había más grandes, pero... Un tiburón siempre imponía. Alzó una mano para acariciar, con suavidad y cuidado, aquella mejilla ahora coloreada, mientras se embebía y se perdía en sus facciones. Se sentía muy afortunada de haberle encontrado de nuevo. De que, a pesar de la distancia, todo pareciese seguir igual, e incluso mejor, entre ellos. Sin importar los rangos, las facciones. Solo ellos dos en ese momento. Y, al mismo tiempo, todavía temía por el futuro, por lo que pudiese suceder. Ese era un pensamiento en el que tenía que seguir trabajando para que no le impidiese disfrutar de instantes como aquel.
— ¿Tú crees? Quizás si tengo algo de bruja. — Comentó, siguiéndole la broma y mirándole directamente a los ojos. — Al fin y al cabo, vengo de un clan de chamanes del North Blue. Así que puede que no estés muy desencaminado. — La sonrisa de la sirena se acrecentó un poco, en un gesto entre pillín y orgulloso. — Pero en realidad no te he hecho nada. Nada que tú no quisieras. — Sonrió de manera, ahora mucho más suave.
El sentir los fuertes brazos de él rodeándole, las manos amplias apoyadas y acariciando su espalda, hizo que se estremeciese de manera suave. Era una sensación cálida que se acrecentó todavía más cuando acurrucó un poco su rostro contra el del gyojin, cuando éste apoyó el suyo en el hombro femenino. Era solo eso. Un gesto simple y comedido que a ella le llenaba el corazón. No necesitaba más que eso para ser feliz. La cercanía de la gente que quería. La de él. Se le dibujó una breve sonrisa antes de sentir como su rostro era tomado con suavidad y sus labios reclamados en un beso suave, cuidadoso. Uno que ella correspondió con otro plagado de amor, de sentimientos. Las mejillas albas no tardaron en colorearse a un gracioso rubor que se mantuvo incluso cuando aquel contacto, aquella unión silenciosa tuvo lugar.
Asradi sintió de inmediato el calor en las mejillas también, sintiendo como el corazón le iba a mil por hora. Pero era un sentimiento cálido, de felicidad. Esa sensación de tranquilidad y plenitud en el pecho.
— Entonces esperemos, por su bien, que nadie abra esa puerta. — Sonrió, cómplice, a las palabras del gyojin tiburón.
Fue ella quien, entonces, se adelantó para plantarle un besote en la mejilla, antes de permanecer todavía en su regazo, relajada y a gusto. Una de sus manos se entrelazó, entonces, con la de Octojin, disfrutando de ese mínimo pero cálido y significativo contacto para ella.
— Estoy bien así, Octo, de verdad. Claro que me gustarían muchas cosas. — Sonrió de manera suave. — Estar siempre contigo, que no tengamos que separarnos. O que todos los problemas que hay con el Gobierno se solucionasen, y que la gente no sufriese más. — Eran muchas cosas, unas más viables que otras. — Pero, de momento, me conformo con vivir el día a día y disfrutar de este momento. Soy feliz con estas pequeñas cosas. Estando contigo. — Le confesó con una suave sonrisa mucho más suave y, sobre todo, sincera.
— Creo que estaremos una buena temporada en Loguetown, así que quizás podamos aprovechar eses días. Claro, si no hay problemas de por medio o nos arrestan. — Le guiñó un ojo a su gyojin.
Para ese momento, la sirena ya se había bajado la pañoleta y expuesto totalmente su cabello. Se sentía segura allí y no creía que nadie les fuese a interrumpir. Tenía ganas de hablar, de compartir cosas en ese momento de intimidad.
— ¿Has estado alguna vez en el North Blue, por cierto? — Le preguntó, solo para continuar y sacar conversación y que él no estuviese, quizás, tan incómodo o sonrojado. — Las aguas son relajantemente frías, y las tormentas y desprendimientos de capas de hielo en algunas zonas son todo un espectáculo. ¡Y los fiordos! Seguro que te gustaría el lugar, aunque no sé si el clima también. — Bromeó.
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Octojin
El terror blanco
07-01-2025, 06:06 PM
Octojin sonrió ampliamente mientras sentía la ligereza de las palabras juguetonas de Asradi, sumados a sus continuos gestos que hacían que estuviese en una mezcla de calma total, pese a que su corazón se aceleraba cada vez que la sirena lo miraba con esa chispa traviesa en los ojos, y cuando comentó lo de ser una bruja, el tiburón soltó una risa ronca. Por un momento pensó que le caería una colleja junto a una reprimenda, sin embargo, la sirena le siguió el juego y esa no se la vio venir.
—Entonces, tengo la suerte de estar embrujado por la más hermosa de las hechiceras —dijo, siguiéndole la broma, mientras acariciaba con suavidad su espalda—. Y no me quejo, si esto es magia, creo que me quedaré aquí encantado para siempre. Ahora entiendo el éxito de todos esos libros de fábulas y mundos donde la magia es la principal atracción...
Sus labios aún hormigueaban por el beso que habían compartido, y su rostro se encendía con cada gesto de cariño que Asradi le devolvía. Aquella sensación era tan extraña para el tiburón como complaciente. Y es que aún no se había acostumbrado a lidiar con ello. No importaba la de veces que la sirena lo hacía, para él era tan extraña la primera como la última. ¿Se acostumbraría alguna vez a ello? Ojalá que sí, por su bien, pero no lo tenía del todo claro.
Cuando ella habló de sus deseos, de estar siempre juntos y de un mundo sin sufrimiento, una leve sombra pasó por la mirada de Octojin. ¿Podrían alguna vez alcanzar todo eso? ¿Serían capaces de superar las diferencias entre sus mundos? La respuesta parecía lejana, muy lejana. Sin embargo, el escualo no quería ensombrecer el momento, no cuando ella estaba tan feliz, tan radiante. Y la situación era tan viva.
—Eres increíble, Asradi. A veces siento que no te merezco, pero me esforzaré para que siempre tengas motivos para querer estar conmigo —respondió con sinceridad, apretando un poco más su abrazo y agarrando con mayor fuerza a la revolucionaria.
Cuando ella mencionó que se quedarían en Loguetown una temporada, el tiburón asintió, aunque la noticia le dejó un nudo en el pecho. No esperaba eso, aunque ciertamente tenía sentido.
—Me alegra saber que estarás cerca unos días más —confesó, aunque su tono traicionaba una leve tristeza—. Nuestra brigada tiene una misión pronto, así que viajaremos a otra isla, desgraciadamente. Quería que conocieras a mis compañeros, pero no estoy seguro de que ellos... bueno, ya sabes, estén muy receptivos a conocer a alguien fuera de la Marina. También quería conocer a los tuyos, pero tampoco sé si querrían conocer a un Marine. La verdad es que es difícil...
Intentó desviar el tema rápidamente, enfocándose en algo más alegre. Algo que siguiera manteniendo el ambiente tan positivo que había allí en ese momento.
—Puede que cuando nos aburramos, quieras ir al mercado de la plaza central. He visto que hay un montón de puestos de plantas y de hierbas medicinales, seguro que alguno te gusta. Puede que hasta encuentres algo que jamás habías visto, ¿no?
Lo cierto es que el mercadillo de la plaza central seguía como siempre. Con los mismos puestos de la misma gente, más o menos. Pero esa pequeña mentirijilla le daba pie a cambiar de tema de conversación. Además, siempre podría escudarse en que él no entendía de plantas y para él eran todas iguales. A veces funcionaba con otras cuestiones, como cuando alguien le pedía leer algo.
Entonces, la sirena sacó otro tema de conversación. El blue más poderoso de los cuatro, el North Blue. No tenía mucha información de él, pero es cierto que era el siguiente paso antes de ir al Grand Line. Su brigada ya había hablado en varias ocasiones de dar ese salto, pero aún estaban con el papeleo y era muy probable que tuvieran que esperar unas semanas más. Sin embargo, eso era información confidencial, y no la podía compartir. Aunque... ¿Sería capaz?
—¿El North Blue? —repitió, dejando que una sonrisa curiosa iluminara su rostro— Nunca he estado allí, pero me he informado bastante sobre ese mar. Parece un lugar fascinante, con historias increíbles sobre sus islas y su gente. Algunas me llaman más la atención que otras, la verdad. Pero supongo que es como cualquier lugar.
El tiburón se reclinó un poco en la silla, disfrutando de la sensación de tener a Asradi tan cerca.
—Sé que será frío, pero creo que me gustaría. Además, si algún día es nuestro punto de encuentro, prometo que soportaré el clima solo para verte. Pero dime, ¿cuál es tu isla natal? ¿Te gustaría volver allí pronto?
Octojin la miró con un brillo cálido en los ojos, queriendo escuchar cada palabra sobre su pasado, cada detalle que pudiera compartirle. Quizá había tocado un tema relativamente peliaguado, teniendo en cuenta todo lo que la sirena había sufrido en su pasado. Pero para él, conocerla mejor era como descubrir un nuevo mundo, y no había nada que deseara más en ese momento que seguir explorándolo junto a ella.
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Asradi
Völva
07-01-2025, 11:29 PM
De un momento a otro fue consciente del cambio de tono en la voz de Octojin y, probablemente, de los ánimos del mismo cuando comentó lo de conocer a su grupo de revolucionarios y, al mismo tiempo, que ella conociese a parte de la brigada a la que el gyojin pertenecía. No era algo imposible, en realidad, pero Asradi también sabía que era algo complicado. Diferentes facciones y enfrentadas. Quizás no era tan intenso como piratas y marines, pero siempre habría algo de resquemor, al menos superficial y en primera instancia. Mientras pensaba en eso no pudo evitar, aunque también lo hizo un poco a consciencia, el tomar la mano del escualo, acunándola y arropándola entre las suyas. En un gesto cercano y protector al mismo tiempo.
— Entiendo lo que quieres decir. Aunque también es cierto que si no hay una predisposición belicosa, no debería haber problema. — Pero ese no era el punto problemático de por sí. — Lo que me preocuparía, en todo caso, sería el hecho de que yo misma te pudiese meter en problemas. El hecho de que se enteren de que estás saliendo con alguien como yo... — Una revolucionaria, quería decir. — … Y te provoque algún tipo de problema en la Marina.
Por eso decidió no insistir más con el tema, para no ponerle a él en ningún aprieto ni que tampoco se sintiese mal por ello. Al contrario, estrujó dicha mano de él con suavidad y le regaló una suave sonrisa también, tranquilizadora.
— De todas maneras, no te entristezcas. Quizás haya algún momento en el que podamos conocer cada uno a los del otro lado. Además, ya conoces a Airgid, así que ya tienes un poco más allanado el terreno en ese aspecto. — Sabía que la rubia no rechazaría al escualo, aún a pesar de que fuese un marine. — Tiempo al tiempo, Octo, estas cosas no hace falta apresurarlas. Saldrán de manera natural.
Tras decir esto, fue la pelinegra la que se estiró lo suficiente como para dejar un suave y cariñoso beso en la mejilla del gyojin, antes de mirarle a los ojos y ampliar un poco la sonrisa anterior. Todo estaba bien. No tenían de qué preocuparse ahora mismo, solo de disfrutar aquel tiempo que se les había concedido por ahora.
De hecho, cuando Octojin propuso lo de regresar a la plaza, Asradi asintió de manera breve. Le parecía una buena idea. Aunque le gustaba ese lugar, intimo y silencioso para estar a solas con él, también era un tanto peligroso el hecho de que les pudiesen descubrir. O reconocer a ella.
— Tienes razón, es una buena idea. Además, todavía es temprano y seguro no hay demasiada gente en la plaza. O no tanto, espero, como si fuese hora punta. — Sonrió bastante animada, aunque todavía parecía un poco reacia de salirse del regazo del grandullón. Estaba demasiado a gusto ahí, aunque sus mejillas estuviesen tiernamente coloreadas por la cercanía que aquello le provocaba. — Y me encantaría ver si hay plantas o hierbas nuevas desde la última vez que vine.
Por otro lado, sentir los dedos y las manos de Octojin acariciándole la espalda, estrujándola de esa manera cariñosa y protectora, le enternecía el corazón. Se sentía querida, de una manera que nunca había pensado que pudiese suceder. Desde que había sido capturada, nunca se había hecho a la idea de que pudiese encontrar a alguien que la quisiera. Mucho menos había creído que se podría haber librado de aquel hombre. Por eso, atesoraba profundamente momentos como ese, con Octojin. La mención del North Blue, iniciada por ella y continuada por él, hizo que la mirada de la sirena se iluminase en una mezcla de orgullo y nostalgia a partes iguales.
Se notaba que echaba de menos aquellos parajes. Era donde había nacido y donde se había criado la mayor parte de su vida. Al menos, en parte de aquellas aguas.
— Es más que frío, las zonas gélidas marinas, si no estás habituado a ellas, puede que sean algo complicadas. Pero eres fuerte. — Le miró con una mezcla de admiración y orgullo, sonriéndole de la misma manera. — Hecho de menos las aguas frías de allí, los fiordos. Es mucho más salvaje que el East Blue, sin desmerecer a este último, claro.
Cuando Octojin se reclinó un poco hacia atrás, en la silla, ella agitó suavemente la cola, con un par de balanceos graciosos y muy suaves.
— Mi familia, mi clan, proviene de Skjoldheim. Más concretamente del Jörmungandr Fjord. — Explicó y, graciosamente, se le notó ese marcado acento norteño al pronunciar el nombre del fiordo en su idioma original. Era algo que todavía no desaparecía, por mucho tiempo que hubiese pasado lejos de aquellas zonas. — Les extraño, no he vuelto a saber de ellos desde que... Bueno, desde que fui capturada.
Todavía era un tema algo doloroso para ella. Había sido “elegida” por el Tenryuubito y ella había aceptado solamente para alejarlo de los suyos. No se arrepentía, pero todavía dolía. Y temía el hecho de que, tras haberse escapado, hubiese podido tomar represalias contra su clan.
— Pero el lugar es hermoso y salvaje. El como el agua va serpenteando a través del fiordo, como si fuese la misma serpiente del mundo. — Sonrió con emoción.
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Octojin
El terror blanco
08-01-2025, 02:21 PM
Octojin no podía evitar sentirse conmovido por cada palabra de Asradi. Sus gestos, su sonrisa, incluso la forma en la que hablaba del North Blue y su tierra natal, llenaban al escualo de un calor indescriptible. Algo en su interior seguía brotando con la misma energía que lo hacía en los primeros días de conocerlo. Y eso se lo debía única y exclusivamente a ella, a su sirena.
Su corazón latía con fuerza, casi tanto como cuando estaba en combate, pero de una forma completamente distinta. Era un tipo que no había tenido muchas oportunidades para conocer el amor, y cada momento con Asradi era como explorar un territorio desconocido, pero maravillosamente acogedor.
—Tienes razón —respondió con ternura, devolviendo la caricia en las manos de Asradi que ella le había lanzado previamente—. Si algo he aprendido en la vida, es que las cosas importantes no deben apresurarse. Y con esto no será diferente. Tiempo al tiempo. Y, bueno, con Airgid ya tengo un pie en tu lado, ¿no? Aunque espero no haberle causado una mala impresión. Fue hace mucho y estaba loquísima. Aunque seguro que sigue igual.
La broma venía acompañada de una sonrisa nerviosa, que se desvaneció al recibir el beso de Asradi en la mejilla. Ese simple gesto le hizo sentir como si le hubieran quitado toneladas de peso de encima. Suspiró con suavidad, sosteniéndola un poco más cerca, permitiéndose disfrutar del momento un instante más antes de responder.
—Me alegra tanto verte tan animada. Quiero hacer todo lo posible para que esos momentos difíciles queden atrás. Para que se vayan olvidando con el paso del tiempo. Algunos es imposible, pero otros sí que se puede conseguir. Y ahí estaré yo, para ayudarte a ello. Si algún día podemos caminar por Skjoldheim juntos, créeme, será un sueño cumplido.
Cuando Asradi comenzó a describir su tierra natal, el gyojin se inclinó ligeramente hacia ella, escuchando con atención cada detalle. Los fiordos, las aguas gélidas, el entorno salvaje. Podía imaginarlo casi como si estuviera allí, gracias a su descripción tan vívida. Lo cierto es que ya sabía algo de esa isla, pero no con tanto detalle. Sin embargo, no tardó mucho en notar la sombra que cruzó por el rostro de Asradi al mencionar su captura. Su corazón se encogió, y aunque intentó mantener una expresión neutral, el dolor que sentía por ella era palpable. Era como si ese sentimiento fuese suyo en ese instante. Como si esa puñalada la hubiese recibido él también.
¿Qué clase de monstruo puede arrancar a alguien de su hogar, de su familia, de todo lo que ama? Y más por el simple hecho de ser diferente. Aquello no tenía ningún sentido, y jamás conseguiría encontrárselo. El escualo pensó, con un nudo formándose en su garganta, si en algún momento el mundo cambiaría para mejor. No tenía una respuesta, pero lo más seguro era que no.
No quería entristecerla más, así que optó por centrar la conversación en lo positivo. Porque siempre había algo positivo de todo. O de casi todo.
—Siempre me han fascinado las historias de Skjoldheim. Es una de las islas del North que más me llaman, la verdad. Los nobles guerreros, las tradiciones... Me han contado cosas en la base sobre los rituales de combate y la conexión con la naturaleza que me han hecho plantearme ir cuanto antes. Me encantaría verlo algún día, aunque siendo un marine, no estoy seguro de si sería bien recibido —bromeó, intentando aligerar el ambiente.
La forma en que Asradi hablaba de su hogar despertaba en Octojin una mezcla de admiración y tristeza. Admiración por su fortaleza y por lo hermoso que debía ser ese lugar, tristeza por todo lo que le habían arrebatado. Pero no quería que ese pesar dominara el momento.
Cuando Asradi accedió a salir hacia la plaza central, Octojin asintió con una sonrisa, pero al notar que no parecía tener prisa por levantarse de su regazo, decidió actuar.
—Muy bien, si no te quieres bajar, habrá que hacerlo a mi manera —dijo con un toque juguetón, levantándola suavemente y cargándola sobre su hombro como si no pesara nada.
La risa del escualo llenó la sala mientras la bajaba justo antes de cruzar la puerta. Octojin se aseguró de que su gesto no fuera incómodo para ella, mirándola con calidez antes de salir.
—Ahí tienes, señorita rebelde. Vamos a la plaza, a ver qué nos encontramos.
Mientras caminaban hacia la plaza central, Octojin tomó un momento para observar a Asradi de reojo, admirando cómo el pañuelo cubría su cabello mientras algunos mechones jugueteaban al viento. Era hermosa, incluso cuando intentaba pasar desapercibida.
—Asradi —dijo con suavidad, rompiendo el silencio momentáneo—, ¿realmente te sientes cómoda camuflándote así por la isla? Sé que es necesario, pero no debe ser fácil para ti.
Quería entender mejor cómo se sentía, apoyarla en todo lo que pudiera. Era algo que él, al igual que los suyos, habían tenido que hacer en multitud de islas por ser diferentes. Pero ya casi ni se acordaba de la sensación. Desde que era marine, con ir con su capa era suficiente. Aunque no podía cambiar su pasado ni borrar los peligros que la acechaban, quería asegurarse de que supiera que no estaba sola.
Al llegar a la plaza, el habitante del mar echó un vistazo alrededor, buscando un lugar tranquilo donde pudieran hablar más, aunque seguramente la sirena quisiera dar un paseo por los puestos antes de terminar. No había nada mejor que estar con ella, escucharla y compartir ese momento. Uno mágico y especial.
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