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Vesper Chrome
Medical Fortress
03-12-2024, 04:42 PM
(Última modificación: 03-12-2024, 04:42 PM por Vesper Chrome.)
El barco mercante era modesto, con un casco de madera envejecido por años de travesías, pero bien mantenido. Las velas, aunque reparadas en múltiples ocasiones, se alzaban firmes bajo un cielo que recién comenzaba a despejarse, revelando el resplandor de un sol tímido después de la tormenta. El aroma a sal y madera húmeda impregnaba el aire, y el crujido constante del barco al balancearse sobre las olas era la única compañía en el vasto silencio del océano.
El anciano observó el cuerpo inconsciente sobre la cubierta, respirando con dificultad, pero vivo. Las gotas de agua aún caían de los bordes de su ropa desgarrada, acumulándose en pequeños charcos alrededor de ella. Con movimientos lentos y medidos, se inclinó para observarla de cerca, notando las marcas del combate contra el mar en su piel.
Se irguió con esfuerzo, sus manos callosas aferrándose al barandal para equilibrarse mientras el barco se mecía suavemente. La madera bajo sus pies estaba húmeda pero limpia, un reflejo de la disciplina que mantenía incluso en medio del caos.
Desde el interior del navío, se escucharon pasos apresurados que resonaron en las escaleras de madera. Emergieron tres figuras: un hombre alto y robusto, con brazos como troncos, una mujer de mirada aguda y movimientos precisos, y un joven delgado que parecía más interesado en las nubes que en cualquier responsabilidad inmediata.
Sin intercambiar palabras, los tres comenzaron a trabajar en silencio. El hombre corpulento levantó a la mujer con cuidado, sus músculos tensándose bajo el peso inesperado, mientras la mujer inspeccionaba rápidamente su estado, palpando con dedos expertos en busca de signos de lesiones graves.
—Llévala al camarote de popa — murmuró el anciano al pasar junto a ellos, señalando con un gesto hacia el pequeño espacio bajo cubierta que usaban para invitados inesperados.
El interior del barco era sencillo, con paredes de madera desgastada que desprendían un aroma terroso mezclado con salitre. Una lámpara de aceite colgaba del techo, oscilando suavemente con el movimiento del barco, y el mobiliario se reducía a lo esencial: una mesa, un banco y una litera estrecha cubierta con una manta gruesa.
El corpulento marinero dejó a la mujer con cuidado sobre la litera, asegurándose de que su cabeza quedara apoyada correctamente. La mujer de mirada aguda colocó un cubo junto a la cama, llenándolo con agua fresca que el joven delgado había traído desde la cocina sin necesidad de indicaciones.
El anciano permaneció un momento junto a la puerta, su silueta enmarcada por la luz del sol que entraba desde cubierta. Miró a la mujer con un gesto pensativo, como si intentara adivinar su historia. Finalmente, murmuró para sí mismo:
—El mar nunca deja de sorprendernos... ni de recordarnos su crueldad. —
El barco siguió su curso, moviéndose al compás de las olas que ahora apenas susurraban, como si la tormenta nunca hubiera existido. La tripulación, sin hacer preguntas, retomó sus tareas. Las velas fueron ajustadas, los cabos asegurados, y la cubierta limpiada con esmero, eliminando cualquier rastro de la tempestad. El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados que se reflejaban en la superficie del mar, mientras el mercante continuaba su viaje hacia un destino desconocido.
Off
¡Hola, buenas noches! Mi nombre es Vesper Chrome Medico y Psicotico de los Piratas Hizashi. Este mensaje es para recordarte un algunas de cosas importantes: - Recuerda al comienzo de tu primer post poner el [ personaje] pero todo junto para que tus PV, PH y PE queden fijados, así como tus stats hasta ese momento.
- Intentaré postearles en un plazo máximo de 24-48 horas. Si veo que han posteado antes de ese plazo y tengo hueco, pues les postearé antes.
- Eres libres de narrar como llegas al punto de partida como quieras. Te lo dejo a libre disposición.
- ¿El día de la aventura? Cuando mejor te convenga en función a tu propia cronología.
- En ese mismo ambito, disculpa la tardanza, entre el paron, y la creación de nuevas islas, me he vuelto un cero a la izquierda, pero aca estamos de vuelta.
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Donatella Pavone
La Garra de Pavone
03-12-2024, 05:32 PM
(Última modificación: 03-12-2024, 05:32 PM por Donatella Pavone.
Razón: Agregar codigo de personaje
)
Barco Mercante, Mar del Este, Día 1 de Verano, Año 724…
El primer indicio de consciencia llegó como un tenue susurro. Donatella sintió la oscilación del barco antes de abrir los ojos, un movimiento rítmico que acompañaba el crujir de la madera bajo ella. Sus párpados pesaban como si llevaran anclas, lentamente se fueron apartando, dejando entrar una luz cálida y titilante. El techo del camarote era bajo, de madera oscura y desgastada, con una lámpara de aceite que oscilaba suavemente al ritmo del barco.
Por un momento, su mente estaba vacía, atrapada en ese estado inerte entre el sueño y la realidad. Pero luego, los recuerdos regresaron como un aluvión; la tormenta, el naufragio, las caras de su guardia real desapareciendo en el caos de las olas. Su cuerpo se tensó al recordar la impotencia de esos momentos. Intentó levantarse, pero al mismo tiempo el dolor recorrió su cuerpo, recordándole que aún no estaba en condiciones de enfrentarse al mundo, ni siquiera al mar más débil de todos. Cerró los ojos por un instante, obligándose a respirar profundamente. El aire estaba impregnado del aroma a salitre, madera húmeda y aceite quemado, una mezcla que le resultaba extrañamente reconfortante en su simpleza. Era de esos momentos en los que aun sin tener el mínimo signo de lujo o confort podía sentirse refugiada.
El sonido de pasos sobre cubierta interrumpió su introspección. Los ecos se acercaron, y pronto la figura del anciano que la había rescatado apareció en el umbral del camarote. Su silueta se recortaba contra la luz que entraba desde la cubierta, dándole un aire casi celestial. Donatella alzó la mirada con impresión, sus ojos ámbar buscarían encontrarse con los del hombre. Había gratitud en su expresión, pero también una barrera invisible, una desconfianza aprendida a lo largo de años de disciplina y desconfianza. — Gracias… — Murmuró con su voz más áspera de lo que esperaba revelando que aún no estaba en condiciones de siquiera pararse de la cama.
Tragó saliva antes de continuar, su mente ya estaba trazando líneas de pensamiento más allá del camarote. No podía permitirse el lujo de la pasividad, no con su misión aún inconclusa, su guardia real perdida y sus recursos reducidos a nada. Miró al anciano, evaluando la situación, tratando de percibir el mínimo signo de hostilidad o peligro en el ambiente. — ¿Mis cuatros soldados están a salvo? ¿Pudo encontrar alguien más conmigo? — preguntó con un tono más firme y agitado, ahora tratando de reincorporarse sin éxito, viéndose forzada a recostarse de la pared. Estaba más que claro que sacaba fuerzas de donde no las tenía, sobre todo cuando sus sirvientes y mision estaban en juego.
La verdad era que, después del naufragio, su itinerario estaba tan fragmentado como el galeón en el que había llegado al Mar del Este. No había un plan concreto más allá de reunir lo necesario para retomar su búsqueda, y admitir eso frente a un desconocido era algo que no podía permitirse, al menos no fácilmente.
El vaivén del barco era casi hipnótico mientras consideraba sus opciones. La Garra de Pavone no era alguien que aceptara la derrota, pero sabía que la situación requería algo más que orgullo. Con un suspiro, apoyó los pies en el suelo y se levantó, ignorando el leve mareo que la acometió. Si iba a empezar desde cero, este barco era tan buen lugar como cualquier otro para dar su primer paso.
Personaje
Estadísticas de Donatella Pavone:
40 FUE | 10 RES | 0 DES | 0 PUN | 25 AGI | 25 REF | 15 VOL | 0 CA
Vitalidad: 365
Energía: 210
Haki: 75
Nivel: 4
Honorable
173 Reputación
Perfil
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Dan Kinro
[...]
09-12-2024, 01:34 AM
El barco seguía avanzando sin mayores problemas, el vaivén rítmico marcando el paso del tiempo. Donatella, aún luchando por recobrar fuerzas, estaba concentrada en evaluar su situación mientras intentaba mantenerse erguida, a pesar del mareo que la acometía. Su mirada, aún algo turbia por el golpe sufrido, se fijó en el horizonte, donde el cielo empezaba a teñirse de colores cálidos por el inicio de la tarde.
Pero un ruido profundo, casi subterráneo, rompió la calma. Era un retumbar ensordecedor, como el gruñido de un monstruo escondido en las entrañas del barco. Los cimientos del navío temblaron levemente bajo sus pies, seguido por un crujido agudo, como si algo se estuviera quebrando en lo profundo de la embarcación.
El sonido provenía de las bodegas. Algo no estaba bien. No era un simple contratiempo o un ruido casual del mar. Esta vez, el barco parecía responder a algo más, algo que venía de las profundidades.
De repente, el crujido se transformó en una vibración creciente que recorrió las maderas del casco, la estructura del barco que parecía estar resistiendo una presión inesperada. El viento comenzó a intensificarse con rapidez, y la suave calma se tornó en una agitación perceptible. Los marineros, sorprendidos, comenzaron a moverse con apuro, sus voces alteradas por el creciente desconcierto.
En ese momento, Donatella Pavone pudo sentir aire volverse más denso, y el olor salado del océano se mezcló con un repentino toque de humedad más pesada. Algo estaba ocurriendo bajo la superficie. El anciano apareció en la entrada de la bodega, con un rostro grave y la mirada fija en la distancia. A su lado, el joven delgado se asomó rápidamente, el miedo reflejado en sus ojos.
— ¡Preparados! — gritó el anciano, y su tono era autoritario, pero preocupado. — Algo está ocurriendo en el fondo. ¡No tenemos tiempo!
La tripulación se movió en silencio, mientras el barco seguía temblando levemente. Donatella, con el dolor aún punzante en su cuerpo, comenzó a avanzar hacia el grupo. A lo lejos, podía escuchar el sonido cada vez más claro de algo golpeando la madera con fuerza. No era el sonido de una simple filtración o de un problema menor. Era algo que estaba afectando a la estructura misma del barco.
El crujido de la madera aumentó, esta vez acompañado de un sonido cada vez más cercano, como un retumbar que hacía que las entrañas del barco respondieran a cada vibración. El peligro no solo provenía del mar, sino de algo más profundo, algo que comenzaba a inquietar incluso al anciano.
Los miembros del barco se prepararon para lo peor mientras el sonido se adentraba en las entrañas del barco, donde la oscuridad era palpable. Lo que sea que hubiera causado esa vibración, estaba cada vez más cerca.
Información
Hello hello, soy tu narrador sustituto, me quedaré por aquí para darte algo entretenido hasta llegar a tierra firme, todo parecía ir bien, hasta que empezó a variar. ¿De nuevo? ¿Otra vez mala suerte? Quien sabe, lo mismo Donatella tendrá que fijarse en sus subordinados, o acudir a la bodega para revisar, la decisión es tuya. Vamos a pasarlo bien en una "T1 de chill".
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Donatella Pavone
La Garra de Pavone
09-12-2024, 05:20 PM
El retumbar constante, profundo e inquietante que surgió de las entrañas del barco hizo que los sentidos de Donatella se agudizaran al instante. Su cuerpo, aún debilitado por el reciente naufragio y el agotamiento, reaccionó instintivamente. La adrenalina comenzó a recorrer su sistema como un torrente, silenciando temporalmente el dolor y la fatiga. Se apoyó contra una de las paredes del camarote mientras trataba de mantener el equilibrio, sus ojos ámbar buscando respuestas en los rostros de la tripulación que se movía con apuro.
El anciano, cuya mirada grave hablaba de años enfrentando los caprichos del mar, captó su atención al instante. Su grito de alerta resonó en la cubierta como una orden definitiva hasta para ella, que tan solo había sido salvada de una catástrofe para llegar a otra. La preocupación que se reflejaba en sus palabras era suficiente para que Donatella supiera que lo que estaba sucediendo no era algo que pudiera tomarse a la ligera. A modo de agradecimiento, La Garra de Pavone estaba dispuesta a ayudar a esta tripulación de mercantes, aunque eso significara poner su vida en riesgo.
Con una mano presionó su costado adolorido mientras avanzaba hacia el centro de la cubierta con pasos firmes a pesar de la oscilación del barco. La Garra de Pavone no era alguien que se quedara al margen en medio de una crisis, incluso en su estado debilitado. La sensación de humedad en el aire se intensificaba, como si algo en el océano estuviera preparando la aparición de un visitante no deseado. No podía ignorar la creciente tensión en el ambiente, un indicio común que suele alertar cuando el peligro que acecha es inminente.
— ¿Qué sucede? — Preguntó con un tono firme al anciano, que ahora dirigía a los marineros con la experiencia de alguien acostumbrado a lidiar con lo inesperado. Sus ojos se encontraron con los de Donatella por un breve momento, y aunque no respondió de inmediato, su expresión bastó para confirmarle que no tenían respuestas claras.
El barco se tambaleó nuevamente, esta vez con mayor intensidad, y un estruendo resonó desde las bodegas, haciendo que la estructura entera crujiera como si estuviera al borde de romperse. Donatella se giró hacia la entrada de la bodega, donde el sonido parecía originarse, su cuerpo instintivamente adoptando una postura de combate a pesar de la ausencia de un enemigo visible.
— No podemos quedarnos esperando. — Declaró, su voz cortando el ruido del viento y el caos. Miró al anciano, quien parecía debatirse entre mantenerse en cubierta o descender para investigar. — No conozco este barco, pero es probable que, si no hacemos algo ahora, este barco no sobreviva al próximo golpe. — Sus palabras eran firmes, casi desafiantes. No estaba pidiendo permiso, sino declarando su intención, no estaba dispuesta a vivir un segundo naufragio en un mismo día, mucho menos en su primer día navegando por el mar más débil de todos. La Garra de Pavone estaba decidida a ayudar como fuera, había perdido su Galeón, aún desconocía si los cuatro miembros de su guardia real habían sido rescatados por este barco o siquiera sobrevivido, no le quedaba más nada que su misión y su vida y no iba a perderlos costara lo que costara.
Luego de que le respondieran, por instinto bajaría rápidamente descendería por las escaleras que llevaban a las bodegas, asumiendo que es la zona mas vulnerable o intensa de donde se escucharían los golpes, siempre con cautela pues no querría tropezarse por el estado en el que se encontraba. Cada paso que daba la llevaba más cerca de la fuente del retumbar, y el aire se hacía más pesado, cargado con un olor metálico que no podía identificar. De repente, un golpe más fuerte hizo que las tablas del suelo vibraran bajo sus pies. Donatella apretó los puños, sus guantes de combate chirriando levemente por la presión, lista para accionar como fuera necesario. La Garra de Pavone no era alguien que retrocediera ante lo desconocido. Si había algo bajo el barco, lo enfrentaría. Era cuestión de encontrar la manera de hacerlo antes de que la estructura cediera por completo. Tras evaluar las bodegas, si no encontraba nada que le hiciera mantenerse allí a modo de defender el barco o enfrentarse a lo que amenazaba la integridad de este, pues subiría nuevamente hacia donde el anciano, esperando instrucciones y avisándole el estado de las bodegas (ya me lo confirmarías tu).
Honorable
173 Reputación
Perfil
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Dan Kinro
[...]
09-12-2024, 10:33 PM
(Última modificación: 09-12-2024, 10:37 PM por Dan Kinro.)
El retumbar en las entrañas del barco era ahora inconfundible, un estruendo profundo que hacía temblar las vigas de madera, enviando ondas de preocupación a través de la tripulación. El sonido era cada vez más fuerte, como si algo enorme y desconocido se agitara debajo del casco. Los marineros se apresuraban a ejecutar tareas de emergencia, pero el aire denso y húmedo les indicaba que el peligro ya estaba presente.
Donatella encontró maderas agrietadas junto a algunos barriles, los cuáles parecían lo suficientemente resistentes como para servir de parche de emergencia de ser completamente necesario.
La tripulación se agolpaba en cubierta, los rostros reflejando temor y urgencia. El anciano, con una seriedad que rozaba la desesperación, comenzó a ordenar a los marineros moverse en todas direcciones, pero no era suficiente. El sonido provenía de las bodegas, y ahora el agua se filtraba en el interior, a través de grietas que se expandían rápidamente.
El sonido de un grito cercano interrumpió los pensamientos, uno de los navegantes mirando al horizonte y preguntando:
— ¿Cuánto falta para llegar a Isla Kilombo?
Pero la respuesta nunca llegó. Antes de que cualquiera pudiera reaccionar, el barco dio un estremecimiento tan violento que todos perdieron el equilibrio momentáneamente. Un rugido, como el de una bestia marina despertando de su letargo, se alzó del mar. La embarcación, como si fuera levantada por una fuerza invisible, se elevó repentinamente en el aire. Las maderas crujieron bajo la presión, y los marineros, en un intento de sujetarse, gritaron, pero sus voces fueron ahogadas por el rugido monstruoso que provenía del océano.
La criatura emergió. Con una majestuosa y aterradora figura, el ser marino, una serpiente gigantesca, se alzó frente al barco, sus ojos brillando con una intensidad sobrenatural. Su cuerpo, cubierto de escamas oscuras y húmedas, envolvía al barco con facilidad, levantándolo del agua como si fuera una simple presa. Las olas que se alzaban con fuerza chocarían contra el casco, pero la serpiente, con su fuerza descomunal, mantenía el barco suspendido.
Los marineros, aterrados, comenzaron a moverse en desbandada hacia las bodegas, siguiendo las órdenes del anciano.
— ¡Bajad a la bodega! ¡Es la única forma de salvar el barco! — gritó el anciano, con su voz cargada de miedo y urgencia.
Sin perder tiempo, los tripulantes, con el corazón latiendo con fuerza, comenzaron a bajar las escaleras que conducían a las bodegas, dejando atrás el caos de la cubierta. La Garra de Pavone, aunque debilitada, permanecía firme en su decisión de ayudar. Sin perder tiempo, se dirigió también hacia las bodegas, esperando no solo salvar el barco, sino intentar enfrentar lo que sea que estuviera acechando en ese lugar tan oscuro. El agua seguía subiendo rápidamente, y el riesgo de que el barco se hundiera era inminente.
Mientras se adentraban en la bodega, el sonido del monstruo marino resonaba en sus oídos, acompañado por el crujido continuo del casco que luchaba por mantenerse intacto. En la bodega, la tripulación se apiñaba, algunos intentaban controlar el pánico, otros se preparaban para lo peor, pero todos sabían que su supervivencia dependía de las decisiones que tomaran a partir de ese momento.
La serpiente marina, sin embargo, no había terminado con ellos. El eco de su presencia seguía vibrando a través de las maderas del barco. El viento se levantaba y el mar rugía, mientras la tripulación se preparaba para lo que vendría. Tras los gritos del navegante, ahora hundido en las profundidad marina, solo quedaba esperar.
Información
Encuentras el origen de la fuga de agua, pero al llegar a la bodega y observar dichas fugas y roturas en madera, encuentras tablones de soporte. Por otra parte, uno de los navegantes que te habían ayudado, es devorado por un Rey Marino de proporciones colosales.
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Donatella Pavone
La Garra de Pavone
10-12-2024, 12:23 AM
(Última modificación: 10-12-2024, 12:38 AM por Donatella Pavone.
Razón: agrego el TOC jeje
)
El caos que envolvía al barco sin duda era palpable. Donatella, aun tambaleándose por el dolor y el agotamiento, mantenía su postura erguida mientras los rugidos de la serpiente marina resonaban en el aire. La criatura, con su cuerpo escamoso y titánico, era un recordatorio brutal de la crueldad del mar. La Garra de Pavone no era de las que retrocedían ante una amenaza, pero incluso ella sabía que enfrentarse directamente a una bestia de ese tamaño era un acto suicida en tales condiciones, solo rogaba que sus cuatros guardias ya estuvieran lejos de la zona del mar y pudieran llegar a tierra con vida.
Mientras el barco crujía bajo la presión del monstruo, Donatella apretó los dientes y avanzó hacia la entrada de la bodega. El agua se estaba filtrando rápidamente convirtiendo cada segundo en un momento crucial sin tiempo para titubeos. El tacón de sus zapatos resonaba contra las tablas húmedas a medida que se adentraba en las entrañas del barco. Una vez en la bodega, su mirada rápidamente se centró en las grietas que dejaban pasar el agua. La luz tenue de una lámpara de aceite oscilaba con el movimiento del barco, proyectando sombras inquietantes sobre las paredes. Entre los barriles y cajas desordenadas, Donatella localizó tablones de madera que podrían servir como parches improvisados. — Estos servirán… si somos rápidos. — Murmuró, proyectando su determinación en su tono de voz.
El rugido de la serpiente marina se alzó nuevamente, sacudiendo el barco y haciendo que las vigas crujieran como si fueran a partirse en cualquier momento. Donatella respiró hondo, su mente trabajando a toda velocidad mientras evaluaba la situación. Un grupo de marineros se acercó a ella, sus rostros pálidos por el miedo, pero con una chispa de determinación en sus ojos. — ¡Necesitamos reforzar estas grietas antes de que el agua lo haga irreparable! — Ordenó, señalando los tablones que había encontrado. Sin esperar una respuesta, tomó uno y comenzó a colocarlo contra una de las fisuras, usando toda la fuerza que su cuerpo agotado le permitía e improvisando como la situación lo ameritaba, pues a pesar de ser una erudita y muy buena navegante sus conocimientos de carpintería eran casi nulos.
El sonido de un grito desgarrador desde la cubierta la hizo detenerse por un instante. Uno de los navegantes había sido atrapado por la serpiente marina. Sus alaridos se mezclaron con el rugido de la criatura y el estruendo del mar, y luego, silencio. Donatella apretó los dientes, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. No había tiempo para lamentaciones; si el barco se hundía, todos estarían condenados. — ¡Manténganse enfocados! ¡Si quieren sobrevivir, necesitamos cerrar estas fugas ahora mismo! — Gritó, su voz cortando el pánico que comenzaba a apoderarse de los marineros.
El agua seguía subiendo, alcanzando ya los tobillos de los presentes en la bodega. Donatella sabía que el tiempo se agotaba, pero no podía permitirse el lujo de rendirse. Sus músculos protestaban con cada movimiento, pero su mente estaba fija en el objetivo. Cuando el último tablón fue colocado, se permitió un segundo para respirar, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras el sudor se mezclaba con el agua que goteaba de su cabello.
El barco se sacudió nuevamente, y un crujido particularmente fuerte hizo que todos los presentes miraran hacia arriba con temor. A pesar de todo, aún había esperanza pues el barco estaba dañado, pero podía resistir si trabajaban juntos. Con un último vistazo a las reparaciones, Donatella giró hacia la salida de la bodega. — Ustedes, asegúrense de que estas reparaciones se mantengan. Yo iré a buscar a ver si puedo ayudar en otra cosa. — Declaró con su voz, como siempre, firme y autoritaria. Mientras chasqueaba los dedos y subía las escaleras hacia la cubierta se le podría escuchar jadeando, tratando de ignorar el dolor y el descanso que su cuerpo demandaba. Pero La Garra de Pavone no era alguien que retrocediera, si el destino quería desafiarla con una bestia marina, entonces estaba más que dispuesta a hacer lo que fuera, incluso en su estado debilitado.
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Dan Kinro
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10-12-2024, 03:44 AM
(Última modificación: 10-12-2024, 03:45 AM por Dan Kinro.)
El crujir constante del barco parecía acompañar cada paso de Donatella mientras ascendía de la bodega hacia la cubierta. Su cuerpo protestaba con cada movimiento, pero su mirada, fija y decidida, no daba señales de rendirse. El aire salado y frío la golpeó al llegar a la cubierta, donde el caos continuaba: marineros corrían de un lado a otro, algunos lanzando gritos de pánico, otros luchando con redes y arpones en un intento desesperado de enfrentar al monstruo. La criatura estaba ahí, monumental y aterradora, su cuerpo serpentino emergiendo entre las olas como una sombra interminable.
El siseo resonante de la serpiente marina detuvo a todos en seco. El sonido no era solo un ruido, sino una vibración profunda que parecía alcanzar los huesos. Su cabeza titánica se alzó desde el agua, las escamas brillando bajo la luz tenue como si fueran joyas oscuras, y sus temibles ojos se fijaron directamente en Donatella Pavone. Un silencio sepulcral cayó sobre el barco mientras la bestia se acercaba lentamente, su enorme cuello curvándose hacia la cubierta.
Los marineros retrocedieron instintivamente, algunos tropezando en su prisa por alejarse. Pero Donatella, la cazarrecompensas, la Garra de Pavone, permaneció inmóvil. Había tomado una decisión.
La serpiente se inclinó hacia ella, su aliento cálido y húmedo revolviendo el cabello de Donatella, y por un instante eterno, ambas se quedaron así: cara a cara, como si midieran la esencia de la otra.
El siseo cesó. El rey marino ladeó ligeramente la cabeza, sus ojos brillando con una inteligencia antigua, incomprensible. Sin un sonido, comenzó a retirarse. Su cuerpo sinuoso desapareció lentamente en las profundidades, el agua volviendo a la calma con cada metro que se alejaba. El rugido del mar se desvaneció, y el silencio fue reemplazado por los jadeos de los marineros, incrédulos ante lo que acababan de presenciar.
La mujer podría sentir el peso de las miradas de la tripulación sobre ella, pero a lo mejor le costaría prestar atención. Su mente podría encontrarse en otra parte, procesando lo que acababa de ocurrir.
El anciano, apoyándose en un mástil desgastado por los años y el salitre, intentó recobrar el aliento. A pesar del cansancio evidente en su cuerpo, sus ojos brillaban con una intensidad que parecía rejuvenecerlo. Caminó hacia Donatella, sus pasos resonando sobre la cubierta, aún húmeda y tambaleante por el reciente caos. Cada movimiento suyo llevaba el peso de alguien que había visto mucho en su vida, pero lo que acababa de presenciar parecía haberlo marcado de una manera distinta.
Deteniéndose a un par de metros de la joven, dejó escapar un suspiro. La contempló con una mezcla de asombro, curiosidad y algo que solo podía describirse como reverencia. El viento agitaba suavemente las hebras sueltas del cabello de Donatella, que seguía de pie, inmóvil, con su mirada fija en el horizonte, donde las últimas ondulaciones provocadas por el monstruo aún marcaban el océano.
El anciano entrecerró los ojos, como si buscara descifrar un enigma inscrito en el porte y la expresión de la joven. Finalmente, habló, su voz grave, como si arrastrara siglos de historias acumuladas.
— Dime, muchacha — dijo, su voz rasposa pero firme — ¿Tienes el alma de una emperatriz?
Sin añadir más, volvió su atención al horizonte, donde el mar empezaba a calmarse como si la tormenta nunca hubiera existido. El anciano no insistió; tal vez porque sabía que las palabras eran innecesarias. En su interior, ya había encontrado la respuesta.
Rumbo hacia Isla Kilombo.
Información
Admítelo, lo has pasado un poco mal ehhh... Espero que hayas disfrutado de tú aventura, tienes un post más para pensar y reflexionar sobre lo ocurrido, el barco se encuentra a salvo, pero el recuerdo de un Rey Marino lo llevarás contigo para siempre. Seguramente nadie te crea cuando cuentes semejante historia, pero ese anciano ha visto cosas que no creerías. Gracias por la aventura.
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Donatella Pavone
La Garra de Pavone
10-12-2024, 08:28 PM
El siseo de la serpiente marina llenaba el aire, envolviendo todo el barco en un manto de tensión que hacía imposible ignorar su colosal presencia. Donatella permaneció inmóvil en la cubierta con sus ojos ámbar clavados en los de la criatura, mirándose mutuamente con una intensidad casi sobrenatural. El tiempo pareció detenerse mientras ambas se estudiaban mutuamente, como si en ese breve instante se librara una batalla de voluntades, o quizás una conversación en un idioma sin palabras.
Tanto el viento como la respiración de la serpiente agitaban el pelo oscuro de Donatella, pero estaba tan ensimismada en el intercambio de miradas que ni siquiera eso lograba distraerla. Podía sentir el calor del aliento del monstruo, un aire húmedo y denso que parecía extraer el coraje de los más valientes, pero La Garra de Pavone, como de costumbre, no retrocedió. Su rosto y postura eran firmes, y aunque su cuerpo aún estaba agotado por el naufragio, su determinación era inquebrantable. Había enfrentado tempestades tanto en el mar como en su vida, y no sería una bestia marina quien la doblegaría y mucho menos quien le impediría cumplir su objetivo.
La serpiente inclinó su cabeza titánica, como si la estuviera evaluando. Como respuesta, Donatella, sin apartar la mirada, alzó ligeramente el mentón, como si aceptara el desafío silencioso que el monstruo parecía ofrecerle. Fue entonces cuando algo cambió, el siseo cesó, y la criatura ladeó la cabeza con una curiosidad casi humana, sus ojos que antes irradiaban agresividad, ahora parecían contener una chispa de reconocimiento, como si la serpiente hubiera decidido que esta mujer no era una simple presa. Ese momento fue en el que su respiración se pudo regular y su actitud relajarse, en su mente pasaron mil cosas, desde miedo hasta temor, pero como era usual, La Garra Pavone no demostraría ningún signo de debilidad, no ante la criatura y mucho menos ante una flota desconocida.
El silencio que siguió fue ensordecedor. La tripulación, que había estado paralizada de terror, empezó a recuperar el aliento, susurrando palabras que Donatella no pudo distinguir. Su mirada permaneció fija en el horizonte, en el lugar donde la serpiente había desaparecido, como si aún estuviera procesando lo que acababa de ocurrir. Fue la voz del anciano que rompió el hechizo en el que la joven Pavone se encontraba, con una pregunta cargada de una mezcla de asombro y respeto… o quizás miedo, seguido de algo similar a una reverencia.
Donatella giró lentamente para mirarlo, sus ojos ámbar, aun brillando con la intensidad del enfrentamiento, se encontraron con los del anciano. No respondió de inmediato, dejando que el ambiente se cargara de tensión por un momento y asegurándose de que sus próximas palabras fueras escuchadas. Finalmente, respiró hondo, dejando que el aire salado llenara sus pulmones, despejando la bruma que había comenzado a formarse en su mente. — No lo sé. Solo sé que no puedo detenerme, tengo una misión que cumplir. — Su tono era honesto y pragmático, transmitiendo el hecho de que sus palabras iban con algo más; una promesa de que, emperatriz o no, su voluntad era inquebrantable y para ella su misión siempre sería prioridad. Además, tampoco sentía la necesidad de revelar su verdadera identidad hasta no conocer las intenciones de este barco mercante desconocido que la había rescatado y que aún no se presentaban formalmente ante ella.
Sin añadir nada más, volvió su atención por un instante hacia el horizonte, antes de dirigirse hacia la entrada que conducía al interior del barco. Había sobrevivido a la tormenta, al naufragio y al enfrentamiento con una criatura que podía haber destruido el barco con un solo movimiento. Pero La Garra de Pavone no estaba satisfecha con simplemente sobrevivir. Sabía que el verdadero desafío aún estaba por delante.
Mientras descendía hacia los camarotes, podía sentir las miradas de los marineros sobre ella, y aunque no las devolvió, sabía lo que representaban: respeto, gratitud, y tal vez un toque de miedo. Pero Donatella no buscaba eso. No necesitaba que la veneraran ni que la vieran como una salvadora. Lo único que importaba para ella era avanzar, seguir su misión, sin importar cuántos monstruos tuviera que enfrentar en el camino.
Antes de descender, lanzó una última mirada al anciano, que seguía observándola como si intentara leer las páginas de un libro cerrado. — Gracias por rescatarme y por la oportunidad de continuar mi viaje. Si necesitan ayuda con algo más o esa criatura decide volver, búsqueme. — Y con esas palabras, desapareció en las sombras del interior del barco, dejando atrás la cubierta, los susurros de los marineros y el interminable rugido del mar.
Tras llegar, cerró la puerta, dejando atrás el caos y el temor de la cubierta. Su mirada se posó brevemente en el interior sencillo pero funcional de su pequeño refugio. La luz de una lámpara de aceite proyectaba sombras danzantes en las paredes, y el suave crujir de la madera acompañaba el vaivén del barco le brindaban el ambiente perfecto para relajarse y reflexionar.
Sentándose en el borde de la litera, Donatella permitió que su cuerpo finalmente cediera al agotamiento. Cerró los ojos por un instante, escuchando el ritmo constante de las olas que chocaban con el casco. Había enfrentado al rey marino y había vivido para contarlo. Pero sabía que el verdadero reto no era sobrevivir al mar, sino continuar su camino, reconstruir todo lo que había perdido en ese día y cumplir con el deber que la impulsaba.
Afuera, el mar volvía a calmarse, como si la tormenta y el caos nunca hubieran existido. Pero Donatella sabía que el océano, como la vida misma, nunca permanecía tranquilo por mucho tiempo. Y ella estaba lista para enfrentarlo, una y otra vez, hasta que su misión estuviera completa.
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